Dominar la máquina

Historia tras bambalinas de la revolución industrial. Un niño que inventa la cibernética. Un mundo donde todo es posible. Por Andrés Sobico.

 

 

Por Andrés Sobico

Este relato narra como un niño aburrido del trabajo repetitivo, con dificultades de concentración en una sola tarea, fue el inventor de la autorregulación de las primeras máquinas a vapor.

 

A Humphrey no le gusta trabajar, dicen.

Siempre tiene problemas en cada lugar donde trabaja: que distrae a los demás porque no para de hablar, o que se trompea con otros más grandes que él, o que será muy hábil metiéndose bajo los telares funcionando pero después hace muy malos nudos.

A Humphrey le dicen Humpy-no-trabaja.

Es un chico despierto, a sus empleadores incluso les cae bien. Hasta tuvo suerte, alguna vez él pidió ir a cierto puesto de trabajo y el dueño de la factory lo asignó como aprendiz de un carpintero especializado en ruedas hidráulicas que trabajaba para las fábricas textiles de última generación, las de telares automáticos. Pero duró poco, (algo pasó una noche) fue Humpy el que volvió una mañana al escritorio del Dueño a pedirle otro trabajo.

Y que voy a hacer contigo Humpy, hace tres años que trabajas para nosotros y encima parece que ahora va a salir una ley que los va a obligar a ir a la escuela y entonces ustedes van a producir menos”; eso siempre les decía como para justificar el salario magro, pero faltaban aún como cien años para que salga la ley que obligaría a enviar a los menores de diez años a la escuela, además de trabajar hasta seis horas por día.

Corre el año 1711 y Humphrey Potter acaba de cumplir ayer once años, aunque no lo ha festejado, y nadie que él conozca celebre sus cumpleaños.

 

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La estación St. Nazare, por Monet

 

Bajo los árboles

El comienzo del siglo XVIII es una época en el que abunda eso llamado progreso.

El efecto colateral de haber arrasado con todos los árboles de Inglaterra para alimentar el fuego de la naciente revolución industrial fue darse cuenta que vivían sobre yacimientos de carbón mineral, algo mucho mejor para quemar. Decenas de miles de ingleses trabajan en las minas y muchos de ellos mueren ahogados en el fondo inundado. “Eso es malo para los negocios porque quiere decir que si está inundado no podemos bajar a buscar más carbón -dicen los Dueños-. Necesitamos ingenios mecánicos que eleven el agua de allí abajo.

Y el vacío vino en ayuda.

Thomas Newcomen era un herrero y pequeño empresario que vio la veta de hacer máquinas atmosféricas de vacío para las minas de carbón que elevasen el agua del fondo. El Engine Newcomen fue la Gran Máquina, la gran bomba que subía el agua y los ingresos de los Dueños de las minas.

Junto a Ella hoy está él, Humphrey Potter. Tiene 11 años y está fascinado, la máquina tiene una altura de diez humpys por lo menos. Allá arriba un gran balancín va y viene lentamente 10 veces por minuto. Estamos en pleno invierno y la temperatura es agradable en ese taller en la entrada a la mina.

-Tu trabajo es fácil -le explicó el Dueño- y de mucha responsabilidad. Acá hay dos válvulas. Cuando el vapor esté listo y llene todo este recipiente, vos tenés que abrir para que el vapor entre a este otro. Justo cuando se llene cerrás, y abrís la válvula de agua fría. Esperás que el balancín baje hasta acá y hacés todo de nuevo. Abrir/cerrar, cerrar/abrir. ¿Entendés? Cuando cerrás una abrís la otra, y cuando cerrás la otra abrís una.

-Sí, ¡entendí!

Humpy siempre entendía todo, y estaba feliz de estar ahí, abrigadito y a cargo de esa Máquina tan moderna. Pero no había podido sacarse la costumbre de preguntar que le había metido en tantos problemas.

-¿Y el que hacía este trabajo antes que yo?

-Se quedó dormido, y la presión de vapor hizo explotar la máquina. Fijate ahí en el techo, quedó pegada una parte de su camisa.

La máquina

Humpy quedó ahí, a cargo de la Máquina, al comienzo fue muy divertido para él, se sentía poderoso haciendo girar la palanca A hasta que la presión del vapor sea adecuada. Y justo al cerrar la A, abrir la palanca B que hacía caer el agua que enfriaba (él no pensaba “A”, y “B”, les había puesto nombres); y el silbido del vapor, y el gran balancín que iba y volvía, 10 veces por minuto.

Después de ese primer largo día, cuando le trajeron su reemplazo de turno y pudo irse a dormir, ya le estaba pasando eso que le pasaba siempre. Era una sensación incómoda, algo que siempre lo había empujado a buscarse problemas.

Se había aburrido (claro que ese verbo no lo conocían los niños de esa época).

Abrir A/cerrarB, AbrirB/CerrarA. Abrir/Cerrar, Cerrar/Abrir.

Casi añoraba las épocas de meterse bajos los telares en funcionamiento.

Ya para la primera semana Humpy había sentido dos veces el peligro: el agotador trabajo repetitivo lo había adormecido y la máquina estuvo a punto de explotar.

Esa noche, en su cama, antes de dormirse, cortó las sábanas raídas y se trenzó dos sogas, tenía la solución.

Al empezar su turno esa mañana, Humpy tenía más sueño que de costumbre. Abrir/Cerrar, Cerrar/Abrir. Abrir/Cerrar, Cerrar/Abrir. Pero cerca del mediodía, cuando se fueron los adultos y él quedó sólo, Humpy hizo lo suyo. Con una soga más un palo de palanca (una de las patas de su cama), conectó una válvula con la otra, y luego la otra soga a un extremo del balancín. Ajustó todo y se alejó tres pasos a observar su obra: el balancín al bajar movía el palo, que movía a la soga, que cerraba la válvula A al mismo tiempo que la otra soga abría la B. Y viceversa, y así.

Humpy comprobó que la máquina funcionaba sola. La máquina se estaba liberando de ese pequeño humano, y ese pequeño humano se estaba liberando de ella. Humpy festejó con pequeños bailes saltarines (por eso le decían Jumpy los otros chicos trabajadores) y, cuando recuperó el aliento, buscó un rinconcito cálido para echarse a dormir.

Así lo encontraron en el cambio de turno.

Humpy, escapando de la alienación; quizá sólo por el goce de inventar; ¿O sólo para poder dormir?, diez días después de cumplir once años, había creado la autorregulación de las máquinas de vapor.

Había inventado la cibernética.

 

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Lluvia, vapor y velocidad, Turner (1844)

 

 

 

Por Andrés Sobico

CV: Profesor en Educación Tecnológica

 

Lo mejor de ambos mundos

¿Es posible tener lo mejor de ambos mundos -digital y analógico? Ahora sí… Moleskine.

 

Por María Jaeschke

CV: Diseñadora gráfica. Redactora profesional (Instituto Superior de Letras Eduardo Mallea). Trabaja en Olmo Ediciones y en el Archivo General de la Nación.

 

–¿Quién prepara la minuta?

La pregunta flotaba en el aire mientras el resto miraba para otro lado. Todos habíamos tomado notas en la reunión de la revista, pero nadie quería hacer el fatigoso trabajo de pasarlas a digital y compartirlas por email. Debería existir la telepatía.

Dicen que si, en una clase de niños de 5 años, preguntamos: “¿Quiénes de ustedes dibujan?”, casi todos levantarían la mano; en un aula de 12 años, tres o cuatro, y, en una de 18, tendríamos suerte si uno lo hace. Esto relata el ilustrador español conocido como Puño en la conferencia MAD del 2011, uno de los eventos internacionales de diseño y creatividad más importante que se celebra en España.

También cuenta que cuando le preguntan cuándo empezó a dibujar, él responde: “¿Cuándo dejaste de dibujar?”, porque afirma que todos hemos dibujado de pequeños, pero que, de un momento a otro, lo dejamos de hacer. Lo cierto es que, a medida que crecemos, lo lúdico pasa a otro plano y el “músculo” de la creatividad comienza a atrofiarse.

Esto también sucede en la escritura. No es lo mismo estar sentados frente a una pantalla que escribir, tachar, borrar, volver a escribir, contar con la mística del papel al crear algo propio.

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La practicidad ante todo

A diferencia de lo que se pueda pensar, en el mercado de cuadernos de notas existen muchas variedades de marcas, tamaños, diseños y tipos de papeles. Una empresa italiana produce las libretas más famosas del mundo. Se dice que las primeras fueron utilizadas por artistas e intelectuales como Vincent Van Gogh, Pablo Picasso, Ernest Hemingway y Bruce Chatwin.

Se trata de un sencillo rectángulo con sus puntas redondeadas con un bolsillo en su interior. Todas traen un elástico que las mantiene cerradas. Su público es muy amplio, va desde estudiantes hasta hombres de negocios. Si bien existen miles de imitaciones, esta marca se ha convertido en un sustantivo común, en un sinónimo de libreta y, a la vez, en un fenómeno. Tiene millones de seguidores en todo el mundo que comparten en internet sus obras plasmadas en las páginas de estos objetos de culto.

Cuando compartir es la tarea diaria

Pero volvamos a la reunión de redacción y a la insistente pregunta de la directora: “¿Quién prepara la minuta?”. Tuvimos la reunión, repasamos mil cosas, y ahora para enfocarnos todos en el mismo sentido alguien tiene que pasar la minuta. Y ni un voluntario.

De una situación como esta debe haber nacido la idea, porque si tuviera una paper tablet yo ganaría puntos con la directora de la revista pasando la minuta. Pienso que con este artefacto podría releer el informe al salir de la reunión, retocarlo con las ideas frescas y enviarlo. Del mismo modo, con los dibujos que hago para ilustrar algunos libros. De esta forma me olvidaría de la tediosa e incómoda tarea de escanear y luego, de redibujar. Además al delinear se pierde el trazo original.

Se trata de una tableta hecha de papel que nos permite escribir a mano alzada y que, mediante una rápida coordinación con una tableta o un teléfono inteligente, copia el texto o dibujo digitalmente.

Tiene un tamaño similar a una tableta (21 por 13,5 cm), viene en negro o en rojo y cuenta con 176 páginas punteadas de 100 gramos de espesor. El kit cuesta alrededor de doscientos dólares y se compone de la tableta de papel y de un bolígrafo digital, especialmente diseñado para este fin. Su funcionamiento es simple y está regido por una aplicación: Moleskine Notes App (disponible para iOS y Android) que se descarga de forma gratuita de la red.

Fantasía cumplida

De este modo, así se cumple mi fantasía de la digitalización inmediata de imagen y texto. Incluso las notas escritas a mano se transcriben a letras mecanografiadas. Asimismo, tenemos la posibilidad de editar nuestros bocetos y compartirlos en las redes sociales. Aunque ya nos hemos acostumbrado al alcance que tiene internet, debemos aprovechar lo grandioso de vivir en la era 3.0, que se basa en la interacción.

Otra de las ventajas es que podemos enviar de forma sencilla nuestras notas por mail, solamente debemos pulsar el ícono del sobre que se encuentra en el borde superior de cada página y listo, se envía en formato PDF a quienes queramos. Lo increíble es que podemos escribir offline y luego, al conectarnos, se sincroniza y se actualiza el contenido de nuestra tableta.

–Deja, yo la preparo y la comparto esta noche, ¿está bien?

Ya la tendré.