Tres ensayos oportunos

Nos hemos quedado atrasadas con los libros de ensayo que han llegado a la redacción. Aquí la reseña de 3 libros muy interesantes.

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Por Valeria Sorín

Nos hemos quedado atrasadas con los libros de ensayo que han llegado a la redacción. Estamos en deuda con autores y editores, pero sobre todo con ustedes queridos lectores. Es que son libros interesantes y no los divulgamos con la rapidez deseable para que corrieran a encontrarlos en las librerías.

  • Los grandes libros para los más pequeños (FCE)
  • Libros en vuelo (Comunicarte)
  • Infancia. ¿Para dónde van sus derechos? (Didot)

losgrandeslibros-joelleTítulo: Los grandes libros para los más pequeños
Autora: Joelle Turin
Editorial: Fondo de Cultura Económica (FCE)
Colección: Espacios para la Lectura
https://www.fce.com.ar/ar/libros/listado.aspx?cat=c&idCol=18

Este no es otro libro teórico sobre álbumes. Es un buen libro teórico sobre LIJ, con foco en álbumes.

Cuenta en la introducción Joelle Turin que lo que hizo posible la publicación en castellano de este libro fue la suma de encuentros inolvidables que sucedieron el México, Colombia y Brasil con especialistas latinoamericanas —Graciela Bialet, Rebeca Cerda, María José González, Alba Nora Martínez, Beatriz Molina, Dolores Prades, Claudia Rodríguez y Sandra Sánchez—. Y ese es el punto singular de este libro. El efecto del diálogo con otros colegas se nota.

Se nota en la bibliografía complementaria listada por país —con la esperanza de que los lectores latinoamericanos que lo deseen puedan seguir leyendo y estudiando con obras que se pueden conseguir y consultar—. Se nota en que no solo los libros citados y con los que se ejemplifica cada cuestión circulan en las librerías y/o bibliotecas de nuestros países, sino también en que muchos de ellos han sido o bien traducidos o bien primero publicado por editoriales latinoamericanas. Se nota en los álbumes

Los álbumes que tienen cabida en este libro tienen cabida en él debido a su tono acertado, a su aptitud para hablarle al niño (no para hablar del niño) en un diálogo fecundo en el que, por definición, cada quien considera al otro y respeta su libertad.” Esta cita encierra el eje central del libro, el objetivo de Turin es analizar obras fundamentales para acompañar a los niños en su crecimiento psíquico, cognoscitivo y cultural. Se hace un tiempo para pensar al niño en tanto humano y por lo tanto social. En la construcción de vínculos, o sea de sí mismo en relación.


LibrosenVueloTítulo: Libros en vuelo. Literatura, infancia y sociedad.
Compiladora: Lidia Blanco
Autores: María Jesús Bóveda, María Julia Cittá, Silvia Martínez Carranza de Delucchi, Viviana P. Keegan, Alma Rodríguez, Laura Slutsky y la misma Lidia Blanco.
Editorial: Comunicarte
Colección: Pedagogía y Didáctica
http://www.comunicarteweb.com.ar/fichaLibro?bookId=1313

Siete ensayos breves son reunidos en este libro singular. Cada autora ha tomado un tema o referente de la producción literaria para la infancia para analizar y seguir en detalle. Así la poesía como género primero será tomada por Martínez Carranza, pero sobre todo en tanto herramienta para el mediador en la tarea de construir lectores críticos y capaces de discernir valores estéticos e ideológicos en su acto de apropiación de la escritura. Bóveda preferirá observar de cerca una saga escrita por Márgara Averbach —Historia de los cuatro rumbos—; y similar camino adoptará Cittá, al poner el foco de su mirada en tres obras de Antonio Skármeta referidas al compromiso social en la historia reciente de Chile. Keegan opta por repensar las representaciones femeninas en la literatura infantil argentina, lo que es un tópico de actualidad en congresos y jornadas.

Y por supuesto el sólido ensayo de Lidia Blanco, en su línea habitual de trabajo, acerca de las narrativas que develan las construcciones sociales y su reflejo en obras literarias destinadas a la infancia. En su recorrido se releen personajes que atraviesan situaciones límite y deben buscar alternativas que los ayuden a resolver conflictos originados por situaciones de carencia.

Quisiera distinguir dos trabajos de esta compilación. El primero es el de Slutzky, quien revive la dramaturgia de Hugo Midón —una obra pasmosamente vigente— y buscará diferentes recursos para que la palpitemos: la voz de Midón en reportajes y su propia recopilación de voces de Carlos Gianni, Carolina Setton, Silvia Kanter, Joel Franz Rosell. El texto crítico respira, está vivo; al igual que la obra de Midón.

Después de que el Ministerio de Educación de la Argentina reeditó los libros publicados por el Centro Editor de América Latina para niños —las colecciones Cuentos del Polidoro y Cuentos del Chiribitil— en volúmenes especiales que distribuyó a las escuelas, se hizo necesario un trabajo crítico que permitiera a tanta joven maestra que por su mismo ciclo vital han perdido el contexto de producción original de las obras y por lo tanto están igual que los alumnos perdiéndose una dimensión en su lectura. Por eso comienza Rodríguez este ensayo con una cita de Lotman imprescindible: “entre texto y contexto hay algo en común”. Recordemos que estas colecciones del CEAL se distinguieron por romper los modelos de representación de la infancia, revalorizar el género fantástico y trabajar con ilustradores de vanguardia.


Infancia_DidotTítulo: Infancia. ¿Para dónde van sus derechos?
Autor: Emilio García Méndez
Editorial: Didot
http://www.edicionesdidot.com/

No han leído nada así antes.

Este no es un libro sobre LIJ, sino sobre derechos en infancias. Y sobre la forma en la que la ley modela las posibilidades de la infancia. Advierte sobre las trampas en las que podemos caer al tomar ciertos temas controversiales con ligereza. El control socio penal de la infancia en América Latina está entramado con los modelos adoptados por los acuerdos internacionales —Convención de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, por ejemplo—. Pero la aplicación en cada uno de nuestros países ha creado realidades muy diferentes.

Es un texto duro, cargadísimo de información, y de digestión lenta. No será fácil. Pero es nutritivo.

 

 

Niños refugiados en América

Por Valeria Sorín

Niños en crisis, bajo el fuego del mundo adulto. De eso se trata una de las tareas de IBBY: asistir a niños refugiados desde la actividad subversiva de abrir las mentes.

Ya tratamos en ediciones impresas anteriores de Cultura LIJ la tarea que IBBY (International Board of Books for Youngpeople) ha realizado en situaciones de catástrofes naturales y humanitarias asistiendo con libros y mediadores entrenados a las poblaciones infantiles víctimas y sus familias (por ejemplo, ante la erupción de un volcán en Venezuela, en el sur de Chile con un terremoto y con el tsunami en Indonesia).

También son conocidas las bibliotecas que se fundaron en Gaza gracias al trabajo de IBBY Palestina y al dinero donado por la escritora Katherine Paterson. Experiencias similares se multiplican en Afganistán, Irán, Siria y Líbano. “Cada vez, unos aprendemos de los otros y vamos mejorando la práctica”, acota Patsy Aldana, presidenta de la organización.

Más recientemente, y ante la crisis de refugiados, se montó en Lampedusa un operativo de asistencia; solo que a los miembros de IBBY no los dejan entrar a los campos de refugiados.

Estas acciones tienen que ver con la propuesta inicial. Apenas después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Jella Lepman tuvo la iniciativa de trabajar desde la literatura con la esperanza de construir puentes de entendimiento y paz entre las personas. Se puede leer en el sitio de la IBBY: “Niños de todo el mundo necesitan saber lo que todo buen lector sabe: no estás solo; otros, incluso tus enemigos, tienen experiencias, sentimientos y necesidades como tú”.

 

Hablemos de nuestra América

Los datos

  • 56.000 niños sin adultos acompañantes fueron detenidos en la frontera entre México y Estados Unidos entre 2013 y 2014.
  • 26.000 más llegaron entre 2014 y 2015.
  • 186.233 menores de 18 años han sido detenidos desde 2009.
  • El 10% son menores de 10 años.
  • Origen: en su mayoría salvadoreños, guatemaltecos y hondureños.
(Datos informados por la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos)

Son los otros refugiados, tal vez los más invisibilizados.

Ante la existencia de niños solos hispanoparlantes en centros de detención en México y Estados Unidos, hay organizaciones trabajando por brindarles contención a sus necesidades socioemocionales y de información.

En un documento que firman Fundación IBBY, REFORMA, USBBY e IBBY México A Leer sostienen que “una vista de las instalaciones de Inmigración y Aduanas muestra a los niños que esperan en grandes almacenes como instalaciones sin actividades para ocupar las mentes a través del aprendizaje y el juego mientras están siendo procesados”.

Se han propuesto en una primera instancia llegar hasta los campos de detención con bibliotecas y personal bilingüe y bicultural entrenado especialmente para trabajar con refugiados. Y en una segunda fase, apoyar a los chicos con una mochila donde encontrarán libros, así como papel, lápices, gomas de borrar, crayones y un diario de escritura para que usen en el viaje hacia su destino.

Las bibliotecarias estadounidenses son fantásticas y habían armado seminarios para enseñar cómo trabajar con niños refugiados. Habíamos logrado que los sacaran de los centros donde los tenían detenidos para que vinieran a la biblioteca”, nos contaba Patsy Aldana hace un tiempo.

Pero desde la asunción de Donald Trump todo se ha recrudecido. “Ahora los niños ya no están en los centros de detención. No hay nadie que los esté cuidando. Los están recogiendo. La patrulla de la frontera se ha vuelto como nazis, buscan gente en las casas, los recogen en paradas de autobuses”.

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Al sur del río Grande

Ante el recrudecimiento de la persecución, ha sido necesario cambiar la estrategia. “Ahora estamos empezando a trabajar dentro de los países para que sepan lo que está pasando, el peligro que afrontan en el trayecto por México. Porque además el cruce de la frontera entre Guatemala y México es muy peligroso. Y se pone cada vez peor. Hay niños detenidos en México y nadie logra entrar en esos centros para saber en qué estado están”, informa Aldana.

La región está presenciando la reactivación de sus conflictos motivados fundamentalmente por la lucha contra el narcotráfico. Como en la mayoría de las zonas de conflicto, los niños sufren las consecuencias más dolorosas. La avalancha de menores solos que buscan refugio frente a la violencia es un resultado directo de los últimos 45 años de guerra en la zona. El punto es que sean considerados refugiados para poder acceder a los programas internacionales de protección.

Es difícil pensar en acciones que puedan parar el horror y la violencia desde la literatura. Solo releer la oración anterior provoca sonreír ante lo ingenuo que parece la consigna. Pero la existencia de espacios y acciones de contención de niños en crisis sociales y políticas cambia la vida de los individuos que pueden aprovecharlos.

Forma parte de la utopía necesaria cuando nos duele en nuestro cuerpo el otro.


Más información sobre

Patsy Aldana. Presidenta IBBY. Fue directora editorial (publisher) de Groundgood Books, en Canadá, durante tres décadas. Desde allí creó un catálogo de libros de alta calidad que se animó a abordar todos los temas y las estéticas.
Frente a frente, le preguntamos a Patsy Aladana a qué se debe que haya saltado de la labor editorial a un espacio de promoción social a partir de la literatura.
Mejor escucharla en sus propia voz.


REFORMA
(http://www.reforma.org/). Fundada en 1971 como afiliada de la American Library Association (ALA), ha buscado activamente promover el desarrollo de colecciones de bibliotecas para incluir materiales orientados al español y latinos; la contratación de profesionales de bibliotecas y personal de apoyo más bilingües y biculturales; el desarrollo de servicios y programas de biblioteca que satisfagan las necesidades de la comunidad latina; el establecimiento de una red nacional de información y apoyo entre las personas que comparten nuestras metas; la educación de la población latina de los Estados Unidos en cuanto a la disponibilidad y los tipos de servicios bibliotecarios; y los esfuerzos de cabildeo para preservar los centros de recursos bibliotecarios que sirven los intereses de los latinos. Dentro de los Estados Unidos hay diecinueve capítulos activos de REFORMA. Funcionan de manera autónoma, trabajando a través de sus sistemas de bibliotecas locales, asociaciones de bibliotecas estatales y organizaciones locales para lograr objetivos locales.

IBBY – Children in crisis. Proporciona apoyo a los niños cuyas vidas han sido interrumpidas por la guerra, el desorden civil o el desastre natural. Las dos actividades principales apoyadas por el Fondo son el uso terapéutico del libro y la narración de cuentos en forma de biblioterapia y la creación o sustitución de colecciones de libros seleccionados adaptadas a la situación.

 

 

La construcción de una identidad a través del vestir: Frida Kalho

En Frida Kahlo la originalidad y expresión estética no sólo se representan en su obra, además de pintar, dibujar y escribir de una manera poética e intensa, intervino y transformó aquello que le rodeaba, incluyéndose a sí misma.

Por Hilda Trujillo Soto

CV: Directora de los Museos Frida Kahlo-Casa Azul y Diego Rivera-Anahuacalli

En Frida Kahlo la originalidad y expresión estética no sólo se representan en su obra, además de pintar, dibujar y escribir de una manera poética e intensa, intervino y transformó aquello que le rodeaba, incluyéndose a sí misma. Creó una imagen y construyó una personalidad a través de su forma de vestir.

Portaba con orgullo indumentaria de las diferentes regiones de México, además algunas de esas prendas fueron creadas y diseñadas por la propia Frida. Es cierto, que este tipo de ropa le permitía disimular la cortedad y delgadez de su pierna derecha, afectada por la poliomielitis a los seis años, y le permitió ocultar su cuerpo destrozado por el accidente que sufrió al regresar de la escuela a su casa. También constituía una manera de agradar a su esposo Diego Rivera, pero sobre todo, le permitió vindicarse como una mujer independiente, sin prejuicios, orgullosa de sus raíces y que no toleraba ataduras sociales o cánones impuestos por la moda de la época.

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El uso de atuendos Tehuanos era de origen familiar. En una de las fotografías del archivo de la Casa Azul, existe una imagen de la familia Calderón donde Matilde madre de Frida aparece, junto a otras mujeres, luciendo vestidos y resplandores característicos del Istmo de Tehuantepec. Se sabía que la madre de Frida era de origen oaxaqueño, pero se desconocía que ella misma portara las ropas típicas de la región. Esta fotografía pudo conocerse cuando se clasificaron las imágenes que estuvieron en baúles, cajones y baños cerrados por casi 50 años en la Casa Azul, Museo Frida Kahlo.

Frida supo valorar esa riqueza y coleccionó prendas de distintas regiones del país. Intervino algunas: utilizaba algodón español, sedas francesas para diseñar su ropa, inspirándose en los atuendos originarios de nuestras culturas. En alguna ocasión, viajando con el propósito de comprar textiles para la Ofrenda de Muertos, que se coloca tradiconalmente en los Museos Diego Rivera-Anahuacalli y Frida Kahlo-Casa Azul, encontramos en una casa en la sierra del estado de Puebla- una fotografía en la que aparecían André Bretón, León Trotsky, Frida Kahlo y Diego Rivera, la cuál es un testimonio de que estuvieron ahí, seguramente adquiriendo prendas, que, por cierto, hoy día se siguen realizándose con gran maestría.

Por otro lado, la madre de Frida Kahlo era una excelente costurera. El gusto por las telas finas, por el juego de texturas y colores, lo hereda la artista. Pero no sólo por esto es que el guardarropa de Frida reviste interés y valor; también es testimonio de una vasta riqueza textil del país, que en muchos casos se ha perdido. Cabe destacar que, gracias a esfuerzos como los de Artes de México, Remigio Mestas, Isabel y Alfredo Harp Helú en Oaxaca y desde luego muchos otros, se ha logrado rescatar diseños que se creían perdidos.

Sin lugar a dudas, Frida Kahlo utiliza la vestimenta mexicana para crear su propio personaje con el que hoy se le reconoce. Es conocido que llamaba la atención por doquier. La prestigiada revista Vogue publicó una fotografía de Frida en octubre de 1937. Diego Rivera y Frida Kahlo fueron amigos de Rosamond Bernier, legendaria editora de Vogue en Estados Unidos, e inspiró a la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli para crear un vestido llamado “Señora Rivera”. El gusto y sentido estético de Frida por los colores y texturas de nuestro país han seguido inspirando a artistas de la moda contemporánea, como Jean Paul Gaultier, Dai Rees, Alexander McQueen, Riccardo Tisci – de Givenchy–, Rei Kawakubo – de Comme de Garçons– el dúo holandés Viktor & Rolf, Karl Lagerfeld, Kenzo, entre muchos otros. En particular Gaultier presentó en el año 1998 la colección de moda títulada “Homenaje a Frida Kahlo”.

La ropa fue también un fuerte símbolo y tema principal en la pintura de Kahlo, como lo muestran, entre muchas otras obras, el autorretrato dedicado a León Trotsky (1937), Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos (1932), Raíces (1943), Perro Xoloitzcluincle conmigo (1938), Autorretrato con resplandor de tehuana (1948), Autorretrato con el retrato del Doctor Farill (1951), Las dos Fridas (1939), Recuerdo (1937), Mi vestido cuelga ahí (1933).

En distintas etapas de su vida, la elección de prendas de vestir significó una búsqueda de identidad para Frida. Así lo demuestran las fotografías donde aparece vestida de varón, tal es el caso de una de las imágenes familiares tomada por su padre el destacado fotógrafo Guillermo Kahlo. A través de su vestuario se puede observar su metamorfosis, por ejemplo, una fotografía en la que se aprecia su círculo de amigos de la preparatoria -Los Cachuchas- , ella vestida de colegiala y mirando retadoramente a la cámara; en contraste con el despertar político-artístico que habría de marcar por completo su vida cuando conoce a Tina Modotti y Diego Rivera, así en otra fotografía vestida como obrera en una manifestación, junto a Diego Rivera caminando por las calles alzando la mano en señal de protesta o en la representación que hace de ella Diego Rivera en uno de los murales de la Secretaría de Educación Pública, vestida de camisola y pantalón de obrera repartiendo armas al pueblo.

Debió ser admirable verla en San Francisco, Detroit o Nueva York, paseando orgullosamente, ataviada con vestidos y joyas de distintas regiones del país, del brazo de Diego Rivera, inclusive se ha dicho que los automóviles se detenían para mirarla. Más tarde, cuando se divorcia de Diego,  Frida se corta el cabello y se viste con trajes de hombre o ropa tradicional. De esta época data la obra Autorretrato con el pelo cortado (1940), que pertenece a la Colección del Museo de Arte Moderno, Moma, en la ciudad de Nueva York.

Sin embargo, hoy se identifica a Frida, alrededor del mundo con el hermoso respandor de tehuana. Este vestido fue pieza preferida en el guardarropa de la pintora, porque con él la artista se inmortalizó, tanto en su obra como en imágenes fotográficas – testigo es aquella tomada en 1939 por Bernard Silberstein. Muchos otros fotógrafos retrataron a Frida Kahlo atraídos por su personalidad y vestimenta: Edward Weston, Nickolas Muray, Lola Álvarez Bravo, Manuel Álvarez Bravo, Imogen Cunningham, Lucienne Bloch, Guillermo Dávila, Fritz Henle, Emmy Lou Packard o Leo Matiz, entre otros.

En la forma de vestir de Frida se puede reconocer la creatividad y el profundo sentido del colorido que tenía la artista. Su ropa, además de ser en sí una manera de esconder flaquezas físicas y emocionales, traduce su fuerte temperamento. Su atuendo fue un elemento fundamental en la construcción de su audaz personalidad que la ha hecho trascender en la historia de la pintura del siglo XX.

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Frida Kalho para armar.

La cosntrucción de una identidad a través del vestir: Frida Kalho

En Frida Kahlo, la originalidad y la creatividad no sólo radican en su obra. Se creó una imagen, se construyó una personalidad a través de su forma de vestir.

Por Hilda Trujillo Soto, directora de los Museos Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli

Frida_CasaAzul_TocadoEn Frida Kahlo, la originalidad y la creatividad no sólo radican en su obra. Ella no sólo pinta, dibuja, escribe, sino que interviene y transforma todo lo que está a su alrededor, incluyéndose a ella misma. Se creó una imagen, se construyó una personalidad a través
de su forma de vestir.

Portaba con orgullo indumentaria de las diferentes regiones de México y algunas piezas
creadas por ella misma. Es cierto que este tipo de ropa le permitía esconder la cortedad y
delgadez de su pierna derecha, afectada por la poliomielitis a los seis años, además
constituía una manera de agradar a su esposo Diego Rivera, pero sobre todo le permitió
vindicarse como una mujer independiente, sin prejuicios, y orgullosa de sus orígenes
culturales.

El gusto por la vestimenta tradicional mexicana le venía a Frida de familia. En una de las
fotografías del archivo de la Casa Azul, existe una imagen de la familia Calderón donde
Matilde madre de Frida aparece, junto con otras mujeres, luciendo vestidos y
resplandores característicos del Istmo de Tehuantepec. Se sabía que la madre de Frida
era de origen oaxaqueño, pero lo que se desconocía es que ella misma usara las ropas
típicas de la región. Esta fotografía pudo conocerse cuando se clasificaron las imágenes
que estuvieron en baúles, cajones y baños cerrados por casi 50 años en la Casa Azul,
Museo Frida Kahlo.

Frida supo valorar esa riqueza y coleccionó prendas provenientes de distintas regiones
del país. Intervino algunas de ellas: utilizaba telas españolas de algodón, sedas francesas
para diseñar su ropa, dándole un estilo indígena. Hace poco, viajando a Huejutla a
comprar textiles para la Ofrenda de Muertos, que se colocan en los Museos Anahuacalli y
Frida Kahlo, nos encontramos en la casa de una de las artesanas con una fotografía en
la que aparecían André Bretón, Frida y Diego, testimonio de que estuvieron ahí,
seguramente adquiriendo prendas de la región, que hoy se siguen realizando con gran
maestría.

Por otro lado, la madre de Frida era una excelente costurera. El gusto por las telas finas,
por el juego de texturas y colores lo hereda la artista, por lo que se entiende que, años
después, la pintora diseñara e, incluso, interviniera su propia ropa. Pero no sólo por esto
es que el guardarropa de Frida reviste interés y valor; también es testimonio de una
riqueza textil del país que en muchos casos se ha perdido, pues algunas piezas no se
realizan más. Cabe anotar que, gracias a esfuerzos como los de Artes de México o de
Remigio Mestas de Oaxaca, se ha logrado rescatar diseños que ya se habían perdido.
Ante todo Frida utiliza la vestimenta mexicana para crear su propio personaje, para crear su unicidad. Tan lo logró que llamaba la atención por doquier. La prestigiada revista Vogue publicó una fotografía de Frida en octubre de 1937. Diego y Frida fueron amigos de Rosamon Bernier, legendaria editora de Vogue en Estados Unidos, e inspiró a la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli para crear un vestido “señora Rivera”. El gusto de
Frida por los colores y texturas nacionales ha seguido inspirando a artistas de la moda
contemporánea, como Jean Paul Gaultier, Dai Rees, Comme de Garçons, Alexander
McQueen, Riccardo Tisci de Givenchy, Rei Kawakubo Comme de Garçons y el duo
holandés Viktor & Rolf y muchos otros. En particular Gaultier presentó en 1998 “Homenaje a Frida Kahlo”.

La ropa fue también un fuerte símbolo y un tema principal en la pintura de Kahlo, como lo muestran el autorretrato dedicado a León Trotsky (1937), Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos (1932), Raíces (1943), Escluincle y yo (1938), Autorretrato con resplandor de tehuana (1948), Autorretrato de Frida y el doctor Farill (1951), Las dos
Fridas (1939), Recuerdo (1937), Mi vestido cuelga ahí (1934), sólo por citar algunas
obras.

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Zapato intervenido de Frida Kalho.

Para Frida, la forma de vestir significó una búsqueda de identidad. Así lo demuestran las
fotografías donde aparece vestida de varón, en una fotografías familiar tomada por su
padre Guillermo Kahlo, o como obrera-artista, con cachucha y camisa de mezclilla. A
través de su vestuario se puede observar la metamorfosis entre su primer círculo de
amigos intelectuales Los Cachuchas y el despertar político-artístico que habría de
marcar por completo su vida en otra fotografía vestida como obrera en una
manifestación, junto a Diego Rivera, alzando la mano en señal de protesta y después su
transformación al portar como reina las indumentarias de distintos orígenes del país.
Debió ser admirable verla, en San Francisco, Detroit o Nueva York, paseando
orgullosamente, ataviada con vestidos y joyas, al lado de Diego Rivera. Se dice que los
automóviles se detenían para mirarla. Más tarde, cuando se divorcia de Diego, Frida se
corta el pelo y se viste con trajes de hombre o ropa tradicional. De esta época hay una
obra en el MoMA en Nueva York titulada Autorretrato con el pelo cortado (1940).

Sin embargo, si hay un traje con el que se identifica a Frida ése es el hermoso vestido de
tehuana. Este vestido fue pieza preferida en el guardarropa de la pintora y reviste especial interés porque, con él, la artista se inmortalizó, tanto en su obra como en imágenes fotográficas –como lo atestigua aquella tomada en 1939 por Bernard Silberstein. Muchos otros fotógrafos retrataron a Frida Kahlo atraídos por su personalidad y vestimenta: Edward Weston, Nickolas Muray, Lola Álvarez Bravo, Manuel Álvarez Bravo, Imogen Cunningham, Lucienne Bloch, Guillermo Dávila, Fritz Henle, Emmy Lou Packard o Leo Matiz, entre otros.

En la forma de vestir de Frida se puede reconocer la creatividad y el profundo sentido del colorido que tenía la artista. Su ropa, además de ser en sí una manera de esconder
flaquezas físicas y emocionales, traducía su temperamento. Su atuendo fue un elemento
fundamental en la construcción de su fuerte personalidad que la ha hecho trascender en
la historia de la pintura del siglo XX.

 

Publicado originalmente en:
http://www.museofridakahlo.org.mx/assets/files/page_files/document/133/FILE_2_2.pdf

 

Dedicado al asombro

El proyecto Frida nació en el patio de la Casa Azul, cuando Lacombe quedó asombrado bajo la fuerza de Frida Kalho.

Dijo Lacombe: "Lo que para mí es importante es que el artista debe dedicarse plenamente a su obra. Es de ese proceso creativo y sus revanchas. Este libro lo que muestra es el artista, pero también cómo hacer con la vida de uno un universo."

Asombro. Esa es la palabra con la que se puede definir el trabajo de Benjamín Lacombe. Se trata de un hombre dedicado a generar asombro con libros impactantes. Como lo hemos hablado en su anterior visita a la Argentina, a través de sus libros acerca obras clásicas complejas a un público amplio. Lleva consigo un proyecto cultural donde el asombro deviene estrategia para el acceso de lectores de todas las latitudes al corpus cultural que lo impactó a él en su propia juventud.

Este proyecto es diferente, nació en el patio de una casa azul en México DF, bajo el impacto y el asombro del encuentro con la obra de Frida Kalho. Por eso este libro que ha presentando en las ferias del libro de Latinoamérica es tan importante: ¿cómo asombrar con Frida, después de Frida?

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El reencuentro

“¡Cuántas páginas que me dedicaron! ¡Ocho!”, dice mientras sostiene un ejemplar de Cultura LIJ #27 donde salió el primer reportaje. A su lado, Sebastien Perez hojea el número 39 de Cultura LIJ. Benjamín Lacombe lo hace parar en el reportaje a Nicolás Arispe al ver la tapa del libro La partida. “Ese libro es muy bueno. Lo vi en la Feria de Bogotá y lo compré, es excelente.” Coincidimos plenamente.

Hace tres años lo entrevisté por primera vez. En ese entonces presentaba dos ediciones especiales: Seda, la novela de Alessandro Baricco, y La Biblia. Reviso las fotografías de ese día y allí está: la cartuchera con la imagen de Frida. Seguramente ya estaba sumergido en el mundo de Frida, ya estaba trabajando en la búsqueda de su Frida interior.

Hasta ahora su obra tiene que ver mayormente con reinterpretar obras ficcionales. Pero Frida Kalho es un personaje real que se ha convertido en un símbolo de la identidad latinoamericana. Ustedes, ambos, debieron deconstruir ese símbolo para reconstruirlo en sus propios términos. ¿Cómo fue ese proceso?

(Sebastien Perez) —En mi caso no partí del símbolo. La primera vez que la descubro es cuando fuimos a la Casa Azul. Y fue en el patio de la Casa Azul donde Benjamín me propuso que hiciéramos este libro juntos. Pero no tenía una representación previa. Ella en Francia no es conocida, de su obra hay un conocimiento muy superficial. Por lo tanto, no partí del personaje, sino de la persona a la que conocí primero al recorrer su casa: el lugar donde nació, creció y murió. Tuve la suerte de conocerla desde su hogar, desde un lugar de lo íntimo. Y luego, cuando volví a Francia, la seguí conociendo a través de sus escritos, de su correspondencia, de sus diarios. O sea que no trabajé sobre su imagen o la persona que ella representaba.

(Benjamín Lacombe) —En mi caso conocía el ícono de Frida, su símbolo. Ya había hecho otros personajes históricos, como María Antonieta y Leonardo Da Vinci. No era la primera vez que trabajaba sobre un personaje real. Pero a diferencia de esos casos, esta vez tenía fotos y videos, y otros elementos objetivos donde poder observarla. Era más fácil para poder acercarme visualmente al personaje, para poder trabajar su rostro.
Lo más difícil para mí fue mostrar su pintura con mi propia voz. Para mí era muy importante poder hablar de su obra, pero sin perder mi propia voz. No quería hablar de ella desde los rótulos que conocemos. Quería hacer un trabajo que regresara al artista, que es lo fundamental. Quería enfocarme en el vínculo entre su sufrimiento corporal y su obra.

—En el libro han trabajado con referencias a las pinturas de Frida Kalho, pero también incorporando citas textuales de ella. ¿Cómo ha sido ese trabajo de recopilación e incorporación de la voz de Frida en el texto?

(SP) —Al principio no queríamos hacer una biografía clásica; Benjamín quería que diéramos cuenta del proceso creativo. En realidad me costó mucho empezar el texto, porque era una estructura totalmente diferente sobre la que tenía que apoyarme. Fue un proceso totalmente diferente a otros trabajos anteriores.
Normalmente partíamos de un texto. Pero esta vez, como queríamos dar cuenta del proceso creativo, que era un proceso visual, no sabía por dónde empezar. Fue necesario que Benjamín hiciera un esquema, un story board, de cómo iba a ser el libro para poder pensarlo a partir de las temáticas que definimos. Recién así pude trabajar, a partir de tener una idea de cómo sería este sistema de troquelados, de diferentes capas. A partir de ahí fue todo más sencillo.
Yo había leído todo lo de ella. Estaba totalmente inmerso de sus escritos. Y seleccionamos las frases que más tenían que ver con los temas de cada sección. Una vez que había extraído las citas, pude empezar a abordar e hilar en torno de esas citas. La sentía a ella proyectada dentro de mí.
Las comillas surgen como un recurso para que el público pueda entender qué texto es de ella y qué texto es mío.

(BL) —En mi caso, en el tratamiento de las citas pictóricas radicó la mayor dificultad.
El caso de El ciervo herido fue muy complejo, porque si sacaba un solo elemento, toda la estructura de la pintura se derrumbaba. Cada elemento cuenta. Por lo tanto, tuve que quedarme muy cerca del original. Es una estructura muy bien pensada, donde todo está relacionado con el número nueve: son nueve árboles, nueve con las flechas, nueve ramas del árbol caído. Y todo elemento cuenta: un árbol roto, tenemos la tempestad en el cielo de fondo, pero el mar calmo. Y el número nueve permanentemente que, para las culturas mayas y aztecas, representa el renacer de todo. Frida pinta este cuadro justo antes de una operación muy importante, después de la cual podía morir o curarse definitivamente. Por eso la tempestad y el mar calmo. Lo que hice fue cambiar la posición de Frida o la cantidad de orejas −de las cuatro del original solo dejé dos−. Retirar o modificar el número de árboles o de flechas sería traicionar el simbolismo que habita en ese cuadro. En otros casos pude hacer una composición que fuese más mía. La otra dificultad fue la paleta de colores muy alejada de mi tendencia natural.

Ver artículo Entre Frida y Lacombe, de esta misma edición. 

El arte y el artista

—En Frida el dolor y la muerte están presentes todo el tiempo, pero al mismo tiempo su obra está plenamente viva. Hoy vivimos en una época en que nuestras vidas están muy expuestas y la intimidad pierde valor. ¿Es necesario que el artista encarne su obra?

(BL) —Depende mucho, para mí un artista tiene un solo deber y es con su obra. No tiene poder de representación. El caso de Frida es muy particular porque ella todo lo que tocaba lo convertía en ella misma. Todos los objetos de su casa son ella misma. En su casa, en la casa azul, casi no hay cuadros de ella, sino objetos de su vida cotidiana intervenidos: sus zapatos, sus muñecas, sus corsés. Es Frida. Todo es Frida. Eso es válido para el caso de ella.

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Ver nota del Museo Casa Azul, en esta misma edición.

(BL) —Pero hay otros artistas cuya obra habla por sí sola y habla mucho de ellos. En el caso de Ron Muek, él no da ninguna interpretación, no va a ninguna de sus inauguraciones, no le interesa dar claves para la interpretación. Recuerdo que la Fundación Cartier realizó un video donde otros artistas venían a interpretar su obra. Y se escuchaban explicaciones brillantes y contrapuestas acerca de la misma obra. En eso radica la potencia del arte, en que no hay un manual de cómo hay que hacer las cosas, sino formas particulares de hacer.

(BL) —Otros artistas pueden ser muy difíciles de entender desde el punto de vista plástico, como Sophie Calle. Pero luego la obra toma sentido. Lo interesante es el proceso de preparación, pero luego la foto final que ella toma no es lo que más interesa, no el objeto, sino cómo piensa ella el proyecto.

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(BL) —Lo que para mí es importante es que el artista debe dedicarse plenamente a su obra. Es de ese proceso creativo y sus revanchas. Este libro lo que muestra es el artista, pero también cómo hacer con la vida de uno un universo. Y, en el caso de Frida, con su columna rota ella arma su universo. Y es de ese proceso creativo que este libro habla. Cómo el arte puede ser una forma de resiliencia.

Un universo dentro de una casa azul

Un acercamiento a la casa-museo de Frida Kalho.

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Casa Azul de Frida Kalho
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Patio de la Casa Azul en México DF.
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Frida Kalho para armar.
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Muñecos en la Casa Azul.
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Cuaderno de Frida Kalho.
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Corsé intervenido por Frida Kalho. Colección Casa Azul.
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Diego Rivera con un Xoliotcuintle, perros que rescataron los Rivera-Kalho.
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Cama de Frida Kalho.
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Silla de ruedas frente al caballete.
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Sillón intervenido por Frida Kalho.

Entre Kalho y Lacombe

Lacombe ha trabajado su libro Frida sobre obras que es importante revisitar.

Benjamín Lacombe ha trabajado en el libro Frida basándose en las obras de Frida Kalho que nos parecía importante revisitar. A su vez, las obras de esta artista están plagadas de referencias simbólicas que es interesante conocer.CLD2017-LaVoz-Lacombe-FridaGIF.gif

En el capítulo “La tierra”

  • El abrazo de amor del universo, la tierra (México), yo, Diego y el señor Xólotl (1949). Hay que hacer notar que el señor Xólotl es para los aztecas el dios del fuego, quien cuida al sol durante la noche, y quien guía a los muertos en su camino final. El perro presente en el cuadro es un xoloitzcuintle, o perro de Xólotl, raza que se creyó extinta y que Kalho y Rivera criaron. En el abrazo se reúnen hombre y mujer, noche y día. Lacombe en este caso quita a Diego Rivera y al universo de la escena, y deja solo el lado femenino de la composición: es Frida y la Tierra, aunque con ellas duerme un xoloitzcuintle.
  • Raíces (1943). Aquí Frida descansa sobre lava seca, un paisaje estéril, desierto y rocoso de resquebrajada sequedad. De su torso salen raíces de las que fluye su sangre y nace de ella también una planta. En el cuadro original la mirada se dirige al espectador, fuera del cuadro. Lacombe modifica esto para orientar la mirada de Frida hacia la tierra, donde yace un esqueleto.

En el capítulo “La fauna”

  • Autorretrato con collar de espinas (1940). En este retrato Frida tiene una corona de espinas, a modo de la de Cristo, junto con un colibrí muerto. A su izquierda, un gato mira atento el colibrí. A su derecha, un mono, regalo de Diego. Lacombe prefiere cambiar el gato por otro mono.
  • El venado herido (1946). Ver nota principal, Lacombe explica allí las operaciones realizadas en este caso.

En el capítulo “El amor”

  • Diego en mis pensamientos (1943). Ataviada con uno de los trajes típicos mexicanos de Tehuana, en este retrato Frida incorpora un retrato de Diego en su frente. Lacombe lo incorpora también, pero con un recurso muy atractivo: el troquel. Diego así aparece en un plano diferente, que se revela completamente al dar vuelta la hoja. El mayor cambio aquí está en la incorporación de una red roja en la que se puede ver ya una corona de espinas, ya un sistema de arterias, ya la osamenta de un ciervo, ya…

 

La columna rota

  • La columna rota (1944). Su columna rota, ahora sostenida artificialmente por un corsé. Su cuerpo atravesado por clavos. Dolor físico y emocional. Lacombe toma la fuerza de esa obra, pero le cierra los ojos, en un gesto que subraya lo privado del dolor. Nuevamente el juego de planos exterior/interior ubica la columna en una siguiente hoja visualizada a través del troquel de la página.

La posteridad

  • Viva la vida (1954). Ocho días antes de morir, la artista firma este cuadro: “Viva la vida / Frida Kahlo / Coyoacán 1954 México”. En las representaciones populares mexicanas del Día de los Muertos, la sandía aparece asociada a los esqueletos. Lacombe interviene la obra modificando el fondo para hacer aparecer la casa azul; asimismo incorpora tres mariposas, que para los mayas y los aztecas estaban relacionadas con las almas de los muertos.