Derecho y libertad

Si pudiéramos refundar las bases del acuerdo social, ¿sobre qué acuerdo construiríamos el futuro? Desde 1789, cuando se publicó en Francia la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano, no hay posibilidad de desentenderse: la libertad del otro es nuestra responsabilidad.

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Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Si pudiéramos refundar las bases del acuerdo social, ¿sobre qué acuerdo construiríamos el futuro? Desde 1789, cuando se publicó en Francia la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano, no hay posibilidad de desentenderse: la libertad del otro es nuestra responsabilidad.

 

“Artículo I. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.(…)

Artículo IV. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el disfrute de los mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.”

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

Los estados modernos tienen en sus bases el espíritu de la Ilustración; se establecieron como estados independientes de las doctrinas religiosas, centrados en los hombres y en torno a un consenso de reglas a las que sus habitantes se sometían. De esta forma, el juego democrático pone foco en una cantidad de derechos y obligaciones detallados en la constitución de una nación.

En el caso de Francia, la Revolución propone una república basada en cuatro derechos básicos: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

El individuo y la sociedad

CLD2017-julio-editorial-1En su primer artículo, la Declaración de los derechos del hombre sostiene que todos los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. El único límite a esa libertad está impuesto por la libertad de los demás. Así aparece expresado en el artículo cuatro: “La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás”.

El límite al derecho individual reside en la existencia en sociedad: somos con otros. Y esos otros tienen derecho a las mismas libertades que nosotros.

Derechos y garantías

Para que los ciudadanos puedan hacer uso de sus derechos, será necesario que el Estado genere las condiciones que garanticen esos derechos.

Cada derecho genera obligaciones: el derecho a elegir a los representantes genera la obligación de que el Estado dé conocimiento acerca de todos los candidatos y provea de espacios de votación en todos los rincones.

El derecho a la salud genera la necesidad de que el Estado garantice opciones para el acceso a medicamentos, tratamientos, información de prevención; así como que accione en prevención de epidemias (provisión de vacunas, medidas de erradicación de mosquitos, por ejemplo) y regule la producción de alimentos. Sin el accionar del Estado como regulador social, el derecho individual a la salud no tendría valor. El individuo vería en riesgo su salud si el entorno social está enfermo.

Utopías y realidades

La utopía de la Ilustración se vio reflejada en el espíritu liberal de las constituciones de las nacientes naciones americanas. Para comenzar a volver realidad esas declaraciones fue necesario un pueblo alfabetizado, y en pos de eso la educación primaria se volvió obligatoria. Con el mismo espíritu, la educación obligatoria se volvió laica, y dejó como opción familiar la formación espiritual.

El tiempo ha pasado y podemos releer en perspectiva la historia de estos dos siglos.

CLD2017-julio-editorial-3¿Cuál de aquellos derechos esenciales sería necesario profundizar hoy? ¿Este ideario aún nos representa? Si pudiéramos refundar las bases del acuerdo social, ¿sobre qué acuerdo construiríamos el futuro?

Sea cual fuera la respuesta a estas preguntas, la posibilidad de elegir debe ir acompañada de la responsabilidad de poner al alcance opciones e información suficientes. No hay posibilidad de desentenderse: la libertad del otro es nuestra responsabilidad.

Cuando el estado publica

La Biblioteca Nacional ha entendido que su intervención en garantizar la disponibilidad de obras y autores no podía quedar solo en la función de reservorio.

La Biblioteca Nacional ha entendido que su intervención en garantizar la disponibilidad de obras y autores no podía quedar solo en la función de reservorio.
¿Por qué una biblioteca publica? ¿Por qué su dirección ha sentido la necesidad de impulsar publicaciones tanto periódicas como libros y facsímiles? Dicen que a un editor se lo conoce por su catálogo, y si interrogamos el catálogo de publicaciones de la Biblioteca Nacional la respuesta a estas preguntas se materializa. La Biblioteca publica porque de algunas cosas solo puede ocuparse quien le incumbe la memoria cultural de los pueblos.

Primeros pasos

La Biblioteca Nacional sostiene desde hace bastante más de una década dos publicaciones periódicas: La Biblioteca, un semestral impreso con debates culturales profundos alineados alrededor de un eje por cada número. Y http://www.abanico.edu, una revista literario digital con seguidores en todo el mundo.

Ya en estos últimos años, la Biblioteca Nacional sorprendió recuperando la producción de las revistas culturales y literaria que fueron insignes en su época, como Contorno –dirigida por los hermanos Viñas– o Literal –mítica revista de los años setenta, dirigida por Germán García, Osvaldo Lamborghini y Luis Gusmán–.

También ha sido significativo el trabajo en recupero de la historia de la historieta en nuestro país, ya desde el cuidado en el acervo, como en la publicación de cuatro libros nacidos de la investigación de Judith Gociol Historietas Argentinas.

Y los chicos también

¿Entonces, qué debería publicar la Biblioteca Nacional para el público infantil? ¿Acaso la institución recibe a los pequeños, tiene un espacio específico? ¿Cómo se insertan los habitantes pequeños en esta línea de trabajo cultural?

Nuevamente será el catálogo el que hable. Quelonios es la colección de publicaciones pensadas para chicos de la Biblioteca Nacional. Los libros publicados hasta ahora tiene dos formatos: uno más grande, que incluye cuentos de autores argentinos, otro más pequeño donde se incorporan al mapa de la cultura de la infancia al menos un autor por cada país de Latinoamérica. Esta última propuesta tiene un lado muy interesante, ya que han elegido para hablar de Brasil a Clarice Lispector y para hablar de México a Elena Poniatovska, dos autoras que no son conocidas por sus libros infantiles claramente, pero que introducen de lleno al centro de la cultura de esos países. Por supuesto, como corresponde a la política lingüística liderada por el Museo de la Lengua, dependiente de la Biblioteca Nacional, los cuentos de autores argentinos hablan en argentino, los cuentos de los autores de cada país latinoamericano hablan en su versión local. No se allana ni –en términos mafaldiano- se pavimenta la lengua, sino que permanece con su grumosidad distintiva. Al fin y al cabo, en esos grumos se asienta la identidad de un pueblo.

Los libros circulan tímidamente por librerías, y se los puede solicitar en la distribuidora www.la-periferica.com.ar