Decir y existir

Terminamos con esta edición digital el octavo año de Cultura LIJ. Y se impone, como anunciamos, un cambio. Ahora nos tomamos un breve descanso, creativo y bullicioso. Nos reencontraremos en marzo, como todos los años, donde estrenaremos juntos una nueva forma de ser y estar en el mundo, por fin en el siglo XXI.

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Desocupado lector, sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. (…) Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de Don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte, casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres, pues ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado(…). Todo lo cual te exenta y hace libre de todo respecto y obligación, y así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres della.”

Así se dirigía Miguel de Cervantes Saavedra a su lector, en el prólogo a la primera parte de Don Quijote de la Mancha. En estas primeras palabras ya se puede ver un concepto moderno, no ya solo de la narración, o de los personajes, sino aun del lector. Tal vez sin conciencia de ello, Don Quijote -flaco, desgarbado, y delirante- y su autor hacían pasar definitivamente a la literatura del siglo XVI al XVII.

 

SUBTITULO: El tiempo de Cultura LIJ

Terminamos con esta edición digital el octavo año de Cultura LIJ. Y se impone, como anunciamos, un cambio. No queremos que otros escriban la continuación de esta historia -por acción u omisión-; por el contrario esperamos ser artífices de nuestras propias aventuras.

Hasta ahora, con aciertos y desaciertos, Cultura LIJ fue una revista del siglo XX. Y eso no significa nada malo; hay que decir que, en abril de 2009, cuando se publica por primera vez, todos sus lectores habían nacido, crecido y se habían formado antes del 2000.

El calendario engaña, ni los pueblos ni sus culturas atraviesan tras un brindis de año nuevo un cambio de siglo. Eso lleva al menos una década. Del XVIII al XIX, Latinoamérica entera saltó tras sus independencias: Colombia y Venezuela en 1810, Argentina en 1816, Chile en 1818, México y Perú en 1821, Brasil en 1822, por dar solo algunos ejemplos. Otro tanto ocurrió al traspasar del siglo XIX al XX, fueron necesarios un cometa (1910), una guerra mundial (1914) y una revolución comunista (1917) para llevar tanta gente a un nuevo tiempo.

Somos, ustedes y nosotros, migrantes del tiempo; atravesamos la frontera de Cronos una vez más, ahora como protagonistas de esa travesía.

Vivimos en red. Hablamos simultáneas conversaciones. Hemos llevado el calificativo “interactivo” a una nueva dimensión; lo que comenzó siendo la descripción de la práctica del lector/usuario que al llegar a un sitio web podía seleccionar información que le interesara y saltar entre notas, hoy significa tomar acción para hacer de ese contenido otorgado por un medio su propio diario, su propio texto, una pieza más en las interacciones con otros lectores/prosumidores en espacios de diálogos abiertos interminables.

Es la entera definición de unidad de lectura lo que se ha abandonado.

Entonces es hora de pegar el salto.

En Cultura LIJ, poco a poco hemos ido incursionando y abriendo nuevos recursos y soportes: las ediciones en pdf, el sitio, algunos audios, algunos videos, ediciones enriquecidas de mayor frecuencia de contacto. Pero siempre dentro del mismo paradigma.

Ahora nos tomamos un breve descanso, creativo y bullicioso. Nos reencontraremos en marzo, como todos los años, donde estrenaremos juntos una nueva forma de ser y estar en el mundo, por fin en el siglo XXI.

Feliz 2017.

 

Entre lenguas

Somos habitantes del siglo XXI. En este tiempo el mundo se escribe en plural: mundos, culturas, pueblos, lenguas, derechos, ideas. Pluralidad que necesita cuerpos y mentes elásticas, capaces de adaptarse a un contorno cambiante. Hay quien a esta habilidad la llama liquidez…

Editorial de Cultura LIJ #38 edición papel y # digital septiembre 2016.
Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

“¿En qué lengua se despierta el bilingüe?” pregunta Sylvia Molloy. Cuando no se está aún en el mundo, cuando apenas se arriba por la mañana, suena el teléfono: ¿qué lengua es el bilingüe antes de atender? Conflicto de quienes han sido transplantados de una tierra a otra, y aún más de los niños que hablan una lengua en casa y otra en el mundo tras la puerta de calle.

Por el contrario, “perder una lengua es quedarse deslenguado”, apunta Molloy. Y nos quedamos pensando la cantidad de migrantes, de refugiados y de indígenas que se quedan deslenguados, unos por tener que ingresar en una lengua nueva, otros porque los sistemas educativos y burocráticos de sus propios países no los incorporan.

x-wSoy XX y me expando.” Con tan breve micro relato, Isol define en su Abecedario hecho a mano lo que es la maternidad: ser mujer (XX) y expandirse.  Para leer ese breve texto no es solo necesario saber castellano, es necesario estar incorporado al lenguaje científico con el que el mundo moderno define los cromosomas que determinan el género. Los artistas crean lenguajes, multiplican las lenguas, se apropian de palabras, de gestos lingüísticos para conmovernos. Y así la ciencia se vuelve poesía, justamente por ser la forma de establecer un código entre autor y lector.

Ser XXI

Este año el congreso que organiza IBBY (International Board of Book for Young children) ha propuesto como eje pensar a la literatura desde la perspectiva de las multiliteraturas. En sus propias palabras: “celebra la multiplicidad de lenguajes, de lecturas y de literaturas presentes en el mundo hoy”. Entre los subtemas que se abracarán se encuentran: literatura global, local e indígena, y diversidad de formas literarias y formatos.

Somos habitantes del siglo XXI. En este tiempo el mundo se escribe en plural: mundos, culturas, pueblos, lenguas, derechos, ideas. Pluralidad que necesita cuerpos y mentes elásticas, capaces de adaptarse a un contorno cambiante. Hay quien a esta habilidad la llama liquidez.

Y si no todos somos bilingües, sí podemos afirmar que somos multilenguaje. ¿Nos extraña el éxito que ha tenido entre chicos y adultos el libro álbum? Es el género que mejor ha satisfecho el inquieto lector del XXI.

Quienes hemos nacido en el siglo pasado, quienes pertenecemos a una generación que trabaja contra su propia rigidez dogmática podríamos afirmar: “Soy XX y me expando”… soy del siglo veinte y me expando.

Que septiembre y octubre nos encuentren reflexionando, abiertos a repensar qué y cómo debe ser la literatura para niños cuando las historias ya no solo se experimentan desde las letras y las imágenes fijas. Que septiembre y octubre nos lleven a las bibliotecas donde todas las lenguas son bienvenidas. Que septiembre y octubre no clausuren ningún significado. Que sobreviva la búsqueda de sentido.

Feliz día maestros. Feliz día bibliotecarios. Feliz día para todos nosotros.

 

Lee toda la edición digital de septiembre 2016 de Cultura LIJ en:
https://culturalij.com/2016/baja-cultura-lij-septiembre-en-digital

Sostener la mirada

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Todo comenzó con la noticia de un encuentro que organizó la biblioteca Vasconselos, llamado Café para lectores sordos. El video fue posteado por Michèle Petit en su muro de Facebook y muestra al director de la biblioteca, Daniel Goldín, inaugurando una tertulia mientras se expresa en lenguaje de señas.

La Biblioteca Vasconselos cuenta una Sala de Lengua de Señas, orientada a la comunidad sorda y sus familias. Está atendida por bibliotecarios competentes en esta lengua, interlocutores amorosos y capaces de guiar a los consultantes por obras de distinto calibre: las que enseñan la lengua, las que tratan de la cultura sorda, o de las problemáticas específicas de esta comunidad. La biblioteca ofrece un curso de lengua de señas mexicanas, lo mismo que un ciclo de teatro en este lenguaje y uno de danza para sordos. No se trata de una inclusión fortuita, hay aquí una definición ideológica profunda.

México es uno de los países de nuestro continente que se ha enfrentado más fuertemente con el desafío de la multiculturalidad y el consecuente plurilingüismo. Este desafío está motivado en la gran cantidad de etnias que conviven allí. Se trata de sesenta y dos pueblos indígenas y sus correspondientes lenguas, todas ellas oficiales. Se trata de armar esquemas de educación bilingüe y multicultural.

Tal vez por ello, cuando se ha decidido cobijar a tantos, sea natural cobijar a uno más. La Lengua de Señas Mexicana (LSM) ha adquirido la misma categoría que el resto de las lenguas oficiales, reconociendo a una comunidad valiosa y con aportes culturales, estéticos, poéticos, para convidar.

Alrededor del 1,8% de la población de ese país, según los últimos censos, tiene algún tipo de discapacidad. Y de estos, el 12% son sordos. Estamos hablando de al menos 215000 personas hablantes de la LSM. No deberían ser olvidables.


El café compartido

Si de algo nos debe servir el conocimiento de esta experiencia es para distinguir entre una editorialAgosto-2verdadera y falsa inclusión. Incluir significa incorporar, ir a buscar al otro, y reservarle de allí en más siempre un sitio en la mesa. Lejos de los fastuosos eventos, el cotidiano contar con.

Una verdadera inclusión implica sumar al proceso de decisiones las consideraciones y aportes de todos los participantes, también de los recién incorporados. Es revisar el rumbo, cuando aun no se ha recorrido. Asegurarnos de que todos los que se sientan a esta mesa cultural están pudiendo disfrutar de los recursos disponibles y que estos los interpelan en forma adecuada.

No se trata de un evento único, sino por el contrario de incorporar al calendario de actividades habituales la programación destinada a un sujeto cultural relevante y en el tipo de modalidades que están disponibles para cualquier otro sector poblacional.

La gestión cultural, se realice desde el aula, desde la biblioteca, desde espacios privados o públicos, debe ejercerse mirando a los ojos de cada uno y sosteniendo esa mirada. Asumámosnos como tales, como hacedores de nuestra cultura, gestores de la igualdad.

 

Lo que dicen los objetos

¿Por qué la memoria ha resguardado con tanto esmero y detalle estas sensaciones? ¿Qué dicen esos objetos? ¿En qué lengua hablan?

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

silla madera 2

Extraño funcionamiento el de la memoria.

Las tecnologías de la información han hecho que todo el tiempo hablemos de memoria; la RAM, que nos permite sostener tareas paralelas o que requieren muchos recursos en simultáneo; la ROM que resguarda los documentos, las fotos, lo producido en el tiempo.

Las computadoras se han perfeccionado a la par de los estudios acerca de las redes neuronales. Las investigaciones han abierto un mundo de conocimiento que ha servido por igual a médicos como a tecnólogos.

Les proponemos un experimento. Cierren  los ojos y busquen los primeros recuerdos que tengan. Dejen a un lado las historias que les contaron, las imágenes complejas, los días importantes. Porque al lado de todo eso que parece tan claramente constitutivo de nuestra historia e identidad se encuentran otros recuerdos que valen por lo inexplicable.

Un aroma, un ruido, una textura. En mi caso, el ruido de los cubos de plástico con letras al caer en el piso cuando daba vuelta la bolsa para empezar a jugar. Puedo poner play y reproducirlo una y otra vez en mi cabeza. El olor de la silla bajita, de madera con asiento de paja, en la que me sentaba para ver televisión. O la textura de la frazada peluda, azul y sintética de mi cama. Objetos sin valor e invalorables.

¿Por qué la memoria ha resguardado con tanto esmero y detalle estas sensaciones? ¿Qué dicen esos objetos? ¿En qué lengua hablan?

Lo que queda

En la pantalla de la televisión se ve a un niño hablando en inglés. Es migrante y con su familia busca un destino que lo cobije en la vieja Europa. El niño dice que ellos quieren vivir en su tierra, pero la guerra los expulsa. La cámara luego abre el plano y se alcanzan a distinguir cientos de personas sentadas con algún que otro bolso. Son pocas las posesiones que arrastran de una tierra a otra. ¿Será solo el pragmatismo el criterio para seleccionar lo llevable?

Escuché por décadas a mi abuela hablar de un objeto de su niñez que había debido dejar en la aldea cuando con sus padres regresaron a Argentina expulsados de Galicia, por efecto de la guerra civil española. Era el resultado de una tarea escolar, cuando las manualidades formaban parte esencial de lo que se debía enseñar a las niñas.

Después del plan CEIBAL, el Sarmiento y el Conectar.Igualar, nadie duda que las computadoras deben formar parte de la educación de nuestros chicos.

Facebook, Twitter, Instagram se hallan repletos de publicaciones nostálgicas que buscan la complicidad de los cogeneracionales: fotos de un casete y una birome con el cartel “Si sabés para que se usa, poné Me gusta”; otra de un banco de escuela de madera con lugar para el tintero “¿Lo usaste?” pregunta el posteo.

Gestionar la cultura de la infancia tiene implicancias en la conformación de esa patria eterna y salvadora que es la niñez para el adulto. Y tiene implicancias en la conformación del lenguaje de los objetos, algo que la Chiqui  González explica con mucha altura.

Pasaje veloz

El consumo es hoy el centro de nuestra sociedad. Se habla de la necesidad de estimular el consumo interno para sanear la economía, del acceso al consumo de unos u otros bienes como un derecho por el cual bregar, o de máquinas con un tiempo de vida útil que promueve la actualización permanente.

¿Nos dará tiempo la moda para escuchar el lenguaje de cada prenda?

Hora es también de rescate de colecciones como la del Chiribitil o la de los Polidoro (originalmente Eudeba y Centro Editor de América Latina), con sus tipografías pesadas y su multicolor desparpajo propio de los sesenta. ¿Qué tienen para decir los viejos ejemplares a las generaciones nuevas? ¿Se incorporarán sin más a la velocidad del circuito de novedades?

Shhh, escuchen: murmura la pizarra, murmura el martillo, murmura la soga.

Shhh, murmuran ahora las teclas de la computadora.

Los valores y las ideologías

En un estado laico, la base que da sustento a las políticas no es la moral, sino la ideología. Y desde estas bases pensar la LIJ y la lectura.

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

editorial_cuatroTodo lo que encaramos en nuestra vida está regido por algunas concepciones previas en las que ponemos nuestra esperanza.

Valores inamovibles

Cada vez que pensamos en términos de valores estamos en el plano de lo moral. Sostenemos que hay un bien, buenas acciones, buenos pensamientos.

Nuestra moral está muy arraigada en la tradición judeocristiana, que sostiene un bien, un mal y la culpa de aquel que siendo bueno obra mal. O sea, la moral es una disciplina filosófica, pero también se convierte en práctica corriente. Porque a partir de una moral, una persona puede justificar sus acciones: porque cree en un bien y comparte esta noción con otros promueve determinadas acciones.

Cuando los estados son religiosos relegan sus ideas regentes a la moral de la fe. Judío, cristiano o musulmán, un estado religioso no deja espacio para la discusión: porque los valores que sostiene están basados en un bien que no se puede poner en tela de juicio, un bien acrítico.

Debates necesarios

En un estado laico, la base que da sustento a las políticas es de otra naturaleza. En principio, parece ser materia opinable, sin fundamentalismos que la aten. Y hay algo atractivo en el logro de un acuerdo social de base.

Se trata entonces del resultado de una construcción colectiva, entre todos. Levantamos una constitución y cada tanto le damos un aire nuevo, para seguirla adaptando a los tiempos modernos, para que no quede obsoleta. ¿Acaso la noción de bien cambia? Un poco sí, es para nuestra concepción moderna un concepto que evoluciona en el tiempo.

Acciones consecuentes

A ese acuerdo marco que define lo que se puede (derechos) y lo que se debe (deberes), le siguen definiciones acerca de los procedimientos de administración que logren que los primeros se garanticen y los segundos se cumplan. O sea que ese acuerdo de base luego necesita acciones que lo ejecuten.

Todo eso es un gran aparato ideológico.

La política es la ciencia de hacer posible lo necesario, dicen algunos diccionarios.

Necesario es un pueblo consciente de su situación histórica. Necesario son los ciudadanos capaces de ser críticos de su realidad. Necesario es transmitir la pasión (en oposición a la apatía) por transformar el mundo en que vivimos, por hacerlo más justo.

Mucho es lo necesario para cumplir con estas metas. Tener una consecuente política de lectura se vuelve imprescindible. Ahora bien, qué significa, cómo se traducen estas buenas intenciones en acciones que modelen la realidad acercándola a las metas iniciales, eso es materia bien discutible.

En el entorno actual poco sentido tiene hablar de valores, por sobre todo dentro de la literatura; y mucho plantearnos las bases ideológicas de las políticas de lectura.

Poder hacer

Los ámbitos en los que trabajamos críticos literarios y mediadores son diferentes. Podemos coincidir fácilmente en la proclamación de una literatura de calidad. Pero lo que no se puede permitir un mediador es desoír al lector. Y mucho menos al poco lector.

Autoras: Laura Demidovich y Valeria Sorín

“Menos mal que Harold Bloom no hace el plan de lectura”, concluye Luis Pescetti en su canción Yo leí a Harry Potter y me gustó. Por lo general la crítica literaria valora en forma diferente una obra que el mediador. Este, desde la trinchera, busca iniciar y dar continuidad a vínculos al menos lábiles con la lectura. Y si, cual anzuelo bien surtido, un título engancha al poco lector, podemos tirar de esa cuerda y sostener la caña firme.

La crítica literaria, como también recuerda Pescetti debe servir para enseñarnos a ver y valorar aspectos que se nos hubieran pasado de vista en una lectura no iniciada. De la mano de un crítico literario, producto de las academias de Letras, es bellísimo bajar hasta infierno del Dante y conversar con Virgilio. De la mano del crítico vemos un mundo que hubiera perdido profundidad, chato a los ojos no entrenados para esos descensos.

Por eso agradecemos que los críticos literarios existan.

Ignorancia letrada

Pero Harold Bloom alguna vez dijo que Harry Potter no es literatura. Y Pescetti creyó oportuno contestarle con su guitarra.

No se trata de discutir el valor literario de la obra de Rowling, sino de aplicar otra perspectiva a este asunto que parece no tener fin. Porque si Bloom puede cambiar nuestra apreciación de Shakespeare, tal vez los mismos lentes no sirvan para leer la clave de lo que Harry Potter, u otro texto, ofrece.

Los ámbitos en los que trabajamos unos y otros son diferentes. Y si son necesarios los críticos, son necesarios los bibliotecarios, son necesarios los preguntones (periodistas), son necesarios los Hamlet y los Dumbledore, las Ofelia y las Natacha.

Podemos coincidir fácilmente en la proclamación de una literatura de calidad. Y no habrá quiebre alguno. Buscamos y valoramos las apuestas innovadoras, los riesgos que autores, editores y mediadores se animan a correr en la formación de lectores críticos, no solo de los textos sino de su realidad misma.

Las bibliotecas de origen obrero que se reprodujeron durante el siglo XIX y principios del XX por toda Europa y América, buscaban despertar la conciencia de clase del trabajador alienado. Desde esta perspectiva, era lógico seguir un plan de lecturas estricto. Pero descubrieron pronto, y así consta en los registros que han quedado de sus bibliotecas, que además del Contrato Social de Rousseau o El Capital de Carl Marx, debían incorporar novelas, recetarios, libros informativos y demás atracciones. Porque lo que no se puede permitir un mediador es desoír al lector. Y mucho menos al poco lector.

Gente pequeña haciendo cosas de gigantes

Sostenía Galeano que “gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”. ¿Acaso no nos proponemos eso todos los días?

Cada cual aporta su saber y su acción en un mundo complejo. De la mano del mediador de lectura es hermoso recorrer la escalera en caracol que nos lleva a explorar otras dimensiones de los textos. Para que nos enseñen a ver y valorar aspectos que se nos hubieran pasado de vista en una lectura no iniciada. De la mano del mediador también vemos un mundo que hubiera perdido profundidad, chato a los ojos no entrenados para esas profundidades.