Librero activo

De la mano del librero también se promociona la lectura. Aquí María Osorio lo desarrolla sin dejar lugar a dudas.

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Mediadora, editora, librera, María Osorio promueve dentro y fuera de Colombia el respeto y cuidado por el librero, desde una comprensión profunda de toda la cadena de valor entorno a la lectura y la edición. Babel Libros, tanto librería como editorial, es el faro desde el cual busca marcar el camino a seguir.

Colombia cuenta hoy con 35 librerías independientes que trabajan con literatura infantil. Y cerca de cien librerías pertenecientes a las principales cadenas del sector. Así y todo, al igual que en el resto de Latinoamérica muchas ciudades se encuentran sin comercios especializados donde abastecerse de libros. Por eso la asociación de librerías independientes de ese país ha tomado conciencia de la importancia de fomentar y apoyar el surgimiento de nuevas librerías.

María Osorio ha dedicado parte del 2017 a viajar por el continente explicando la necesidad e importancia del trabajo en red, del trabajo vinculado, y del lugar de las editoriales en el cuidado de los demás eslabones en la cadena del libro.

El librero no es, desde su mirada, reemplazable por un botón de comprar en una publicación en redes sociales, el librero es irremplazable en el fomento lector.


Diagnóstico de situación

—En gran cantidad de ciudades de Latinoamérica no hay librerías. ¿Qué diferencia haría que se instalara una?

—La oferta de las bibliotecas es importante, mucho, y en un país como Colombia es el único espacio de acceso al libro de la mayoría de la población (y tenemos la fortuna de que en cada uno de los más de 1100 municipios hay una pequeña biblioteca). Sin embargo, esto no quiere decir que haya circulación del libro en todo el territorio. Estas dotaciones, o la mayor parte de ellas, no solo acá sino en América Latina, están hechas desde el centro, escogidas por grupos que hacen una tarea muy seria de selección, toda igual para todos los municipios, pensando en utilizar bien los pocos recursos que por lo general tienen los ministerios de cultura. Para lograr una verdadera circulación del libro y un interés por la lectura, habría, pienso, que atomizar esa compra, que la compra se haga localmente, en las librerías, que se seleccione localmente, de acuerdo con los intereses de las comunidades. Para lograrlo hay que crear esa cadena de librerías por todo el territorio, fortalecer la autonomía y los criterios de los bibliotecarios para la compra, y sobre todo no despreciar ni descreer de la necesidad de la lectura que tienen las comunidades más apartadas de nuestros países. Reemplazar la manera proteccionista de hacer por una verdadera inclusión en la cultura.

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Desembalar, ordenar, promocionar, entregar

—Usted ha trabajado toda su vida en la promoción de lectura, desde mucho antes de ser editora y librera. Ahora bien, ¿cómo cumple ese rol un librero? ¿Puede un librero tanto empujar la lectura como cohibirla?

—Yo creo que los agentes naturales de la promoción de lectura son bibliotecarios y libreros. Y como librero me refiero al que ha desaparecido en las grandes cadenas y se ha convertido en un vendedor más, y que reaparece y se mantiene en las librerías independientes; un librero que conoce la oferta y que la dispone en su espacio para favorecer el encuentro entre libros y lectores. Un librero que lee y conoce los libros que están en su estantería, que conoce a sus lectores y que no es para nada ajeno al mundo editorial. Un librero que sabe lo que se produce y lo mezcla a su manera particular para un público que sabe diverso como la oferta. Un público no genérico y para el cual se esfuerza en seleccionar entre la variedad de lo que se produce. Un librero que hace crecer su espacio dándole una forma particular, que se acomoda a la necesidad de los lectores y no a sus propias facilidades para inventariar o para responder a las expectativas de los editores.

—Pensando en los aspectos comerciales, el libro es decididamente un bien de consumo. ¿En qué aspectos de sus tareas cotidianas (armado de ofertas, escaparates, orden de los libros en el local) se diferencia la promoción de la venta y la promoción de la lectura?

—En general los productos culturales todos, necesitan de la compra, ¿cuál es la diferencia entre comprar una boleta para un cine, un bono para un festival de teatro, o comprar un libro? ¿Tal vez solo la forma colectiva en que se accede a esos otros productos culturales? En estos tiempos en que el consumo es la norma, hay que diferenciar entre la venta por la moda, para aprovechar el momento efímero, para aprovechar la oportunidad, porque salió la película, porque es el tema de moda, e incluso porque el escritor está en la ciudad, o en la feria… diferenciar esta venta con la labor diaria del librero, el que necesita que los libros permanezcan y que selecciona libros que permanecen, por generaciones, en el imaginario colectivo. El culto a la novedad es el que confunde la venta con la promoción de la lectura.

—¿Quién organiza el fondo de una librería: el editor o el librero?

—Depende, hay espacios en los que los editores incluso compran espacio en las mesas de novedades, en las vitrinas. Hay de todo, también libreros que prefieren su comodidad que la del lector y organizan la librería por editorial, así son capaces de encontrar rápidamente el libro (si el lector sabe de qué editorial se trata, o si pregunta un libro puntualmente). Un librero que muy fácilmente hace un inventario, una devolución. Prefiero el librero que dispone de manera creativa y personal los libros, que al juntarlos los hace ver de otra manera. Que su librería no es una foto del mercado, o del primer día en que puso los libros. Un librero que le da oportunidad a ese libro que ha permanecido unos meses de lomo, en el último entrepaño de su estantería. Un librero que los agrupa de manera inteligente para hacerles ver más posibilidades a sus lectores. Y también un librero que no deja que un cliente que entra a su librería salga sin un libro.


Para seguir de cerca a María Osorio

 

Niños refugiados en América

Por Valeria Sorín

Niños en crisis, bajo el fuego del mundo adulto. De eso se trata una de las tareas de IBBY: asistir a niños refugiados desde la actividad subversiva de abrir las mentes.

Ya tratamos en ediciones impresas anteriores de Cultura LIJ la tarea que IBBY (International Board of Books for Youngpeople) ha realizado en situaciones de catástrofes naturales y humanitarias asistiendo con libros y mediadores entrenados a las poblaciones infantiles víctimas y sus familias (por ejemplo, ante la erupción de un volcán en Venezuela, en el sur de Chile con un terremoto y con el tsunami en Indonesia).

También son conocidas las bibliotecas que se fundaron en Gaza gracias al trabajo de IBBY Palestina y al dinero donado por la escritora Katherine Paterson. Experiencias similares se multiplican en Afganistán, Irán, Siria y Líbano. “Cada vez, unos aprendemos de los otros y vamos mejorando la práctica”, acota Patsy Aldana, presidenta de la organización.

Más recientemente, y ante la crisis de refugiados, se montó en Lampedusa un operativo de asistencia; solo que a los miembros de IBBY no los dejan entrar a los campos de refugiados.

Estas acciones tienen que ver con la propuesta inicial. Apenas después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Jella Lepman tuvo la iniciativa de trabajar desde la literatura con la esperanza de construir puentes de entendimiento y paz entre las personas. Se puede leer en el sitio de la IBBY: “Niños de todo el mundo necesitan saber lo que todo buen lector sabe: no estás solo; otros, incluso tus enemigos, tienen experiencias, sentimientos y necesidades como tú”.

 

Hablemos de nuestra América

Los datos

  • 56.000 niños sin adultos acompañantes fueron detenidos en la frontera entre México y Estados Unidos entre 2013 y 2014.
  • 26.000 más llegaron entre 2014 y 2015.
  • 186.233 menores de 18 años han sido detenidos desde 2009.
  • El 10% son menores de 10 años.
  • Origen: en su mayoría salvadoreños, guatemaltecos y hondureños.
(Datos informados por la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos)

Son los otros refugiados, tal vez los más invisibilizados.

Ante la existencia de niños solos hispanoparlantes en centros de detención en México y Estados Unidos, hay organizaciones trabajando por brindarles contención a sus necesidades socioemocionales y de información.

En un documento que firman Fundación IBBY, REFORMA, USBBY e IBBY México A Leer sostienen que “una vista de las instalaciones de Inmigración y Aduanas muestra a los niños que esperan en grandes almacenes como instalaciones sin actividades para ocupar las mentes a través del aprendizaje y el juego mientras están siendo procesados”.

Se han propuesto en una primera instancia llegar hasta los campos de detención con bibliotecas y personal bilingüe y bicultural entrenado especialmente para trabajar con refugiados. Y en una segunda fase, apoyar a los chicos con una mochila donde encontrarán libros, así como papel, lápices, gomas de borrar, crayones y un diario de escritura para que usen en el viaje hacia su destino.

Las bibliotecarias estadounidenses son fantásticas y habían armado seminarios para enseñar cómo trabajar con niños refugiados. Habíamos logrado que los sacaran de los centros donde los tenían detenidos para que vinieran a la biblioteca”, nos contaba Patsy Aldana hace un tiempo.

Pero desde la asunción de Donald Trump todo se ha recrudecido. “Ahora los niños ya no están en los centros de detención. No hay nadie que los esté cuidando. Los están recogiendo. La patrulla de la frontera se ha vuelto como nazis, buscan gente en las casas, los recogen en paradas de autobuses”.

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Al sur del río Grande

Ante el recrudecimiento de la persecución, ha sido necesario cambiar la estrategia. “Ahora estamos empezando a trabajar dentro de los países para que sepan lo que está pasando, el peligro que afrontan en el trayecto por México. Porque además el cruce de la frontera entre Guatemala y México es muy peligroso. Y se pone cada vez peor. Hay niños detenidos en México y nadie logra entrar en esos centros para saber en qué estado están”, informa Aldana.

La región está presenciando la reactivación de sus conflictos motivados fundamentalmente por la lucha contra el narcotráfico. Como en la mayoría de las zonas de conflicto, los niños sufren las consecuencias más dolorosas. La avalancha de menores solos que buscan refugio frente a la violencia es un resultado directo de los últimos 45 años de guerra en la zona. El punto es que sean considerados refugiados para poder acceder a los programas internacionales de protección.

Es difícil pensar en acciones que puedan parar el horror y la violencia desde la literatura. Solo releer la oración anterior provoca sonreír ante lo ingenuo que parece la consigna. Pero la existencia de espacios y acciones de contención de niños en crisis sociales y políticas cambia la vida de los individuos que pueden aprovecharlos.

Forma parte de la utopía necesaria cuando nos duele en nuestro cuerpo el otro.


Más información sobre

Patsy Aldana. Presidenta IBBY. Fue directora editorial (publisher) de Groundgood Books, en Canadá, durante tres décadas. Desde allí creó un catálogo de libros de alta calidad que se animó a abordar todos los temas y las estéticas.
Frente a frente, le preguntamos a Patsy Aladana a qué se debe que haya saltado de la labor editorial a un espacio de promoción social a partir de la literatura.
Mejor escucharla en sus propia voz.


REFORMA
(http://www.reforma.org/). Fundada en 1971 como afiliada de la American Library Association (ALA), ha buscado activamente promover el desarrollo de colecciones de bibliotecas para incluir materiales orientados al español y latinos; la contratación de profesionales de bibliotecas y personal de apoyo más bilingües y biculturales; el desarrollo de servicios y programas de biblioteca que satisfagan las necesidades de la comunidad latina; el establecimiento de una red nacional de información y apoyo entre las personas que comparten nuestras metas; la educación de la población latina de los Estados Unidos en cuanto a la disponibilidad y los tipos de servicios bibliotecarios; y los esfuerzos de cabildeo para preservar los centros de recursos bibliotecarios que sirven los intereses de los latinos. Dentro de los Estados Unidos hay diecinueve capítulos activos de REFORMA. Funcionan de manera autónoma, trabajando a través de sus sistemas de bibliotecas locales, asociaciones de bibliotecas estatales y organizaciones locales para lograr objetivos locales.

IBBY – Children in crisis. Proporciona apoyo a los niños cuyas vidas han sido interrumpidas por la guerra, el desorden civil o el desastre natural. Las dos actividades principales apoyadas por el Fondo son el uso terapéutico del libro y la narración de cuentos en forma de biblioterapia y la creación o sustitución de colecciones de libros seleccionados adaptadas a la situación.

 

 

Dedicado al asombro

El proyecto Frida nació en el patio de la Casa Azul, cuando Lacombe quedó asombrado bajo la fuerza de Frida Kalho.

Dijo Lacombe: "Lo que para mí es importante es que el artista debe dedicarse plenamente a su obra. Es de ese proceso creativo y sus revanchas. Este libro lo que muestra es el artista, pero también cómo hacer con la vida de uno un universo."

Asombro. Esa es la palabra con la que se puede definir el trabajo de Benjamín Lacombe. Se trata de un hombre dedicado a generar asombro con libros impactantes. Como lo hemos hablado en su anterior visita a la Argentina, a través de sus libros acerca obras clásicas complejas a un público amplio. Lleva consigo un proyecto cultural donde el asombro deviene estrategia para el acceso de lectores de todas las latitudes al corpus cultural que lo impactó a él en su propia juventud.

Este proyecto es diferente, nació en el patio de una casa azul en México DF, bajo el impacto y el asombro del encuentro con la obra de Frida Kalho. Por eso este libro que ha presentando en las ferias del libro de Latinoamérica es tan importante: ¿cómo asombrar con Frida, después de Frida?

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El reencuentro

“¡Cuántas páginas que me dedicaron! ¡Ocho!”, dice mientras sostiene un ejemplar de Cultura LIJ #27 donde salió el primer reportaje. A su lado, Sebastien Perez hojea el número 39 de Cultura LIJ. Benjamín Lacombe lo hace parar en el reportaje a Nicolás Arispe al ver la tapa del libro La partida. “Ese libro es muy bueno. Lo vi en la Feria de Bogotá y lo compré, es excelente.” Coincidimos plenamente.

Hace tres años lo entrevisté por primera vez. En ese entonces presentaba dos ediciones especiales: Seda, la novela de Alessandro Baricco, y La Biblia. Reviso las fotografías de ese día y allí está: la cartuchera con la imagen de Frida. Seguramente ya estaba sumergido en el mundo de Frida, ya estaba trabajando en la búsqueda de su Frida interior.

Hasta ahora su obra tiene que ver mayormente con reinterpretar obras ficcionales. Pero Frida Kalho es un personaje real que se ha convertido en un símbolo de la identidad latinoamericana. Ustedes, ambos, debieron deconstruir ese símbolo para reconstruirlo en sus propios términos. ¿Cómo fue ese proceso?

(Sebastien Perez) —En mi caso no partí del símbolo. La primera vez que la descubro es cuando fuimos a la Casa Azul. Y fue en el patio de la Casa Azul donde Benjamín me propuso que hiciéramos este libro juntos. Pero no tenía una representación previa. Ella en Francia no es conocida, de su obra hay un conocimiento muy superficial. Por lo tanto, no partí del personaje, sino de la persona a la que conocí primero al recorrer su casa: el lugar donde nació, creció y murió. Tuve la suerte de conocerla desde su hogar, desde un lugar de lo íntimo. Y luego, cuando volví a Francia, la seguí conociendo a través de sus escritos, de su correspondencia, de sus diarios. O sea que no trabajé sobre su imagen o la persona que ella representaba.

(Benjamín Lacombe) —En mi caso conocía el ícono de Frida, su símbolo. Ya había hecho otros personajes históricos, como María Antonieta y Leonardo Da Vinci. No era la primera vez que trabajaba sobre un personaje real. Pero a diferencia de esos casos, esta vez tenía fotos y videos, y otros elementos objetivos donde poder observarla. Era más fácil para poder acercarme visualmente al personaje, para poder trabajar su rostro.
Lo más difícil para mí fue mostrar su pintura con mi propia voz. Para mí era muy importante poder hablar de su obra, pero sin perder mi propia voz. No quería hablar de ella desde los rótulos que conocemos. Quería hacer un trabajo que regresara al artista, que es lo fundamental. Quería enfocarme en el vínculo entre su sufrimiento corporal y su obra.

—En el libro han trabajado con referencias a las pinturas de Frida Kalho, pero también incorporando citas textuales de ella. ¿Cómo ha sido ese trabajo de recopilación e incorporación de la voz de Frida en el texto?

(SP) —Al principio no queríamos hacer una biografía clásica; Benjamín quería que diéramos cuenta del proceso creativo. En realidad me costó mucho empezar el texto, porque era una estructura totalmente diferente sobre la que tenía que apoyarme. Fue un proceso totalmente diferente a otros trabajos anteriores.
Normalmente partíamos de un texto. Pero esta vez, como queríamos dar cuenta del proceso creativo, que era un proceso visual, no sabía por dónde empezar. Fue necesario que Benjamín hiciera un esquema, un story board, de cómo iba a ser el libro para poder pensarlo a partir de las temáticas que definimos. Recién así pude trabajar, a partir de tener una idea de cómo sería este sistema de troquelados, de diferentes capas. A partir de ahí fue todo más sencillo.
Yo había leído todo lo de ella. Estaba totalmente inmerso de sus escritos. Y seleccionamos las frases que más tenían que ver con los temas de cada sección. Una vez que había extraído las citas, pude empezar a abordar e hilar en torno de esas citas. La sentía a ella proyectada dentro de mí.
Las comillas surgen como un recurso para que el público pueda entender qué texto es de ella y qué texto es mío.

(BL) —En mi caso, en el tratamiento de las citas pictóricas radicó la mayor dificultad.
El caso de El ciervo herido fue muy complejo, porque si sacaba un solo elemento, toda la estructura de la pintura se derrumbaba. Cada elemento cuenta. Por lo tanto, tuve que quedarme muy cerca del original. Es una estructura muy bien pensada, donde todo está relacionado con el número nueve: son nueve árboles, nueve con las flechas, nueve ramas del árbol caído. Y todo elemento cuenta: un árbol roto, tenemos la tempestad en el cielo de fondo, pero el mar calmo. Y el número nueve permanentemente que, para las culturas mayas y aztecas, representa el renacer de todo. Frida pinta este cuadro justo antes de una operación muy importante, después de la cual podía morir o curarse definitivamente. Por eso la tempestad y el mar calmo. Lo que hice fue cambiar la posición de Frida o la cantidad de orejas −de las cuatro del original solo dejé dos−. Retirar o modificar el número de árboles o de flechas sería traicionar el simbolismo que habita en ese cuadro. En otros casos pude hacer una composición que fuese más mía. La otra dificultad fue la paleta de colores muy alejada de mi tendencia natural.

Ver artículo Entre Frida y Lacombe, de esta misma edición. 

El arte y el artista

—En Frida el dolor y la muerte están presentes todo el tiempo, pero al mismo tiempo su obra está plenamente viva. Hoy vivimos en una época en que nuestras vidas están muy expuestas y la intimidad pierde valor. ¿Es necesario que el artista encarne su obra?

(BL) —Depende mucho, para mí un artista tiene un solo deber y es con su obra. No tiene poder de representación. El caso de Frida es muy particular porque ella todo lo que tocaba lo convertía en ella misma. Todos los objetos de su casa son ella misma. En su casa, en la casa azul, casi no hay cuadros de ella, sino objetos de su vida cotidiana intervenidos: sus zapatos, sus muñecas, sus corsés. Es Frida. Todo es Frida. Eso es válido para el caso de ella.

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Ver nota del Museo Casa Azul, en esta misma edición.

(BL) —Pero hay otros artistas cuya obra habla por sí sola y habla mucho de ellos. En el caso de Ron Muek, él no da ninguna interpretación, no va a ninguna de sus inauguraciones, no le interesa dar claves para la interpretación. Recuerdo que la Fundación Cartier realizó un video donde otros artistas venían a interpretar su obra. Y se escuchaban explicaciones brillantes y contrapuestas acerca de la misma obra. En eso radica la potencia del arte, en que no hay un manual de cómo hay que hacer las cosas, sino formas particulares de hacer.

(BL) —Otros artistas pueden ser muy difíciles de entender desde el punto de vista plástico, como Sophie Calle. Pero luego la obra toma sentido. Lo interesante es el proceso de preparación, pero luego la foto final que ella toma no es lo que más interesa, no el objeto, sino cómo piensa ella el proyecto.

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(BL) —Lo que para mí es importante es que el artista debe dedicarse plenamente a su obra. Es de ese proceso creativo y sus revanchas. Este libro lo que muestra es el artista, pero también cómo hacer con la vida de uno un universo. Y, en el caso de Frida, con su columna rota ella arma su universo. Y es de ese proceso creativo que este libro habla. Cómo el arte puede ser una forma de resiliencia.