La lectura aguas adentro

¿Cuál es la función de una biblioteca o de una escuela rural? ¿Cuál es la relación costo-beneficio que justifica sostenerlas? Estaríamos dados a creer que en este siglo marcado por la circulación de la información no sería necesario responder estas preguntas, pero la realidad lo exige.

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Por Valeria Sorín

¿Cuál es la función de una biblioteca o de una escuela rural? ¿Cuál es la relación costo-beneficio que justifica sostenerlas? Estaríamos dados a creer que en este siglo marcado por la circulación de la información no sería necesario responder estas preguntas, pero la realidad lo exige.

Venezuela - Bibliofalca y Bibliobongo
Venezuela – Bibliofalca y Bibliobongo

Se pueden definir como rurales todas aquellas áreas geográficas dedicadas a la producción primaria (agricultura, ganadería, pesca, minería, forestación) estructuradas y organizadas por pueblos y pequeñas ciudades con sus actividades de transformación y de servicios, donde existe un vínculo directo y próximo entre la población y la naturaleza, y donde se construyen relaciones interpersonales signadas por la proximidad y el conocimiento mutuo. Así lo define el investigador Marcelo Sili en su libro Atlas de la Argentina rural.

Es en ese contexto donde cada espacio de comunidad tiene un valor distintivo y produce dinámicas singulares de alta vitalidad que, con el tiempo, se vuelven imprescindibles. Una biblioteca, una escuela, una sala de primeros auxilios, un comedor, una tienda de ramos generales no son solo un lugar donde consultar, o donde educar, o donde curar, o donde alimentar, o donde surtirse; valen por las interacciones que promueven.

Claro queda que lo rural no puede identificarse solamente con el campo o la montaña. El rasgo de ruralidad es propio también de las islas y los archipiélagos con baja densidad de población, marcados diariamente por el rugir de la naturaleza, que quedan muchas veces aislados del ritmo del continente; cuando no olvidados por sus mismos gobernantes. Pocas, sí; dispersas, también; su poca relevancia económica suele postergar a estas poblaciones en la lista de prioridades.

 “Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.”
Antonio Machado

 

Gesta de bibliolanchas

En Venezuela, en 1986, surge la bibliolancha como un modelo de extensión de la Red de Bibliotecas Públicas. El objetivo era atender a las comunidades indígenas ribereñas de los ríos Sipapo y Orinoco, en la región amazónica. Posteriormente surgirán el Bibliobongo, elaborado a partir de la corteza del árbol palo de mure por los propios indígenas, y la bibliofalca, esta última desarrollada con el apoyo de UNICEF. Estas segundas versiones permitieron ampliar el radio de cobertura, ofrecer una sala de lectura en la misma embarcación, trasladar también actividades recreativas y culturales, y entregar cajas viajeras –recipientes de plástico como también bolsos impermeables que contienen libros y revistas– a las familias, además de contener una pequeña ludoteca, películas y hasta material deportivo.

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En Argentina, la biblioteca popular Genoveva fue fundada en 1958 por iniciativa de vecinos del arroyo Felicaria, en la zona de la segunda sección del Delta del Paraná, en la provincia de Buenos Aires, y gracias a la donación de una casa para tales fines. Los únicos espacios comunitarios en decenas de kilómetros cuadrados son la escuela y la biblioteca, son espacios de pertenencia que funcionan como referentes fuera del espacio de la casa de cada poblador. Desde hace diez años la biblioteca ha extendido su labor al equiparse con una bibliolancha que le permite recorrer el arroyo y zonas aledañas.

La biblioteca participa del festival de poesía que organiza la escuela del arroyo, por lo que convocan año a año a autores para que se acerquen y compartan con los chicos y con sus familias su actividad poética. Por allí pasó Adela Basch Ruth Kaufman.

CLD2018-marzo-bibProt-bibliolanchas-destacadaColombia, Argentina y Chile, como veremos a continuación, están gestando la primera red de bibliolanchas, lógicamente liderada por las propias bibliotecarias (Milena Guerrero Hidalgo, Marisa Negri y Teolinda Higueras). El objetivo para el 2018 es la publicación de un libro de leyendas fluviales y marítimas. Hay que poner en foco que, al internarse y recorrer poblaciones alejadas, los bibliotecarios se encuentran con una rica tradición oral que vale la pena recuperar. En el caso de Venezuela, la bibliolancha ha contando con un bibliotecario de la etnia piapoco, hablante de la lengua jivi.

Debemos comentar que existen, aunque pocos, algunos otros casos similares en el mundo. Por ejemplo, en Noruega  los municipios de Hordaland y Møre og Romsdal sostienen un barco destinado a biblioteca flotante para visitar las lagunas marinas y fiordos de la región llevando 400 ejemplares entre libros y audiolibros, y también espectáculos. Mientras está amarrado, sirve como biblioteca a la ciudad que visita: niños pequeños, adultos mayores y escuelas suben para disfrutar de sus servicios.

La bibliolancha de Quemchi

Las migraciones dejan estos poblados rurales habitados por niños y adultos con una sistemática ausencia de jóvenes debido a la debilidad de oportunidades de formación y progreso económico. Partir o quedarse es el debate que los atraviesa. Y para quienes han partido, el debate es por regresar o afincarse definitivamente en las superpobladas ciudades. La historia que sigue tiene como protagonista a una mujer que regresó enamorada de sus raíces.

Teolinda Higueras nació en Puerto Montt, pero vivió su infancia en el pueblo de Quemchi, de la isla de Chiloe, en el sur de Chile. A los doce años, partió a estudiar y vivir en un internado en Talca, a 926 kilómetros de su pueblo, la ciudad donde se había firmado un siglo antes la independencia de Chile. Cuando ya formada regresó a Quemchi, se enteró del inminente cierre de la biblioteca pública al haber finalizado el convenio entre la Municipalidad y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam). Luego de dar lucha para que se reabriera, quedó a su cargo, y lo que en primera instancia era una prueba de un año se extendió indefinidamente. Era 1978 y la libertad estaba presa de una dictadura feroz. Muchos jóvenes relegados se refugiaban diariamente en la biblioteca. Los problemas con las autoridades la llevaron a alejarse para regresar ya con otros vientos soplando.

 

Yo no conocía la ruralidad”, cuenta Teolinda, quien en 1995 propone iniciar recorridos semanales en lancha por el archipiélago para extender el alcance de la biblioteca. Al principio se embarcaba en la lancha sanitaria, que era capitaneada por uno de sus compañeros de escuela primaria, y junto a los agentes de salud recorrían durante una semana las poblaciones isleñas antes de regresar al pueblo. “Los maestros en aquel momento se reían de los libros que llevaba. Estaban muy deteriorados. Pero los mismos maestros me ayudaron a empastarlos y retaparlos”. Faltaban años para que al ganar un concurso internacional pudiera llegar una colección de libros impecables.

A la lancha fueron subiendo cuentacuentos y actores con los que montaban espectáculos culturales, los únicos a los que tenían acceso estos pobladores: “Éramos la gran visita del mes, la que todos esperaban.” Y cuando consiguió solventar un grupo electrógeno, llevó también una televisión donada por el escritor Francisco Coloane donde pasaban primero documentales y luego dibujos animados.

Al finalizar el primer año de gestión, Teolinda decidió premiar a los mejores lectores con una gira cultural por la ciudad capital de Santiago. En los años sucesivos se han podido llevar a cabo 12 de esas giras, lo que implica para muchos de los isleños el único viaje fuera de la isla que realizarán.

Años más tarde una periodista le preguntó “¿Qué desea a futuro?”, “Tener una lancha propia para la biblioteca”. La entrevista llegó a conocimiento de la directora de la Fundación Desafío Levantemos Chile y el sueño se hizo realidad.

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A Teolinda Higueras es posible imaginarla como un gigante, como una turba imparable, como la risa contagiosa. Difícil reconocer en esa breve figura y su voz cálida a la gestora de la primera bibliolancha de Chile. Gestar no es cuestión simple, aun quienes no se han formado para ello terminan enfrentando burocracias, celos políticos, dificultades arancelarias o normativas. El año pasado, Higueras fue corrida de su cargo en la biblioteca de Quemchi, y el convenio entre la Fundación y el gobierno local quedó sin efecto.

Ahora Teolinda Higueras organiza una asociación sin fines de lucro para recuperar la bibliolancha y seguir embarcada en llevar la lectura a lo más profundo de las poblaciones isleñas.

El habitante de las islas necesita del cariño y la compañía para sentir que es parte del país. Hay que agradecerles que sigan resistiendo el clima, el frío, que no quieran abandonar el territorio”.

 

A modo de temporaria conclusión

Todas las fuentes consultadas acuerdan que si bien en una instancia inicial el servicio de biblioteca no formaba parte de las necesidades expresadas por los pobladores, con el paso del tiempo, cada vez que los programas han tenido que enfrentar un traspié burocrático, son los pobladores, ahora convertidos en lectores, quienes defienden su presencia con fuerza y perseverancia haciendo valer sus voces. En todos los casos los proyectos no solo forman lectores, sino que logran un consecuente trabajo identitario, lo cual comprueba una vez más que el camino se hace al andar.

Para seguir leyendo:

  • Atlas de la Argentina rural, Marcelo Sili, Capital Intelectual.
  •  Acceso a los servicios bibliotecarios y de información en los pueblos indígenas de América Latina, por Milagro Medina de Silva. El artículo enfoca su atención en la problemática de los grupos minoritarios que no cuentan con acceso a los servicios básicos de una biblioteca, en este caso mediante algún tipo de embarcación.

La vida entre lenguas

Pinocho, Oz, el Principito, y hasta la misma Alicia implican un viaje, una adaptación, una diferencia. Conoce a la escritora argentina-noruega que hace de estos temas su propia trama: Verónica Salinas.

Por Valeria Sorín

Verónica Salinas es una artista argentina reconvertida en escritora de literatura infantil noruega por arte de las migraciones. Aquí relata cómo convirtió esa vivir entre dos mundos en el centro de su producción para la infancia.

Gran parte de la literatura mundial ha nacido de un viaje: Pinocho, Oz, el Principito, y hasta la misma Alicia de una u otra forma lo implican. Un viaje que es siempre un encuentro con el otro y un descubrimiento de quién se es.

Estoy sentada frente a una escritora noruega, cuya sonrisa se extiende mucho más allá de los límites propios de los gestos europeos. Me acompaña una actriz que se formó como tal en la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) de la ciudad de Buenos Aires pero que hoy gira con obras infantiles y para adultos por toda la península escandinava. Escritora y actriz son la misma persona. Y no hay forma de quedar fuera del eclipse de su carisma.

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¿Qué la decidió a emigrar específicamente a Noruega?
Llegué a Noruega en julio del 2002. Salí corriendo de la crisis, había estado como ocho meses sin trabajo de traductora de portugués y estaba muy difícil vivir del teatro. Estaba desesperada no encontraba trabajo de nada. Una familia en Noruega necesitaba una niñera y me fui. Fue un exilio económico y social se podría decir. Quería tranquilidad, estaba cansada de la crisis y de la violencia que las crisis generan.

¿Qué buscaba?
Perder todo. Venía de la toma del edificio de la EMAD donde había estudiado teatro, había empezado a estudiar y practicar Yoga y había leído algunos libros que hablaban de perder para encontrar. Con todo esto en la cabeza y el cuerpo decidí irme.
Llegué a Frederikstad un pueblo en Noruega a una hora y media de Oslo. Silencioso, solo 5000 habitantes; te podrás imaginar, yo recién salida de la ruidosa Buenos Aires.
Puedo decir desde ya que la literatura nunca me abandonó. No entendía nada de noruego, pero me metía en la biblioteca todos los días −el único lugar calentito que tenía la calle para ofrecer, gratuito, lleno de libros y con bibliotecarias sonrientes dispuestas a brindarte ayuda−.
En la biblioteca hacia la tarea de las clases de noruego y después de cansarme de repetir “yo me llamo Verónica”, “me gusta la música”, “hablo español y portugués”, “tengo un padre, una madre, una hermana y un hermano”; después de cansarme de repetir oraciones elementales y necesarias para el aprendizaje de un idioma me buscaba algún libro de poesía o libros ilustrados y leía con el diccionario de noruego-castellano abierto. Quería leer palabras lindas, palabras con sustancia, palabras brillantes, palabras con juego, palabras oscuras, palabras con alma.
Pensaba que me iba a quedar solo un año allá. solo una pausa de un año y volvería a Argentina. Luego me quedé un año más y al final de ese segundo año conocí a mi marido. Y así me quedé. Mis papeles de estudios de Buenos Aires no tenían validez en Noruega. Para el estado noruego era una inmigrante sin estudios. Después de leer esa carta, tenía dos caminos: sentarme a llorar y no parar de llorar como Girondo, o arremangarme y empezar de nuevo.
Hasta llegué a escuchar “¿Por qué no haces enfermería? A vos que te gusta trabajar con las personas y tenés tanta empatía”.  Pero yo ya había explicado que tenía una formación teatral y literaria. Dicen que cuanto mayor sea el desafío mayor es el placer al final, algo de eso es motor de mi vida en muchos sentidos. La puerta cerrada y el corazón lleno de amor a estas dos disciplinas hicieron que me anotara en la universidad de Oslo para estudiar literatura castellana y portuguesa y armé mi primer espectáculo para chicos con música con el que realicé giras por muchos jardines de infantes y escenarios noruegos.

 

La actriz y la escritora

CLD2017-Abril-Reportaje_SalinasCon solo nueve años un día regresó del colegio diciendo que iba a ser escritora. Hubo quienes le dijeron que mejor estudiara una profesión que le diera un futuro: abogada, contadora. Pero la niña Salinas contaba con suficiente desobediencia como para no dejar sus sueños.

Además del castellano como lengua materna, estudió portugués. Luego emigró y adoptó el noruego como lengua propia. Ahora bien, sus dos profesiones (actriz y escritora) dependen del dominio de la palabra.
El noruego no se parece en nada ni al castellano ni al portugués, entonces no tengo de donde “colgar” las palabras. Si me quería acordar como se dice plato en noruego −tallerken− ¿dónde pongo esta palabra en la memoria? ¿dónde la podría apoyar para que salga la próxima vez que veo un plato? Entonces me tocaba memorizar y repetir un sustantivo y un verbo por día hasta el cansancio. Y después que tenía todas las palabras aprendidas, iban apareciendo de a poco al contacto con la realidad.
Es difícil ser un actor que no domina la palabra. Pero acá estoy. El año pasado estuve de gira con los dos comediantes más grandes que tiene noruega en este momento. Hicimos 150 funciones de la obra Extraña pareja. Como dramaturga, mi obra Vidas Extremas este año ganó dos premios: el Hedda Prisen y el Kriterprisen.

¿En qué idioma comienza su proceso creativo?
Para mí hablar y escribir en noruego es como disfrazarme. como vestirme con un vestido nuevo y con zapatos recién estrenados. Salir al escenario tratando de que el público crea que siempre usé ese vestido y esos zapatos mientras en realidad lo hago hace unos pocos segundos.
Mi proceso creativo comienza tanto con el castellano como noruego. Se me mezclan todas las palabras, y las emociones. Después me tengo que sentar y ordenar, corregir, sacar. Porque muchas veces hay palabras que no existen ni en castellano ni en noruego.

¿Qué le ha aportado el noruego a lo expresivo?
El noruego es un idioma muy práctico. Cortito, conciso, claro y resumido. Y a mí me gusta saltarle un poco a su naturaleza. Adornarlo un poco. Muchos me han dicho que les gusta el noruego que escribo, porque es noruego pero tiene otra cosa también. Y al no ser mi lengua materna siempre pienso mucho cada palabra que elijo. Como que las miro mucho y detenidamente antes de colocarlas en una oración. Mis textos en noruego son siempre muy económicos. Y en general son palabras cargaditas. Como que la palabra que elegí, queda ahí en representación de las muchas otras que dejé.

 

La poética del migrante

Todos sus libros tienen como trasfondo la idea de la migración y la necesidad de adaptarse a una sociedad muy diferente.

Y: novela basada en su propia experiencia, narra el proceso de incorporación de una joven argentina que migra a Noruega y va a descubrir su propia identidad en una sucesión de sumas: argentina y noruega, traductora y actriz y escritora y… Ha sido distinguida dentro del listado White Raven en 2016.

El viaje:  definido por la crítica como un libro universal. El protagonista llega a un lugar nuevo donde todo es nuevo, encontrar a un semejante es la tarea primera.

El hambre: ahora que este personaje ya encaja, son otros los recién llegados. Ahora hay que compartir.

No solo porque yo soy una extranjera en noruega, sino porque desde chiquita era como una extranjera en mi propia vida”, sostiene Salinas. Una experiencia no solo personal sino familiar: hija de una correntina y un formoseño llegados a la capital argentina en busca de progreso. Y también niña de hogar de clase social baja que fue enviada a colegios privados, donde sus compañeros tenían una situación económica holgada. Adaptación y diferencia.

Aunque viaja una vez por año a Argentina a visitar a su mamá, Salinas aun no ha sido publicada en castellano. Sus tres libros para niños han sido inicialmente publicados en noruego, aunque los dos libros álbum ya se han traducido y publicado en diferentes lenguas (sueco, danés, inglés, francés, chino y persa), logrando buenas reseñas y repercusión entre el público especializado incluso en los Estados Unidos.

Su primera novela, Og −en castellano Y−, se espera que siga un camino tan maravilloso, o aun más, que sus primeros álbumes.