La lectura aguas adentro

¿Cuál es la función de una biblioteca o de una escuela rural? ¿Cuál es la relación costo-beneficio que justifica sostenerlas? Estaríamos dados a creer que en este siglo marcado por la circulación de la información no sería necesario responder estas preguntas, pero la realidad lo exige.

Por Valeria Sorín

¿Cuál es la función de una biblioteca o de una escuela rural? ¿Cuál es la relación costo-beneficio que justifica sostenerlas? Estaríamos dados a creer que en este siglo marcado por la circulación de la información no sería necesario responder estas preguntas, pero la realidad lo exige.

Venezuela - Bibliofalca y Bibliobongo
Venezuela – Bibliofalca y Bibliobongo

Se pueden definir como rurales todas aquellas áreas geográficas dedicadas a la producción primaria (agricultura, ganadería, pesca, minería, forestación) estructuradas y organizadas por pueblos y pequeñas ciudades con sus actividades de transformación y de servicios, donde existe un vínculo directo y próximo entre la población y la naturaleza, y donde se construyen relaciones interpersonales signadas por la proximidad y el conocimiento mutuo. Así lo define el investigador Marcelo Sili en su libro Atlas de la Argentina rural.

Es en ese contexto donde cada espacio de comunidad tiene un valor distintivo y produce dinámicas singulares de alta vitalidad que, con el tiempo, se vuelven imprescindibles. Una biblioteca, una escuela, una sala de primeros auxilios, un comedor, una tienda de ramos generales no son solo un lugar donde consultar, o donde educar, o donde curar, o donde alimentar, o donde surtirse; valen por las interacciones que promueven.

Claro queda que lo rural no puede identificarse solamente con el campo o la montaña. El rasgo de ruralidad es propio también de las islas y los archipiélagos con baja densidad de población, marcados diariamente por el rugir de la naturaleza, que quedan muchas veces aislados del ritmo del continente; cuando no olvidados por sus mismos gobernantes. Pocas, sí; dispersas, también; su poca relevancia económica suele postergar a estas poblaciones en la lista de prioridades.

 “Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.”
Antonio Machado

 

Gesta de bibliolanchas

En Venezuela, en 1986, surge la bibliolancha como un modelo de extensión de la Red de Bibliotecas Públicas. El objetivo era atender a las comunidades indígenas ribereñas de los ríos Sipapo y Orinoco, en la región amazónica. Posteriormente surgirán el Bibliobongo, elaborado a partir de la corteza del árbol palo de mure por los propios indígenas, y la bibliofalca, esta última desarrollada con el apoyo de UNICEF. Estas segundas versiones permitieron ampliar el radio de cobertura, ofrecer una sala de lectura en la misma embarcación, trasladar también actividades recreativas y culturales, y entregar cajas viajeras –recipientes de plástico como también bolsos impermeables que contienen libros y revistas– a las familias, además de contener una pequeña ludoteca, películas y hasta material deportivo.

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En Argentina, la biblioteca popular Genoveva fue fundada en 1958 por iniciativa de vecinos del arroyo Felicaria, en la zona de la segunda sección del Delta del Paraná, en la provincia de Buenos Aires, y gracias a la donación de una casa para tales fines. Los únicos espacios comunitarios en decenas de kilómetros cuadrados son la escuela y la biblioteca, son espacios de pertenencia que funcionan como referentes fuera del espacio de la casa de cada poblador. Desde hace diez años la biblioteca ha extendido su labor al equiparse con una bibliolancha que le permite recorrer el arroyo y zonas aledañas.

La biblioteca participa del festival de poesía que organiza la escuela del arroyo, por lo que convocan año a año a autores para que se acerquen y compartan con los chicos y con sus familias su actividad poética. Por allí pasó Adela Basch Ruth Kaufman.

CLD2018-marzo-bibProt-bibliolanchas-destacadaColombia, Argentina y Chile, como veremos a continuación, están gestando la primera red de bibliolanchas, lógicamente liderada por las propias bibliotecarias (Milena Guerrero Hidalgo, Marisa Negri y Teolinda Higueras). El objetivo para el 2018 es la publicación de un libro de leyendas fluviales y marítimas. Hay que poner en foco que, al internarse y recorrer poblaciones alejadas, los bibliotecarios se encuentran con una rica tradición oral que vale la pena recuperar. En el caso de Venezuela, la bibliolancha ha contando con un bibliotecario de la etnia piapoco, hablante de la lengua jivi.

Debemos comentar que existen, aunque pocos, algunos otros casos similares en el mundo. Por ejemplo, en Noruega  los municipios de Hordaland y Møre og Romsdal sostienen un barco destinado a biblioteca flotante para visitar las lagunas marinas y fiordos de la región llevando 400 ejemplares entre libros y audiolibros, y también espectáculos. Mientras está amarrado, sirve como biblioteca a la ciudad que visita: niños pequeños, adultos mayores y escuelas suben para disfrutar de sus servicios.

La bibliolancha de Quemchi

Las migraciones dejan estos poblados rurales habitados por niños y adultos con una sistemática ausencia de jóvenes debido a la debilidad de oportunidades de formación y progreso económico. Partir o quedarse es el debate que los atraviesa. Y para quienes han partido, el debate es por regresar o afincarse definitivamente en las superpobladas ciudades. La historia que sigue tiene como protagonista a una mujer que regresó enamorada de sus raíces.

Teolinda Higueras nació en Puerto Montt, pero vivió su infancia en el pueblo de Quemchi, de la isla de Chiloe, en el sur de Chile. A los doce años, partió a estudiar y vivir en un internado en Talca, a 926 kilómetros de su pueblo, la ciudad donde se había firmado un siglo antes la independencia de Chile. Cuando ya formada regresó a Quemchi, se enteró del inminente cierre de la biblioteca pública al haber finalizado el convenio entre la Municipalidad y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam). Luego de dar lucha para que se reabriera, quedó a su cargo, y lo que en primera instancia era una prueba de un año se extendió indefinidamente. Era 1978 y la libertad estaba presa de una dictadura feroz. Muchos jóvenes relegados se refugiaban diariamente en la biblioteca. Los problemas con las autoridades la llevaron a alejarse para regresar ya con otros vientos soplando.

 

Yo no conocía la ruralidad”, cuenta Teolinda, quien en 1995 propone iniciar recorridos semanales en lancha por el archipiélago para extender el alcance de la biblioteca. Al principio se embarcaba en la lancha sanitaria, que era capitaneada por uno de sus compañeros de escuela primaria, y junto a los agentes de salud recorrían durante una semana las poblaciones isleñas antes de regresar al pueblo. “Los maestros en aquel momento se reían de los libros que llevaba. Estaban muy deteriorados. Pero los mismos maestros me ayudaron a empastarlos y retaparlos”. Faltaban años para que al ganar un concurso internacional pudiera llegar una colección de libros impecables.

A la lancha fueron subiendo cuentacuentos y actores con los que montaban espectáculos culturales, los únicos a los que tenían acceso estos pobladores: “Éramos la gran visita del mes, la que todos esperaban.” Y cuando consiguió solventar un grupo electrógeno, llevó también una televisión donada por el escritor Francisco Coloane donde pasaban primero documentales y luego dibujos animados.

Al finalizar el primer año de gestión, Teolinda decidió premiar a los mejores lectores con una gira cultural por la ciudad capital de Santiago. En los años sucesivos se han podido llevar a cabo 12 de esas giras, lo que implica para muchos de los isleños el único viaje fuera de la isla que realizarán.

Años más tarde una periodista le preguntó “¿Qué desea a futuro?”, “Tener una lancha propia para la biblioteca”. La entrevista llegó a conocimiento de la directora de la Fundación Desafío Levantemos Chile y el sueño se hizo realidad.

CLD2018-marzo-bibProt-bibliolanchas-TeolindaHigueras

A Teolinda Higueras es posible imaginarla como un gigante, como una turba imparable, como la risa contagiosa. Difícil reconocer en esa breve figura y su voz cálida a la gestora de la primera bibliolancha de Chile. Gestar no es cuestión simple, aun quienes no se han formado para ello terminan enfrentando burocracias, celos políticos, dificultades arancelarias o normativas. El año pasado, Higueras fue corrida de su cargo en la biblioteca de Quemchi, y el convenio entre la Fundación y el gobierno local quedó sin efecto.

Ahora Teolinda Higueras organiza una asociación sin fines de lucro para recuperar la bibliolancha y seguir embarcada en llevar la lectura a lo más profundo de las poblaciones isleñas.

El habitante de las islas necesita del cariño y la compañía para sentir que es parte del país. Hay que agradecerles que sigan resistiendo el clima, el frío, que no quieran abandonar el territorio”.

 

A modo de temporaria conclusión

Todas las fuentes consultadas acuerdan que si bien en una instancia inicial el servicio de biblioteca no formaba parte de las necesidades expresadas por los pobladores, con el paso del tiempo, cada vez que los programas han tenido que enfrentar un traspié burocrático, son los pobladores, ahora convertidos en lectores, quienes defienden su presencia con fuerza y perseverancia haciendo valer sus voces. En todos los casos los proyectos no solo forman lectores, sino que logran un consecuente trabajo identitario, lo cual comprueba una vez más que el camino se hace al andar.

Para seguir leyendo:

  • Atlas de la Argentina rural, Marcelo Sili, Capital Intelectual.
  •  Acceso a los servicios bibliotecarios y de información en los pueblos indígenas de América Latina, por Milagro Medina de Silva. El artículo enfoca su atención en la problemática de los grupos minoritarios que no cuentan con acceso a los servicios básicos de una biblioteca, en este caso mediante algún tipo de embarcación.

El pequeño tesoro

La librería catalana El petit tresor se ha hecho conocida tras fronteras, y a sus puertas llegan personas de toda España, Latinoamérica y el mundo. Todos quieren descubrir su tesoro.

CLD2017-Nov-Librerias-Petit-logo.pngA poco de comenzar a andar, la librería El Petit Tresor se ha hecho conocida tras fronteras. Este pequeño tesoro surge en 2009 como un espacio virtual donde la mirada se dirige en muchas direcciones hacia los libros para niños, la literatura infantil y juvenil, y la ilustración, entre pequeños detalles. Y recién en 2015 se convierte en un espacio real donde se venden libros, claro, pero que es entendido por Germán Machado y Stela Camacho como un espacio donde se llevan a cabo proyectos tanto de promoción lectora como de formación de lectores y apoyo para mediadores.

La librería sostiene una nutrida agenda de actividades. “Hemos dado con un formato de presentaciones de libros para un público familiar, que consiste en la visita de escritores e ilustradores, contar un cuento, hacer un dibujo en vivo, conversar sobre la obra y el trabajo de los autores”, nos explica Machado.

Uno de los puntos más interesantes son las Tertulias Li(j)terarias que se llevan a cabo una vez al mes con las bibliotecarias de la comarca, a las que se suman otras personas interesadas en LIJ. El formato tertuliano funciona especialmente entre aquellos que se sienten parte de una comunidad y como lo ha demostrado la experiencia que llevaron a cabo en el municipio español de Ballobar, promueven el ejercicio cívico de la democracia (la experiencia fue publicada en Cultua LIJ y recopilada en el libro Políticas de Lectura)

Y un proyecto que quisiéramos proponer y sacar adelante en este tercer año es el de los clubes de lectura para lectores más entrenados”, agrega el escritor librero.


Promocionar la lectura por otros medios

—Usted antes que nada es escritor, pero se ha instalado en Catalunya y ha puesto una librería especializada en el público infantil. ¿Me equivoco si digo que se toma el trabajo de librero como la posibilidad de ver en primer plano los devenires sociales, con cierta mirada antropológica?

—Creo que el orden es diferente: primero está la mirada sociológica, o antropológica, si prefieres, y luego el trabajo de librero. Estudié sociología unos cuantos años. Leí bastante sobre teoría y filosofía. La cuestión social no me es ajena desde mi adolescencia. Y supongo que esto de ponerme de librero ha sido entrar en un tipo de vínculo distinto, que me exigía volver a pensar cómo se dan las relaciones sociales entre las personas, más especialmente, entre el mundo adulto y el mundo infantil, a través de los libros, ya sea como compradores, como demandantes, como interesados o como lectores potenciales.
En ese sentido, la mirada antropológica sufrió una excitación en la experiencia cotidiana, a favor o en contra de las teorías, como sorpresa o como disgusto. Pero bueno, no te equivocas del todo.

—A su librería no solo la visita público general, sino estudiantes que se preparan para ser maestros y profesores. ¿Cómo se aprende a elegir una lectura?

—Sí, tenemos esa suerte. Estudiantes para maestras se acercan a la librería. Primero invitadas por las docentes de la universidad donde estudian. Luego como jóvenes urgidas por algún trabajo puntual que se les encomienda para la carrera. Creo que está muy bien que las docentes las inviten a visitar una librería especializada. Una joven que ejercerá de maestra debe comenzar a preparar una biblioteca propia: aquellos libros que entienda que son los mejores para el ejercicio de su trabajo con niñas y niños. Y para eso, debe tener un gusto desarrollado y un criterio profesional.
Ahí, el trabajo mayor lo hacen sus docentes, enseñándoles libros, leyéndolos con ellas, mostrándoles qué posibles lecturas puede ejercer una maestra y un niño o una niña a partir del libro que se le ofrece. Luego, adoptar el hábito de frecuentar bibliotecas y librerías, leer libros que son clásicos, leer libros que se proponen como novedades, entender qué hay de literatura en ellos, qué hay de arte, qué hay de educativo o de adoctrinamiento, saber diferenciar el trigo de la paja… También, claro, leer revistas especializadas, blogs especializados, ver qué recomiendan, tener un conocimiento de las editoriales que publican y de sus catálogos, concurrir a tertulias literarias o a clubs de lectura. Conversar sobre libros, sobre sus cosas buenas y malas. Es todo un aprendizaje, sin dudas.

—¿Qué lugar tiene el librero en ese proceso?

—Cuando yo era estudiante hablaba con un librero que me presentaba distintos libros: es una ayuda. Pero el aprendizaje mayor no se hace en una librería, sino que se hace en la lectura sistemática y crítica de una amplia diversidad de títulos. Obviamente, las profesoras de magisterio, las bibliotecarias especializadas, las libreras y los libreros que conocen su fondo, todos pueden echar una mano. Pero estoy convencido de que lo decisivo será el momento en que frente a una clase de niños y niñas lean el libro que eligieron para ese día, para ese grupo, o den a leer muchos libros desde la biblioteca del aula, y entonces estén muy atentas para darse cuenta de si acertaron más o menos, cuáles libros gustan a los pequeños, por qué gustan, cómo a partir de un gusto previo se pueden aportar nuevos libros para que los chicos y las chicas avancen en su camino lector.



El oficio del librero

La librería El Petit Tresor tiene dos vidrieras. La más pequeña era una antigua puerta de acceso al local que fue convertida en un escaparate vertical. Por ese espacio rotan libros según las actividades planeadas, las visitas de autores, o puede estar dedicada a un solo título si se trata de una presentación.

En este momento, por ejemplo, en el escaparate pequeño se puede ver una selección de libros en los que el protagonista es el lobo. Estas iniciativas nacen de la librería misma.

—La suya es una gestión novedosa, que nace primero como un proyecto digital y se materializa tiempo más tarde. ¿Cómo se vinculan hoy ambos espacios?

—Le damos mucha importancia a las redes sociales. Es allí donde damos una imagen de nuestros gustos y de nuestra movida general. Ello hace que muy a menudo venga a visitarnos gente desde lugares remotos, tanto de Cataluña como de España o de América Latina.

—Las librerías generales suelen ser conocidas como de “novedades”, en el sentido de que se trata de libros que están vigentes en los catálogos de las editoriales. Pero el término “novedad” muchos lo entienden como rotar en la librería los últimos títulos que las editoriales publican en forma automática. Entonces, ¿quién define el fondo de una librería: el librero o el editor?

—Depende de que haya una librería y un librero. Si hay las dos cosas, el fondo lo decide el librero. Y es que no todas las tiendas que venden libros son librerías, así como no todas las librerías tienen un librero al frente. Hoy en día, librerías pequeñas como la nuestra, librerías especializadas, son establecimientos que tienen una personalidad como tales, y esa personalidad se la da el equipo de libreros que la conducen.
El librero, en su rol de creador de un fondo y de prescriptor de lecturas, ha de saber qué libros tiene en sus estantes, y para eso, los tiene que conocer. Ha de ser él quien pida los títulos a las editoriales. Las editoriales no pueden imponerle libros para vender, y si lo hacen, han de saber que ello no es garantía de que el librero los venda, los recomiende o los exhiba.
No digo que el librero, incluso en una librería fuertemente personalizada, sea autárquico. No. En una región donde se publican 8000 títulos al año, ningún librero puede conocer todo lo que sale al mercado. En esa dirección, un poco como las estudiantes de magisterio que han de elegir un libro, nosotros hacemos el trabajo en red: nos fijamos qué recomiendan personas que son referentes en el mundo del libro infantil, ya sean críticos, editores, autores, ilustradores y también otras librerías. Y a su vez hacemos un trabajo de exploración, de seguimiento, de investigación, y cuando encontramos el grano de trigo entre la paja, lo hacemos saber a quienes están enredados con nosotros en este mundillo. Pero claro, en nuestro fondo, al final, estarán aquellos libros que nos gustan o que sabemos que tienen una calidad aceptable y que hay buenas razones para que gusten a nuestro público lector.
Si una editorial, con políticas comerciales agresivas, quisiera imponerse y obligarnos a tener en nuestra librería cosas que no nos interesan, lleva todas las de perder, porque no tendremos esas cosas y, seguramente, al final, tampoco tendremos otros títulos de esa editorial que sí que nos pueden interesar. Si una editorial quiere definir nuestro fondo, lo mejor que puede hacer es mimarnos y seducirnos con la calidad de su trabajo. Eso hay editoriales que lo hacen muy bien.


Para seguir conociendo a Le petit tresor

“Los libros deben ser un artículo trivial”

Gonzalo Oyarzún conversó con @Cultura_LIJ sobre la necesidad de fomentar la lectura para asegurar el acceso de las personas a sus derechos.

Por Valeria Sorín.

 

Pocas horas de presentarse en el Mercado de Industrias Culturales de la Argentina (MICA) para hablar sobre cómo atraer a nuevas audiencias juveniles a la lectura, nos reunimos con Gonzalo Oyarzún en la biblioteca infantil del espacio municipal Casa de la lectura. Este reportaje tiene la misma forma de cualquier charla con Oyarzún, la conversación parece correr con facilidad, pero nada está dicho porque sí.


El lector se hace

—En Cultura LIJ hicimos una encuesta lectores acerca de su biografía lectora. Nos sorprendió encontrar que prácticamente todos los consultados por lo general se encontraban pensando que no tienen suficientes lecturas, que tienen aún hoy huecos en su formación, en una idea de lectura programática y ordenada.

—Yo tengo muy clara mi biografía lectora. Y en tanto gestor de políticas públicas a mí me genera una cierta contradicción. Yo soy lector porque mis padres eran lectores. Ellos nunca hicieron nada para que yo fuera lector, nada. Ahí estaban las paredes llenas de libros. Mi padre traía a casa siempre unas revistas increíbles.
O sí, hicieron mucho. Pero tal vez de la forma incorrecta. A la noche les gustaba leernos cuentos de Edgar Allan Poe que nos dejaban muertos de miedo. Pero el recuerdo de mi padre leyéndole a mi madre un cuento de Chejov y ella riéndose me marcó un montón.
No había libros para niños en mi casa, o muy pocos. Entonces yo leía a Neruda, a Chejov, a Edgar Allan Poe, a Kafka. Entonces tenía el trauma del choque con la lectura escolar. En la escuela primaria no me gustaba leer, no la entendía, me aburría. Sin embargo cuando entré en la educación media tuve muy buenos profesores de literatura.

—También a esa altura el canon escolar se hace eco de la literatura universal.

—Efectivamente. Leí muchas cosas que no había leído en casa, Shakespeare o el Quijote. Y me gustó mucho Cien años de soledad, aunque ya lo había leído en casa.  La dictadura tenía prohibido a García Márquez, pero en mi escuela sí se leyó.
Y esto me genera enormes contradicciones con los programas que nosotros hacemos. Porque organizamos cantidad de actividades y planes de fomento lector para mujeres, para niños, y sería mucho más fácil si los padres leyeran y tuvieran una estantería en el hogar con libros de lo que sea, de mecánica, de cocina, de autoayuda o lo que les guste.

—O que vayan habitualmente a las bibliotecas a retirar libros para sí.

—Eso pasa en los países nórdicos o anglosajones donde está instalada la costumbre de ir a la biblioteca. Acá no tenemos esa costumbre de uso de bibliotecas, por lo que hacemos cantidad de actividades para acercar a la gente.
Para un artículo que se llamaba “Cómo hacer de Chile un país lector”, yo decía que era necesario tener buenas bibliotecas. Y buenas librerías. El 95% de las ciudades de Chile no tienen librerías. Y los grandes lectores e incluso los mejores usuarios de bibliotecas son grandes compradores de libros. Ambos ámbitos deben ir juntos. Pero el triunfo estará asegurado el día que entremos con la lectura en la casa. Los mejores mediadores son los superhéroes del niño: los padres. Si papá y mamá hacen esto, yo lo voy a hacer igual porque ellos saben. Entonces las campañas no debemos dirigirlas a quienes queremos que lea, sino a quienes son los superhéroes de quienes queremos que lean.



De la inquietud por formar lectores

—En las ferias del libro regionales se puede notar cómo se mueven quienes no han tenido un contacto fluido con los libros. Es común ver que pasean entre los puestos personas que habitualmente no ingresan ni a bibliotecas, ni a librerías. La característica que delata a esos no lectores es que no se animan a tocar los libros. Los miran de lejos, hasta que se les propone que agarren el que los atraiga. Como si necesitaran un permiso.

—Si el libro es un objeto de valor, si es un artículo medio sagrado, te cuesta tocarlo. Otra es la situación si se lo concibe como un artículo trivial, que da lo mismo si se echa a perder o se raja. El libro es para leer, ¿para guardar, qué? Hay quienes somos unos fetichistas que gustamos de coleccionarlos y tenerlos. Pero esa no es la mejor imagen para el libro. Podríamos ser coleccionistas de estampillas. Lo único importante es que la gente lea.
Muy gráfico es ver a la gente en los medios de transporte en Japón.  Como ellos se transportan por grandes trayectos diariamente para ir a trabajar, es común ver a las personas leyendo libros muy baratos, de papel de mala calidad, que los leen en el viaje y luego los botan al llegar a su destino. Nosotros con nuestra pasión por los libros transmitimos una idea equivocada. Es más importante que el contacto sea fluido.

—Entre las cosas que habitualmente escuchamos de los poco lectores, es que un libro que se empieza de se debe terminar. Les pesan en la conciencia las lecturas pendientes.

—Yo antes no dejaba de leer hasta el final un libro, pero ahora ya no. A veces me apasiona menos leer nuevos libros y más releer libros antiguos. Un amigo me expresaba la angustia que le da llegar al final de un libro y quedarse sin lectura. Eso yo lo solucioné hace mucho. Tengo siempre en lectura al menos tres libros simultáneamente. Porque hay libros que los lees enseguida, otros que los dejas y otros que son de lectura muy lenta, como es el caso de los libros técnicos. Entonces el de largo aliento es mi compañía, que leo en velocidad crucero, mientras otros entran y salen por semanas.


Atraer a los jóvenes a la lectura

—Esta vez has formado parte de la programación de conferencias del Mercado de Industrias Culturales de la Argentina (MICA) con una conferencia acerca de “Cómo atraer nuevas audiencias para las bibliotecas”.

—A mí me sorprendió la convocatoria porque toda la dinámica del MICA está enfocada en las industrias. Y las bibliotecas no son industrias. Se habla en el MICA de audiencias, y nosotros no tenemos audiencias. La audiencia es la persona que se sienta y escucha o ve un espectáculo. Y en la biblioteca hay gente que va a interactuar. Las personas que encontramos en las bibliotecas son participantes de ese espacio. Vienen a trabajar, a estudiar, a participar de un taller.
Acerca de cómo atraer a los chicos a la lectura, no tengo recetas. Tenemos una deuda pendiente de muchos años con los programas escolares de formación de profesores, maestros, bibliotecarios; para que puedan ser buenos fomentores de la lectura. No solamente en literatura, sino en todas las asignaturas. El profesor tiene que saber cómo seducir.
En un congreso yo dije que me parecía muy bueno el Rincón del vago porque se acabó la posibilidad de los profesores de seguir haciendo siempre la misma pregunta, ya que los estudiantes se organizaron para pasarse los apuntes y trabajos. La idea original no es mía sino que se la robé a un maestro argentino, Eduardo Dayán. Dayán hacía a los chicos elegir entre muchos libros y tenían que presentar un trabajo que vinculara ese libro que el chico eligió con una obra de teatro de la cartelera, o una exposición. Una experiencia y un libro. Él encontró la herramienta para hacerlos leer e ir a ver.
Nosotros tenemos que ser capaces de fomentar la lectura desde los libros de los videojuegos, desde los libros de sagas, desde los comics. Hay capas distintas para abordar a los chicos. Y no es que quiera que lean libros porque sí, sino porque creo que la lectura es la herramienta que nos permite entender.
Yo sostengo que la lectura debe ser funcional. Hay quien se ofende y cree que la lectura de un poema o una novela es más importante que cualquier otra lectura. Pero hay gente que no le gusta leer poesía y sí lee mucho de historia o de sociología. Y hay lecturas que tienen que ver con temas productivos: recetas de cocina, de arte. A mucha gente le gusta lo otro, lo que no es ficción.
El libro más prestado es siempre de literatura, y el primer lugar suele ser para Isabel Allende, o Paulo Coelho o Bárbara Woods. Siempre en los primeros diez puestos se encuentran libros literarios. Pero en las bibliotecas que tienen un acervo equilibrado entre colecciones de ficción y no ficción, la no ficción como conjunto gana por paliza.
Cuando surgen los planes de alfabetización a mediados del siglo XX en Chile la prioridad no era que lean a Neruda o Gabriela Mistral. Se llevaban a cabo para que los trabajadores pudieran pelear por sus derechos y no firmaran contratos terribles. Cuando tú lees eres más dueño de tu vida y puedes defender mejor tus derechos, que si no lees. Ese es el sentido de una política pública.
En África el fomento lector tiene como objetivo bajar la mortalidad infantil y mejorar el rendimiento escolar; sirve para que los agricultores tengan una mejora en la venta de sus artículos y el cuidado del suelo. En África se trabaja siempre con el concepto de “sirve para…”. No puedes leer si tienes necesidades básicas insatisfechas. Soy cada vez más político entorno a la lectura. Porque es una herramienta necesaria para poder vivir en un mundo que es bastante cruel a veces.

El niño, Gonzalo Oyarzún.
El niño, Gonzalo Oyarzún.


Acerca de Gonzalo Oyarzún

Oyarzún es actualmente responsable del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile y profesor en la Escuela de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Es presidente del Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas, Iberbibliotecas (), que tiene como objetivo crear una red de cooperación. Fue el director fundador de la Biblioteca de Santiago, en cuyo proyecto participó desde su gestación en su diseño, implementación y habilitación.

Para seguirlo en redes

Twitter: @gonzaloyarzun
Facebook: /gonzalo.oyarzun

 

 

 

La casa de Asterión

Borges en sexto grado y el milagro de leer desde el aula.

Por Cecilia Chiapetta. Maestra de 6° y 7° grado en la Escuela n° 21 del Distrito Escolar n° 11, Parque Avellaneda, Ciudad de Buenos Aires. Argentina

 

Según se dice, en la escuela pública cae de todo, cuando no es un promotor de gaseosas es un pedazo de cielorraso que se desprendió. Y una aprende a aprovechar oportunidades. Como la vez que llegaron los exámenes niveladores para sexto grado, exámenes de dudosas intenciones. Y adjuntos a los exámenes, una revista con el mito del Minotauro.

Después de leer instructivos para evaluar y corregir, bufar, argumentar y hacer lo que cree más digno y menos traidor, una toma –a su manera– la prueba bendita. Pero se queda pensando cómo seguir. Y ahí aparece la literatura.

Laberinto cretense anónimo (1550 a.c.)
Laberinto cretense anónimo (1550 a.c.)

Les anticipo a los alumnos que el cuento que vamos a leer puede parecer difícil, que no fue escrito para chicos. Tony dispara que entonces para qué. Respondo que cuando lo leamos lo descubrirá. Les pido que no interrumpan la lectura a cada rato con preguntas de vocabulario, que no necesitamos conocer todas las palabras que aparecerán en el texto. Que confíen.

Inicio la lectura. El clima es simplemente perfecto. Silencio y ojos moviéndose al compás de las palabras. “¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura?“. A cada párrafo, disfruto de leer en voz alta como no lo hacía hace rato. “Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta“. La vista clavada en el papel para la mayoría, una mano abierta palma arriba es lo que necesitan otros para verificar. Ellos sí que saben jugar con las palabras. Lo que no saben es que son mi público preferido.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal”. Las pistas más certeras hacen su entrada y Giuliana festeja, entrecerrando un puño y bajándolo, haber atrapado algo del significado del texto. Gabriel se sonríe, la evidencia confirma sus sospechas. “¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?“. Fausto levanta la mirada hacia mí, curioso; mientras Iván asiente, bajándola.

Se acerca el final que conozco bien y la respiración se me entrecorta. Planeo un ligero cambio en mi tono de voz cuando se produce el salto de narrador. “—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió“.

Cristian aplaude y otros lo siguen tímidamente. Les digo que sientan, que opinen, que digan lo que les viene a la mente ahora que han terminado de leer.

Giuli no aguanta quieta en su silla. Dice que ella vio un parecido con la historia del Minotauro. Lo notó sobre el final, aclara. A Kevin algo le recuerda la historia de La espada en la piedra, pero la espada nada más, dice. Gabriel aclara que el que cuenta la historia ES el Minotauro. Giovi, Nahuel, Diego, Mica empiezan a mirarse entre sí y buscan aprobación. Santi se sorprende cuando les digo que Asterión es uno de los nombres que se le da al monstruo mítico. Volvemos sobre el título: La casa de Asterión. ¡Habla sobre el laberinto!

Iván opina que, entonces, el número catorce que tanto menciona Asterión como el infinito podría ser la suma de los siete hombres y las siete doncellas que se nombraban en la versión del mito que leímos.

De pronto, nos detenemos en la tristeza del Minotauro. Marcamos en el texto frases como “Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa“. Nos sentimos tristes por él, acongojados: Asterión no tiene amigos. Asterión puede salir, pero tiene miedo. Asterión está solo aunque el laberinto no está cerrado. Asterión teme que todos lo rechacen. Porque es un monstruo, dice Tony. Como el cuento que íbamos a leer. Pero estos pibes me hacen animarme a leer a Jorge Luis Borges en sexto grado. Y, al final, con ellos, hasta el viejo parece amigable.

Maestro dei Cassoni-Minotauro
Theseus y el minotauro, Maestro dei Cassoni Campana, (1515), maestro anónimo.

 

Una lectora para armar

Entrevistada por Cultura LIJ, esta especialista cuenta cómo la construcción de sus bibliotecas ha devenido en la generación de ideas acerca de un quehacer nuevo.

Por Natalia Silberleib

CV: ‎Editora especializada en publicaciones de museos y de arte. Es Magister en Administración Cultural (Universidad de Buenos Aires), cuya tesis sobre catálogos de muestras temporarias de arte fue dirigida por la Dra. Diana B. Wechsler. Fue coordinadora de producción en la editorial Alfaguara, editora en el Ministerio de Educación, Unicef, Educ.ar, y Secretaría de Cultura de la Nación.

En primer grado yo no leía. Y no era como ahora que se entiende la educación en ciclos. Por lo que había preocupación. Tengo el recuerdo de ir en el auto, de pronto leer el cartel de un cine y que todos se sorprendieran. Fue de nada a todo, pasé de ser la que no leía a la que hacían pasar al frente para leer porque leía de corrido perfecto.

En segundo grado mi papá me regaló un libro Conejitos, conejitos. El segundo fue Un elefante ocupa mucho espacio, en su primera edición. Desde ese momento cada vez que me preguntaban qué quería que me regalaran yo respondía “un libro”. Ahorraba para comprarme libros.

Las bibliotecas

Soy la menor de cuatro hermanas, dentro de una familia de lectores. En la casa había libros hasta en los placares. En la medida en que iba leyendo y teniendo los míos propios, comencé a disputar espacio. Ya no me alcanzaba un estante. Y por supuesto, había problemas cuando una hermana se casaba: qué libros se llevaba a su casa nueva.

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Libro de artista.

De grande comencé a coleccionar libros de arte, lo que convierte las mudanzas en algo terrible porque con tres libros ya hacés una caja pesada.  Del proceso de acumulación no te das cuenta, ante los libros apilados comprás unos cubos. Luego otros cubos. Más libros y más cubos. Un día tenés una biblioteca de cubos.

Con el tiempo mi biblioteca comenzó a descomponerse: los libros que son para al lado de la cama, los que son para estudiar, los de literatura, los catálogos, los que son libros de arte. Y de acuerdo al momento de la vida, al trabajo en curso y a las necesidades de cada casa se reorganizan. También tengo una pequeña zona museo, de libros especiales que están expuestos. Pasa de ser la biblioteca a ser las bibliotecas en plural, completamente vivas y activas.

La función de la biblioteca

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Natalia Silberleib

La pregunta de mucha gente que no lee al entrar a casa es “¿leíste todos estos libros?”. No tengo ningún problema en admitir que no. Muchos de los libros que tengo no los leí, no solo porque me sirve coleccionarlos, porque adoro tenerlos, sino porque son para otro momento. Hay algo intuitivo en cada elección y con lo que nunca me equivoqué. En algún momento van a ser necesarios.

Mi biblioteca especializada en arte y libro de artista se ha ido armando en parte intencionalmente −libros que busqué− y en parte azarosamente, gracias a amigos y conocidos que sabían de mi pasión y me regalaban libros y catálogos. El taller que dicto actualmente de libro de artista, Un libro es un libro, puso mis bibliotecas completamente en valor.  Era una cuestión de tiempo.

 

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Diálogos en el depósito de Eudeba

Hoy les recomendamos un canal de Youtube, el de Eudeba; un programa que han lanzado para este canal, Diálogos en el depósito; un capítulo de literatura infantil y juvenil donde dialogan Graciela Melgarejo y María Teresa Andruetto.

Hoy les recomendamos un canal de Youtube, el de Eudeba; un programa que han lanzado para este canal, Diálogos en el depósito; un capítulo de literatura infantil y juvenil donde dialogan Graciela Melgarejo y María Teresa Andruetto.

 

María Teresa Andruetto
En el año 2012 esta autora cordobesa recibió el premio Hans Christian Andersen, otorgado por IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil). La construcción de la identidad individual y social, las secuelas de la dictadura en su país y el universo femenino son algunos de los ejes de su obra.
Recomendamos seguir su blog: http://narradorasargentinas.blogspot.com.ar/
Desde aquí se puede acceder a su discurso de aceptación del Andersen.

Graciela Melgarejo
Profesora en Letras y periodista. Trabajó en el diario La Nación por más de 37 años y actualmente es editora general de NOTICIAS POSITIVAS N+.
El canal de Youtube de Noticias Positivas.
Y su espacio personal en Twitter: @gramelgar

Eudeba
La editorial de la Universidad de Buenos Aires mantiene hoy el sello distinguible de su primer director, Boris Spivacov, quien tenía como premisa hacer más libros para más lectores. Desde su rol en la tarea de extender el universo lector, Eudeba ha innovado en el lanzamiento del lector Boris de libros electrónicos y ahora en la generación de contenidos exclusivos para internet.

Perlas cultivadas que cultivan lectores

collar 14 otra wPor Mónica Rodríguez

Como joyas dentro de una obra que las cobija, muchos libros de texto guardan el brillo de grandes autores clásicos.

 

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