Final de conversación

Este nuevo siglo ha sido marcado por el efecto que las tecnologías de las comunicaciones han tenido en la sociedad. Ahora permanecemos en estado de conversación permanente con todos nuestros contactos, al menos hasta el punto de lo inefable. Homenaje a Liliana Bodoc.

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Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Mantener abierto el diálogo es el mandato de hoy.

Este nuevo siglo ha sido marcado por el efecto que las tecnologías de las comunicaciones han tenido en la sociedad. Primero, por el estallido de los blogs, donde alguien se especializaba en algún tipo de repertorio o saber y editorializaba desde su sitio personal. Desde la extensión de esta práctica, se pudo observar una transformación en la construcción de los referentes y creadores de tendencias. Cierta lateralización que se agudizaría con la siguiente irrupción.

Está muy dicho ya que las redes sociales –Facebook, Twitter, Instagram, YouTube– nos han dejado sin intimidad, ya que las esferas que la era moderna había definido –ámbito público, ámbito privado–, que incluso se habían delimitado arquitectónicamente –zaguán, recibidor, sala diferenciados de las habitaciones–, fueron dinamitadas. Y somos nosotros quienes nos paramos a diario en esa construcción para, pico en mano, terminar de derribarla posteando encuentros, amores, platos del día.

La tercera de estas tecnologías, el wasap –o en su denominación en inglés WhatsApp–, ha impregnado nuestra vida cotidiana con la propuesta de no concluir ninguna conversación. Todos estamos por wasap en permanente contacto. Cada participación es un eslabón en un hilo interminable de comentarios. “Cambio y fuera” no parece una expresión consistente para este tipo de comunicación, por lo que es más habitual que las despedidas tengan algo como: “La seguimos después”.

Si la metáfora a utilizar la ancláramos en un tiempo verbal, hemos pasado del presente “Nosotros somos”, al continuo “Estamos siendo”. Enflaquecimos el horizonte de nuestra existencia para creer que no tiene borde, que es por lo tanto infinita.

¿Qué buscamos nosotros, habitantes del siglo XXI, con tanta conversación interminable? Escaparle a la muerte. O al menos sostener la ilusión de que no existe.


La cachetada final

CLD2018-marzo-Editorial-Bodoc2 Diario Z

A principios de febrero de este año, nos enteramos de la noticia del fallecimiento abrupto de la escritora Liliana Bodoc. La noticia corrió rápidamente por las redes y todos aquellos que la conocíamos y la admirábamos –se debe notar que no había posibilidad de conocerla sin admirarla– expresamos el estado de perplejidad en el que estábamos. Lo que dio lugar a la expresión del dolor, y posteriormente al homenaje.

Pero si ayer/la-semana-pasada/el-otro-día me-la-crucé/me-dijo/me-escribió/charlamos”.

Lo inefable.

¿Cómo puede haber silencio ahora en esta conversación si estaba abierta? ¿Cómo que no tendré posibilidad como lector de vivir como saga el Tiempo de dragones? ¿Cómo…?

Cuando un escritor muere, la obra queda finalmente concluida. La obra está ahora completa. Tiene lugar lo verdaderamente inefable. El cachetazo suena en el silencio, en el vacío de palabras en que nos deja el final.


Oda al punto final

Los lectores suelen quejarse de la sensación de vacío y de expulsión del mundo literario en el que se habían sumergido que les queda al arribar al punto final de una novela. Hay quienes recomiendan leer varios libros a la vez solo para no sentirse tan vacíos de mundo.

Sin embargo, en la era de las series y las sagas, habría que escribir una oda al punto final. Porque, si la literatura brinda algo, es la posibilidad de experimentar y jugar con las metáforas para tener posibilidad de dar contexto y palabra a la vida. El punto final nos dice que las conversaciones no se extinguen, como la vida puede y va a terminar en algún punto.

Y hay un vacío. Porque el modo preciso en que Liliana Bodoc brindaba mundo es irrepetible. Ese vacío no pide ser llenado, sino admitido.

A diferencia de la vida, los libros pueden ser releídos. Y los escritores pueden ser redescubiertos y disfrutados en sus obras. Una forma diferente de continuidad: la trascendencia.

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Generación Y

Los primeros nacidos digitales hoy ya son adultos. Asomémonos a una generación clave, la generación Y.

Por Juliana Almará

Los primeros nacidos digitales hoy ya son adultos. Asomémonos a una generación clave, la generación Y.

Me interesa centrarme en esta oportunidad en aquellos que han irrumpido en nuestra sociedad desde comienzos de la década del 80 hasta fines de los años 90, mejor conocidos como la generación líquida o Generación Y.
Esta unidad generacional ha sido la primera en enmarcarse dentro de la idea conceptual “nativos digitales”, ya que son hijos de un momento social en donde Internet y los primeros dispositivos tecnológicos comenzaron a colarse en nuestra cotidianeidad.

Fueron los primeros en estar caracterizados fuertemente por un contexto líquido, inmediato, regido por la actualización constante. Comenzaron a experimentar y a acostumbrarse a borrar los límites espaciales y temporales. Están marcados por un entorno muy mediatizado y especularizado en donde todos los fenómenos sociales son vividos, conocidos, explicados y comentados por todo el mundo en el preciso momento en el que ocurren.

Asimismo, otro aspecto realmente significante para este grupo etario es la virtualidad y el surgimiento de Internet. Estos individuos están atravesados por, en palabras de Mascó, “un contexto de globalización y un fuerte acento en la tecnología informática y comunicacional que transformó la manera en la que la gente interactúa con el mundo y se comunica”.

Con el surgimiento de Internet se desarrollaron otras características relacionadas con la instantaneidad. Todos los avances tecnológicos que se han dado a lo largo de la historia involucraron un tiempo de adaptación, y sobre todo, tuvieron un largo momento de auge y de estabilidad. Con Internet se aceleró tanto la concepción de transformación que el cambio continuo se ha transformado en la “norma”. Todo tiene que ser instantáneo: las comunicaciones, las relaciones, etc., y este panorama es alentado por la movilidad que permiten los nuevos dispositivos.

Actualmente, ocho de cada diez porteños se conectan entre 5 a 7 días a la semana a Internet y, por lo menos, el 65% lo hace a través de un smartphone. Ya no hace falta siquiera estar frente a la computadora para poder comunicarnos de manera digital.

Por estos motivos es que la Generación Y es aquella que más indicios nos da para poder comprender de manera más clara a estos nuevos nativos digitales que hoy nos rodean, porque son los primeros adultos que nos encontramos a nuestro alrededor con cambios ya concretos en su percepción del mundo.

Lo realmente llamativo de esta generación, y de los cambios que han atravesado, es que generaron un tipo de aprendizaje diferente por su particular relación con el tiempo. Para ellos lo primordial es conocer los caminos necesarios para acceder al conocimiento y no su almacenamiento. Lo que vale es la actualización y no la acumulación. Esta situación ha generado un desafío para sus educadores y ha tensionado, de cierta manera, las lógicas de enseñanza que regían.

Hay un fenómeno, que desarrolla Mannheim, que atraviesa a todas las sociedades: la necesidad constante de transmitir la cultura. Cuando se realiza esta situación hay un hecho que siempre se repite. Los educados comienzan a reflexionar sobre los conocimientos adquiridos y desestabilizan lo transferido. Cuando se produce esta tensión puede ocurrir que, como consecuencia, no eduque solo el maestro, sino que además el discípulo también tenga algo para enseñar.

Esta realidad se ha profundizado en gran medida en el periodo en que esta generación ha sido y sigue siendo educada ya que ellos manejan con mayor soltura ciertas herramientas.

Estos jóvenes han desarrollado la capacidad de ser multitarea y su gran exposición a las pantallas ha puesto la imagen casi al mismo nivel de importancia que tiene el texto. No solo la imagen estática de una foto o una ilustración, sino también la interactiva. Esto se evidencia en la gran importancia que han adquirido los videos en los últimos años. Por ejemplo, según el estudio Futuro Digital Latinoamérica 2013, la Argentina muestra el mayor alcance de video on line en la región de Latinoamérica con un 95 % de alcance entre sus espectadores.

Entender los cambios que comenzaron a atravesar e imponer los individuos de esta generación nos acerca mucho más a comprender las nuevas lógicas que se están desarrollando en nuestra actualidad. La Generación Y ya se ha plantado en la sociedad con la necesidad de “reamar los esquemas”, de reconfigurar antiguas visiones y esto los hace interactuar de otra manera con esta realidad constantemente cambiante.

Bibliografía:

Mannheim, Karl. (1928). “Das Problem der Generationen”. En: Wissenssoziologie. Auswahl aus dem Werk. Neuwied/Berlín: Luchterhand. Traducido al inglés en 1952 en Londres por Paul Keeskemeti (ed.).
Mascó, Andrés. (2012). Entre generaciones. Buenos Aires: Temas Grupo Editorial.
ComScore. (2013). Informe Futuro Digital Latinoamérica 2013: El estado actual de la industria digital y las tendencias que están modelando el futuro.