Narrar con tuits

La propuesta es el microrrelato y la posibilidad de narrar con 140 caracteres o menos.

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Por Carmen del Faro

 

Dicen que microrrelatos hubo siempre, pero “siempre” es un tiempo demasiado largo para algo tan corto. Más allá de irrupciones puntuales en uno u otro momento, el género no tuvo entidad observable como tal hasta finales del siglo XX, donde comenzaron a circular ediciones de libros de cuentos breves y brevísimos.

Algo nos pasa con lo abundante, con la definición de cantidad. Existe un prejuicio de que todo lo largo es mejor, cumple más las expectativas. Así se termina muchas veces eligiendo un libro por la cantidad de páginas. Compramos tal libro en vez de tal otro porque tiene más páginas y parece que el dinero que se paga por él rinde más.


Tres recursos para asegurar la brevedad

Edgar Allan Poe sostenía que lo primero que debía decidir un escritor a la hora de ponerse a escribir era el efecto que buscaría producir en el lector. Desconozco si otros escritores coinciden con esta práctica, pero lo que es cierto es que el microrrelato busca permanentemente el efecto, que puede ser humor, reflexión, ternura, pero siempre va de la mano de la sorpresa.

Usma III (1971), de Eduardo Chillida
Usma III (1971), de Eduardo Chillida

El microrrelato cuenta tanto con lo dicho como con lo no dicho. Lo que debería decirse, pero no está. El microrrelato juega con los sobreentendidos, con lo que el lector sabe previamente. La elipsis es la operación por la cual quitamos una parte de lo dicho, pero no su sentido. Esta diferencia cuantitativa (la resta que tuvo lugar) produce cambios en las propiedades cualitativas, y da como resultado un modelo textual diferente basado en la presencia en ausencia.

Para que el sentido no se pierda, el texto va a dialogar de una u otra forma con la texteca previa; digo texteca en el sentido que lo define Laura Devetach, o sea no solo el conjunto de libros leídos, sino también toda la cultura oral en común entre autor y lector. Solo a partir de establecer relaciones de intertextualidad, el lector encuentra la referencia para entender el microrrelato.

La sorpresa, el giro, nace justamente del desvío de esa narración original. Los formalistas rusos lo llamaron ostranénieextrañamiento–. Víctor Shklovski define el ostranénie como el propósito mismo del arte, o sea la posibilidad impartir la sensación de las cosas como son percibidas y no como son sabidas. De esta forma el arte desautomatiza nuestra percepción.


Paso 1: Habitar la microficción

Bikaina XIII (1987), por Eduardo Chillida
Bikaina XIII (1987), por Eduardo Chillida

Como con la poesía, es necesario entrar en clima, así que lo primero es compartir lecturas. Hay una diversidad de autores y de formas diferentes de encuentro con los textos. Como por ejemplo, el cuento de género fantástico que admiraba al mismo Jorge Luis Borges, escrito por Thomas Bailey Aldrich (1836-1907).

Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.

Ramón Gómez de la Serna (1888 – 1963) define sus greguerías así: “La imagen en que se basa la greguería puede surgir de forma espontánea, pero su formulación lingüística es muy elaborada, pues ha de recoger sintética, ingeniosa y humorísticamente la idea que se quiere transmitir”. Aquí dos magníficos ejemplos.

Cuando asomados a la ventanilla echa a andar el tren, robamos adioses que no eran para nosotros.

Ningún pájaro ha logrado sacar las manos de las mangas de sus alas, salvo el murciélago.

Una de las más prolíficas escritoras del género es Ana María Shúa, quien recientemente publicó sus microrrelatos completos bajo el título Todos los universos posibles. En este caso el cuento dialoga con el terror y todo lo que sabemos sobre los licántropos.

Con una mueca feroz, chorreando sangre y baba, el hombre lobo separa las mandíbulas y desnuda los colmillos amarillos. Un curioso zumbido perfora el aire. El hombre lobo tiene miedo. El dentista también.

Un caso sorprendente es el del artista Daniel Paz, cuyo lenguaje principal es la historieta, pero que en el caso de La oveja Emilse se podría incluso plantear el texto solo como un microrrelato magistral acerca de Emilse, la oveja que quiere ser lobo.

La oveja Emilse, por Daniel Paz
La oveja Emilse, por Daniel Paz. Agradecemos la cortesía del autor. www.danielpaz.com.ar

A Augusto Monterroso se lo considera el autor del cuento más breve, al menos lo fue al momento de su publicación. Pero es recomendable la lectura de los diversos cuentos de La oveja negra y otros cuentos.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.

Recientemente Andrés Sobico ha sabido retratar el comportamiento animal en sus microcuentos.

El gusanito despertó malhumorado: ruidos molestos del otro lado de la manzana.

Los vampiros serían murciélagos que progresaron.

El dragón se leyó en tantos cuentos que cree que existe.

La imagen que mejor expresa el efecto del microrrelato es la explosión. Una gragea reconcentrada que apenas tocar nuestra lengua estalla de sabor. Y, como la poesía, es necesaria la relectura.

 


Paso 2: Producir microrrelatos

Entrados en la dinámica, llega el turno de ponernos a producir. A esta altura la propuesta a los alumnos pasa por animarse a narrar con tuits. Ya sea que efectivamente se use o no la red Twitter, la consigna es la misma: narrar una microhistoria con menos de 140 caracteres. Para esto es bueno poner en común una propuesta de temática concreta:

Serán microrrelatos de mariposas, y entonces se ponen en común sus características: la metamorfosis, lo feo primero y bello después, la corta duración de su vida, el vuelo hacia la luz, etc.

Serán microrrelatos sobre vampiros, y por lo tanto habrá que pensar que le escapan al sol, que viven para siempre, que chupan sangre humana, que se los espanta con ajo, etc.

Serán sobre científicos, enamorados, profesores… acá lo importante es explorar lo que ya sabemos sobre el tópico elegido y ponerlo en común. Todo se puede convertir en un microrrelato.

Y el desafío: escribir un microrrelato en solo 5, 4, 3 minutos. El tiempo es también breve, pero no imposible. Si la exploración previa ha sido profunda, ya la mente está trabajando bajo la fórmula incorporada.

Lógicamente que esto no es arte, se trata de un ejercicio que nos permite explorar desde dentro un género, sus recursos y su lógica. Algo muy difícil de lograr en el caso de una novela.

Gravitación, por Eduardo Chillida
Gravitación, por Eduardo Chillida

Paso 3: Abstraer las reglas

Ahora ya leímos, ya creamos, y nos vimos en la necesidad de usar la elipsis, la intertextualidad y el extrañamiento para leer y para escribir. Ahora sí está todo dado para partir de los textos y proponernos entender qué los hace tan potentes. ¿Con qué dialoga cada uno? ¿De qué forma nos toman de improviso? ¿Qué despierta la carcajada? ¿Por qué, en definitiva, funcionan con tanta economía de palabras?

La teoría llega después de la experimentación y se incorpora con gusto.

Esta clase-taller la he llevado a cabo con adolescentes de 15 y 16 años de diferente condición social. El grupo cambia y por supuesto que todo cambia, pero no el sentido profundo de volver concreta la teoría, hasta poder tocarla con la punta de los dedos.

 

Para seguir leyendo

  • Borges, J. L.; Casares, A.B.; Ocampo, S. compiladores. Antología de la literatura fantástica.
  • Gómez de la Serna, Ramón. Total de greguerías,
  • Monterroso, Augusto. La oveja negra y demás fábulas. Fondo de Cultura Económica.
  • Paz, Daniel: seguirlo en su sitio web www.danielpaz.com.ar
  • Shúa, Ana María. Todos los universos posibles, Penguin Random House, 2017.
  • Sobico, Andrés y Wolf, Josefina. Pequeñas teorías sobre el comportamiento animal. La Bohemia, 2015.

 

Confusiones

Muchas veces el hilo de una ficción se basa en una confusión. O en malos entendidos. O en interpretaciones diversas. Y sobre ese error nace una historia que atrapa y convoca.

Por Mónica Rodríguez

Muchas veces el hilo de una ficción se basa en una confusión. O en malos entendidos. O en interpretaciones diversas. Y sobre ese error nace una historia que atrapa y convoca.

Confusiones clásicas…

El primer diálogo que viene a nuestra memoria es el de Caperucita Roja. La nena, confundida ante la figura disfrazada de abuela, cuestiona las piernas, las orejas, los ojos y los dientes. Es la última pregunta que logra hacer, ya que después será un bocado en las hambrientas fauces del lobo.

… y no tan clásicas

Otro que interpreta distinto (¡y muy lindo!) es Jorge, de Caperucita Roja (tal como se lo contaron a Jorge). La amorosa escena del papá narrando la conocida historia a su hijo genera dos lecturas: la que el padre cree estar narrando, seguramente recreando su propia interpretación, y la que Jorge va hilvanando. En esta nueva versión hay leones, elefantes, superhéroes, mozos que sirven a la abuela en un plato y hasta pistolas láser… El juego entre colores plenos y colores sepias organiza las dos historias. La imaginación y la paleta de cada lector podrán recrear nuevas versiones.

Confusiones con animales

En “¿Vuelan animales?”, creación de Raquel Barthe, la trama se centra en Nahuel, un nene que vive cerca de la costa patagónica. En uno de sus paseos encuentra un huevo perdido y lo devuelve a un nido, que resulta ser de una familia de gaviotas. La historia transcurre con algunos problemas para la familia ya que uno de los nuevos hijitos no puede volar bien, aunque nada de maravillas. La mamá lo consuela contándole la historia de “El patito feo”, esperando una transformación similar en su pequeño. Finalmente, la familia integra al distinto y se protegen mutuamente. En el final del cuento Nahuel retoma el protagonismo: en un nuevo paseo por la costa se sorprende al ver como una familia de gaviotas comparte su nido con un pingüino. Solamente el lector descubre que la buena acción/confusión de Nahuel al poner en huevo en el nido dio origen a esta familia ensamblada.

Cuentopos de Gulubú (1972)
Cuentopos de Gulubú. Buenos Aires, Sudamericana, 1972.

Otras confusiones con animales

María Elena Walsh, en “Y aquí se cuenta la maravillosa historia del gatopato y la princesa Monilda”, nos confunde un poco. El protagonista, como ya lo anticipa en el título, es un gatopato. Un singular ser que tiene características de pato y de gato y al que le gustan las cosas propias de ambas especies. Muchos otros no lo entienden y lo marginan. Pero el amor de la princesa que lo adopta y de una sabia gatapata revierte la situación.

Confusiones con rima

El libro Poemas con sol y son reúne poesías de autores latinoamericanos. Nos detenemos en algunas. Primero elegimos una poesía de Roberta Iannamico, “Confusión”. La autora juega con la sonoridad de las abejas y las ovejas. Se confunde y, con lana y miel, endulza y abriga a sus lectores. Silvia Schujer, en “Cuando fue”, renueva la interpretación poética de Mambrú y la farolera. Desde Chile llega la voz de María de la Luz Uribe con su poesía “Es así – no es así” en la que el protagonista narra hechos que pasan o que no pasan, parece confundido el pobre. Destacamos la riqueza de las voces y las imágenes.

Confusiones con juguetes

En La pelota de colores, obra de Ruth Mehl, el confundido es Juanito. Su pelota es, algunas veces, un disco de colores; otras, una almohada, un colchón y un bote pirata. También es refugio y satélite que viaja rumbo a la Luna. Y ahora la confusión mayor: la Luna no es Luna, es la lámpara de la sala que se hace trizas tras el pelotazo. Por suerte, para Juanito no hay reto. Las imperdibles ilustraciones del cuento son creación de Jorge Limura, maestro de la historieta y del humor gráfico.

Para seguir andando…

Seguramente ustedes evocarán otras lecturas que pueden sumarse a este recorrido. Algunas en las que se confundan los personajes, algunas que confundan al lector, algunas tan ricas y polisémicas que originen nuevas y disímiles interpretaciones. Porque de eso se trata la lectura.

 

Hoy leímos

  • Barthe, Raquel. Cuentos para días de lluvia. Buenos Aires, Longseller, 2010. De esta obra trabajamos “¿Vuelan animales?”.
  • Los titanes de la literatura infantil. Buenos Aires, Anaconda, 1944. De esta obra trabajamos Caperucita Roja, de Charles Perrault.
  • Pescetti, Luis. Caperucita Roja (tal como se lo contaron a Jorge). Buenos Aires, Alfaguara, 1994.
  • Poemas con sol y son. Buenos Aires, Aiqué Grupo Editor, 2012. De esta obra trabajamos con “Confusión, “Cuando fuey “Es así – no es así”.
  • Mehl, Ruth. La pelota de colores. Buenos Aires, Editorial Latina, 1972.
  • Walsh, María Elena. Cuentopos de Gulubú. Buenos Aires, Sudamericana, 1972. De esta obra trabajamos “Y aquí se cuenta la maravillosa historia del gatopato y la princesa Monilda”.

Colectivo LIJ

En estos meses empezó a circular un espacio colectivo para hablar desde el espacio de la LIJ argentina a la sociedad de referencia. Aquí sus promotores iniciales, Mario Méndez, Silvia Schujer y Sandra Comino, lo presentan.

Sección: Contexto
Por Mario Méndez

En estos meses empezó a circular un espacio colectivo para hablar desde el espacio de la LIJ argentina a la sociedad de referencia. Aquí sus promotores iniciales, Mario Méndez, Silvia Schujer y Sandra Comino, lo presentan.

El Colectivo LIJ tuvo tres momentos de nacimiento: un brindis de fin de año en una editorial, donde muchos escritores comentamos que debíamos juntarnos a charlar, a discutir, a pensar acciones en defensa de los espacios que sentíamos amenazados. Luego un mail que circuló entre varios escritores en exactamente el mismo sentido y a los pocos días, el momento más importante, la reacción que provocó en nosotros la represión a la murga Los Auténticos Reyes del Ritmo, en la Villa 1-11-14. Escribimos una especie de carta abierta, y pusimos a circular, en las redes y en algunos medios periodísticos, ilustraciones, poesías, relatos para expresar lo que sentíamos: que hay cosas que son intolerables, y que si nos dedicamos a escribir, ilustrar, narrar, editar para chicos, no podíamos callar.

Veníamos hablando de juntarnos los actores del mundo LIJ (escritores, ilustradores, editores, narradores, especialistas…) con la idea de hacer pública nuestra posición política en defensa de los logros que se venían realizando en Cultura y Educación, que por supuesto involucran a nuestro espacio, y que se encuentran amenazados. Esto es, entre otras políticas culturales, la compra de libros por parte del Estado para distribución entre familias que tenían poco o ningún acceso a la lectura, cuyo principal logro es la creación de lectores, sin los que nuestra labor no tendría sentido. El apoyo a las Bibliotecas Populares de todo el país, con inversión en libros y en capacitaciones. El desarrollo del Plan Nacional de Lectura, que permitió que muchos de nosotros llegáramos a ciudades y pueblos de todo el país, a encontrarnos con docentes y niños lectores. La defensa de los Derechos Humanos, con los que nos sentimos identificados y comprometidos. Y muchas acciones más. Creímos, en el momento de juntarnos (y lo seguimos creyendo, porque pruebas sobran: basta ver lo que acaba de ocurrir en la Biblioteca Nacional, donde se despidió a 250 trabajadores), que hay que defender aquellos espacios de cultura, de arte, de educación que nos involucran a todos, y especialmente a nosotros por nuestra pertenencia laboral.

Estaremos atentos a cada manifestación en contra de los intereses de los chicos lectores, de los docentes comprometidos, de los ciudadanos que ven amenazados, disueltos o vaciados total o parcialmente espacios como el ECuNHi, el Museo de Malvinas, el Centro Cultural Kirchner, Tecnópolis, el Plan Nacional de Lectura, el Proyecto Conectar Igualdad, y muchos más. Somos, y en eso coincidimos, un grupo de actores de la LIJ identificados políticamente con la defensa de la Cultura y la Educación. Por lo tanto, rechazamos las políticas neoliberales de ajuste, vaciamiento, reducción del Estado como garante del derecho a la lectura, la educación, el crecimiento.

No sabemos qué incidencia podemos tener. Pero aunque sea muy poca, creemos que debemos alzar la voz cada vez que nuestra conciencia lo exija. Creemos en la militancia en todas sus formas, no nos parece una mala palabra: al contrario, nos parece una palabra bella. Y hacemos, como podemos y la entendemos, una militancia cultural.

 

Hacia una historia de la literatura para niños en la Argentina

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Plaza de la Victoria (1829), Carlos Pellegrini

por Oscar H. Caamaño(*)

El autor, en esta última entrega, polemiza con concepciones en circulación acerca de la historia de literatura infantil argentina.

 

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