Los olvidados (¡¿)

En la escuela nos enseñaron que los signos de exclamación y de interrogación son dobles: uno de apertura y otro de cierre. Esto que llevamos tan marcado en nuestro cerebro parece que se nos olvida en estos tiempos de inmediatez tecnológica.

Por Norma Castellano

Todo lo que se cierra, alguna vez se abrió.

En la escuela nos enseñaron que los signos de exclamación y de interrogación son dobles: uno de apertura y otro de cierre. Esto que llevamos tan marcado en nuestro cerebro parece que se nos olvida en estos tiempos de inmediatez tecnológica.

El uso de los signos de apertura de interrogación y de exclamación —peculiaridad del sistema de puntuación del español— se incorpora como norma en la Orthographía (RAE) de 1754, pero recién un siglo más tarde este criterio fue aplicado de forma generalizada.

Estos signos tienen la función de ser marcadores de la modalidad del enunciado. Quien emite un mensaje puede presentarlo, por ejemplo, como una pregunta (modalidad interrogativa) o como la expresión de una emoción (modalidad exclamativa). En los casos en que los enunciados no estén encabezados por un elemento interrogativo o exclamativo (qué, quién, etc.), la presencia de estos signos implica cambios de significado: Ha venido; ¿Ha venido?; ¡Ha venido!

Es un error suprimir los signos de apertura, situación que generalmente obedece a la imitación de otras lenguas en las que únicamente se coloca el de cierre, como el inglés. Sin embargo, las nuevas tecnologías de la comunicación (SMS, Whatsapp, etc.) colaboraron para que nos “olvidemos” de estos signos, ya sea por una limitación en la cantidad de caracteres (Twitter), ya sea porque, por la procedencia anglosajona del dispositivo, no encontramos este signo en el teclado.

En estos nuevos contextos comunicativos, la inmediatez preside en todo momento una comunicación que, aunque escrita, se encuentra más próxima a la oralidad y, en consecuencia, se aleja un poco de las reglas del código escrito. La Ortografía de la lengua española (RAE, 2010), haciendo referencia a las abreviaturas acuñadas en estos medios, establece que son válidas dentro de estos contextos, pero que no deben extenderse a la lengua general.

Podríamos aplicar este mismo criterio a los signos de apertura, pero siempre que sea posible, será preferible tomarse un tiempo para encontrarlos en los teclados de nuestros dispositivos móviles. Y usarlos, por supuesto.

De yapa

-Nunca se escribe punto detrás de un signo de interrogación ni de exclamación.

-Siempre se escriben pegados a la primera y a la última palabra del periodo que enmarcan, y separados por un espacio de las palabras que los preceden o los siguen. Si lo que sigue al signo de cierre es otro signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.

Ser docente hoy

¿Por qué ser docente hoy? Como diría Alan Badiou hablando de lo que es una vida verdadera: “porque es un regalo
peligroso que la vida nos hace”.

¿Por qué ser docente hoy? Como diría Alan Badiou hablando de lo que es una vida verdadera: “porque es un regalo peligroso que la vida nos hace.” El auténtico docente es hoy y siempre, ante todo, un intelectual que piensa y crea pensamiento con lo que cada época le provee, y en ese juego abierto entre la intelectualidad del docente y la intelectualidad del alumno se trabaja justo en el indicio de que algo no cierra por completo, allí donde se mantiene una cierta fisura y donde ese “algo” que ya está en el sujeto -sujeto alumno y sujeto docente- y también está más allá de él, eso que no se consigue simbolizar por completo, se convierte en conocimiento.

Creo, sinceramente, que el trabajo con el pensamiento nos salva en alguna medida de la sensación o sentimiento de fatalidad.

Teresa Rodríguez. Tres Arroyos, Buenos Aires, Argentina. Profesora de Lengua y
Literatura. Con desempeño en Educación Secundaria, Educación Terciaria y como
Inspectora de Área de Secundaria.