a, b, c, d… y después

¿Es traducible el juego lingüístico? ¿La poesía vive al trasladarse de idioma? En este artículo conocemos cómo enfrentaron traductora y editora el desafío de la traducción de bellísimos disparates de Gianni Rodari.

Por Valeria Sorín.

¿Es traducible el juego lingüístico? ¿La poesía vive al trasladarse de idioma? En este artículo conocemos cómo enfrentaron traductora y editora el desafío de la traducción de bellísimos disparates de Gianni Rodari.

rodari-tapaFicha del libro
Título: De la A a la Z
Escritor: Gianni Rodari
Ilustrador: Chiara Armellini
Traductora: Eleonora González Capria
Editorial: loqueleo
ISBN: 9789504652717

La propuesta de hoy es extrañarnos de las palabras que usamos y volver a mirarlas. En esa distancia aparecen las confusiones divertidas que convierten el hormigón armado en hormigón amado y, por lo tanto, un puente en un puré de ladrillos.

La publicación de un nuevo título de Giani Rodari en español es un acontecimiento. El libro se lee de un tirón y a mandíbula batiente, hasta que uno se da cuenta de que su escritura original fue en italiano, por lo que el texto ha sido intervenido por varias manos antes de llegar a las nuestras.


La elección precisa

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Este abecedario se conforma a partir de una colección de poesías y cuentos breves del gran escritor italiano Gianni Rodari. Originalmente es una antología que publica la editorial italiana Einaudi Ragazzi.María Fernanda Maquieira lo descubrió en la feria de Bologna en 2016, fue amor a primera vista, y como ya tenemos en Loqueleo otros libros del autor, inmediatamente nos contactamos con su agente”, nos comenta la editora de la edición en castellano para Latinoamérica, Lucía Aguirre.

CL—¿Cómo fue conceptualizado este libro desde un comienzo? ¿Por qué estos textos?

LA—Es un producto editorial en el mejor de los sentidos: una selección de los mejores textos de Gianni Rodari que bailan alrededor de una letra del alfabeto. Hay un segmento del libro dedicado a la puntuación donde encontramos poesías sobre la coma, el punto, el paréntesis, el signo de interrogación.
La asociación al alfabeto se da de diferentes maneras: a veces están por ausencia (“El ladrón de ‘erres’”), otras veces por el error (“Un hombre de buen carácter” para la B, donde un tal Félix Corazoncontento se agarra “ravietas” y a nadie le importa), o solo por un nombre (“Los bigotes del señor Egisto” para la E, por ejemplo).

CL—Los textos incluidos ponen en juego cacofonías y ortografías, la traducción iba a ser difícil. ¿Cómo se enfrenta ese desafío desde la edición?

LA—Hay que decir que el primer desafío fue el pasaje del alfabeto italiano de 21 letras al de 27 del español. Se trabajó en conjunto con la traductora, uniendo textos con letras, leyendo, buscando otras posibilidades dentro del vasto universo de Rodari. Los movimientos tenían que ser prudentes y cuidadosos.
Encontramos también un reto en las ilustraciones y las guardas de cada página: la traducción hacía que algunas no sirvieran más.
En todo momento primó una idea madre: el libro tenía que funcionar en español como un todo, sin que se le vieran los hilos. Vale la pena aclarar que los editores italianos aceptaron los cambios propuestos y nos permitieron bucear dentro de la obra de Rodari y elegir los nuevos textos con libertad.

 


Traducir, trasladar, transmitir

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Luego de conversar con la editora, decidimos visitar a la traductora de la obra de Gianni Rodari al español, Eleonora González Capria.

CL—¿Cómo encaró la traducción de este libro?

EGC—No voy a negar que fue difícil, sobre todo porque las limitaciones que el libro (creado y organizado en italiano a partir del abecedario) le imponía a la traducción eran extraordinarias. Había que repensarlo de principio a fin. Las editoras, Lucía Aguirre y Clara Oeyen, acompañaron muy de cerca el proceso y en varias reuniones fuimos definiendo qué esperábamos del libro, cómo podíamos hacerlo funcionar en castellano y conservar lo más posible de esa concepción original en nuestra lengua. Eran pocos los textos que podían traducirse sin demasiada meditación: había que reordenar, recrear e incluso, en algún caso raro, reemplazar.
Pensé la mayor cantidad de propuestas para cada texto: cómo traducir los cuentos o poemas para que siguieran asignados a la letra original y no perdieran toda naturalidad (por ejemplo, Il povero ane es El pobre achorro), cómo podían adaptarse ciertos juegos de palabras y errores de ortografía. Incluso, en alguna ocasión, hice más de una traducción para un texto en particular, a modo de prueba, de ensayo, para decidir con las editoras cuál era la mejor solución. Si las pienso hoy, retrospectivamente, las decisiones de traducción me parecen sencillas. Pero, en el momento, y multiplicadas por los veintisiete textos que corresponden a las veintisiete letras de nuestro alfabeto, no lo fueron.

CLEn un libro de Alicia en el país de las maravillas, el traductor justificaba las decisiones que había tomado diciendo que había ser fiel al sentido aunque perdiera el sonido. ¿Tuvo que enfrentar alguna decisión semejante?

EGC—En cuanto al sonido y al sentido, estoy convencida de que el sonido en la poesía (en todas sus dimensiones, sea rima, regularidad rítmica o aliteración) también comunica sentidos, que fondo y forma, por así decirlo, se co-constituyen: a la hora de escribir el autor eligió las palabras que eligió también o justamente por su sonido. Por supuesto que en cualquier decisión de traducción hay una pérdida, pero traté de buscar un equilibrio entre sentido y sonido, para que el lector hispanoparlante pudiera jugar con la música de esos poemas igual que el lector del italiano.


Decisiones en torno al lector de la obra

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En las últimas preguntas cruzamos a las dos profesionales.

CL—¿Cómo piensa al lector de este libro?

LA(editora)—Son cuentos, poemas y retahílas. En Italia lo sugieren como lectura desde los 5 años, pero yo creo que es de esos libros que necesitan cierto bagaje de los lectores para reconocer errores y humoradas.

EGC (traductora)—Mi lector imaginario de Rodari en castellano resultó ser una chica o un chico de 9 a 11 años más o menos, que pudiera sentirse identificado con estos textos, al que invitar a aprender, reflexionar y divertirse con los errores. Imaginarme a ese lector fue necesario para pensar la traducción posible. Me guie por mis propias experiencias de estudio y docencia. La pregunta que me hacía a mí misma era, por lo general, la pregunta por la función y la frecuencia, cuál sería el error análogo en castellano o cuál sería el más común, siempre pensando también en las posibilidades de la lengua.

CL—Hay dos recursos paratextuales en este libro que no son habituales en productos orientados a los niños: por un lado, hay una nota de la traductora antes de empezar la lectura y, a lo largo del texto, siguen tres notas al pie. Eleonora, ¿por qué creyó necesario incluir la nota inicial acerca de la ausencia de ciertas letras en italiano (J, K, Ñ, W, X e Y)?

EGC —La inclusión de la nota fue una propuesta de las editoras y estuve absolutamente de acuerdo con ellas: era importante señalarlo como forma de evidenciar que, al traducir un libro que gira en torno del alfabeto y el uso de las letras, era necesario hacer una adaptación.
Además, como nuestro alfabeto tiene más letras que el del italiano, De la A a la Z en castellano tenía que sumar otros textos de Rodari o, de otro modo, no iba a recorrer la lengua, de verdad, desde la A hasta la Z. Esos textos que se incorporaron, entonces, tenían que pensarse desde el castellano, desde cómo podían ser traducidos, ya que no hay J en italiano, por ejemplo. Entonces la búsqueda fue inversa, partía del pensar a Rodari en nuestra lengua, y así “El árbitro Justino”, un cuento que trata sobre la justicia, era “L’abritro Giustino”.

CL—Más propio de trabajo de edición, Lucía, es decidir la incorporación de notas al pie. ¿Cómo fue esta decisión para ustedes?

LA—Las notas que incluimos fueron las mínimas, las que consideramos necesarias. La primera es una apreciación fonética, los florentinos pronuncian la “c” (del sonido /k/) como una “h” aspirada, por eso se dice que la “c” es una delicia. La última cumple con la función de desambiguar, nos pareció que dejar Las Marcas podía prestarse a confusión.

CL—La segunda nota es de otro calibre, vuelvo a preguntar ¿por qué sintieron necesario ampliar esta información al lector sobre el momento en el que se escribía el texto?

LA—La segunda, que hace al saber de la época, explica que el tranvía de Monza todavía circulaba al momento de la escritura. Es particular porque, a mi modo de ver, muestra que Rodari pensó que ocasionalmente todo terminaría en este Museo del Tiempo que Fue.


Para seguir leyendo

 Primeras páginas de De la A a la Z

Otras obras de Gianni Rodari publicadas en castellano

  • El hombrecito de la lluvia
  • Cuentos al revés
  • Cuentos para jugar
  • Cuentos escritos a máquina
  • De la A a la Z
  • Las aventuras de Tonino el invisible
  • El libro de las retahílas
  • Las aventuras de Cipollino
  • Jip en el televisor
  • Cuentos por teléfono
  • Gramática de la fantasía
  • Cuentos escritos a máquina
  • Cuentos para jugar
  • La góndola fantasma
  • Gelsomino en el país de los mentirosos
  • Los enanos de Mantua
  • Ejercicios de fantasía
  • Los traspiés de Alicia Paf


Sobre Gianni Rodari (1920 -1980, Italia)

Siendo cronista del periódico L’Unità, descubrió su vocación de escritor para niños. Desde entonces, publicó más de veinte libros en los que combinaba magistralmente el humor, la imaginación y la desbordante fantasía con una visión crítica del mundo, no exenta de ironía. En 1970 recibió el Premio Hans Christian Andersen.

 

 

 

 

 

 

Patsy Aldana abre camino en China

La presidenta de IBBY cuenta acerca de la colección de libros internacionales para niños que dirige en China.

La presidenta de IBBY está seleccionando libros ilustrados de todo el mundo para una colección de libros internacionales en China.

Por Valeria Sorín

Patsy Aldana y yo estamos sentadas en un café de la Piazza Maggiore de Bologna para hablar acerca de la colección de libros del mundo que está coordinando para el mercado chino. Ninguna de las dos vive en Italia, ninguna de las dos es italiana. De alguna forma retomamos una conversación que hemos desarrollado primero en Buenos Aires, luego por skipe para que luego se diera este encuentro.

¿El motivo? Aldana, presidenta International Board of Book for Young people (más conocido por su sigla, IBBY), se unió a Li Xueqian, presidente de la editorial china CCPPG, para planificar y lanzar la Biblioteca Mundial en China. La colección busca reunir en esta etapa los mejores 40 libros ilustrados de todo el mundo que reflejan ciertos valores universales: el respeto por el niño, la importancia del amor, el reconocimiento del valor que implica la superación de la dificultad y la tragedia, la alegría de la risa y la tolerancia a la diferencia.

Los libros como ventanas

Cuando en 2009 Patsy pasó por Buenos Aires dio una charla en la que explicó la necesidad que los niños se encuentren con libros espejo −aquellos donde vean reflejada su realidad− y libros ventana −que les dieran la posibilidad de acercarse a otras posibilidades−. Desde ese juego doble piensa los productos para niños.

—¿De qué se trata el proyecto de la Biblioteca Mundial?
Los niños chinos reciben muchos libros (buenos y mediocres) pero del mundo anglosajón. La idea de la colección es acercarles a esos niños lo que hay por fuera, en el resto del mundo. Porque no llega a esos niños lo que no pertenece al mainstream de la edición. Son 8 libros al año, durante cinco años, los últimos se estarán publicando entre 2017 y 2018.
No se venden tan bien como los best sellers en Norteamérica ni como los suyos propios, que pueden llegar a tener tiradas de 10.000.000 de copias.

—¿Cómo promueven una colección tan singular?
—Ese es un problema. Deben promoverlo en China como un grupo de libros, como una colección y no libro por libro como hasta ahora. Porque se pierde su sentido así. Las bibliotecas, las escuelas y los padres deben tener toda la colección.
Los han hecho con mucho esmero por lo que han quedado bastante caros, no son libros baratos. Todo lo que tiene el original lo han intentado duplicar, eso me ha dado mucho placer. Y cada título lleva dentro un folleto explicando para qué sirve ese libro y porque es importante leer libros de todo el mundo.
Hay una red de 20.000 bibliotecas rurales que funcionan con voluntarios. Una de las metas de la escolaridad es generar lectores a los que les guste leer por el placer. Entonces hay mucho interés en la lectura. Pero también hay resistencia a libros que son distintos.

Mostrar lo diferente

PatsyAldana—Desde IBBY has impulsado el animarse a tratar temas complejos en la literatura infantil, al mismo tiempo que has impulsado campañas en todo el mundo para trabajar con niños que se encuentran en situaciones críticas ya sea por guerras, catástrofes naturales y/o humanitarias. ¿Esto se refleja en los libros de esta nueva colección?
—Una de las cosas que quiero mostrar es que si bien algunos títulos que he seleccionado son muy simples, otros son de niños que están en crisis.  Por ejemplo, el de un niño que ve a sus papás solo una vez al año.  Eso pertenece a la experiencia de un niño chino, ten en cuenta que ochenta millones de niños chinos viven sin sus padres debido a que estos deben migrar desde sus pueblos a las ciudades para trabajar. El tema ahí es que los niños no pueden acceder al colegio en las ciudades donde trabajan sus padres. Entonces los tienen que dejar atrás. Y por supuesto las escuelas del campo son mucho peores que las escuelas de las ciudades. Así es como quedan al cuidado de parientes.
Al presidente de la editorial estos niños le preocupan mucho y quiere que vean que hay otros niños en el mundo que también tienen a sus padres lejos, por ejemplo. Yo trato de explicar cómo usar estos libros para hablar de estas cosas.
Ha cambiado china radicalmente en un período relativamente corto. Ahora son consumidores muy importantes, han tenido un cambio en su modo de vida gigantesco. Y eso lo han hecho con el derecho a una vida política crítica, lo que los ha llevado a preguntarse mucho cómo van a hacer los niños para tener oportunidad para mejorar. Claro que de cierta manera aún viven en un mundo cerrado bastante paternalista.

—El hecho de que la buscaran a usted específicamente, que ya había desarrollado un catálogo de alta calidad para Groundwood Books, muestra que deseaban un criterio de selección multicutural.
—Sí, ellos vieron que yo hacía eso en Groundwood. Ese tipo de selección ya no existe ni siquiera en inglés. Desde que yo me fui de Groundwood ya casi no están publicando libros así. Tampoco hay un editor francés o alemán que tengan una colección semejante.

—Además de mostrar lo diferente, hay que mostrarlo en relación con la cultura china. ¿Qué tipo de libros prefieren?
—Ellos tienen su propio gusto. Hay cosas que les chocan. Entonces suele haber una discusión acerca de cada libro. Libros sobre temas para ellos muy difíciles, como ser uno donde el personaje es una niña autista que está en la lista de IBBY de libros para niños con discapacidades. En general en China no se hace nada con esos temas.
Uno de los requisitos es que los libros no tengan nada de religión, ese es un tema completamente prohibido. Por eso no pude sumar ningún libro de medio oriente que potencialmente pudiera tener un marco religioso.

—¿Qué resistencias encuentra el proyecto?
—Por la política de un hijo único, las madres están muy involucradas en la crianza y educación. Las escuelas grandes de las grandes ciudades son buenísimas. Y tienen bibliotecas hermosas. Y las madres son muy activas. Pero no perciben fácilmente lo bueno que pueden ser estos libros porque no son de autores conocidos por ellos.

Trabajar en China

Patricia Patsy Aldana nació en Guatemala pero siendo joven emigró junto a su familia a Canadá. Entre 1978 y 2012 fue la directora editorial de Groundwood Books, empresa de riesgo donde publicó libros que expandían las fronteras de la lectura. Ha sido definida como una incansable promotora y defensora de la literatura, alguien que enfrenta con naturalidad la publicación de libros sobre temas incómodos.

—Imagino que cada contrato es como una victoria. Por un lado, es el resultado de una gran selección; por otra parte, un trabajo de convencimiento al comité editorial. ¿Se da una negociación palabra a palabra en cada libro?
—Eso no. Ellos no suelen cambiar nada. Pero cada libro tiene que ser adoptado por un editor dentro de la empresa. Los editores ganan su dinero respecto de lo que venden los libros que impulsan. Y estos libros no se venden tan bien. Así que hay que ir convenciéndolos de que valen la pena.

—Es complejo como editor dirigirse a un público tan diferente a uno. Asimismo, también son diferentes las prácticas, los procedimientos, las idiosincrasias relacionadas al trabajo.
—Ahorita en China hay 19 o 20 editoriales que son del Estado, ya sea nacional o de las provincias. Para quien yo trabajo es la editorial estatal más grande de China. Hay muchas editoriales independientes. Los libros de niños son los que mejor se venden, entonces todo el mundo quiere publicar libros para niños y son bastante rentables. Por lo que actualmente hay una superproducción: el año pasado se publicaron 50.000 nuevos títulos para niños. Entonces ocurre lo mismo de siempre, los buenos libros se vuelven más difíciles de encontrar porque hay una oferta enorme.
Cada editorial tiene sus prácticas propias, porque están los individuos, porque cada editorial presenta una situación diferente. Si tú quieres publicar un libro le tienes que comprar el ISBN a una de esas 19 editoriales. Entonces hay quien vive de la venta del ISBN y no de su propia producción. La editorial donde yo trabajo es muy observada por el Estado, hay otras que están en las provincias y que por ese motivo tienen más libertad. En esta editorial trabajan 500 editores que publican libros, pero también revistas. Es una enorme compañía en un enorme edificio en Beijing.
Una vez le pregunté al ministro de cultura de China: “¿Es usted el papá de los otros ministros de cultura de las provincias?” Y me contesto: “No, soy el hermano mayor. Me toca decirles qué hacer, pero no necesariamente logro que lo hagan.

Algunos títulos seleccionados por Patsy Aldana

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  • Buenas noches, Comandante.
    Escritor: Ahmad Akbarpour. Ilustrador: Morteza Zahedi
    El libro tiene como escenario la guerra entre Irán e Irak pero desde la mirada de un niño que se autoproclama comandante. Durante la guerra ha perdido una de sus piernas y a su madre. Con sus juguetes recrea sus recuerdos y repara sus pérdidas.
  • Napí va a la montaña.
    Escritor: Antonio Ramírez. Ilustrador: Domi
    Napí es una pequeña niña mazateca que vive con su familia en un pequeño pueblo a orillas de un río en el estado de Oaxaca en México. Cada tarde la familia se sienta en la sombra de una ceiba inmensa para escuchar las historias del abuelo. Mientras Napí escucha con un aire soñador, las tardes toman otros colores en su imaginación: naranja, morado, violeta y verde. La noche llega sobre el río tan bella como los árboles llenos de garzas blancas posando sobre sus ramas. La ceiba manda sueños a Napí cada noche, y en su sueño favorito ella se convierte en una garza que se desliza suavemente sobre el río.
  • Bajo el hechizo de la luna. Arte para chicos por los mejores ilustradores.
    Autora: Katherine Paterson
    Breves textos ilustrados por artistas de Brasil, Japón, la república Checa, Finlandia, Suecia, China, Malasia, India, Nicaragua, España, Sudáfrica, Palestina.
  • Niña Bonita
    Escrito por Ana María Machado
    Un conejo blanco, blanco, ha quedado prendado de una niña negra, negra, y quiere ponerse bonito y oscuro como ella. Cada vez que la ve, le pregunta: “Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?”. Después de muchos experimentos y desilusiones, el conejo descubre el secreto.
  • Tarde de invierno
    Escrito por JorgeLuján. Ilustrado por Mandana Sadat
    Un niño tras una ventana mira la calle. El niño dibuja sobre el vidrio empañado con su dedo mientras espera que regrese su mamá de trabajar.

 

La vuelta a la Galia

Paladares de fiesta: regresan las aventuras de Asterix con traducción argentina.

asterix 2Leopoldo Kulesz alguna vez fue chico y leyó a Asterix. Lo leyó en las traducciones españolas, pero lo leyó también en francés, producto del exilio forzado al que se vio obligada su familia en la década del 70’. Fue como tantos chicos fanático absoluto de Asterix y Obelix, solo que al crecer no dejó atrás sus pasiones.

Ya entrado en los cuarenta acometió la tarea de volver a traducir las aventuras de los héroes galos para que regresen en ediciones  latinoamericanas  y buen castizo. Así Libros del Zorzal (su editorial) en coedición con Planeta, está republicando en orden todos los títulos de la saga.

En esta edición, se ha puesto el ojo especialmente en trasladar al castellano los juegos de palabras que amaba René Goscinny y rescatar todas las sutilezas que sus lectores nos perdimos. Eso quiere decir que aun para quienes hemos sabido tener toda la colección y hasta recitar de memoria  sus aventuras, es ocasión de volver a leer.

Con más de 350 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, las historietas de Asterix y Obelix son un fenómeno editorial y cultural inédito. A pesar de arraigarse en un paisaje muy francés, la comicidad de las aventuras de los dos héroes supo conquistar a un público internacional e intergeneracional. El éxito de Asterix y Obelix también radica en la complicidad y la amistad que unían a sus dos geniales creadores, René Goscinny y Albert Uderzo.

Su guionista sostenía que “alguien que no hace reír más que a sí mismo o bien es un imbécil, o bien un precursor. Alguien que hace reír a un pequeño grupo es un señor agradable para tener como invitado. Alguien que tiene la suerte de hacer reír a mucha gente es un profesional, ¿y puede haber acaso profesión más agradable?”