Experimentar la FIL Guadalajara

La de Guadalajara es una de las ferias más pujantes dedicadas al libro y la lectura. Y tiene muchas opciones de formación para mediadores y autores.

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La de Guadalajara es una de las ferias más pujantes dedicadas al libro y la lectura. Todo pasa, todo el tiempo: presentaciones, capacitaciones, lecturas, talleres, encuentros. Tal vez por eso fue la primera feria en convocar a los booktubers que hacían sus videos es castellano, dando cuenta de la escucha acerca de lo que se mueve en torno al libro en nuestras sociedades.

A la edición número 31 de la FIL Guadalajara acudirán más de 700 escritores de 41 países, además de importantes figuras de la industria del libro, la cultura, el pensamiento y la ciencia. La ciudad de Madrid es nuestra Invitada de Honor

Es también la principal cita del año para los editores latinoamericanos con proyección internacional debido a su contante propuesta de trabajo en torno al negocio del libro. Más de 2000 sellos editoriales que se exhiben en un espacio de 34 mil metros cuadrados dispuestos para que 20 mil profesionales de 47 países realicen negocios.


Actividades de formación para profesionales del libro y la lectura

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28 y 29 – Foro Internacional de Editores y Profesionales del Libro. Además de las charlas y conferencias, se pusieron en oferta 2 talleres que han llenado completamente su cupo.

27 – Encuentro de Promotores de Lectura: Librerías y bibliotecas como espacios de promoción de lectura

27 y 28 – Coloquio Internacional de Bibliotecarios

25 y 26 – Congreso Internacional de Traducción e Interpretación San Jerónimo

28 – El papel de la traducción en la internacionalización de la literatura

26 y 27 – FILustra. Además de las charlas y conferencias, se pusieron en oferta 9 talleres cuyo cupo se ha llenado.

28 y 29 – Foro Internacional de Diseño Editorial: El aporte del diseñador editorial a la industria. Quedan aun vacantes para algunos talleres.

29 – Encuentro de Editoriales Infantiles y Juveniles – Actividad con cupo limitado.

26, 27 y 28 – Presentaciones del Área de Libro Electrónico


El proyecto Codex es el ganador del Reto por los Libros

28/11 a las 16 hs. Área del Libro Electrónico.

El proyecto Codex, una aplicación para celulares que esperan sea motivadora de la lectura, fue el proyecto que resultó ganador del Reto por los libros, convocado por la FIL en conjunto con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM).

Codex es una aplicación móvil, desarrollada por un joven mexicano, que ofrece  al usuario pequeñas dosis de lectura, mejorando la experiencia de disfrutar diferentes géneros y autores, basados en los gustos del usuario. La aplicación proporciona un fragmento de lectura según del tiempo que se disponga (cinco, diez o quince minutos) y al terminar, se podrá calificar el texto y recomendar una tienda virtual para adquirir el libro completo.


Librería Biulú recibirá el X Premio Nacional de Librería

El serio interés de incidir positivamente en el entorno social de la ciudad de Orizaba, Veracruz, es una de las razones por las que la librería Biulú es ganadora del X Premio Nacional de Librería, convocado por el Instituto de Desarrollo Profesional para Libreros (Indeli) y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Biulú nació en 2007 como una papelería; cuenta su propietaria, Teresa María de Lourdes Cortés Castillo: “fui introduciendo poco a poco los libros para venta y resultaron atinadas las selecciones que fui haciendo. La gente comenzó a pedirme más libros”. Agrega que “el fomento a la lectura es fundamental. Lo que nosotros queremos es que haya lectores. Mi público principalmente son los colegios y yo no sólo vendo libros, yo vendo un plan lector completo en las escuelas, para que las escuelas se conviertan en comunidades de lectores y escritores, involucrando a padres de familia, maestros, alumnos y todo el personal”.

El Premio Nacional de Librería fue creado en 2008 como un estímulo para la modernización de las librerías de México. La librería Sor Juana, con sede en Tijuana, fue la ganadora del Premio en su primera edición. En 2009 fue declarado desierto y en 2010 fue otorgado a la librería Tercer Milenio, por su proyecto para una zona dedicada al público infantil. En 2011 la ganadora fue la Librería Española, ubicada en San Luis Potosí, gracias a su proyecto de creación de una tienda virtual. En 2012 fue otorgado a la librería oaxaqueña La Jícara, y en 2013 a la librería Aleph, de Xalapa, Veracruz. Catarina Marina, con sede en Cuernavaca, lo recibió en 2014, El Faro de Alejandría, de Querétaro, en 2015 y LibrArte, de Tejupilco, Estado de México en 2016.

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Librero activo

De la mano del librero también se promociona la lectura. Aquí María Osorio lo desarrolla sin dejar lugar a dudas.

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Mediadora, editora, librera, María Osorio promueve dentro y fuera de Colombia el respeto y cuidado por el librero, desde una comprensión profunda de toda la cadena de valor entorno a la lectura y la edición. Babel Libros, tanto librería como editorial, es el faro desde el cual busca marcar el camino a seguir.

Colombia cuenta hoy con 35 librerías independientes que trabajan con literatura infantil. Y cerca de cien librerías pertenecientes a las principales cadenas del sector. Así y todo, al igual que en el resto de Latinoamérica muchas ciudades se encuentran sin comercios especializados donde abastecerse de libros. Por eso la asociación de librerías independientes de ese país ha tomado conciencia de la importancia de fomentar y apoyar el surgimiento de nuevas librerías.

María Osorio ha dedicado parte del 2017 a viajar por el continente explicando la necesidad e importancia del trabajo en red, del trabajo vinculado, y del lugar de las editoriales en el cuidado de los demás eslabones en la cadena del libro.

El librero no es, desde su mirada, reemplazable por un botón de comprar en una publicación en redes sociales, el librero es irremplazable en el fomento lector.


Diagnóstico de situación

—En gran cantidad de ciudades de Latinoamérica no hay librerías. ¿Qué diferencia haría que se instalara una?

—La oferta de las bibliotecas es importante, mucho, y en un país como Colombia es el único espacio de acceso al libro de la mayoría de la población (y tenemos la fortuna de que en cada uno de los más de 1100 municipios hay una pequeña biblioteca). Sin embargo, esto no quiere decir que haya circulación del libro en todo el territorio. Estas dotaciones, o la mayor parte de ellas, no solo acá sino en América Latina, están hechas desde el centro, escogidas por grupos que hacen una tarea muy seria de selección, toda igual para todos los municipios, pensando en utilizar bien los pocos recursos que por lo general tienen los ministerios de cultura. Para lograr una verdadera circulación del libro y un interés por la lectura, habría, pienso, que atomizar esa compra, que la compra se haga localmente, en las librerías, que se seleccione localmente, de acuerdo con los intereses de las comunidades. Para lograrlo hay que crear esa cadena de librerías por todo el territorio, fortalecer la autonomía y los criterios de los bibliotecarios para la compra, y sobre todo no despreciar ni descreer de la necesidad de la lectura que tienen las comunidades más apartadas de nuestros países. Reemplazar la manera proteccionista de hacer por una verdadera inclusión en la cultura.

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Desembalar, ordenar, promocionar, entregar

—Usted ha trabajado toda su vida en la promoción de lectura, desde mucho antes de ser editora y librera. Ahora bien, ¿cómo cumple ese rol un librero? ¿Puede un librero tanto empujar la lectura como cohibirla?

—Yo creo que los agentes naturales de la promoción de lectura son bibliotecarios y libreros. Y como librero me refiero al que ha desaparecido en las grandes cadenas y se ha convertido en un vendedor más, y que reaparece y se mantiene en las librerías independientes; un librero que conoce la oferta y que la dispone en su espacio para favorecer el encuentro entre libros y lectores. Un librero que lee y conoce los libros que están en su estantería, que conoce a sus lectores y que no es para nada ajeno al mundo editorial. Un librero que sabe lo que se produce y lo mezcla a su manera particular para un público que sabe diverso como la oferta. Un público no genérico y para el cual se esfuerza en seleccionar entre la variedad de lo que se produce. Un librero que hace crecer su espacio dándole una forma particular, que se acomoda a la necesidad de los lectores y no a sus propias facilidades para inventariar o para responder a las expectativas de los editores.

—Pensando en los aspectos comerciales, el libro es decididamente un bien de consumo. ¿En qué aspectos de sus tareas cotidianas (armado de ofertas, escaparates, orden de los libros en el local) se diferencia la promoción de la venta y la promoción de la lectura?

—En general los productos culturales todos, necesitan de la compra, ¿cuál es la diferencia entre comprar una boleta para un cine, un bono para un festival de teatro, o comprar un libro? ¿Tal vez solo la forma colectiva en que se accede a esos otros productos culturales? En estos tiempos en que el consumo es la norma, hay que diferenciar entre la venta por la moda, para aprovechar el momento efímero, para aprovechar la oportunidad, porque salió la película, porque es el tema de moda, e incluso porque el escritor está en la ciudad, o en la feria… diferenciar esta venta con la labor diaria del librero, el que necesita que los libros permanezcan y que selecciona libros que permanecen, por generaciones, en el imaginario colectivo. El culto a la novedad es el que confunde la venta con la promoción de la lectura.

—¿Quién organiza el fondo de una librería: el editor o el librero?

—Depende, hay espacios en los que los editores incluso compran espacio en las mesas de novedades, en las vitrinas. Hay de todo, también libreros que prefieren su comodidad que la del lector y organizan la librería por editorial, así son capaces de encontrar rápidamente el libro (si el lector sabe de qué editorial se trata, o si pregunta un libro puntualmente). Un librero que muy fácilmente hace un inventario, una devolución. Prefiero el librero que dispone de manera creativa y personal los libros, que al juntarlos los hace ver de otra manera. Que su librería no es una foto del mercado, o del primer día en que puso los libros. Un librero que le da oportunidad a ese libro que ha permanecido unos meses de lomo, en el último entrepaño de su estantería. Un librero que los agrupa de manera inteligente para hacerles ver más posibilidades a sus lectores. Y también un librero que no deja que un cliente que entra a su librería salga sin un libro.


Para seguir de cerca a María Osorio

 

El pequeño tesoro

La librería catalana El petit tresor se ha hecho conocida tras fronteras, y a sus puertas llegan personas de toda España, Latinoamérica y el mundo. Todos quieren descubrir su tesoro.

CLD2017-Nov-Librerias-Petit-logo.pngA poco de comenzar a andar, la librería El Petit Tresor se ha hecho conocida tras fronteras. Este pequeño tesoro surge en 2009 como un espacio virtual donde la mirada se dirige en muchas direcciones hacia los libros para niños, la literatura infantil y juvenil, y la ilustración, entre pequeños detalles. Y recién en 2015 se convierte en un espacio real donde se venden libros, claro, pero que es entendido por Germán Machado y Stela Camacho como un espacio donde se llevan a cabo proyectos tanto de promoción lectora como de formación de lectores y apoyo para mediadores.

La librería sostiene una nutrida agenda de actividades. “Hemos dado con un formato de presentaciones de libros para un público familiar, que consiste en la visita de escritores e ilustradores, contar un cuento, hacer un dibujo en vivo, conversar sobre la obra y el trabajo de los autores”, nos explica Machado.

Uno de los puntos más interesantes son las Tertulias Li(j)terarias que se llevan a cabo una vez al mes con las bibliotecarias de la comarca, a las que se suman otras personas interesadas en LIJ. El formato tertuliano funciona especialmente entre aquellos que se sienten parte de una comunidad y como lo ha demostrado la experiencia que llevaron a cabo en el municipio español de Ballobar, promueven el ejercicio cívico de la democracia (la experiencia fue publicada en Cultua LIJ y recopilada en el libro Políticas de Lectura)

Y un proyecto que quisiéramos proponer y sacar adelante en este tercer año es el de los clubes de lectura para lectores más entrenados”, agrega el escritor librero.


Promocionar la lectura por otros medios

—Usted antes que nada es escritor, pero se ha instalado en Catalunya y ha puesto una librería especializada en el público infantil. ¿Me equivoco si digo que se toma el trabajo de librero como la posibilidad de ver en primer plano los devenires sociales, con cierta mirada antropológica?

—Creo que el orden es diferente: primero está la mirada sociológica, o antropológica, si prefieres, y luego el trabajo de librero. Estudié sociología unos cuantos años. Leí bastante sobre teoría y filosofía. La cuestión social no me es ajena desde mi adolescencia. Y supongo que esto de ponerme de librero ha sido entrar en un tipo de vínculo distinto, que me exigía volver a pensar cómo se dan las relaciones sociales entre las personas, más especialmente, entre el mundo adulto y el mundo infantil, a través de los libros, ya sea como compradores, como demandantes, como interesados o como lectores potenciales.
En ese sentido, la mirada antropológica sufrió una excitación en la experiencia cotidiana, a favor o en contra de las teorías, como sorpresa o como disgusto. Pero bueno, no te equivocas del todo.

—A su librería no solo la visita público general, sino estudiantes que se preparan para ser maestros y profesores. ¿Cómo se aprende a elegir una lectura?

—Sí, tenemos esa suerte. Estudiantes para maestras se acercan a la librería. Primero invitadas por las docentes de la universidad donde estudian. Luego como jóvenes urgidas por algún trabajo puntual que se les encomienda para la carrera. Creo que está muy bien que las docentes las inviten a visitar una librería especializada. Una joven que ejercerá de maestra debe comenzar a preparar una biblioteca propia: aquellos libros que entienda que son los mejores para el ejercicio de su trabajo con niñas y niños. Y para eso, debe tener un gusto desarrollado y un criterio profesional.
Ahí, el trabajo mayor lo hacen sus docentes, enseñándoles libros, leyéndolos con ellas, mostrándoles qué posibles lecturas puede ejercer una maestra y un niño o una niña a partir del libro que se le ofrece. Luego, adoptar el hábito de frecuentar bibliotecas y librerías, leer libros que son clásicos, leer libros que se proponen como novedades, entender qué hay de literatura en ellos, qué hay de arte, qué hay de educativo o de adoctrinamiento, saber diferenciar el trigo de la paja… También, claro, leer revistas especializadas, blogs especializados, ver qué recomiendan, tener un conocimiento de las editoriales que publican y de sus catálogos, concurrir a tertulias literarias o a clubs de lectura. Conversar sobre libros, sobre sus cosas buenas y malas. Es todo un aprendizaje, sin dudas.

—¿Qué lugar tiene el librero en ese proceso?

—Cuando yo era estudiante hablaba con un librero que me presentaba distintos libros: es una ayuda. Pero el aprendizaje mayor no se hace en una librería, sino que se hace en la lectura sistemática y crítica de una amplia diversidad de títulos. Obviamente, las profesoras de magisterio, las bibliotecarias especializadas, las libreras y los libreros que conocen su fondo, todos pueden echar una mano. Pero estoy convencido de que lo decisivo será el momento en que frente a una clase de niños y niñas lean el libro que eligieron para ese día, para ese grupo, o den a leer muchos libros desde la biblioteca del aula, y entonces estén muy atentas para darse cuenta de si acertaron más o menos, cuáles libros gustan a los pequeños, por qué gustan, cómo a partir de un gusto previo se pueden aportar nuevos libros para que los chicos y las chicas avancen en su camino lector.



El oficio del librero

La librería El Petit Tresor tiene dos vidrieras. La más pequeña era una antigua puerta de acceso al local que fue convertida en un escaparate vertical. Por ese espacio rotan libros según las actividades planeadas, las visitas de autores, o puede estar dedicada a un solo título si se trata de una presentación.

En este momento, por ejemplo, en el escaparate pequeño se puede ver una selección de libros en los que el protagonista es el lobo. Estas iniciativas nacen de la librería misma.

—La suya es una gestión novedosa, que nace primero como un proyecto digital y se materializa tiempo más tarde. ¿Cómo se vinculan hoy ambos espacios?

—Le damos mucha importancia a las redes sociales. Es allí donde damos una imagen de nuestros gustos y de nuestra movida general. Ello hace que muy a menudo venga a visitarnos gente desde lugares remotos, tanto de Cataluña como de España o de América Latina.

—Las librerías generales suelen ser conocidas como de “novedades”, en el sentido de que se trata de libros que están vigentes en los catálogos de las editoriales. Pero el término “novedad” muchos lo entienden como rotar en la librería los últimos títulos que las editoriales publican en forma automática. Entonces, ¿quién define el fondo de una librería: el librero o el editor?

—Depende de que haya una librería y un librero. Si hay las dos cosas, el fondo lo decide el librero. Y es que no todas las tiendas que venden libros son librerías, así como no todas las librerías tienen un librero al frente. Hoy en día, librerías pequeñas como la nuestra, librerías especializadas, son establecimientos que tienen una personalidad como tales, y esa personalidad se la da el equipo de libreros que la conducen.
El librero, en su rol de creador de un fondo y de prescriptor de lecturas, ha de saber qué libros tiene en sus estantes, y para eso, los tiene que conocer. Ha de ser él quien pida los títulos a las editoriales. Las editoriales no pueden imponerle libros para vender, y si lo hacen, han de saber que ello no es garantía de que el librero los venda, los recomiende o los exhiba.
No digo que el librero, incluso en una librería fuertemente personalizada, sea autárquico. No. En una región donde se publican 8000 títulos al año, ningún librero puede conocer todo lo que sale al mercado. En esa dirección, un poco como las estudiantes de magisterio que han de elegir un libro, nosotros hacemos el trabajo en red: nos fijamos qué recomiendan personas que son referentes en el mundo del libro infantil, ya sean críticos, editores, autores, ilustradores y también otras librerías. Y a su vez hacemos un trabajo de exploración, de seguimiento, de investigación, y cuando encontramos el grano de trigo entre la paja, lo hacemos saber a quienes están enredados con nosotros en este mundillo. Pero claro, en nuestro fondo, al final, estarán aquellos libros que nos gustan o que sabemos que tienen una calidad aceptable y que hay buenas razones para que gusten a nuestro público lector.
Si una editorial, con políticas comerciales agresivas, quisiera imponerse y obligarnos a tener en nuestra librería cosas que no nos interesan, lleva todas las de perder, porque no tendremos esas cosas y, seguramente, al final, tampoco tendremos otros títulos de esa editorial que sí que nos pueden interesar. Si una editorial quiere definir nuestro fondo, lo mejor que puede hacer es mimarnos y seducirnos con la calidad de su trabajo. Eso hay editoriales que lo hacen muy bien.


Para seguir conociendo a Le petit tresor

Bajá Cultura LIJ Septiembre en digital

Podés descargar el número de septiembre 2016 de la revista Cultura LIJ en su edición digital.

Bajá ahora Cultura LIJ de Septiembre 2016 y disfrutá de toda la cultura de la infancia.

culturalij-d30-tapaseptiembre2016 Sumario

2 Editorial: Deslenguados Por L. Demidovich y V. Sorín, ilustración de Isol.

4 Con lupa: Fue magia
Por Pablo Toledo
Reseña del último libro en la saga Harry Potter.

6 Escenas lectoras: Leer el futuro
Por Daniela Azulay

8  Tendencias del libro en el Perú
Por Gilda Chang

12 Latin Lab: Empollar una idea

14 FMG: La lectura en las aulas de los años que vienen
Por Natalia Porta López

18 Librerías: La felicidad de mediar entre un libro y un lector
Por Leonardo Cook

22 La voz de la imagen: El mundo de los cuentos
Por Marta Vicente

24 Biblioteca Protagonista: Diez años de la Biblioteca Vasconcelos
Gracias a la revista colega El bibliotecario.

28 Espacio editorial: Del Eclipse

32 Agenda