Confusiones

Muchas veces el hilo de una ficción se basa en una confusión. O en malos entendidos. O en interpretaciones diversas. Y sobre ese error nace una historia que atrapa y convoca.

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Por Mónica Rodríguez

Muchas veces el hilo de una ficción se basa en una confusión. O en malos entendidos. O en interpretaciones diversas. Y sobre ese error nace una historia que atrapa y convoca.

Confusiones clásicas…

El primer diálogo que viene a nuestra memoria es el de Caperucita Roja. La nena, confundida ante la figura disfrazada de abuela, cuestiona las piernas, las orejas, los ojos y los dientes. Es la última pregunta que logra hacer, ya que después será un bocado en las hambrientas fauces del lobo.

… y no tan clásicas

Otro que interpreta distinto (¡y muy lindo!) es Jorge, de Caperucita Roja (tal como se lo contaron a Jorge). La amorosa escena del papá narrando la conocida historia a su hijo genera dos lecturas: la que el padre cree estar narrando, seguramente recreando su propia interpretación, y la que Jorge va hilvanando. En esta nueva versión hay leones, elefantes, superhéroes, mozos que sirven a la abuela en un plato y hasta pistolas láser… El juego entre colores plenos y colores sepias organiza las dos historias. La imaginación y la paleta de cada lector podrán recrear nuevas versiones.

Confusiones con animales

En “¿Vuelan animales?”, creación de Raquel Barthe, la trama se centra en Nahuel, un nene que vive cerca de la costa patagónica. En uno de sus paseos encuentra un huevo perdido y lo devuelve a un nido, que resulta ser de una familia de gaviotas. La historia transcurre con algunos problemas para la familia ya que uno de los nuevos hijitos no puede volar bien, aunque nada de maravillas. La mamá lo consuela contándole la historia de “El patito feo”, esperando una transformación similar en su pequeño. Finalmente, la familia integra al distinto y se protegen mutuamente. En el final del cuento Nahuel retoma el protagonismo: en un nuevo paseo por la costa se sorprende al ver como una familia de gaviotas comparte su nido con un pingüino. Solamente el lector descubre que la buena acción/confusión de Nahuel al poner en huevo en el nido dio origen a esta familia ensamblada.

Cuentopos de Gulubú (1972)
Cuentopos de Gulubú. Buenos Aires, Sudamericana, 1972.

Otras confusiones con animales

María Elena Walsh, en “Y aquí se cuenta la maravillosa historia del gatopato y la princesa Monilda”, nos confunde un poco. El protagonista, como ya lo anticipa en el título, es un gatopato. Un singular ser que tiene características de pato y de gato y al que le gustan las cosas propias de ambas especies. Muchos otros no lo entienden y lo marginan. Pero el amor de la princesa que lo adopta y de una sabia gatapata revierte la situación.

Confusiones con rima

El libro Poemas con sol y son reúne poesías de autores latinoamericanos. Nos detenemos en algunas. Primero elegimos una poesía de Roberta Iannamico, “Confusión”. La autora juega con la sonoridad de las abejas y las ovejas. Se confunde y, con lana y miel, endulza y abriga a sus lectores. Silvia Schujer, en “Cuando fue”, renueva la interpretación poética de Mambrú y la farolera. Desde Chile llega la voz de María de la Luz Uribe con su poesía “Es así – no es así” en la que el protagonista narra hechos que pasan o que no pasan, parece confundido el pobre. Destacamos la riqueza de las voces y las imágenes.

Confusiones con juguetes

En La pelota de colores, obra de Ruth Mehl, el confundido es Juanito. Su pelota es, algunas veces, un disco de colores; otras, una almohada, un colchón y un bote pirata. También es refugio y satélite que viaja rumbo a la Luna. Y ahora la confusión mayor: la Luna no es Luna, es la lámpara de la sala que se hace trizas tras el pelotazo. Por suerte, para Juanito no hay reto. Las imperdibles ilustraciones del cuento son creación de Jorge Limura, maestro de la historieta y del humor gráfico.

Para seguir andando…

Seguramente ustedes evocarán otras lecturas que pueden sumarse a este recorrido. Algunas en las que se confundan los personajes, algunas que confundan al lector, algunas tan ricas y polisémicas que originen nuevas y disímiles interpretaciones. Porque de eso se trata la lectura.

 

Hoy leímos

  • Barthe, Raquel. Cuentos para días de lluvia. Buenos Aires, Longseller, 2010. De esta obra trabajamos “¿Vuelan animales?”.
  • Los titanes de la literatura infantil. Buenos Aires, Anaconda, 1944. De esta obra trabajamos Caperucita Roja, de Charles Perrault.
  • Pescetti, Luis. Caperucita Roja (tal como se lo contaron a Jorge). Buenos Aires, Alfaguara, 1994.
  • Poemas con sol y son. Buenos Aires, Aiqué Grupo Editor, 2012. De esta obra trabajamos con “Confusión, “Cuando fuey “Es así – no es así”.
  • Mehl, Ruth. La pelota de colores. Buenos Aires, Editorial Latina, 1972.
  • Walsh, María Elena. Cuentopos de Gulubú. Buenos Aires, Sudamericana, 1972. De esta obra trabajamos “Y aquí se cuenta la maravillosa historia del gatopato y la princesa Monilda”.

Juegos, juguetes y regalos

Este itinerario se puebla de juegos, de juguetes, de regalos. Algunos esperados, otros descubiertos por azar… Y por qué no, alguna que otra decepción.

Por Mónica Rodríguez


A la luz de una vela

En Lautaro y la sombra, de José María Gutiérrez y Pablo Zweing, el protagonista ya no se divierte con sus juguetes. Le parecen viejos y aburridos. Un imprevisto corte de luz le permite a Lautaro descubrir una nueva compañera, oscura y divertida. A la luz de la vela, sombra y niño tejen juegos, complicidades y hasta desencuentros. Se cuidan mutuamente y se acompañan. Las ilustraciones del libro permiten que los lectores repongan la historia y se identifiquen con el protagonista.

¿Qué será? ¿Qué no será?

Isol narra su obra Un regalo sorpresa con palabra e imágenes. A Nino le falta solamente un día para cumplir años. Está solo en la casa e, inesperadamente, encuentra el futuro regalo. La pregunta ¿qué será? le ocupa toda la cabeza. ¿Será algo que deba abrirse inmediatamente? Sabe que es liviano, sabe que no hace ruidos. Empieza a jugar imaginando lo que no será el regalo. En pleno debate consigo mismo, regresan los padres y tiene que acostarse sin haber resuelto la intriga.
A la mañana recibe el regalo misterioso: un libro de cuentos. Se decepciona hasta que descubre que el libro puede encerrar muchas cosas. La ilustración permite ver lo que Nino piensa, espera, encuentra y siente.

De barcos y zuecos

La carabela, cuento de Enrique Banchs, también trata de un cumpleañero. Se le hizo largo el año a Juan Carlos, el protagonista. El tío le fue anunciando semana tras semana y mes a mes cómo avanzaba la construcción de la carabela que le entregaría en su cumpleaños. Le relataba el trabajo y la fineza de los materiales.
Llega el día soñado y Juan Carlos recibe el regalo prometido. Con el regalo vienen los consejos: no tocarlo, no mojarlo, no abrir los ojos de buey, no… Unos días después, jugando con sus amigos, el nene descubre la felicidad de hacer flotar un zueco en el agua, no tan primoroso, pero más divertido que el regalo del tío.

Para creer    

Papanuel nos permite jugar con el mítico repartidor de juguetes. Graciela Cabal presenta a los Cardoso y Pablo Prestifilippo los dibuja. El papá de la familia es el Papanuel del barrio. A pesar del traje remendado, él reparte alegrías para todos. Una Navidad que, parece, será más triste y menos regalada, la familia recibe una visita distinta, con regalos para grandes y chicos. Todas las ilustraciones evocan el espíritu navideño que tanto en las imágenes como en el diseño de las páginas. Quienes no crean en Papá Noel deben leer este cuento (y escribirle una carta cada diciembre).

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Un juego en blanco y negro

Sergio Kern es el autor de Vengo a comerte. Este relato también trata de juegos. El escenario principal es un tablero de ajedrez. Las piezas cobran vida: algunas se miran, se atraen y se buscan. Y cuando parece que sucederá el encuentro, alguna se la come y la saca fuera del tablero. Todas juntas se rebelan y vuelven a sus lugares, descontrolando la partida y el carácter de los jugadores. Se hace realidad la famosa frase “patear el tablero”.
La literatura se nutre de los juegos. Y los juegos infantiles, de la literatura. Esta relación recíproca los hace crecer. Salud a los juegos y los libros que nos acompañaron, nos acompañan y acompañarán a todas las infancias por venir.

Corpus

  • Banchs, Enrique. Cuentos para sonreír y pensar. Buenos Aires, Guadalupe, 1994.
  • Cabal, Graciela y Prestifilippo, Pablo. Papanuel. Buenos Aires, Sudamericana, 1992.
  • Gutiérrez, José María y Zweing, Pablo. Lautaro y la sombra. Buenos Aires, Emecé Editores, 2004.
  • Isol. Un regalo sorpresa. México, Fondo de Cultura Económica, 1998.
  • Kern, Sergio. Vengo a comerte. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.

 

Historias de aquí y de allá

En este recorrido cada estación evoca un lugar. Como en un itinerario de viaje singular, pasearemos por sitios de ficción en el que se recrean historias de ayer, hoy y siempre.

Por Mónica Rodríguez

En este recorrido cada estación evoca un lugar. Como en un itinerario de viaje singular, pasearemos por sitios de ficción en el que se recrean historias de ayer, hoy y siempre.

El tema de hoy son los escenarios en los que suceden las distintas historias que nos convocan. Los autores dan vida a los personajes y allí ellos desarrollan sus vidas.

Una loma del diablo

En La loma del hombre flaco, de Laura Devetach, la historia es de amor y de endiablados. María María María, la profesora de costura de un pueblo sin tiempo, cautiva a dos hombres. Uno es Luigi, el italiano que la renombra y la alegra con su cortejo florido. La relación idílica de la pareja inicia una bola de nieve de chismes y habladurías. Aparece entonces el otro hombre, el flaco. Con intenciones codiciosas logra borrar a Luigi de la escena. Pero, después de un sinfín de aventuras con el endiablado flaco, el amor triunfa y son todos felices. El cuento transita varios lugares y los lectores acompañan ese trajinar para acercarse al final feliz. Casi como en la vida. Dos perlitas dos: la riqueza literaria de la escena de la descompostura del flaco y la evocación intertextual de Juan Gelman: se citan sus poemas de Sidney West y su descripción de los demonios.

Un escenario milanés

De Cuentos para jugar, el clásico de Gianni Rodari, elegimos Cuando en Milán llovieron sombreros. Como lo indica el título del cuento, un día casi normal se transforma en extraordinario por el misterioso acontecimiento de la lluvia de sombreros. Como es habitual en este libro, Rodari presenta tres finales para que el lector decida. Él no elige ninguno y se queda con la alegría y la esperanza de que algo bueno cayó del cielo. Esto sucedió en Milán, ¿habrá sido en las tierras de Luigi, del cuento anterior?

El camino de los planos

En una propuesta bien distinta, paseamos por Los planos de mi ciudad, de Alexiev Gandman. Este libro álbum invita a recorrer una ciudad “rara”, en palabras del autor. Recorre, desde su mundo habitación, un mundo mágico. La ciudad casi como una maquinaria con guiños a las cosas cotidianas bien concretas y símbolos abstractos que evocan sentimientos en cada lector. Una ciudad para perderse y encontrarse, siguiendo la rosa de los vientos que otorga la gráfica o siguiendo la rosa de los sueños de cada lector. Precioso libro para abordar desde todo los sentidos. Y los sinsentidos.

De selvas y tortugas

Pasamos ahora por los montes y las selvas que sirven de escenario a Los cuentos de la selva, de Horacio Quiroga. Evocamos la trama de La tortuga gigante. Narra la historia de un hombre que se muda al monte lejano buscando recuperar la salud. Si bien lo logra, la enfermedad regresa. La tortuga gigante carga al hombre sobre su lomo y lo lleva nuevamente a Buenos Aires. Allí encuentran la cura y una casa para cada uno. ¿Y si imaginamos que en su viaje por la selva la tortuga se cruzó con el protagonista de la próxima estación?

De selvas y elefantes

Otro de los autores que otorgan en sus obras una importancia particular a los lugares es Gustavo Roldán. Elegimos La noche el elefante. El circo internacional había llegado a Saénz Peña, en el Chaco. El aire del lugar evocó en el elefante la nostalgia por su terruño: la selva. Esta era otra selva, pero selva al fin. Se acordó de todo lo lindo: los árboles, los pájaros, el agua, el pasto… y se acordó del miedo. El miedo a los cazadores, que se le pasó al vivir en el circo. A medida que lo amaestraban fue perdiendo el instinto. Pero con el aire chaqueño comenzó a encontrarlo. Convenció a la elefanta y juntos huyeron. Recuperaron a los pájaros, a los árboles, a la lluvia. Entraron en el monte chaqueño desde donde nunca regresaron. Esta historia también puede consultarse en el archivo digital “Escuelas del Bicentenario”.

De este último libro tomamos una cita de Gustavo Roldán:

En un mundo donde se derrumban los valores, todavía -creo, quiero creer-, todavía quedan los libros como un baluarte de la dignidad. Un libro es una llave, es una puerta que puede abrirse, es una habitación donde se encuentra lo que no se debe saber, es un ámbito de conocimiento de la verdad y de lo prohibido, que deja marcas que después no se pueden borrar.

Corpus

Devetach, Laura. La loma del hombre flaco. Buenos Aires, Sudamericana 1996.
Gandman, Alexiev. Los planos de mi ciudad. Buenos Aires, Del Eclipse, 2005.
Quiroga, Horacio. Cuentos de la selva. Buenos Aires, Losada, 1974.
Rodari, Gianni. Cuentos para jugar. Buenos Aires, Alfaguara, 1990.
Roldán, Gustavo. La noche del elefante. Buenos Aires, Página 12, 1997.