La cosntrucción de una identidad a través del vestir: Frida Kalho

En Frida Kahlo, la originalidad y la creatividad no sólo radican en su obra. Se creó una imagen, se construyó una personalidad a través de su forma de vestir.

Por Hilda Trujillo Soto, directora de los Museos Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli

Frida_CasaAzul_TocadoEn Frida Kahlo, la originalidad y la creatividad no sólo radican en su obra. Ella no sólo pinta, dibuja, escribe, sino que interviene y transforma todo lo que está a su alrededor, incluyéndose a ella misma. Se creó una imagen, se construyó una personalidad a través
de su forma de vestir.

Portaba con orgullo indumentaria de las diferentes regiones de México y algunas piezas
creadas por ella misma. Es cierto que este tipo de ropa le permitía esconder la cortedad y
delgadez de su pierna derecha, afectada por la poliomielitis a los seis años, además
constituía una manera de agradar a su esposo Diego Rivera, pero sobre todo le permitió
vindicarse como una mujer independiente, sin prejuicios, y orgullosa de sus orígenes
culturales.

El gusto por la vestimenta tradicional mexicana le venía a Frida de familia. En una de las
fotografías del archivo de la Casa Azul, existe una imagen de la familia Calderón donde
Matilde madre de Frida aparece, junto con otras mujeres, luciendo vestidos y
resplandores característicos del Istmo de Tehuantepec. Se sabía que la madre de Frida
era de origen oaxaqueño, pero lo que se desconocía es que ella misma usara las ropas
típicas de la región. Esta fotografía pudo conocerse cuando se clasificaron las imágenes
que estuvieron en baúles, cajones y baños cerrados por casi 50 años en la Casa Azul,
Museo Frida Kahlo.

Frida supo valorar esa riqueza y coleccionó prendas provenientes de distintas regiones
del país. Intervino algunas de ellas: utilizaba telas españolas de algodón, sedas francesas
para diseñar su ropa, dándole un estilo indígena. Hace poco, viajando a Huejutla a
comprar textiles para la Ofrenda de Muertos, que se colocan en los Museos Anahuacalli y
Frida Kahlo, nos encontramos en la casa de una de las artesanas con una fotografía en
la que aparecían André Bretón, Frida y Diego, testimonio de que estuvieron ahí,
seguramente adquiriendo prendas de la región, que hoy se siguen realizando con gran
maestría.

Por otro lado, la madre de Frida era una excelente costurera. El gusto por las telas finas,
por el juego de texturas y colores lo hereda la artista, por lo que se entiende que, años
después, la pintora diseñara e, incluso, interviniera su propia ropa. Pero no sólo por esto
es que el guardarropa de Frida reviste interés y valor; también es testimonio de una
riqueza textil del país que en muchos casos se ha perdido, pues algunas piezas no se
realizan más. Cabe anotar que, gracias a esfuerzos como los de Artes de México o de
Remigio Mestas de Oaxaca, se ha logrado rescatar diseños que ya se habían perdido.
Ante todo Frida utiliza la vestimenta mexicana para crear su propio personaje, para crear su unicidad. Tan lo logró que llamaba la atención por doquier. La prestigiada revista Vogue publicó una fotografía de Frida en octubre de 1937. Diego y Frida fueron amigos de Rosamon Bernier, legendaria editora de Vogue en Estados Unidos, e inspiró a la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli para crear un vestido “señora Rivera”. El gusto de
Frida por los colores y texturas nacionales ha seguido inspirando a artistas de la moda
contemporánea, como Jean Paul Gaultier, Dai Rees, Comme de Garçons, Alexander
McQueen, Riccardo Tisci de Givenchy, Rei Kawakubo Comme de Garçons y el duo
holandés Viktor & Rolf y muchos otros. En particular Gaultier presentó en 1998 “Homenaje a Frida Kahlo”.

La ropa fue también un fuerte símbolo y un tema principal en la pintura de Kahlo, como lo muestran el autorretrato dedicado a León Trotsky (1937), Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos (1932), Raíces (1943), Escluincle y yo (1938), Autorretrato con resplandor de tehuana (1948), Autorretrato de Frida y el doctor Farill (1951), Las dos
Fridas (1939), Recuerdo (1937), Mi vestido cuelga ahí (1934), sólo por citar algunas
obras.

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Zapato intervenido de Frida Kalho.

Para Frida, la forma de vestir significó una búsqueda de identidad. Así lo demuestran las
fotografías donde aparece vestida de varón, en una fotografías familiar tomada por su
padre Guillermo Kahlo, o como obrera-artista, con cachucha y camisa de mezclilla. A
través de su vestuario se puede observar la metamorfosis entre su primer círculo de
amigos intelectuales Los Cachuchas y el despertar político-artístico que habría de
marcar por completo su vida en otra fotografía vestida como obrera en una
manifestación, junto a Diego Rivera, alzando la mano en señal de protesta y después su
transformación al portar como reina las indumentarias de distintos orígenes del país.
Debió ser admirable verla, en San Francisco, Detroit o Nueva York, paseando
orgullosamente, ataviada con vestidos y joyas, al lado de Diego Rivera. Se dice que los
automóviles se detenían para mirarla. Más tarde, cuando se divorcia de Diego, Frida se
corta el pelo y se viste con trajes de hombre o ropa tradicional. De esta época hay una
obra en el MoMA en Nueva York titulada Autorretrato con el pelo cortado (1940).

Sin embargo, si hay un traje con el que se identifica a Frida ése es el hermoso vestido de
tehuana. Este vestido fue pieza preferida en el guardarropa de la pintora y reviste especial interés porque, con él, la artista se inmortalizó, tanto en su obra como en imágenes fotográficas –como lo atestigua aquella tomada en 1939 por Bernard Silberstein. Muchos otros fotógrafos retrataron a Frida Kahlo atraídos por su personalidad y vestimenta: Edward Weston, Nickolas Muray, Lola Álvarez Bravo, Manuel Álvarez Bravo, Imogen Cunningham, Lucienne Bloch, Guillermo Dávila, Fritz Henle, Emmy Lou Packard o Leo Matiz, entre otros.

En la forma de vestir de Frida se puede reconocer la creatividad y el profundo sentido del colorido que tenía la artista. Su ropa, además de ser en sí una manera de esconder
flaquezas físicas y emocionales, traducía su temperamento. Su atuendo fue un elemento
fundamental en la construcción de su fuerte personalidad que la ha hecho trascender en
la historia de la pintura del siglo XX.

 

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Solsticio cultural

Si el solsticio marca el nacimiento del nuevo ciclo, ¿por qué no pensar un solsticio para nuestras culturas? Tiempo de siembra. 

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Si el solsticio marca el nacimiento del nuevo ciclo, ¿por qué no pensar un solsticio para nuestras culturas? Tiempo de siembra.

Es sabido que nuestro año se organiza a partir de los solsticios. El verano comienza el día más largo; el invierno con el más corto.

El evento que da lugar al comienzo del invierno desde una perspectiva astronómica ha sido celebrado por los pueblos paganos la semana del 21 de diciembre en Europa −lo que dio lugar a la incorporación posterior de la celebración de la navidad en esa misma ocasión− y por los pueblos originarios de América del Sur y Oceanía la semana del 21 de junio. ¿Por qué? Ya la noche más larga habrá pasado y todo podrá volver a comenzar.

El despertar

Leer y escribir en un mundo cambiante es el título de la conferencia que Emilia Ferreiro ofreció en mayo del año 2000 en Buenos Aires, en el marco del Congreso Internacional de Editores.

Ya lo hemos olvidado, pero sobre los fines de siglo siempre se acumulan esperanzas. En las décadas finales del siglo XX las metas de disminución de la pobreza, mejoras en salud o educación, progreso científico y desarrollo urbano; todas ellas estaban puestas en este evento aglutinador.

Por eso en aquella conferencia de Ferreiro, que luego publicaría Fondo de Cultura Económica, la investigadora pasaba lista a la situación de la alfabetización mundial. Ferreiro explicaba como diferentes variables se combinaban para generar condiciones de posibilidad para el analfabetismo: pobreza endógena y hereditaria, baja esperanza de vida y las altas tasas de mortalidad infantil, malnutrición y multilingüismo. La humanidad ingresaba al siglo XXI oficialmente con unos 1000 millones de analfabetos.

Las condiciones que han garantizado el analfabetismo en el mundo no deberían llamarnos la atención, excepto tal vez por un punto que en aquel momento era más difícil notar y que hoy se hace evidente: el multilingüismo. Y no es que entonces no convivieran una gran cantidad de lenguas en nuestros países; es que difícilmente nos hubiéramos autopercibido bajo el indicador “multi”. Había inmigrantes, sí. Había pueblos indígenas, también. Pero debían asimilarse. El analfabetismo se medía también en relación a la lengua hegemónica.

Y apareció Internet

El siglo XXI traía también la promesa de un mundo digital donde todos los bienes culturales estarían al alcance de todos los ciudadanos a la distancia de un clic. Esta democratización automática ya era mostrada en dicha conferencia como falaz. A lo sumo cambiaba el mapa de los excluidos sumando a los analfabetos digitales.

Han pasado casi dos décadas desde entonces y los esfuerzos por la vida equitativa en sociedades evidentemente multiculturales han abierto nuevas preguntas. El conflicto cuando no es explícito aparece como incomodidad o violencia contenida.

Hasta hace no tanto, a pesar de que los habitantes de Bolivia de origen aymará alcanzaban el 66% del total de la población, su lengua era negada e incluso autocensurada −padres que preferían criar a sus niños en forma monolingüe, en castellano−.  Hasta hace no tanto las cholitas eran discriminadas en espacios públicos.

El reconocimiento de la diversidad nos enfrenta a nuevos desafíos y aun no tenemos recetas de cómo llevar a cabo una sociedad que viva entre lenguas, entre culturas.

Solsticio

En medio del invierno algunos pueblos rinden honores a la tierra o Pachamama y le piden permiso para abrirla y echar la semilla. Sí, estamos atravesando en el hemisferio sur el solsticio de invierno. Es hora de sembrar.

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Cholitas de espaldas, por journeyj2911.