Robar el tiempo

Por Daniela Azulay

Descubrí este libro hace muchos años y desde entonces es parte de las mesas de libros que propongo. La edición que leí y subrayé es la vieja de Anagrama, aunque actualmente se consigue otra publicada por Editorial Norma.

En esta escena lectora, una docente lee y escribe. Primero transcribe unos fragmentos del libro, luego lo cierra y copia fielmente todos los datos de la tapa. Esas lecturas que te invitan a anotar y a seguir pensando.
Me pide que me acerque. Está alucinada por un hallazgo: robar tiempo para leer. “Eso -me dice- eso es lo que siempre sentí”.

El tiempo para leer siempre es tiempo robado. (Al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar). ¿Robado a qué? Digamos que al deber de vivir. Ésta es, sin duda, la razón de que el metro -símbolo arraigado de dicho deber- resulte ser la mayor biblioteca del mundo. El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir. Si tuviéramos que considerar el amor desde el punto de vista de nuestra distribución del tiempo, ¿qué arriesgaríamos? ¿Quién tiene tiempo de estar enamorado? ¿Se ha visto alguna vez, sin embargo, que un enamorado no encontrara tiempo para amar? Yo jamás he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme que acabara una novela que amaba. La lectura no depende de la organización del tiempo social, es, como el amor, una manera de ser. El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no (tiempo que nadie, además, me dará), sino en que si me regalo o no la dicha de ser lector.”

Y esta mesa de libros, además de darle tiempo robado a sabiendas para leer, anotar y comentar, le regaló tiempo para la conversación.

Lo que falta y lo que suma

Aquí una mirada rápida pero concreta a la lectura en Uruguay.

Aquí una mirada rápida pero concreta a la lectura en Uruguay.
Uruguay es un país compacto, con una población altamente alfabetizada, e históricamente bien formada. La sede de IBBY Uruguay trabaja sin embargo fuertemente por expandir la lectura y promover el encuentro de los chicos con la literatura de calidad, más allá de su situación socioeconómica.

Por eso hablamos con Adriana Mora, maestra, bibliotecaria y presidenta de IBBY-Uruguay y gran agitadora cultural.

¿Cuál es el contacto de la población con las bibliotecas?

Quiero referirme especialmente a las bibliotecas públicas, ya que ellas son instituciones que la propia comunidad establece, respalda y financia, desde las Intendencias Municipales, en el caso de Uruguay.

Las bibliotecas públicas son espacios democráticos creados para que la comunidad –sin ningún tipo de discriminación– tenga acceso a la información, al conocimiento, a obras de la imaginación y a una serie de recursos y servicios, a los que no podría acceder de otra forma.

Las bibliotecas públicas en Uruguay, salvo honrosas excepciones, no son el ideal de bibliotecas para la comunidad con que soñamos todos los bibliotecarios y probablemente también los usuarios.

El contacto de la población con las bibliotecas no es, por tanto, aquel que uno imagina o desea: una fluida y numerosa concurrencia permanente de usuarios, que la identifica y la siente como suya, y a la que acude no solo para satisfacer sus necesidades puntuales de información, sino también en sus ratos de ocio, como miembro de un grupo social del que se siente parte.

No hay bibliotecas públicas infantiles en la ciudad de Montevideo, en la actualidad. Había una, creada especialmente para niños, con un acervo muy completo y de calidad, pero por razones que no han quedado demasiado claras, se mantiene cerrada desde hace un tiempo y no se sabe si volverá a abrirse. ¡Ojalá que así sea!

Por otro lado, las otras bibliotecas públicas no siempre tienen un sector dedicado especialmente a niños y jóvenes y cuando lo tienen no son demasiado atractivos ni seductores. En ese aspecto, y con perspectivas de futuro, en nuestras bibliotecas públicas hay mucho por hacer.

Por otro lado, existen numerosas bibliotecas comunitarias (o populares) que han ido surgiendo en los barrios debido a las necesidades de los vecinos y que a pesar de los muy escasos recursos económicos y humanos, mantienen contacto con la población de sectores más desfavorecidos brindando acceso a los servicios y recursos –modestos en muchos casos– con los que cuentan.

¿Y cuál es el contacto de la población con las librerías?

El contacto con las librerías se da, sobre todo, entre la población que pertenece a un nivel socio económico y cultural medio, medio alto o alto. Ellos son los que visualizan con mayor claridad la importancia de que sus niños y jóvenes lean y por tanto, acuden a las librerías para acceder a los libros, comprándolos.

Ahora bien, en Montevideo contamos con muy buenas librerías especializadas en literatura infantil y juvenil pero son escasas.

Generalmente, la población desconoce su existencia y a la hora de comprar libros acuden a las librerías más grandes, que les ofrecen libros que no tienen calidad literaria o artística y en los que tampoco sus vendedores han sido capacitados para asesorarlos. En el interior del país, la situación se torna aún más compleja. Los interesados en determinados libros infantiles deben recurrir a Montevideo para localizarlos y/o adquirirlos
Por supuesto que siempre hay padres o docentes que saben bien lo que buscan y también dónde deben dirigirse para encontrarlo, pero no son la mayoría.

Estado y lectura en Uruguay

El rol de los estados, ya sea nacionales, provinciales o departamentales resulta esencial para fomentar la lectura. Sin embargo, es reciente en nuestra historia continental que la lectura tenga un espacio entre las políticas públicas.

¿El Estado acompaña la promoción de la lectura con planes desde Educación o Cultura?

El Estado acompaña, pero esos planes de Educación o Cultura, están sujetos más bien a los planes que tiene cada Gobierno que asume el poder y cada nuevo Gobierno es como estar empezando nuevamente de cero…o casi.

Todos los planes culturales, de lectura y de educación deberían ser parte de una Política de Educación, establecida y protegida por Leyes que se hayan creado, promulgado y a las que se les asegure su cumplimiento, independientemente de los Gobiernos que se sucedan en el poder y salvaguardadas de ellos.

Sería realmente fortalecedor para la educación de una nación, contar con sólidas Leyes: por ejemplo, de creación de Bibliotecas Escolares en las escuelas públicas, ya que no las tenemos por ley sino por decisiones individuales de algunas Comisiones de Padres. Sabemos que no son igual las posibilidades de las Comisiones de Padres de escuelas de zonas muy desfavorecidas, por muy buena intenciones que tengan, que las que se encuentran en zonas donde la población tiene un nivel socio cultural y económico medio o medio alto.

Los bibliotecarios y docentes, ¿encuentran espacios de capacitación acerca de la lectura?

En lo que tiene que ver con la formación académica, en Montevideo solamente tenemos dos posibilidades.

La Universidad de la República tiene una asignatura de Literatura Infantil en el Instituto de Información de la Facultad de Información y Comunicación, pero es solamente para estudiantes de grado de las carreras de que en dicha Facultad se imparten.

La Universidad Católica del Uruguay también tiene una asignatura de Literatura Infantil pero es para futuros docentes de la Licenciatura de Educación Inicial en la Facultad de Ciencias Humanas.

Hay otros cursos que se brindan en plaza, y que generalmente cuentan con interesados en realizarlos, pero lamentablemente no cuento con información sobre la calidad de esos cursos ni la formación académica de quienes los imparten.

IBBY-Uruguay brinda talleres de promoción de la lectura, aunque no de manera sistemática, como sería nuestro deseo.

Mejor juntos

Ninguna organización puede modificar la realidad sola. Se necesitan de esfuerzos coordinados con otros, con todos. Por eso es tan valorable la construcción que desde lo simbólico y/o lo concreto consiguen sumar las sedes de IBBY en cada país.

¿IBBY Uruguay encuentra eco para trabajar con otras organizaciones sociales?

IBBY-Uruguay ha trabajado y trabaja con otras organizaciones sociales, especialmente aquellas que atienden a niños y también con ciertas dependencias del Estado que no cuentan con planes de promoción de la lectura.

El INAU, Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) es el organismo rector en materia de políticas de infancia y adolescencia en Uruguay con el cometido de promover, proteger o restituir los derechos de los menores de 18 años.

En el marco de uno de los objetivos de la UdelaR: Extensión Universitaria y Actividades en el Medio promovemos lectura en esos niños de este Centro Diurno del INAU, cuyas madres son reclusas y ellos conviven con ellas en los centros de reclusión hasta los tres años, pero concurriendo durante el día, de lunes a viernes a dicho Centro.

También en estos niños se han evaluado cambios y se comprobado una evolución positiva en sus maneras de comunicarse, en su adaptación social y en el vínculo que han desarrollado con los mediadores pero también con los libros y la lectura.

Historias de aquí y de allá

En este recorrido cada estación evoca un lugar. Como en un itinerario de viaje singular, pasearemos por sitios de ficción en el que se recrean historias de ayer, hoy y siempre.

Por Mónica Rodríguez

En este recorrido cada estación evoca un lugar. Como en un itinerario de viaje singular, pasearemos por sitios de ficción en el que se recrean historias de ayer, hoy y siempre.

El tema de hoy son los escenarios en los que suceden las distintas historias que nos convocan. Los autores dan vida a los personajes y allí ellos desarrollan sus vidas.

Una loma del diablo

En La loma del hombre flaco, de Laura Devetach, la historia es de amor y de endiablados. María María María, la profesora de costura de un pueblo sin tiempo, cautiva a dos hombres. Uno es Luigi, el italiano que la renombra y la alegra con su cortejo florido. La relación idílica de la pareja inicia una bola de nieve de chismes y habladurías. Aparece entonces el otro hombre, el flaco. Con intenciones codiciosas logra borrar a Luigi de la escena. Pero, después de un sinfín de aventuras con el endiablado flaco, el amor triunfa y son todos felices. El cuento transita varios lugares y los lectores acompañan ese trajinar para acercarse al final feliz. Casi como en la vida. Dos perlitas dos: la riqueza literaria de la escena de la descompostura del flaco y la evocación intertextual de Juan Gelman: se citan sus poemas de Sidney West y su descripción de los demonios.

Un escenario milanés

De Cuentos para jugar, el clásico de Gianni Rodari, elegimos Cuando en Milán llovieron sombreros. Como lo indica el título del cuento, un día casi normal se transforma en extraordinario por el misterioso acontecimiento de la lluvia de sombreros. Como es habitual en este libro, Rodari presenta tres finales para que el lector decida. Él no elige ninguno y se queda con la alegría y la esperanza de que algo bueno cayó del cielo. Esto sucedió en Milán, ¿habrá sido en las tierras de Luigi, del cuento anterior?

El camino de los planos

En una propuesta bien distinta, paseamos por Los planos de mi ciudad, de Alexiev Gandman. Este libro álbum invita a recorrer una ciudad “rara”, en palabras del autor. Recorre, desde su mundo habitación, un mundo mágico. La ciudad casi como una maquinaria con guiños a las cosas cotidianas bien concretas y símbolos abstractos que evocan sentimientos en cada lector. Una ciudad para perderse y encontrarse, siguiendo la rosa de los vientos que otorga la gráfica o siguiendo la rosa de los sueños de cada lector. Precioso libro para abordar desde todo los sentidos. Y los sinsentidos.

De selvas y tortugas

Pasamos ahora por los montes y las selvas que sirven de escenario a Los cuentos de la selva, de Horacio Quiroga. Evocamos la trama de La tortuga gigante. Narra la historia de un hombre que se muda al monte lejano buscando recuperar la salud. Si bien lo logra, la enfermedad regresa. La tortuga gigante carga al hombre sobre su lomo y lo lleva nuevamente a Buenos Aires. Allí encuentran la cura y una casa para cada uno. ¿Y si imaginamos que en su viaje por la selva la tortuga se cruzó con el protagonista de la próxima estación?

De selvas y elefantes

Otro de los autores que otorgan en sus obras una importancia particular a los lugares es Gustavo Roldán. Elegimos La noche el elefante. El circo internacional había llegado a Saénz Peña, en el Chaco. El aire del lugar evocó en el elefante la nostalgia por su terruño: la selva. Esta era otra selva, pero selva al fin. Se acordó de todo lo lindo: los árboles, los pájaros, el agua, el pasto… y se acordó del miedo. El miedo a los cazadores, que se le pasó al vivir en el circo. A medida que lo amaestraban fue perdiendo el instinto. Pero con el aire chaqueño comenzó a encontrarlo. Convenció a la elefanta y juntos huyeron. Recuperaron a los pájaros, a los árboles, a la lluvia. Entraron en el monte chaqueño desde donde nunca regresaron. Esta historia también puede consultarse en el archivo digital “Escuelas del Bicentenario”.

De este último libro tomamos una cita de Gustavo Roldán:

En un mundo donde se derrumban los valores, todavía -creo, quiero creer-, todavía quedan los libros como un baluarte de la dignidad. Un libro es una llave, es una puerta que puede abrirse, es una habitación donde se encuentra lo que no se debe saber, es un ámbito de conocimiento de la verdad y de lo prohibido, que deja marcas que después no se pueden borrar.

Corpus

Devetach, Laura. La loma del hombre flaco. Buenos Aires, Sudamericana 1996.
Gandman, Alexiev. Los planos de mi ciudad. Buenos Aires, Del Eclipse, 2005.
Quiroga, Horacio. Cuentos de la selva. Buenos Aires, Losada, 1974.
Rodari, Gianni. Cuentos para jugar. Buenos Aires, Alfaguara, 1990.
Roldán, Gustavo. La noche del elefante. Buenos Aires, Página 12, 1997.

La palabra como posibilidad

Reflexionar sobre la palabra: como placer, como construcción, como búsqueda, como posibilidad. Aun antes de la palabra dicha. La invitación es elucubrar acerca de las palabras.

Por Daniela Azulay

Reflexionar sobre la palabra: como placer, como construcción, como búsqueda, como posibilidad. Aun antes de la palabra dicha. La invitación es elucubrar acerca de las palabras.

”Y también tuve miedo.
Miedo de las palabras que no cantan…”
Roberto Juarroz

En La palabra amenazada, Ivonne Bordelois propone desde el inicio:

“Al que se arriesga a leer
En estas páginas he tratado de bosquejar una estrategia para el rescate de la palabra en el mundo contemporá­neo. En primer lugar, denuncio las razones por las cua­les el presente sistema intenta aniquilar la conciencia lingüística en un tiempo diseñado para la esclavitud la­boral, informática y consumista. La segunda línea, eje de celebración, propone el redescubrimiento de la ener­gía de la palabra, clave de conocimiento, placer y con­ciencia crítica. La etimología, el diálogo de las lenguas, la observación de lo viviente en el habla coloquial y en el lenguaje del humor y de la infancia son elementos cruciales en este redescubrimiento. Y sobre todo, nues­tro reencuentro con la poesía, tanto la de los poetas como la de los involuntarios y anónimos creadores del lenguaje; la fuente que sigue y siempre seguirá manan­do “aunque es de noche”.”

Me detengo en este fragmento con la idea de reflexionar sobre las palabras. Podemos discutir si la palabra necesita o no ser rescatada, a veces creo que no, que la palabra es como un Ave Fénix, muere y se rescata ad infinitum. Sin embargo, propongo detenernos primero a pensar en lo que significa rescatar.
De las acepciones que nos revela el diccionario: salvar, sacar de un peligro.
¿Dónde está ese peligro? Ese peligro a veces somos los adultos obstaculizando el encuentro de los niños y las niñas con las palabras. Y después, después detengámonos en el reencuentro con la poesía.

Subir la ladera y también bajarla

Dice Ivonne Bordelois: “Nada más injusto que el nombre del infante, que significa que el niño no puede o no sabe hablar -como el soldado de infantería, llamado así porque carece del derecho de réplica. Todos sabemos que en innúmeros casos es la frescura de una primera aproximación al lenguaje la que hace de los niños maestros del habla. El chico cuestiona la lengua, irrumpe con la lógica de cabo contra el anómalo quepo y adjetiva y redefine sorprendentemente los términos del común vivir.”

Bordelois recuerda “Una doli tuá – de la limentá – oso fete co¬lorete – una doli tuá”.

Yo me acuerdo, y seguro que ustedes también, de la gata ética pelética:

“Yo tenía una gata / ética pelética pelimplimplética, /pelada, peluda, pelimplimpluda, 
que tenía gatitos / éticos, peléticos, pelimplimpléticos,/ pelados, peludos, pelimplimpludos.
¡Si mi gata no hubiera sido/ ética pelética pelimplimplética,/ pelada, peluda, pelimplimpluda, 
sus gatitos no habrían sido / éticos, peléticos, pelimplimpléticos, / pelados, peludos, pelimplimpludos!”

Y con estos ritmos, con estas palabras como juego, pensar la niñez como ese espacio –tiempo y escucha– para que se dé la relación con el lenguaje.
Invitar a escuchar, a cantar y a contar.

Una jitanjáfora cargada de…

Todos llevamos, a sabiendas o no, una Jitanjáfora escondida como alondra en el pecho”, decía Alfonso Reyes.

En esta Jitanjáfora, todos vamos cargando palabras, ritmos, historias, todo va teniendo un nombre, una palabra que lo significa.

Nombrar, designar: las palabras definen y el secreto tal vez esté en habilitar la exploración. Un chico aprende una palabra, rara o común para su cotidianeidad, se la apropia, la repite hasta el cansancio. La usa para nombrar todo lo que ve. La dice y la vuelve a decir, la abandona, vuelve a ella. La usa solo para una cosa: la canta. Y va buscando y encontrando y perdiendo sentidos. Las palabras entonces, cantadas, dichas, leídas, escritas, escuchadas, todas las palabras van acompañando ese recorrido vital que transitamos las personas.

Y nos podemos encontrar con otros gatos:

“yo tengo un gato que se llama Garabato,
que le gusta dormir en un zapato,
y una gata que se llama Catalina,
que le gusta dormir en la cocina
(…)Con tantos gatos adentro de mi casa,
me tuve que ir a dormir a la terraza.
Ni siquiera me queda el balcón,
porque allí es donde duerme Dormilón…”

Esos ritmos, esas primeras canciones, poemas, coplas, acompañan y van llenando la petaquita y la Jitanjáfora. Y nuestro camino se va colmando así, de poesía y palabras que se necesitan ser dichas y volver a ser dichas, una y otra vez.

“Leer, en la primera infancia, es una experiencia de vida. Lo que el bebé lee no es el sentido literal de las palabras sino sus ritmos y sus poderes mágicos para esperarlo, acunarlo, escribir en su cuerpo, cantar, contar y jugar con él. Desde las primeras nanas hasta aquellos “libros sin páginas” que los padres rescatan de sus recuerdos, el bebé recibe una herencia de palabras que marca su ingreso al mundo del lenguaje.” Así comienza Yolanda Reyes El libro que canta. Y entonces, nos seguimos acordando. Tiramos del hilo para que salgan las palabras amontonadas: “Tortita de manteca para mamá que da la teta, tortita de cebada, para papá que no da nada…”, y este dedito compró un huevito. Con estos y otros poemas y cuentos en el cuerpo, vamos contando.

Los chicos preguntan, saben rápidamente que todo tiene nombre. ¿El inodoro como se llama? preguntó Mauro a la mamá de un compañero del jardín. Inodoro, le respondió ella. No, el nombre, el que tiene escrito, repitió él señalando la marca escrita en el artefacto, distinta a la que conocía: este empieza con “F”.

O la fascinación de Carmen Tello al pronunciar la palabra visillo por primera vez… repitiéndola mientras miraba la puerta esperando a su mamá. O Daniela Resnik que antes de decir casi ninguna palabra repetía gato llena de felicidad, entre caminatas y cantos. Y así, tantas historias… como la de la protagonista de El contador de cuentos, de Saki, con la repetición incansable del primer verso del poema de Kipling  “por el camino de Mandalay”.

Brazos que acunan

Las palabras arrullan, acunan, nombran, marcan ritmos, épocas, nos ponen a jugar, nos permiten nombrar el mundo, nos abren la puerta para ir a jugar, nos arman ellas mismas juegos como el Pisa Pisuela color de ciruela, nos llegan con el sonido antes que nadie nos toque, en la mismísima panza.

Esas palabras, que como dice Michelle Petit, son a que nos van a permitir luego nombrar el mundo, tener más posibilidades y más material, más palabras para decir lo que nos pasa. “El lenguaje no es reductible a un instrumento, tiene que ver con la construcción de nosotros como sujetos parlantes. Cuanto más capaz sea uno para nombrar lo que vive, más apto para vivirlo y para transformarlo.”

Entonces, como mediadores, como atravesadores entre libros, propongamos ese encuentro, rescatemos a los chicos, y a todas las personas de las barreras que a veces levantamos entre ellos y las palabras. Propongamos el encuentro con la poesía y la música. Desde los ritmos del inicio, en la panza hasta las últimas palabras, habitemos e invitemos a habitar la posibilidad del lenguaje.

Banquete de lecturas al aire libre

DSC01378Por Verónica Cantelmo

Picnic de palabras posibilita un encuentro entre chicos y grandes donde el libro es el vehículo de intercambio. Leer más “Banquete de lecturas al aire libre”

¡Paren las rotativas! (Cultura LIJ actualiza)

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín 

 Al cierre de este número tuvimos que gritar igual que en las películas: ¡Paren las rotativas! La noticia se extendía por la web primero, por los mails después, por los diarios finalmente: Isol ganaba el premio Memorial Astrid Lindgren, que otorga el gobierno sueco a las personas o las organizaciones que extienden los límites de la lectura. Cargadas de actualidad, ALIJA adecuó su columna, cambiamos unas notas e hicimos lugar.

¡Paren las rotativas, otra vez!

Pocos días después la noticia triste fue la inundación. Otros hablarán de las vidas perdidas, nosotros tenemos un minuto para solidarizarnos con las bibliotecas que vieron sus acervos pasar por agua y sus estanterías quebrarse ante la fuerza de las corrientes. Las escuelas volvieron a ser refugio, pero de otro tipo. Y a los chicos de las ciudades afectadas les dolió la panza, de tanta angustia contenida.

Paren las rotativas, una vez más

Porque ahora la noticia es la solidaridad. Otros hablarán de los rescates, de la cantidad de donaciones recibidas, de los gestos por miles y miles multiplicados. Queremos tomarnos un minuto para visibilizar a todos los amantes de las bibliotecas que han partido a sus casas para llevar algunos ejemplares para rescatar y para secar adecuadamente.

Comunidad

Muchos de los afectados sienten vergüenza de pedir ayuda, de quejarse, de mostrar sus propias pérdidas. Al lado de quienes perdieron la vida, al lado de las casas devastadas, de las personas perdidas, todo parece poco.

Sin embargo, en medio de este siglo vivimos en comunidades paralelas. Podemos tener una familia de origen, ser vecinos de un barrio, parte de la LIJ, y pertenecer a un determinado grupo profesional. Somos parte de varias comunidades diferentes. Y cada una debiera tener sus espacios de comunicación y de apoyo, su forma de socorro, sus sostenes propios.

Desde una comunidad madura y fuerte como la de la LIJ argentina salen un Andersen (Andruetto, 2012), un Asahi (Abuelas cuentacuentos, Fund. Mempo Giardinelli, 2012), y un Memorial Astrid Lindgren (Isol, 2013). No se nace de la nada. No se crece sin raíces. No se da frutos si no hay quienes vayan a disfrutarlos.

Argentina tiene mucho que ofrecer al mundo en materia de literatura infantil y lectura.

Argentina tiene mucho que ofrecer al mundo en materia de lectura.

Los ojos del mundo empiezan a mirarnos, y este es también fruto de un trabajo de comunidades, de hombres y de mujeres buscando el bien colectivo: primero fueron los ilustradores viajando a Bologna, luego los editores que lograron que los libros argentinos fueran destacados por entidades como banco del Libro de Venezuela y la International Youth Library de Munich (Alemania). A todo esto se ha sumado el valor inmenso del trabajo de organizaciones como ALIJA, CEDILIJ o la misma Fundación Mempo Giardinelli, que exhiben al mundo la vitalidad de la LIJ local y la calidad de sus especialistas.

Todo se ha hecho en la Argentina en materia de lectura. Y se sigue haciendo a diario.

Desde estas páginas iniciaremos una campaña para apoyar a las bibliotecas afectadas. Pero esperamos que sea una campaña de todos. La de la comunidad de la LIJ.