Dobles misterios y una esquina

Dos Huidobros puros en esta #EscenaLectora de Daniela Azulay.

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Por Daniela Azulay

escenaslectoras mellizas huidobro

Las conozco desde la panza. Ellas son Emilia y Morena. Me inspiran cada vez que las veo, que las escucho. Son mellizas. Converso con ellas sobre libros, cuentos, canciones e historias desde siempre. Además, soy su fotógrafa oficial, aunque esta vez no.

Emi se fascinaba con mis abanicos. En realidad, ambas, pero Emi siempre se lo quería quedar y efectuaba los más inverosímiles argumentos para lograrlo, primero en media lengua y luego en lengua entera, si es que eso existe.

Ni hablar que soy experta en mellizos leyendo. Llevó casi 17 años mirando a los míos.

Con Emi, More y su mamá pasamos las vacaciones juntas varios años. Este no. Pero por wasap recibo la escena que hoy nos ocupa.


More lee El misterio del mayordomo. Al instante de ver la foto pienso en los primeros párrafos de este libro y el disfrute que he visto causar en los lectores y lectoras que me tocó acompañar:

El deporte favorito de mi familia es saquemos a Tomás del medio. Tomás soy yo. Mi familia son papá, mamá, dos hermanas mayores, mi abuela y mi tía. A mis hermanas nadie las saca del medio porque, además de mayores, son tranquilas, estudiosas, trabajadoras, educadas, súper inteligentes, ordenadas y respetuosas. Vivimos en Lanús, en una casa grande, dividida en dos partes por un patio y un jardín. En la parte de adelante, que es la más chica, viven mi abuela y mi tía. Mi abuela es la madre de mi mamá y de mi tía. Y en la de atrás vivimos mi mamá, mi papá, mis hermanas y yo, que vendría a ser la pelota en este deporte tan particular. Siempre soy el que molesta; esa es mi función. Es más, si no molesto, me siento mal; me da un miedo terrible parecerme a mis hermanas, tan juiciosas, las pobres”.

Emi lee El misterio de la casa verde. Ya le quiero contar que la casa verde está en Parque Chas, donde vivo. Silvina me dice que ya se lo contó.

“Toto es carpintero y vive a la vuelta de mi casa. Yo voy todos los días a la carpintería porque me gusta ayudarlo. Él me dice que no me preocupe, que me quede tranquilo que solo se arregla bien, pero yo sé que me necesita porque tiene mucho trabajo”.

Y yo recuerdo ese momento en el que Tomás acompaña a Toto a Parque Chas porque tiene que ir a entregar un pedido a la casa verde… esa repleta de enredaderas… entre otras cosas.

Pienso en Norma Huidobro y su maestría para generar misterios y ubicarlos en lugares que es posible recorrer con sus lectores. Y en su talento para tejer tramas como estas, que sostienen a estas bellezas en estado de lectura, queriendo socorrer a Tomás para que nadie lo saque del medio.

Lecturas (y lectores) imperecederos

Lecturas para siempre.
#EscenasLectoras que se las traen.

Por Daniela Azulay

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Una de las cosas maravillosas que tiene ser coleccionista es que la gente, cada vez que encuentra lo que coleccionás, lo separa para ti. A mí, por ejemplo, la gente me envía #EscenasLectoras. También tornillos o cosas de metal encontradas en la calle, pero esa es otra historia.

En enero de este año fui etiquetada por Lucía Molina y Vedia en un retuit que comparto ahora, al filo de este año que se termina. Quería que viera lo que se había encontrado.

Este señor leyendo Patoruzito es lo mejor que me va a suceder en el día”.

El tuit original lo firma Matías Gontán, alias @finiyela ‏ en Twitter.

El señor de la escena en cuestión lee un antiguo cómic argentino, Patoruzito, en un colectivo de esos que parecen haber sido construidos por personas que no usan el transporte público: incómodos, con escalones y asientos demasiado altos, sin mucha baranda ni manijas accesibles para agarrarse. Pero incluso en ese escenario, este señor encontró su lugar para leer. El sol entra por la ventana con una luz divina, y Patoruzito lo acompaña.

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El primer nombre de este personaje fue Curugua-Curiguagüigua y nació como personaje secundario un 24 de agosto de 1927. Patoruzú/cito fue definido por su autor, Dante Quinterno, como el último indio tehuelche que vino de la Patagonia con sus monedas de oro a la gran ciudad. Hay muchas lecturas y relecturas sobre este personaje y su creador, que a lo largo de los años fue analizado desde distintas miradas.

Siempre me gusta ver a adultos leyendo historietas, libros ilustrados, libros álbum. Parafraseando a Istvansch, en esta cultura letrada en la cual vivimos, le damos más importancia al discurso de la letra que al de las imágenes, y a mí me gusta cuando la realidad me devuelve gente grande rebelándose a dejar de leer algunos géneros después de determinada edad.

Yo lo celebro… En el mapa de lectores y lectoras, así también es como se arma la red: con escenas que invitan a nuevas –o viejas– lecturas.

 

Para seguir leyendo:

Acerca del nacimiento de Paturuzú: Todo historietas

 

 

El viaje extraordinario. 800 leguas por el Amazonas

La lectura nos hace más reales, decía el ensayista Gabriel Zaid. En este caso, cómo se materializa delante de los ojos de la autora un personaje salido de una novela de Almudena Grandes.

Por Daniela Azulay, columnista de Cultura LIJ.

La lectura nos hace más reales, decía el ensayista Gabriel Zaid. En este caso, cómo se materializa delante de los ojos de la autora un personaje salido de una novela de Almudena Grandes.

La Jangada, por León Benett
La Jangada. Ilustrador: Léon Benett. Editorial Pierre-Jules Hetzel. Francia ,1881.

En estos días de calor dentro del invierno, una escena lectora del verano de 2017.  Un verano tremendo en Buenos Aires. El subterráneo de la Línea A camino a San Pedrito y el lector de Julio Verne. 800 leguas en la capital federal cruzadas  con el Amazonas. En esto de la ciudad y la jungla, no caigamos en el lugar común de preguntarnos cuál es la jungla, ¿o sí?

Es pleno febrero y aparece ante mi Julio Verne. Es un libro grande, cualquiera diría que no transportable. No es cualquier edición. Casi enciclopédica parece. Me cuesta leer el título pero lo logró. La Jangada, de Julio Verne.

No la leí. Recuerdo a mi  abuelo comentando esta novela, contándome sobre los cazadores de esclavos. Pero quiero saber más. La googleo y aparece: “Una familia viaja en un fabuloso vehículo, “La jangada”, por todo el río Amazonas. En el trayecto, el patriarca es amenazado por un hombre con descubrir su secreto si no le da a su hija en matrimonio. Lo único que podrá salvar a su hija y posteriormente su vida será un acertijo indescifrable.”

Entonces vuelvo a mirar al chico que viaja también en un fabuloso vehículo: el subte. Viaja y lee. No para de leer desde que salimos de la estación Plaza de Mayo.  Se acomoda, no quita la vista del libro. ¿Por dónde andará? En pleno siglo XXI este chico está allí, a bordo de la jangada…

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La Jangada. Ilustrador: Léon Benett. Editorial Pierre-Jules Hetzel. Francia ,1881.

Durante dos días, el piloto Araujo tuvo mucho quehacer. El lecho del río se ensanchaba poco a poco; pero las islas eran más numerosas y la corriente, sujeta por aquellos obstáculos, crecía también. Tuvo que tomar grandes precauciones para pasar entre las islas Caballococha, Tarapote y Cacao; hacer frecuentes paradas y muchas veces se vio obligado a aligerar la jangada, que amenazaba encallarse. Todo el mundo ponía entonces mano a la maniobra y en estas circunstancias, harto difíciles, fue cuando el 20 de junio, por la tarde, se tuvo conocimiento de Nuestra Señora de Loreto. Loreto es la última población peruana que se halla situada en la orilla izquierda del río, antes de llegar a la frontera de Brasil. Es algo más que una simple aldehuela formada de una veintena de casas agrupadas sobre un ribazo ligeramente quebrado, cuyas sinuosidades están formadas de tierra de ocre y arcilla.”

Pienso entonces en Almudena Grandes y su libro El lector de Julio Verne −la segunda novela de la serie Episodios de la guerra interminable−, con el protagonista, ese chico de once años, hijo de un guardia civil en plena guerra que intenta sobrevivir como puede, refugiado en las páginas de Verne.

Dos por uno en #EscenasLectoras

“Si lo que mira es apenas color que puede combinarse para ser una cara que pueda ser un gesto que puede transformarse en pájaro que puede ser el talismán que puede desencadenar una tormenta que puede arrasar con un bosque que puede reverdecer un día que puede llegar en cualquier momento. Que puede tomarlo de sorpresa imaginando algo que no esperaba ver… puede tomarlo de sorpresa imaginando algo que no esperaba ver.” Istvansch

#EscenasLectoras por Daniela Azulay


Sorpréndase

Si lo que mira es apenas color que puede combinarse para ser una cara que pueda ser un gesto que puede transformarse en pájaro que puede ser el talismán que puede desencadenar una tormenta que puede arrasar con un bosque que puede reverdecer un día que puede llegar en cualquier momento. Que puede tomarlo de sorpresa imaginando algo que no esperaba ver… puede tomarlo de sorpresa imaginando algo que no esperaba ver.

Y me sorprendo, leyendo Obvio −que nada tiene de obvio−. Y he visto leerlo muchas veces. Por ejemplo, estas dos.

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En Intiyaco, Laura Escudero Tobler lee Obvio totalmente
entregada y por primera vez, jugando el juego por el que ya habíamos pasado varios: leerlo y darle una devolución a su autor, que en el caso de esta lectora concentrada, está de espaldas, mirando lontananza.

#EscenaLectora-2

O el lector atento que no puede creer que un libro “para chicos” lo atrape y se ríe y comenta la lectura y se devora el libro entero con el café de después de comer. Mi padre es este lector, que fue el intermediario, ya que recibe los ejemplares de Obvio que el autor me deja en su casa, porque son medio vecinos. Yo aprovecho para almorzar con él. Y mientras yo como, él observa. Se sorprende con la dedicatoria, la mira una y otra vez, y necesita volver a mirarla para desentrañar qué parte está impresa y cuál no.

Podría seguir contando las escenas lectoras que Obvio me regala. Pero los caracteres son tiranos y elijo invitarlos a ustedes a que se sorprendan, entre delirio y poesía, con Obvio.

Porque yo me emocioné, me sorprendí, me divertí, me quedé detenida en el humor, la filosidad y la poesía de las palabras que, combinadas, invitan a detenernos, entramados entre texto e imagen, a girar el libro, a volver atrás a ver todo lo que pide esta segunda persona de cortesía, que te dice lo que tenés que hacer y lo que no, que dialoga con vos, que te tiene en sus manos.

Y sí, Obvio te tiene en sus manos, desde la tapa hasta la contratapa, en la que nos advierte:

“Debo decirle que en esta oportunidad la sorpresa y el imprevisto esperan a cada vuelta de página, así que lo más efectivo es que se libere de cualquier medio de transporte conocido y vaya de a pie, al ritmo de su propia y original lectura. Ya lo dijo el profeta Amulatías: ‘Lento no solo rima con atento, sino también con contento’. Obvio”.

Es de Istvansch. Obvio.

 

Leer al futuro

#EscenasLectoras
Por Daniela Azulay

escenaslectoras-2Regalos de fin de año: un libro, un vestido, un disco, una taza, una bombacha rosa y una #EscenaLectora.

Se terminaba 2014, y me dejaba de las más lindas escenas lectoras de mi colección. La foto de Isa leyéndole a la panza de su mamá, devenida en Gero meses después.

Gimena Farina fue de las primeras en mandarme escenas lectoras vía twitter. Cuando la recibí, automáticamente, recordé el libro Un lugar en el bosque, de Armando Quintero:

“Lobo abuelo cuenta cuentos. Cambia el cuerpo, las patas,  los aullidos…¡Cómo cambia y cuánto cambia en cada cuento! []

Lobo abuelo cuenta cuentos y hace que todos viajen al bosque donde todo es posible, hasta los gritos del silencio.”

Isa lee seria, íntima, apoyando el libro en la panza que la escucha.  Lee Lobo Rojo y Caperucita Feroz, de Elsa Bornemann, se lo regaló su tía, me cuenta la mamá cuando le escribo para preguntarle cuál es el libro que sale en escena.

Casi que la escucho:

“(…) El que más asustado estaba – desde que se había enterado que la Caperucita Feroz andaba recorriendo el bosque de lo más campante- era el lobito Rojo, un animal hermoso como nunca nadie viera. 

Sin saberlo, un lobo me trajo más lobos de Un lugar en el bosque:

“Muchachita del bosque

– Escucha-dijo Lobo Grande a Lobo Pequeño-. Y pon mucha atención.  Si por un sendero pasa una niña con una cesta y una caperuza de este color – le mostró unas guindas-, ni le hables. ¡Es un ser muy peligroso! Esa muchachita tuvo mucho que ver con el triste final de tu tatarabuelo.”

 

Bibliografía

  • Quintero, Armando. Un lugar en el bosque. Kalandraka, 2006.
  • Bornemann, Elsa. Lobo rojo y caperucita feroz. Buenos Aires, Alfaguara, 2012.