Lo que dicen los objetos

¿Por qué la memoria ha resguardado con tanto esmero y detalle estas sensaciones? ¿Qué dicen esos objetos? ¿En qué lengua hablan?

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Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

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Extraño funcionamiento el de la memoria.

Las tecnologías de la información han hecho que todo el tiempo hablemos de memoria; la RAM, que nos permite sostener tareas paralelas o que requieren muchos recursos en simultáneo; la ROM que resguarda los documentos, las fotos, lo producido en el tiempo.

Las computadoras se han perfeccionado a la par de los estudios acerca de las redes neuronales. Las investigaciones han abierto un mundo de conocimiento que ha servido por igual a médicos como a tecnólogos.

Les proponemos un experimento. Cierren  los ojos y busquen los primeros recuerdos que tengan. Dejen a un lado las historias que les contaron, las imágenes complejas, los días importantes. Porque al lado de todo eso que parece tan claramente constitutivo de nuestra historia e identidad se encuentran otros recuerdos que valen por lo inexplicable.

Un aroma, un ruido, una textura. En mi caso, el ruido de los cubos de plástico con letras al caer en el piso cuando daba vuelta la bolsa para empezar a jugar. Puedo poner play y reproducirlo una y otra vez en mi cabeza. El olor de la silla bajita, de madera con asiento de paja, en la que me sentaba para ver televisión. O la textura de la frazada peluda, azul y sintética de mi cama. Objetos sin valor e invalorables.

¿Por qué la memoria ha resguardado con tanto esmero y detalle estas sensaciones? ¿Qué dicen esos objetos? ¿En qué lengua hablan?

Lo que queda

En la pantalla de la televisión se ve a un niño hablando en inglés. Es migrante y con su familia busca un destino que lo cobije en la vieja Europa. El niño dice que ellos quieren vivir en su tierra, pero la guerra los expulsa. La cámara luego abre el plano y se alcanzan a distinguir cientos de personas sentadas con algún que otro bolso. Son pocas las posesiones que arrastran de una tierra a otra. ¿Será solo el pragmatismo el criterio para seleccionar lo llevable?

Escuché por décadas a mi abuela hablar de un objeto de su niñez que había debido dejar en la aldea cuando con sus padres regresaron a Argentina expulsados de Galicia, por efecto de la guerra civil española. Era el resultado de una tarea escolar, cuando las manualidades formaban parte esencial de lo que se debía enseñar a las niñas.

Después del plan CEIBAL, el Sarmiento y el Conectar.Igualar, nadie duda que las computadoras deben formar parte de la educación de nuestros chicos.

Facebook, Twitter, Instagram se hallan repletos de publicaciones nostálgicas que buscan la complicidad de los cogeneracionales: fotos de un casete y una birome con el cartel “Si sabés para que se usa, poné Me gusta”; otra de un banco de escuela de madera con lugar para el tintero “¿Lo usaste?” pregunta el posteo.

Gestionar la cultura de la infancia tiene implicancias en la conformación de esa patria eterna y salvadora que es la niñez para el adulto. Y tiene implicancias en la conformación del lenguaje de los objetos, algo que la Chiqui  González explica con mucha altura.

Pasaje veloz

El consumo es hoy el centro de nuestra sociedad. Se habla de la necesidad de estimular el consumo interno para sanear la economía, del acceso al consumo de unos u otros bienes como un derecho por el cual bregar, o de máquinas con un tiempo de vida útil que promueve la actualización permanente.

¿Nos dará tiempo la moda para escuchar el lenguaje de cada prenda?

Hora es también de rescate de colecciones como la del Chiribitil o la de los Polidoro (originalmente Eudeba y Centro Editor de América Latina), con sus tipografías pesadas y su multicolor desparpajo propio de los sesenta. ¿Qué tienen para decir los viejos ejemplares a las generaciones nuevas? ¿Se incorporarán sin más a la velocidad del circuito de novedades?

Shhh, escuchen: murmura la pizarra, murmura el martillo, murmura la soga.

Shhh, murmuran ahora las teclas de la computadora.

Cultura LIJ digital de Septiembre para descargar

Podés leerla on line.
Podés descargarla y leerla en tu compu, tablet o reader.
Es tuya.

CulturaLIJ-D21 TAPASumario
2 Editorial – Lo que dicen los objetos
Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

4 Escenas lectoras – Robar el tiempo
Por Daniela Azulay

6 Desde el aula – Viaje al futuro
Conversamos con Adriana Redondo, coordinadora del Plan de Lectura, acerca de la reedición de los cuentos del Polidoro por el Ministerio de Educación.

10 Agenda
Todo el Foro de la Fundación Mempo Giardinelli desde dentro.

13 Novedades

14 Geopolítica – La lectura en Perú
Gilda Chang habla acerca del trabajo que realizan desde la biblioteca infantil del distrito de Miraflores, en Lima, Perú.

18 Políticas – Alfabetizaciones múltiples
La especialista Chiqui González, actual ministra de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, habla acerca de alfabetizaciones múltiples en la infancia.

23 Novedades

24 Contexto – Crecer sin dibujar
Por Mey Clerici
El proyecto de Peueños grandes mundos llega a una aldea en la que sus habitantes no han dibujado antes.

27 De fondo – Cuando el estado publica
Conocé el fondo de publicaciones para chicos de la Biblioteca Nacional.

28 Espacio editorial

 

Los valores y las ideologías

En un estado laico, la base que da sustento a las políticas no es la moral, sino la ideología. Y desde estas bases pensar la LIJ y la lectura.

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

editorial_cuatroTodo lo que encaramos en nuestra vida está regido por algunas concepciones previas en las que ponemos nuestra esperanza.

Valores inamovibles

Cada vez que pensamos en términos de valores estamos en el plano de lo moral. Sostenemos que hay un bien, buenas acciones, buenos pensamientos.

Nuestra moral está muy arraigada en la tradición judeocristiana, que sostiene un bien, un mal y la culpa de aquel que siendo bueno obra mal. O sea, la moral es una disciplina filosófica, pero también se convierte en práctica corriente. Porque a partir de una moral, una persona puede justificar sus acciones: porque cree en un bien y comparte esta noción con otros promueve determinadas acciones.

Cuando los estados son religiosos relegan sus ideas regentes a la moral de la fe. Judío, cristiano o musulmán, un estado religioso no deja espacio para la discusión: porque los valores que sostiene están basados en un bien que no se puede poner en tela de juicio, un bien acrítico.

Debates necesarios

En un estado laico, la base que da sustento a las políticas es de otra naturaleza. En principio, parece ser materia opinable, sin fundamentalismos que la aten. Y hay algo atractivo en el logro de un acuerdo social de base.

Se trata entonces del resultado de una construcción colectiva, entre todos. Levantamos una constitución y cada tanto le damos un aire nuevo, para seguirla adaptando a los tiempos modernos, para que no quede obsoleta. ¿Acaso la noción de bien cambia? Un poco sí, es para nuestra concepción moderna un concepto que evoluciona en el tiempo.

Acciones consecuentes

A ese acuerdo marco que define lo que se puede (derechos) y lo que se debe (deberes), le siguen definiciones acerca de los procedimientos de administración que logren que los primeros se garanticen y los segundos se cumplan. O sea que ese acuerdo de base luego necesita acciones que lo ejecuten.

Todo eso es un gran aparato ideológico.

La política es la ciencia de hacer posible lo necesario, dicen algunos diccionarios.

Necesario es un pueblo consciente de su situación histórica. Necesario son los ciudadanos capaces de ser críticos de su realidad. Necesario es transmitir la pasión (en oposición a la apatía) por transformar el mundo en que vivimos, por hacerlo más justo.

Mucho es lo necesario para cumplir con estas metas. Tener una consecuente política de lectura se vuelve imprescindible. Ahora bien, qué significa, cómo se traducen estas buenas intenciones en acciones que modelen la realidad acercándola a las metas iniciales, eso es materia bien discutible.

En el entorno actual poco sentido tiene hablar de valores, por sobre todo dentro de la literatura; y mucho plantearnos las bases ideológicas de las políticas de lectura.

Poder hacer

Los ámbitos en los que trabajamos críticos literarios y mediadores son diferentes. Podemos coincidir fácilmente en la proclamación de una literatura de calidad. Pero lo que no se puede permitir un mediador es desoír al lector. Y mucho menos al poco lector.

Autoras: Laura Demidovich y Valeria Sorín

“Menos mal que Harold Bloom no hace el plan de lectura”, concluye Luis Pescetti en su canción Yo leí a Harry Potter y me gustó. Por lo general la crítica literaria valora en forma diferente una obra que el mediador. Este, desde la trinchera, busca iniciar y dar continuidad a vínculos al menos lábiles con la lectura. Y si, cual anzuelo bien surtido, un título engancha al poco lector, podemos tirar de esa cuerda y sostener la caña firme.

La crítica literaria, como también recuerda Pescetti debe servir para enseñarnos a ver y valorar aspectos que se nos hubieran pasado de vista en una lectura no iniciada. De la mano de un crítico literario, producto de las academias de Letras, es bellísimo bajar hasta infierno del Dante y conversar con Virgilio. De la mano del crítico vemos un mundo que hubiera perdido profundidad, chato a los ojos no entrenados para esos descensos.

Por eso agradecemos que los críticos literarios existan.

Ignorancia letrada

Pero Harold Bloom alguna vez dijo que Harry Potter no es literatura. Y Pescetti creyó oportuno contestarle con su guitarra.

No se trata de discutir el valor literario de la obra de Rowling, sino de aplicar otra perspectiva a este asunto que parece no tener fin. Porque si Bloom puede cambiar nuestra apreciación de Shakespeare, tal vez los mismos lentes no sirvan para leer la clave de lo que Harry Potter, u otro texto, ofrece.

Los ámbitos en los que trabajamos unos y otros son diferentes. Y si son necesarios los críticos, son necesarios los bibliotecarios, son necesarios los preguntones (periodistas), son necesarios los Hamlet y los Dumbledore, las Ofelia y las Natacha.

Podemos coincidir fácilmente en la proclamación de una literatura de calidad. Y no habrá quiebre alguno. Buscamos y valoramos las apuestas innovadoras, los riesgos que autores, editores y mediadores se animan a correr en la formación de lectores críticos, no solo de los textos sino de su realidad misma.

Las bibliotecas de origen obrero que se reprodujeron durante el siglo XIX y principios del XX por toda Europa y América, buscaban despertar la conciencia de clase del trabajador alienado. Desde esta perspectiva, era lógico seguir un plan de lecturas estricto. Pero descubrieron pronto, y así consta en los registros que han quedado de sus bibliotecas, que además del Contrato Social de Rousseau o El Capital de Carl Marx, debían incorporar novelas, recetarios, libros informativos y demás atracciones. Porque lo que no se puede permitir un mediador es desoír al lector. Y mucho menos al poco lector.

Gente pequeña haciendo cosas de gigantes

Sostenía Galeano que “gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”. ¿Acaso no nos proponemos eso todos los días?

Cada cual aporta su saber y su acción en un mundo complejo. De la mano del mediador de lectura es hermoso recorrer la escalera en caracol que nos lleva a explorar otras dimensiones de los textos. Para que nos enseñen a ver y valorar aspectos que se nos hubieran pasado de vista en una lectura no iniciada. De la mano del mediador también vemos un mundo que hubiera perdido profundidad, chato a los ojos no entrenados para esas profundidades.

Cultura LIJ Digital 14 – Bajala acá

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(Octubre 2014)

Y disfrutá de:

  • Editorial: A la diversidad cultural, ¡respeto!
    Por Laura Demidovich y Valeria Sorín
    Leer editorial on line acá.
  • Con lupa: Leer y convivir
    Por Daniela Azulay
    Reseña del libro La literatura como espacio de comunicación y convivencia
    Por Beatriz H. Robledo
  • Primeros brotes: El secreto de los sueños
    Por Coni Salgado
    Le damos la bienvenida a la LIJ a la ilustradora Carolina Pratto
  • 1 a 1: Autores y lectores: una cartografía abierta
    Por Daniela Azulay
    Una nueva jornada del CEDILIJ ofrece caminos para seguir pensando la LIJ.
  • Desde el aula: 1420, modelos de infancia
    Por Valeria Sorín
    A poco de cumplirse 130 años de la sanción de la Ley 1420 de Educación Común, nos propusimos pensar su modelo de infancia.
  • Narradores: Con palabra propia
    Por Maryta Berenger
    Conozcamos a la bahiense Maryta Berenger, quien narra y enseña a narrar con la misma pasión.
  • De fondo: Unaluna llena
    Por Diego Javier Rojas
  • Biografía Lectora: Las revistas como puerta
    Por María Pía López
    Una experiencia que prueba una vez más que todos son caminos válidos para la formación del lector cuando el ansia está presente.
  • Novedades

  • Espacio editorial: Ojoreja y Pehuen

  • Agenda

La tapa de este número la hizo Daniel Roldán, aplausos para él.

La mesa redonda

Autoras: Laura Demidovich y Valeria Sorín

editorial 25 w Como tantas cosas, las normas de cortesía a la mesa siguen la tradición occidental. Así, comenzar una historia de nuestros modales es remontarse al Imperio romano y no a los incas o los toltecas.


Conductas medievales

Fue en la Edad Media cuando comenzaron a delinearse los protocolos de conducta en la mesa, y por supuesto esto ocurrió en las cortes.

Hay dos sistemas de presidencia en la mesa que son aún vigentes. En el francés, el anfitrión se sienta en el centro, como en el cuadro de la última cena de Miguel Ángel, donde Jesús se sentaba en el centro de una mesa alargada. Y delante de esta persona, la segunda persona anfitriona o el invitado de honor. Los invitados más importantes están alineados por orden de relevancia hacia ambos costados. Así la principal conversación es la que se da en el centro.

En el sistema inglés, anfitrión e invitado de honor se sientan en cada cabecera de la mesa, por lo que no se podía dar la conversación entre ellos. Son dos las cabeceras y son dos las conversaciones principales. Este ordenamiento tiene la ventaja adicional de remarcar menos las jerarquías.
El mito dentro del mito

Si bien el registro de historias orales acerca del rey Arturo es anterior, la idea de la mesa redonda a la que se sentaba con sus mejores guerreros aparece por primera vez en el Merlín de Robert de Boron. Según estos relatos, la Mesa Redonda fue creada por el rey de Inglaterra, Uther Pendragon, cuando Arturo sube al trono, recibe la mesa como un regalo de bodas.

La mesa redonda pretende que no hay ningún lugar privilegiado, ni una conversación por sobre otra.
La mesa redonda

Moderar una mesa redonda es administrar la palabra, y convengamos que la cultura no es otra cosa que una conversación… No; muchas conversaciones, sin centro, ni prioridades, que no tienen un comienzo definido y que no se clausuran.

En el ámbito cultural honramos la mesa redonda artúrica cada vez que una cantidad de especialistas, artistas, funcionarios, pensadores, se sientan a conversar sobre un tema. Las normas de cortesía aquí tienen que ver con no abusar del tiempo para hablar ni menospreciar personas, ni ideas vertidas.

Cultura LIJ se pretende como una permanente mesa redonda, donde cada quien se sienta para decir y escuchar. Una mesa que se agranda cada día, para no excluir miradas. De a ratos un debate se vuelve más candente, para descansar hasta la siguiente vez. Así hay una variedad de temáticas y posiciones que prevalecen en cada número.

Están todos invitados, pasen, tomen asiento. No hay más credenciales para participar más que la pasión por la lectura, por la literatura, por la cultura de la infancia.