Pasos de recién llegado

Editorial Cultura LIJ digital 12
Autoras: Laura Demidovich y Valeria Sorìn

Ya lo dijo Luis Pescetti: “los niños son como inmigrantes en el tiempo”.
Pescetti ha usado más de una vez esta metáfora para ofrecer una idea de lo que es crecer en un mundo siempre nuevo. El niño es un recién llegado, un inmigrante en un país con otras costumbres, con leyes desconocidas, y por el que hay que ir con los ojos muy abiertos para poder enterarnos. Una tierra donde los adultos ya son ciudadanos competentes.
Así el niño, sostiene Pescetti, va construyendo una idea del mundo. Así avanzan sus teorías acerca del mismo, de lo que se puede, de lo que no, de quién se es y quién se debe ser.
Y ahí vamos llegando al tema que nos ocupa.

Soy lo que soy
Ferdinand Saussure decía que todo signo se determina por oposición con el resto de los signos del sistema al que pertenece. Hay quienes se opondrán diciendo que uno es lo que es, que toda definición de identidad se expresa en forma positiva, que el rojo es rojo.
Si compramos una caja de seis lápices de colores, tendremos el azul y el rojo, el verde, el negro, el naranja, el amarillo. Por la información disponible en esa caja, sabemos que el rojo es rojo, pero también sabemos que no es negro, ni verde, ni azul.
Ahora bien, el vendedor de la tienda nos muestra también una caja de treinta y seis lápices y las posibilidades de colores se amplían. Con seguridad habrá al menos un lápiz rojo y otro naranja como antes, pero también otro rosado, otro violeta, otro lila, otro salmón, otro bordó, y otro marrón. Es posible pensar que todos esos colores estaban en la primera caja reducidos a dos opciones. No solo los pétalos habrían sido rojos al pintar con la primera caja, también el tronco del àrbol, el techo de la casa, el mantel en la mesa. Pero ahora que tenemos a la vista la segunda caja, el rojo se vuelve más específico. Para colorear el arcoíris tomaremos decisiones más complejas y elaboradas.
La nueva caja nos ofrece una paleta ampliada, podremos ser más detallistas, afinar nuestros gustos y nuestra apreciación del entorno. ¿Qué lápiz elegiremos ahora para pintar nuestro jardín, las tejas, el vestido, las alas de la mariposa? Tal vez el rojo.

Soy mi lengua
Transcribimos un diálogo escuchado un día al azar, pero que pudo haber tenido lugar en la casa de cualquiera de nosotros.
“-¿Mamá esta película está traducida al español?
-Sí.
-¿Y en qué idioma se hizo primero?
-En inglés.
-¿Todas las películas se hacen en inglés?”

Como sostiene Pescetti, los chicos tienden a regularizar toda la información sobre el mundo que reciben: la forma en la que se componen las familias, lo que es justo, lo que es necesario saber.
En este sentido habría que pensar que la incultura no existe. No hay espacios vacíos de significado, la variedad ausente es regularizada por la oferta existente. Y en este mundo ambivalente, lo que conozco es bueno; lo que no conozco, el color ausente en la primera cajita, puede ser malo.

Soy el otro
¿Qué responsabilidad le cabría al vendedor de la tienda si a sabiendas de que existen dos opciones, una caja con seis y otra con treinta y seis lápices no nos ofreciera nunca la segunda? ¿Qué pasa cuando un intermediario decide por nosotros y solo pone a nuestra disposición productos muy masticados, pre digeridos, que no representan dificultad alguna, productos que son como un chicle usado, blandito y fácil de morder, pero sin sabor?
Tal vez en el área de la lectura no tengamos nada más que hacer que ofrecer como mediadores nuestra propia curiosidad. Más que claras listas de los libros o autores que son necesarios conocer antes de morir, más que versos a declarmar o memorizar, debamos ofrecer la duda insaciable, la búsqueda incesante, el ansia misma.
¿O hay otra senda por la que andar? ¿O acaso alguna vez dejamos de ser recién llegados?

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La cultura de la infancia

escuela 26 318Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Editorial

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La mesa redonda

Autoras: Laura Demidovich y Valeria Sorín

editorial 25 w Como tantas cosas, las normas de cortesía a la mesa siguen la tradición occidental. Así, comenzar una historia de nuestros modales es remontarse al Imperio romano y no a los incas o los toltecas.


Conductas medievales

Fue en la Edad Media cuando comenzaron a delinearse los protocolos de conducta en la mesa, y por supuesto esto ocurrió en las cortes.

Hay dos sistemas de presidencia en la mesa que son aún vigentes. En el francés, el anfitrión se sienta en el centro, como en el cuadro de la última cena de Miguel Ángel, donde Jesús se sentaba en el centro de una mesa alargada. Y delante de esta persona, la segunda persona anfitriona o el invitado de honor. Los invitados más importantes están alineados por orden de relevancia hacia ambos costados. Así la principal conversación es la que se da en el centro.

En el sistema inglés, anfitrión e invitado de honor se sientan en cada cabecera de la mesa, por lo que no se podía dar la conversación entre ellos. Son dos las cabeceras y son dos las conversaciones principales. Este ordenamiento tiene la ventaja adicional de remarcar menos las jerarquías.
El mito dentro del mito

Si bien el registro de historias orales acerca del rey Arturo es anterior, la idea de la mesa redonda a la que se sentaba con sus mejores guerreros aparece por primera vez en el Merlín de Robert de Boron. Según estos relatos, la Mesa Redonda fue creada por el rey de Inglaterra, Uther Pendragon, cuando Arturo sube al trono, recibe la mesa como un regalo de bodas.

La mesa redonda pretende que no hay ningún lugar privilegiado, ni una conversación por sobre otra.
La mesa redonda

Moderar una mesa redonda es administrar la palabra, y convengamos que la cultura no es otra cosa que una conversación… No; muchas conversaciones, sin centro, ni prioridades, que no tienen un comienzo definido y que no se clausuran.

En el ámbito cultural honramos la mesa redonda artúrica cada vez que una cantidad de especialistas, artistas, funcionarios, pensadores, se sientan a conversar sobre un tema. Las normas de cortesía aquí tienen que ver con no abusar del tiempo para hablar ni menospreciar personas, ni ideas vertidas.

Cultura LIJ se pretende como una permanente mesa redonda, donde cada quien se sienta para decir y escuchar. Una mesa que se agranda cada día, para no excluir miradas. De a ratos un debate se vuelve más candente, para descansar hasta la siguiente vez. Así hay una variedad de temáticas y posiciones que prevalecen en cada número.

Están todos invitados, pasen, tomen asiento. No hay más credenciales para participar más que la pasión por la lectura, por la literatura, por la cultura de la infancia.

¡Paren las rotativas! (Cultura LIJ actualiza)

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín 

 Al cierre de este número tuvimos que gritar igual que en las películas: ¡Paren las rotativas! La noticia se extendía por la web primero, por los mails después, por los diarios finalmente: Isol ganaba el premio Memorial Astrid Lindgren, que otorga el gobierno sueco a las personas o las organizaciones que extienden los límites de la lectura. Cargadas de actualidad, ALIJA adecuó su columna, cambiamos unas notas e hicimos lugar.

¡Paren las rotativas, otra vez!

Pocos días después la noticia triste fue la inundación. Otros hablarán de las vidas perdidas, nosotros tenemos un minuto para solidarizarnos con las bibliotecas que vieron sus acervos pasar por agua y sus estanterías quebrarse ante la fuerza de las corrientes. Las escuelas volvieron a ser refugio, pero de otro tipo. Y a los chicos de las ciudades afectadas les dolió la panza, de tanta angustia contenida.

Paren las rotativas, una vez más

Porque ahora la noticia es la solidaridad. Otros hablarán de los rescates, de la cantidad de donaciones recibidas, de los gestos por miles y miles multiplicados. Queremos tomarnos un minuto para visibilizar a todos los amantes de las bibliotecas que han partido a sus casas para llevar algunos ejemplares para rescatar y para secar adecuadamente.

Comunidad

Muchos de los afectados sienten vergüenza de pedir ayuda, de quejarse, de mostrar sus propias pérdidas. Al lado de quienes perdieron la vida, al lado de las casas devastadas, de las personas perdidas, todo parece poco.

Sin embargo, en medio de este siglo vivimos en comunidades paralelas. Podemos tener una familia de origen, ser vecinos de un barrio, parte de la LIJ, y pertenecer a un determinado grupo profesional. Somos parte de varias comunidades diferentes. Y cada una debiera tener sus espacios de comunicación y de apoyo, su forma de socorro, sus sostenes propios.

Desde una comunidad madura y fuerte como la de la LIJ argentina salen un Andersen (Andruetto, 2012), un Asahi (Abuelas cuentacuentos, Fund. Mempo Giardinelli, 2012), y un Memorial Astrid Lindgren (Isol, 2013). No se nace de la nada. No se crece sin raíces. No se da frutos si no hay quienes vayan a disfrutarlos.

Argentina tiene mucho que ofrecer al mundo en materia de literatura infantil y lectura.

Argentina tiene mucho que ofrecer al mundo en materia de lectura.

Los ojos del mundo empiezan a mirarnos, y este es también fruto de un trabajo de comunidades, de hombres y de mujeres buscando el bien colectivo: primero fueron los ilustradores viajando a Bologna, luego los editores que lograron que los libros argentinos fueran destacados por entidades como banco del Libro de Venezuela y la International Youth Library de Munich (Alemania). A todo esto se ha sumado el valor inmenso del trabajo de organizaciones como ALIJA, CEDILIJ o la misma Fundación Mempo Giardinelli, que exhiben al mundo la vitalidad de la LIJ local y la calidad de sus especialistas.

Todo se ha hecho en la Argentina en materia de lectura. Y se sigue haciendo a diario.

Desde estas páginas iniciaremos una campaña para apoyar a las bibliotecas afectadas. Pero esperamos que sea una campaña de todos. La de la comunidad de la LIJ.