Poesía en la vereda

Los artículos de la sección 1 a 1 ponen en valor el trabajo artesanal del mediador de lectura. En este caso, una experiencia que se puede replicar en cualquier vereda.

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Por Ivana Sosnik

Los artículos de la sección 1 a 1 ponen en valor el trabajo artesanal del mediador de lectura. En este caso, una experiencia que se puede replicar en cualquier vereda.

 “El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia”
Roberto Juarróz Poesía vertical (fragmento), 1975.

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El taller inaugural de esta actividad comenzó con la lectura de El libro del Haiku, primero en nuestras voces y después, a pedido de los chicos, en las suyas. Casi sin darnos cuenta iniciamos un ritual de lectura que nos iba a acompañar durante todo el año. Como en una especie de vaivén poético, el libro iba circulando y cada uno a su turno iba leyendo, con su ritmo, con su tono, ya empezábamos a percibir la musicalidad de las palabras que nos regala la lectura de poesía. Nos fuimos metiendo en clima de escritura, analizamos juntos la estructura de los haikus y les propusimos escribir los propios.

Yo me fui a la montaña,
el monstruo de la noche
apareció y me comió.

Voy hasta el fin del mundo
hay una torre
llena de agua.

Kevin Genes, 10 años

Nos aventuramos con una propuesta de versos desencontrados a través del recorte de versos de distintas poesías. La idea era que con papel y cola armaran sus propios collages de versos. De allí surgieron algunas producciones que nos permitieron seguir pensando acerca del modo de acercamiento al género poético. Notamos que algunos chicos se sentían un poco perdidos con la propuesta, o que no se animaban, algunos pegaban los versos conformando un texto en forma de prosa. Nos planteamos entonces la posibilidad de ir acercándonos a la poesía de distintos modos, yendo y viniendo de la lectura a la escritura y a su vez con una diversidad de propuestas al modo de la didáctica constructivista, con sucesivos acercamientos al objeto de conocimiento.

Al pasar de los talleres fuimos recorriendo distintas mesas de libros de poesías, a veces la selección tenía que ver con una temática específica, a veces con un autor o grupo de autores, otras veces con una forma poética determinada. Siempre con la libertad de tomar libros de los estantes de la biblioteca, de poesía o no, conocidos por ellos o no. Los chicos del taller ya saben que las mesas de libros son momentos de exploración donde vale leer como tengan ganas: acostados, sentados, debajo de una mesa, en una silla, con otros chicos, con las docentes, solos, observar leer a otros o sencillamente tomarse un tiempo para descansar.

Antesala de la creación

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El armado de estas mesas es un aspecto muy enriquecedor de nuestra tarea como mediadoras. Se trata de un ejercicio continuo de búsqueda en la biblioteca de La vereda, en bibliotecas personales, en bibliotecas de otros espacios laborales, en librerías. Y en particular en este proyecto, la posibilidad de abordar algunas poesías no pensadas para lectores infantiles, en sus versiones originales o en las ediciones de colecciones infantiles que las adoptan. En esa práctica vamos creciendo también nosotras como lectoras.

En algunas ocasiones al inicio, en otras en medio del taller, nos dábamos un tiempo para el ping-pong de poesía. Una selección que pensábamos nos permitía ir entrando en clima de escritura, de creación. Después de la lectura, a veces, se sucedía un momento de silencio, un estado de perplejidad, algunas miradas de incomprensión. Experimentando con la escritura de haikus, cuartetos, sonetos, coplas y su requerimiento de seguir ciertas reglas preestablecidas. Como así también con consignas de escritura más abiertas, tendientes a la posibilidad de, como dice Graciela Montes, cortar amarras, abandonar el muelle y entrar en el territorio siempre inquietante del propio imaginario.

Habilitar un espacio donde el deseo de alcanzar la creación de la propia obra fuese tomando cada vez más cuerpo en ese ida y vuelta constante entre lecturas y escrituras. Leer libros de poesía, conocer poesías, inspirarse y escribir poesías, leer la propia escritura y la de los compañeros, volver a escribir y seguir navegando en esa continuidad, en esa relación de reciprocidad que tienen las prácticas de lectura y escritura.

Algunas propuestas

  • Exploramos la poesía audiovisual a través de algunos capítulos del programa Poetas latinoamericanos del canal Encuentro, como invitación a la lectura, a la escritura y a la creación de obras plásticas.
  • Desde que comenzamos a pensar en este proyecto, nos interesaba la idea de incluir la música, pensando que la música es poesía, que escuchar música nos permitiría también entrar en poesía y hacernos de distintos ritmos. La primera aproximación fue hacer una selección de ritmos variados para escuchar con los chicos, confiábamos en que las mencionadas relaciones con lo poético podían vivenciarse desde el cuerpo.
  • Buscar palabras para los sentidos fue otra de las propuestas. Oler y escribir un poema. Escuchar y escribir un poema. Probar y escribir un poema. Tocar y escribir un poema. Convidar con una variedad de sensaciones para dar paso a la escritura: ajo, perfume, ilustraciones, un palo de lluvia, caramelos, algodón, esponjas, chocolate, campanas.

Arde la nariz y mis venas de la nariz
ya no están
se fumigaron mis venas de la nariz
como hormigas.
Martín Nicolás Araujo, 11 años

  • Exploramos distintas formas poéticas. A la hora de los sonetos leímos, escuchamos y miramos. Nos detuvimos en Un soneto me manda a hacer Violante, de Lope de Vega. Lo leímos y observamos un fragmento de la película donde el protagonista narra el soneto. Analizamos la estructura de estos versos con detenimiento, comenzamos a probar, buscando rimas, contando sílabas. Así surgieron los primeros cuartetos.

El soneto de la quema del muñeco

CLD2017-octubre-1a1-quema del muñecoEstamos con el camión de bomberos,
la llama del más allá viene acá
los muñecos vamos a quemar ya
muchos deseos y sueños quememos.

 Fuimos al barrio de Carlos Gardel
estuvimos cantando y jugando
con los tambores un rato bailando
mientras se iba quemando el papel. 

Nosotros sacamos fotos lindas
jugamos mucho, la verdad, muy bien
a otros les hacían entrevistas.

Tomamos chocolatada muy rica
en el piso había unas rayuelas
el humo hacía llorar y gritar.

Ariel, Valeria, Ángel, Priscila – Grupo 9 a 13 años

  • Nos encontramos con libros de poesía que toman como centro a los objetos. Uno de ellos, El lenguaje de las cosas, de María José Ferrada. Lo leímos mucho, fue parte de nuestros espacios de lectura colectiva. Después de leer, nos quedamos con las ilustraciones, una para cada uno, con la idea de volver a escribir sobre los objetos que la autora había elegido. Nos detuvimos a observar objetos y a buscar nuevas maneras de nombrarlos y así afloró la poesía, y eso que parecía algo tan cotidiano o tan distante se transformó en algo distinto, tal vez más propio. Las definiciones del diccionario fueron otro insumo para la escritura de poesías con objetos. Cerrar los ojos y tomar de la caja un objeto: un pequeño elefante, un broche, un gato, anteojos…, observarlo detenidamente, describirlo con la palabra.

El elefante
Elefante grande
Elefante chiquito
Elefante mediano
Elefante feto y microorganismo
Elefante gemelo
Elefante primo
Elefante abuelo
¡Hay tantas clases de elefantes!

Valentino, 10 años

 La palabra nunca es neutra, la palabra transforma. Y en este cierre que abre volvemos sobre la poesía de Juarróz, tomando prestadas sus palabras:

“Las palabras no son talismanes.
Pero cualquier cosa puede
transmutarse en poesía
si la toca la palabra indicada.
No es asunto de magia ni de alquimia.
Se trata de pensar de otro modo las cosas…”

Roberto Juarróz

 

Acerca del taller de La Vereda. La Vereda es un espacio cultural y educativo en donde se desarrollan actividades de juego corporal y de arte con niños, jóvenes y adultos. En ese sentido, disponemos de recursos preventivos, de orientación, terapéuticos y educativos que utilizan la literatura, el juego y el arte como herramienta de trabajo. Esta experiencia tuvo lugar en el marco del taller de escritores para niños de 9 a 13 años a cargo de las docentes Ailén Barbagallo, Daniela Goldin e Ivana Sosnik con la coordinación de Daniela Azulay.

Acerca de Ivana Sosnik. Licenciada en Ciencias de la Educación, especializada en literatura infantil. Se desempeñó como docente de taller de cuentos en nivel inicial. Es coautora del capítulo de juego del diseño curricular para la educación inicial de la Dirección General de Cultura y Educación, Provincia de Bs. As. Formó parte del equipo docente del SEAD del Ministerio de Educación Nacional. Fue coordinadora del taller de la biblioteca Chau Toto del barrio Villa 20/Lugano. Formó parte del equipo de mediación de lectura y capacitación para futuros docentes del programa Queremos Leer de la fundación TEMAS.

 

 

 

Instalaciones poéticas

De rupturas y desplazamientos en las prácticas de lectura y escritura. La intervención con instalaciones poéticas en el espacio universitario.

De rupturas y desplazamientos en las prácticas de lectura y escritura.

Por Mgr. Claudia Mariana Santiago

CV: Es Profesora y Licenciada en Letras. Diplomatura Superior en Currículum y Prácticas Escolares en contexto, por FLACSO. Magister en Docencia Universitaria (UNaM).
 Actualmente ejerce la docencia como Profesora regular adjunta simple para la asignatura Práctica Profesional III del Área de Formación docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, co-coordinadora de la Práctica Profesional III del Profesorado en Letras desde 2007.


En las aulas podía pasar otra cosa ¿desde cuándo yo tenía esta certeza? creo que desde siempre.

Mi biografía infantil estaba llena de escenas escolares mi padre, docente, en un aula de la escuela Normal de Montecarlo (provincia de Misiones), en los años sesenta, entre bancos de madera, pupitres con olor a tinta; desataba con sus alumnos una conversación que a mí me apasionaba escuchar.

Ya en los años ochenta, con mis alumnos en la escuela Normal de Posadas, estrené mi profesión junto con la democracia recuperada eran jóvenes que conmovidos y desbordantes en el uso de la palabra, me facilitaron la habilitación de géneros no convencionales en el aula. Estaba segura entonces de que en el aula podía pasar otra cosa y esa otra cosa tenía estrecha relación con el afuera, con el dejar entrar o poner en vínculo las producciones culturales, el revés de la trama, como dice Gustavo Bombini, las tensiones, las negociaciones, las mediaciones y las disimetrías en relación a los sujetos hacen posible otros vínculos y otros sentidos.

Entonces el desafío fue diseñar prácticas prefigurando experiencias, las que J. Larrosa describe como un asombro aún indefinido que presupone el pensar, fue habilitar la ocasión, reconocer que el revés de la trama estaba compuesto por una diversidad de producciones culturales que se enriquecen entre el afuera y el adentro de la escuela.

Desde aquellas experiencias centré la atención en las fronteras que se constituyen entre el espacio educativo y el campo general de la sociedad y la cultura. Había que repensar espacio y tiempo escolar en diálogo con las prácticas extraescolares.

En tanto las instituciones educativas no están simplemente alojadas en un espacio, sino que ellas mismas son un espacio donde el estar con otros presupone una forma de vínculo y de producción. Hargreaves (1992), señala la necesidad de contraponer la monocromía del tiempo técnico-racional de la escuela tradicional a la del tiempo policrónico, donde los sujetos realizan simultáneamente diversas acciones (ver la televisión, navegar por Internet y hablar por teléfono al mismo tiempo) que redefine a las personas y a sus relaciones. Es necesario considerar la pluralidad y simultaneidad con la que espacio y tiempo configuran nuevas formas de percibir y representar el mundo, pues los medios de comunicación los han transformado y con ellos a los sujetos.

Estos interrogantes se fueron enriqueciendo a partir de acciones o actividades compartidas con colegas como Sergio Frugoni, Alcira Bas, Claudia López y Martín Broide; ellos propiciaron prácticas de lectura y escritura que ampliaron mis vivencias, como lo hizo la lectura del Taller de escritura de Maite Alvarado y Gloria Pampillo, desde donde nos proponen recuperar el concepto de invención como (re) descubrimiento de algo ya dado, en fuentes externas o en la propia memoria, prácticas reflexivas desde la escritura con otros.

¿Por qué instalaciones poéticas?

En primer lugar debo decir que estas son experiencias aprendidas de otras manos, colegas de la Universidad de la Plata (UNLP), de la Universidad de Buenos Aires (UBA), La Ciepa (Compañía Itinerante de Educación Por el Arte), la experiencia poética con susurradores de Mirtha Colángelo, en esos pasajes hemos ido reconstruyendo y construyendo nuestras propias experiencias poéticas.

La instalación artística es un género de arte contemporáneo que comenzó a tomar un fuerte impulso a partir de la década del 50 y que espera generar una experiencia visual, conceptual en un espacio y tiempo determinado, el espectador, el lector en nuestro caso, puede interactuar con ella. Pueden utilizarse cualquier medio, desde materiales naturales, comunicación, tales como video, sonido, computadoras e internet, fotografías pero lo más significativo para nosotros es la selección de textos de calidad literaria, aquellos de poca circulación en los ámbitos escolares y/o académicos.

Trabajar con la disrupción espacio-temporal del espacio público, tiene que ver con la necesidad de detener la circulación y el sentido del habitar para generar otro. La instalación poética pretende propiciar una experiencia efímera, entre la palabra poética leída, narrada, escrita, susurrada, pintada, fotografiada para potenciar otros modos de acceso a la lectura y a la escritura, es en esa zona de frontera donde los espacios convencionales pueden potenciar y diseminar sentidos.

Modificamos el andar, el ritmo del caminante para experimentar lo poético más allá de los textos que usualmente llamamos “poesía” las instalaciones son un espacio dentro de otro, un tiempo detenido sin fin utilitario, un no lugar donde se produce un flujo múltiple, donde se pone en discusión el canon institucionalizado, se abren las puertas a otras producciones, lo poético se hace presente incorporando los particulares efectos de sentido que producen los textos poéticos en los lectores.

Realizamos instalaciones poéticas en la escuela media, en plazas, al interior de la Facultad de Humanidades y Sociales de la UNaM en aulas o pasillos; el extrañamiento fue ocasionado por palabras e imágenes, poesía visual, grafitis, música, cancionero popular, algunos de los autores que nos acompañaron: Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui, Ramón Ayala, Luis Alberto Spineta, Diana Bellesi, Raúl González Tuñón, Alejandra Pinarnik, Silvio Rodríguez entre otros, el espacio estaba acondicionado con velas, música, café o mate allí los alumnos practicantes esperaban a los visitantes para invitarlos a cruzar el umbral de la instalación provocando experiencias de lecturas y escritura.

Para ello diseñaron artefactos: susurradores, las botellas con palabras, palabras imantadas, libros no convencionales, tarjetas postales, tendederos poéticos, la música y la canción poética, los videos poéticos, imágenes, donde la lectura y la escritura situadas en la tercera zona de la que habla Donald Winicott, zona de frontera entre las subjetividades y el mundo objetivo, que invitan a leer y escribir en un borde de exploraciones gozosas, al decir de Graciela Montes.

Estas instalaciones son un lapso en el tiempo, generamos un dónde, un cuándo y un con qué ocasiones, que potenciaron otros modos de mediar, de aprender y de indagar con la palabra y el cuerpo.

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Prohibido Leer

Una de las instalaciones realizadas durante el 2016, fue la que denominamos Prohibido Leer en conmemoración al golpe cívico-militar del 24 de marzo (ver más sobre la experiencia), donde elegimos poner en escena los libros censurados de la Literatura Infantil y Juvenil, sus actores, sus luchas, etc.

En esta ocasión desplegamos el concepto de montaje como praxis que conlleva un esfuerzo de comprensión, selección, interpretación, argumentación, etc., como así también lo requiere el proceso de escritura y lectura que se precie de creativo, crítico e independiente.

Para que el conocimiento y la producción por montaje se puedan materializar, es necesario trabajar con experiencias que permitan: buscar, agrupar, analizar, reconocer datos, encontrar omisiones, ordenar, resumir, separar, secuenciar, sintetizar, clasificar, comparar, jerarquizar, desarrollar, articular, dialogar, reflexionar, tarea a la que nos abocamos como colectivo de docentes y alumnos que componemos el Centro de Mediación e Indagación sobre Prácticas de Escritura y Lectura en Literatura Infantil y Juvenil (CeMILLIJ).

El proceso de montaje nos permite en cada evento, armar, recuperar, recordar una historia, un acontecimiento, un relato y al mismo tiempo, es una forma de pensar, es su síntesis. Pues el montaje es la unidad caleidoscópica de una realidad representada a través de diálogos, textos, fotos, decorados, ambientación, música, etc. Así los actores aprenden/producen efectuando modificaciones sobre sus conocimientos en un movimiento reflexivo hacia atrás que los lleva al mismo tiempo a negar y a recuperar lo anterior articulándolo con lo nuevo, con lo diferente, abriéndose a una resignificación superadora, pero para que esto suceda se lo debe propiciar desde una mediación que lo reconozca como el camino necesario para la invención.

La invención puesta a andar con los dispositivos lúdicos ofrecidos, busca información en la memoria para que la búsqueda sea exitosa el secreto estará en la consigna. Al decir de Maite Alvarado, miembro del grupo Grafein,: “a veces, la consigna parece lindar con el juego, en otras ocasiones, con un problema matemático. Pero cualquiera sea su ecuación, siempre la consigna tiene algo de valla y algo de trampolín, algo de punto de partida y algo de llegada”.

Nuestra llegada a la lectura, dice Jean Privat, siempre es social, la lectura lejos de ser pura técnica y/o de pura actividad individualista está saturada de sociabilidad: gestos aprendidos, discursos y objetos intercambiados, ritmos apropiados, imaginarios compartidos, valores incorporados, estrategias, entendemos que si no hay interacción, no hay aprendizaje, de allí que consideramos a las instalaciones poéticas como prácticas de experiencia y aprendizajes significativas.

Parafraseando a Graciela Montes decimos que las instalaciones actuarían como mediadoras pues ofrecen anticipos apasionantes, desafíos no previstos, en general impulsan a forzar los límites, a ampliar la recepción saliéndose del circuito estricto.

Al comienzo de este artículo dije que sabía desde mi propia biografía que en las aulas podían pasar otras cosas, hoy estoy segura que dentro y fuera de ella pueden suceder acontecimientos de aprendizajes enriquecedores, amplios, diversos, transformadores si espacio y tiempo se alejan de un sentido estrictamente utilitario y logramos habilitar encuentros colectivos y dialógicos artísticos, que nos permitan reescribir sentidos, este proyecto es posible porque un grupo de docentes, graduados y alumnos nos autoconvocamos para ello todo acto colectivo cambia la práctica educativa y social de un pueblo.

 

Bibliografía

Alvarado, Maite. Escritura en invención en la escuela. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 1994.
Barthes, Roland. El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura. Paidós, Buenos Aires, 1994.
Bombini, Gustavo. La trama de los textos. Editorial el Quirquincho, Buenos Aires, 1991.
————————La lectura: una práctica posible en El monitor. Revista del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, Nº 1, V época, octubre. Argentina, 2004.
Broide, Martín. http://www.puentesculturales.com.ar.
Colángelo, Mirta. De Susurros y susurradores. Comunicarte. Córdoba, 2015.
Kalman, Judith. El acceso a la cultura escrita: la participación social y la apropiación de conocimientos en eventos cotidianos de lectura y escritura. Revista mexicana de investigación educativa, enero-abril, Vol. VII, número 17, pp. 37-66, Consejo Mexicano de Investigación Educativa, México, 2003.
Privat, Jean. Socio-Lógicas de las didácticas de la lectura. En Lulú coquette. Revista de didáctica de la lengua y la literatura año 1.nº1, 2001.
Skliar, Carlos. Ensayos mínimos entre educación, filosofía y literatura. Larrosa, Jorge. Lo dicho, lo scrito, lo ignorado Miño Dávila. pág. 86, 2011.
Frugoni, Sergio. La escritura personal de los jóvenes. Apuntes sobre una práctica invisible. Media Revista. Revista cultural para profesores de escuelas medias. Buenos Aires: Escuela de Capacitación CePA, 2007.Hirschman, Sara. Gente y cuentos ¿A quién pertenece la literatura? Fondo de Cultura Económica, México, 2011.
Montes, Graciela. La Frontera Indómita. Fondo de Cultura Económica. México, 2011.
Rodari, Gianni. Gramática de la Fantasía. Buenos Aires, Colihue, 2010.
Rockwell, Elsie. La lectura como práctica cultural: concepto para el estudio de los libros escolares. Lulú Coquette. Revista de didáctica de la lengua y la literatura. Buenos Aires, El Hacedor-Jorge Baudino Editores, Año III, Nro. 3, noviembre 2005.
Santiago, Claudia. Espacio Escolar Fronteras del Conocer. Tesis de Maestría – en proceso de Edición Editorial Universitaria. UNaM, 2005.
Winnicott, Donald W. Realidad y Juego. Gedisa. Barcelona, 2008.

Arroz frío

La mirada poética de un niño encuentra la belleza en un plato de arroz.

Por Cecilia

CV: Maestra de cuarto y séptimo grado. Escuela pública. CABA. Argentina.
Por Eva Brugues, del libro Brújula Norte.
Por Eva Brugues, del libro Brújula Norte.

Lo conozco desde 2013. Había llegado un año atrás de un lugar llamado Turco, en Bolivia, pero todavía casi no emitía palabra. En uno de nuestros primeros encuentros, yo en mi estreno en cuarto grado y él en su segunda vuelta, le pedí que me contara algo por escrito. En un texto lleno de comunes errores de ortografía y gramática enrevesada me habló de cabras, de abuelitas, de montañas.

Ahora lo vuelvo a encontrar como su profe de Lengua y Sociales en séptimo grado. Aún tiene los ojos más hondos del universo. Para mí, siempre tuvo algo de poeta.

Hoy me traje a casa su Cuaderno de Escritores. Y entre muchos otros escritos, encontré esto. La consigna era escribir cualquier tipo de texto titulado “Arroz frío”. Luego leeríamos un poema homónimo de una autora coreana, que me había pasado una colega. En el cuaderno de Brayham (así se deletrea su nombre) apareció esto.

“Blanco y blandito si te cocinas, con una forma
muy pequeñita y majestuosa. No te enfríes
si te dejo por veinte minutos, me dolería ver
que ya estás frío y sin tu divino sabor.

Si te pongo con tu amigo el pollo, quedarán espectaculares
harán una bonita pareja. Todas las noches
te juntas con tus amigos
como el brócoli, la cebolla, la zanahoria y con los fideos.”

Esa noche mientras cocinaba arroz blanco y pollo, decidí seguir leyéndoles a los alumnos las odas de Neruda. A todos los grupos de alumnos que pueda.

 

Expendedora de Poesía

Tuvo lugar en Buenos Aires durante abril y mayo tres eventos imperdibles: la Feria Internacional del Libro, el Festival de Literatura Fantástica y el Festival de Poesía. Libros, autores y actores culturales proponían una agenda en la que era imposible cumplir por lo superpuesto de las fechas.

¿Ciudad tomada por las letras? Hubiera sido bueno que así fuese, aunque la actualidad política impidió que brillara en los medios como debía ser.

A falta de otras intervenciones, hay que resaltar la máquina expendedora de poesía con la cual se topaban quienes bajaban y subían al subte en la estación Puan (la de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA).

Por medio de una pantalla táctil el interesado podía buscar un autor argentino, latinoamericano o internacional de su interés según diferentes criterios (origen, corriente literaria) e imprimir un poema (o varios).

¡Repongan la máquina! Esta ciudad, este país, este mundo se merece poesía al paso.