Feliz Día del Lector

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Queremos conocer cómo nuestros lectores se han construido como lectores. ¿Qué mejor oportunidad que festejando el Día del Lector?
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Día del Lector

¡Festejemos todo el mes! Cada 24 de agosto, Argentina celebra en Día del Lector en memoria del nacimiento de Jorge Luis Borges.

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Cada 24 de agosto, Argentina celebra en Día del Lector en memoria del nacimiento de Jorge Luis Borges. Una efeméride que debería ser -más allá de la fecha- internacional.

 

Misteriosa actitud

CLD2017_Agosto-editorial-1Niño lee en las escalinatas de un edificio público, ajeno al ir y venir de la gente a su alrededor. ¿Qué lo ha atrapado así?

Tanto en época de vacaciones o cuando se acercan celebraciones especiales como el Día del Niño, cada vez que un periodista no especializado nos consulta surge la misma pregunta: “¿Cómo hacer para que los niños lean?”.

Mientras ensayamos alguna respuesta recordamos las recetas (in)falibles por todos conocidas: el ritual de leer antes de dormir, la hora de biblioteca en la escuela, regalarles libros para una fiesta especial.

“A los libros llegamos de la mano de un mediador, en cierta comunión, en cierta relación de complicidad”.

 

Necesidad imperiosa

Un niño siente urgencia de leer ese libro, no otro. ¿Por qué esperar? El libro está, el deseo también, me siento y ya estoy leyendo.

Mientras ganamos tiempo frente a ansioso entrevistador, pasamos lista a las investigaciones de los más interesantes y variados autores: el andar entre libros, el contacto fluido con el objeto libro dentro del hogar o de la escuela; las lecturas desde la cuna, pero por sobre todo el disfrute de la palabra que puede ser canción, versos a flor de labios, narraciones familiares; la circulación de textos diversos dentro de nuestra cotidianeidad: informativos –lista de teléfonos útiles–, educativos –recetas de cocina–, administrativos –cuentas, lista del mercado–, amorosos –cartas–, y hasta literarios –versos regalados, coplas, adivinanzas, frases rescatadas–.

“La lectura es un hábito, que se hace gusto, al que se vuelve por necesidad”.

 

De ida y vuelta

Un niño lee de adelante para atrás o viceversa. Un niño lee de izquierda a derecha, o al revés. Un niño lee y entiende lo que no está dicho también.

A esta pregunta suele seguirle otra: ¿Por dónde empezar? ¿Qué lecturas son recomendables para quien se inicia en la lectura, para agarrarle el gustito?

Hace ya unos años inauguramos la sección Biografía lectora con artículos en primera o tercera persona que dieran cuenta de la variedad de caminos que llevan a la lectura. El objetivo era/es derrumbar mitos: no hay una escalera para ascender peldaño a peldaño en la cultura. ¿Por qué empezar por lo poético si nuestros intereses principales son científicos, por ejemplo? ¿Por qué proponer largas novelas si a esta otra mente poética le llama la atención la síntesis del libro álbum?

Porque como dice el mexicano Gabriel Zaid:

Lo verdaderamente culto es dejarse llevar por la curiosidad, la extrañeza, el asombro, la diversión. El apetito por seguir una conversación que no se entiende es un síntoma de salud, no de falta de preparación: la disciplina es buena al servicio del apetito, no en lugar del apetito. Sin apetito, no hay cultura viva”.

El Día del Lector

Es habitual señalar a niños y a jóvenes para marcar la decadencia social que los lleva a alejarse de los libros en pos de las pantallas; a dejar los vínculos reales para conformarse con señalar que algo les gusta. ¿Pero qué hay de nosotros? ¿Qué lectores somos?

Hace unos años, el Congreso de la Nación Argentina instituyó la fecha 24 de agosto como Día del Lector en conmemoración y homenaje al natalicio del escritor Jorge Luis Borges. La ley promulgada tiene el fin de promover la lectura y la democracia a través de la realización en dicha fecha de actos de divulgación de las letras y de reconocimiento a la obra de este escritor.

Borges, además de ser la figura literaria por excelencia de la Argentina, manifestó su identidad lectora de la siguiente manera:

Que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído”. 

Feliz día, queridos lectores.

 

 

 

Una lectora para armar

Entrevistada por Cultura LIJ, esta especialista cuenta cómo la construcción de sus bibliotecas ha devenido en la generación de ideas acerca de un quehacer nuevo.

Por Natalia Silberleib

CV: ‎Editora especializada en publicaciones de museos y de arte. Es Magister en Administración Cultural (Universidad de Buenos Aires), cuya tesis sobre catálogos de muestras temporarias de arte fue dirigida por la Dra. Diana B. Wechsler. Fue coordinadora de producción en la editorial Alfaguara, editora en el Ministerio de Educación, Unicef, Educ.ar, y Secretaría de Cultura de la Nación.

En primer grado yo no leía. Y no era como ahora que se entiende la educación en ciclos. Por lo que había preocupación. Tengo el recuerdo de ir en el auto, de pronto leer el cartel de un cine y que todos se sorprendieran. Fue de nada a todo, pasé de ser la que no leía a la que hacían pasar al frente para leer porque leía de corrido perfecto.

En segundo grado mi papá me regaló un libro Conejitos, conejitos. El segundo fue Un elefante ocupa mucho espacio, en su primera edición. Desde ese momento cada vez que me preguntaban qué quería que me regalaran yo respondía “un libro”. Ahorraba para comprarme libros.

Las bibliotecas

Soy la menor de cuatro hermanas, dentro de una familia de lectores. En la casa había libros hasta en los placares. En la medida en que iba leyendo y teniendo los míos propios, comencé a disputar espacio. Ya no me alcanzaba un estante. Y por supuesto, había problemas cuando una hermana se casaba: qué libros se llevaba a su casa nueva.

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Libro de artista.

De grande comencé a coleccionar libros de arte, lo que convierte las mudanzas en algo terrible porque con tres libros ya hacés una caja pesada.  Del proceso de acumulación no te das cuenta, ante los libros apilados comprás unos cubos. Luego otros cubos. Más libros y más cubos. Un día tenés una biblioteca de cubos.

Con el tiempo mi biblioteca comenzó a descomponerse: los libros que son para al lado de la cama, los que son para estudiar, los de literatura, los catálogos, los que son libros de arte. Y de acuerdo al momento de la vida, al trabajo en curso y a las necesidades de cada casa se reorganizan. También tengo una pequeña zona museo, de libros especiales que están expuestos. Pasa de ser la biblioteca a ser las bibliotecas en plural, completamente vivas y activas.

La función de la biblioteca

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Natalia Silberleib

La pregunta de mucha gente que no lee al entrar a casa es “¿leíste todos estos libros?”. No tengo ningún problema en admitir que no. Muchos de los libros que tengo no los leí, no solo porque me sirve coleccionarlos, porque adoro tenerlos, sino porque son para otro momento. Hay algo intuitivo en cada elección y con lo que nunca me equivoqué. En algún momento van a ser necesarios.

Mi biblioteca especializada en arte y libro de artista se ha ido armando en parte intencionalmente −libros que busqué− y en parte azarosamente, gracias a amigos y conocidos que sabían de mi pasión y me regalaban libros y catálogos. El taller que dicto actualmente de libro de artista, Un libro es un libro, puso mis bibliotecas completamente en valor.  Era una cuestión de tiempo.

 

Para seguir a Natalia Silberleib
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Dícese…

Astuto el morroño, lee entre líneas.

Por Carmen del Faro

Actualidad: Construcción de la realidad por los medios de comunicación. (Ver Eliseo Verón).

Lector, lectora: Dícese del cazador furtivo de cualquier sexo que, agazapado en el bosque de las palabras, busca sentidos. (Ver Michel de Certeau).

Morroño, morroña: Sustantivo, de origen animal. Mamífero curioso, siempre atento, siempre a la caza de lo que se presente. Sinónimos: gato, minino, mizo, morrongo, micho, mish, mishu.

Astuto el morroño, lee entre líneas.