Diseñar juegos para plazas

El estudio El Galpón ha sido el responsable del diseño y construcción de los innovadores juegos en dos plazas públicas. Los dos arquitectos a cargo de estos proyectos cuentan cómo los pensaron.

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Desde una mirada despojada de ñoñez acerca de la infancia, desde el respeto por la creatividad, la sensibilidad y la inteligencia de los niños, también se piensan los proyectos arquitectónicos. Así el planteo urbanístico de una plaza alcanza vuelos insospechados.

@Cultura_LIJ se acercó a conversar con dos talentosos arquitectos, Max Zolkwer y Ramiro Gallardo acerca de los juegos que desarrollaron para el Parque de las ciencias, en Argentina.

El Parque de las Ciencias se ubica en el Polo Científico Tecnológico y es un espacio dependiente del Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina. Su objetivo no es sólo el esparcimiento, sino el acercamiento al conocimiento científico. A través de juegos científicos, chicos y grandes podrán conocer el mundo de la física, la matemática, la biología molecular o la química de forma simple y entretenida. Este espacio está orientado a las actividades de extensión, educación y divulgación científica.

Previamente, Zolkwer y Gallardo habían creado también los juegos para la Plaza Sonora del parque temático Tecnópolis (Villa Martelli, provincia de Buenos Aires, Argentina) dedicado a mostrar el desarrollo tecnológico del país, que en su primer año recibió 4,5 millones de visitantes. La plaza de juegos sonoros es una obra-instalación ideada por el músico y artista multimedial Gabriel Gendin a partir de la idea de realizar “juegos-instrumentos” intervenidos por dispositivos tecnológicos, el artista puso a disposición sonidos compuestos y generados por él para que el público pueda jugar y ejecutar interactivamente con los juegos de la plaza. Dichos dispositivos están instalados estratégicamente en cada juego de modo tal que el movimiento natural que se produce con el juego es capturado por los sensores, pudiendo así generar música jugando.

Tecnópolis – Plaza sonora


Diseñar para jugar

Los juegos del Parque de las Ciencias forman parte de un proyecto científico y cultural. Como complemento del museo, cumplen una función educativa sin por ello resignar su capacidad lúdica. Proponen desde la forma un vínculo con distintas ramas de la ciencia: biología, física, genética, química, etc. A la vez, están diseñados a partir de juegos tradicionales de plaza, de manera que cualquiera puede utilizarlos intuitivamente, sin necesidad de instrucciones. Moléculas/subibajas, glóbulos/hamacas, cadenas de ADN/spinners, un músculo/potro, un cromosoma/potro y una neurona/trepadora, se desparraman sobre una huella de hexágonos en sintonía con el resto del parque. Una serie de lupas en las que se puede observar cualquier objeto encontrado completan el proyecto.

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—¿Cuál fue la consigna inicial al pensar los juegos del Parque de las Ciencias?

Max Zolkwer—Esto es algo que me anoté después de una de las primeras reuniones con el comitente y que de alguna manera resume el espíritu con el que encaramos el trabajo: la forma y/o el funcionamiento de los juegos debía tener relación con distintas ramas de la ciencia. El diálogo con lo científico no podía producirse a través de una decoración añadida. Los diseños debían ser originales, proyectados especialmente para cada encargo.

Ramiro Gallardo—Diseñar un juego de plaza es un proyecto que, como cualquier otro, está plagado de requisitos de todo tipo: funcionales, tecnológicos, económicos, estéticos, del sitio, etc. Pero a diferencia de los trabajos que hacemos con mayor frecuencia, acá la libertad proyectual es mucha, y se ve reforzada porque nuestros diseños proponen un grado de indeterminación muy alto. No intentan establecer un diálogo desde íconos ya conocidos como la casita, el puente, la ventana. Tampoco desde una paleta de colores “infantiles”. Los niños especialmente, pero también los adultos, se apropian de lo que uno les ofrece, y nos interesa esa apropiación: no queremos que esté todo dicho antes de empezar.

-—Los juegos implican interacciones niño-niño y niño-adulto. ¿Cómo las tienen en cuenta?

MZ—La primera vez que hicimos juegos fue para el parque temático Tecnópolis en 2011. Ya en ese momento nos pareció que no hacía falta diferenciar edades. Los juegos eran juegos y debería gustarnos jugar tanto a los niños como a los grandes.

RG—No hay un a priori en este sentido: cuando diseñamos, experimentamos. Y esto implica dejarse llevar por el proceso de diseño. A veces lo que aparece es más para chicos, a veces más para grandes.


Diseñar, construir, jugar

Todo ha sido tenido en cuenta y planificado con enorme cuidado por este equipo. Por ejemplo, la paleta cromática utilizada está acotada al naranja y al gris para los juegos y el verde para el piso de goma se mimetiza con el césped del parque. Se buscó de esta manera reforzar la unidad de conjunto evitando el efecto de objetos sueltos en un espacio de muy grandes dimensiones. Los juegos se reconocen por la forma, el color y la escala.

Al tratarse de diseños pensados para este sitio y programa, el proceso de fabricación fue artesanal. Cada juego es su propio prototipo. Por ese motivo se trabajó principalmente en hierro, ya que además de ser un material muy adaptable requiere de poco mantenimiento. Los Glóbulos y las Moléculas presentan cáscaras exteriores de PRFV con pintura poliuretánica náutica. Asimismo, la Neurona incorpora redes y toboganes de pvc reforzado.


—¿Qué les gusta de las plazas?

RG—Nos gusta lo público, y de yapa, que los juegos estén en donde vivimos, en nuestra ciudad. También nos interesa la escala: más allá del tamaño de los juegos, los proyectos están ligados a su entorno, interactúan con el sitio, tienen escala urbana.

—Leí en el proyecto del Parque de las Ciencias que los juegos eran adaptaciones de otros ya existentes, por lo que su funcionamiento era instintivo. ¿Cómo fue la etapa de testeo?

MZ—Más que adaptaciones son interpretaciones nuevas de juegos que ya existen, como la trepadora, el tobogán, la hamaca, el subibaja, el tambor o el potro. Por eso decimos que el uso es instintivo, no requieren de instrucciones. De todas formas, la experiencia nos muestra que la gente les da usos nuevos, lo que nos lleva a realizar modificaciones para adaptarlos.

—El cliente es un adulto, el usuario un niño. ¿Cómo pesan estas visiones diferentes en el diseño y montaje de los juegos?

MZ—En estas dos plazas no hubo etapa de testeo. Los probamos nosotros en taller y también se hicieron modificaciones y arreglos después de la puesta en marcha. Nos encantaría poder hacer un proceso completo. No tener esa oportunidad nos lleva a tomar muchas precauciones en la etapa de diseño.
No tuvimos problemas de aprobación, es algo de lo que no nos encargamos nosotros. Hay unas normas de seguridad estándar, muy genéricas, que respetamos al diseñar.
Como decíamos antes, no nos preocupa mucho la diferencia adulto-niño al momento de diseñar.


Para seguirlos de cerca

Galpón Estudio es un espacio de trabajo múltiple que alberga distintas actividades: arquitectura, diseño gráfico, diseño industrial, artes plásticas, literatura. Está en un galpón de 2 plantas en el barrio de Chacarita, Buenos Aires, 170 m2 sin divisiones en los que se alojan los distintos estudios/prácticas. El espacio permite desarrollar trabajos con un grado de informalidad muy alto, experimentar, cruzar disciplinas. Nace en 2008 como iniciativa de los arquitectos Leo Ferretti, Ramiro Gallardo, Gustavo Nielsen y Max Zolkwer. En 2011 se sumó como asociado el diseñador gráfico Enrico Rovaletti.

Blog: http://galponestudio.blogspot.com.ar

Video realizado por José Miguel Mardones para la presentación de Gustavo Nielsen en DISEÑO HOY / FILBA, el 4 de mayo en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Equipo de trabajo en el proyecto del Parque de las Ciencias

Proyecto y dirección: Ramiro Gallardo y Max Zolkwer.
Diseño industrial: Estudio Euforia.
Verificación estructural: ingeniero Diego Vizzon.
Coordinación científica: Bernadette Saunier Rebori, Gabriel Díaz y Diego Golombek (Programa Nacional de Popularización de la Ciencia, Mincyt).

Coordinación general: Bruno Spairani.
Equipo de proyecto: Matías Gutierrez, Edoardo Corna, Leonardo Kppl, María Civale, Pilar Orlando, María Yarza, Javier De Paepe, Agustina Corti.
Construcción: Metalúrgica Fenosa (Neurona, Músculo, Cromosoma, ADN), Polo Creativo (Moléculas, Glóbulos), Estudio Euforia (lupas).
Ubicación: Parque de las Ciencias, Polo Científico Tecnológico. Buenos Aires. Espacio dependiente del Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.

Laura Varsky y el camino de la vocación

El mundo Varsky tiene su propia paleta de colores y de sonidos. Acá una puerta de acceso.

Por Valeria Sorín

El mundo Varsky tiene su propia paleta de colores y de sonidos. Acá una puerta de acceso.

 

Si a este artículo pudiera ponerle banda de sonido, sería “Je veux” de la cantante francesa Zas. Es el deseo, pero sobre todo es el desear ser/hacer permanente lo que caracteriza a una artista siempre cambiante, siempre inquieta, siempre en ebullición creativa.

Probemos otro comienzo para esta nota. Caminamos por el sitio web de Laura Varsky y leemos:

Varsky_quilombo encuadreEl movimiento del agua, unas rejas antiguas, mi gata durmiendo, cualquier gato jugando, la Bodoni, un hilo descosiéndose, las baldosas de una galería, un azaroso close up sobre un Van Gogh, la primera página de un libro viejo, un bosque en otoño, una mancha de tinta desafortunada…
Esas cosas que me motivan
“.

Y la banda de sonidos debería incluir el tema My favorite things, ya sea entonado por la novicia Julie Andrews o en la versión instrumental de John Coltrane.

 

Varsky_grammyApuntes para una biografía de Varsky

  • En su adolescencia decidió ser diseñadora gráfica para poder crear tapas de discos. Y lo hizo. Los premios Grammy y Gardel ganados por su arte dicen que lo hace muy bien.
  • Al desarrollo creativo de las carátulas escolares le puso estudio y creó dos tipografías (Lady Dodó y Lady René).
  • Unos años después de recibirse se topó con el mundo de la ilustración.
    Y se zambulló de lleno en él.
  • Sus libros suelen agotarse en el stand de la Feria del Libro de Buenos Aires que los exhiba.
  • Se casó con otro ilustrador, Christian Montenegro, y juntos tienen dos hijos.
  • Vive en el mismo barrio, en la misma casa donde creció. Y como tantos artistas, ha sabido trazar líneas imaginarias por las que salir de Ramos Mejía al mundo, sin necesidad de anclar en Buenos Aires.

 

Textuales sobre la vocación

De chica iba a contraturno a la Escuela de Estética, acá en Ramos. Y para mí era como un juego. Me acuerdo mucho de los ejercicios que nos hacían hacer. Tanto de dibujo como de escritura. Me encantaba escribir, más que dibujar”.

“Lo glorioso es poder hacer de eso algo de tu hacer cotidiano. Por ahí la entrada viene por otro lado. En mi casa no había mandato más que laburar, hacerte cargo de vos mismo, ser responsable”.

La identidad hecha trazos

–El diseñador siempre trabaja con otros. A usted se la ve todo el tiempo trabajando en equipo con otros profesionales.
–A mí lo que me gusta de diseñar es justamente lo interdisciplinario. Trabajar con ilustradores, con fotógrafos. Cuando comencé a trabajar como ilustradora, me faltaba eso. Por eso busco proyectos donde pueda darse lo asociativo. Me parece más enriquecedor.
Incluso los talleres que hago tienen que ver con esto de generar comunidad. Por eso también lo de La Noche de los Dibujantes me gustó: tener la oportunidad de conocer gente nueva. Este trabajo es tan individualista que es necesario vincularse. Te das cuenta de que las problemáticas que vos tenés son las mismas que tienen los otros. Si no, te volvés muy endogámico, corrés el riesgo de que quede encerrado en tu universo solo.

–La he oído decir que en el diseño hay una búsqueda de invisibilidad, mientras que la ilustración lo que se busca es el desarrollo de una impronta propia. Desde ese vaivén… creó dos tipografías a las que llamó Lady René y Lady Dodó, ¿por qué eligió esos nombres?
–A la primera le puse el nombre de mi gata, Lady René. La segunda la terminé porque le debía a mi otra gata su tipografía, Lady Dodó.

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–Ahora bien, imagino que un astrónomo desea ponerle su nombre al cometa que descubre, como Halley. ¿Por qué no ponerle a alguna de las tipografías Varsky?
–Ni se me cruzó. Por un lado, me parece muy complicado. Toda mi vida deletreando mi apellido y diciendo cómo se escribía. Pero la verdad es que ni se me cruzó. La tipografía fue un proyecto más para mí. No sabía si a alguien le podía llegar a interesar, si alguien la iba a comprar o usar.
Yo di muchos años clase de tipografía, por lo que cuando comencé a dibujar, lo primero que me salía eran letras. Y a partir de ese trabajo más tipográfico-ilustrado fue que salió su necesidad. En ese momento yo ya estaba ilustrando, muchos de los trabajos de ilustración me los ofrecían por mi desarrollo de letras.

–Miro la Lady René y miro sus ilustraciones, se nota que nacen del mismo tronco. ¿Desde qué mirada se trabaja la creación de una tipografía o una ilustración?
–Lo que yo hago no es lettering ni caligrafía, porque ambas disciplinas tienen un trazo muy dominado que yo no puedo hacer. No tengo esa exactitud, esa cosa perfecta. Y tanto en la ilustración como en las tipografías me apoyé un poco en eso.
La identidad aparece en diferentes lugares. Y uno de esos lugares es lo que no nos sale. Yo sé que no me sale dibujar realista, ni sostener una caligrafía perfecta.
Y termina en una búsqueda. En lugar de buscar perfeccionar el trazo desde lo técnico, busco apropiarme de esta imperfección como lenguaje. También surge de los referentes. Hay algo del art nouveau que tiene que ver con esa forma, con esas líneas, que tiene que ver con las ilustraciones y las tipos –volviendo a las tipografías, les puse el nombre de mis gatos porque esos trazos me recuerdan a sus colas–.
Y en un punto, ese rasgo es el que me diferencia de otros.

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Los colores de la vida

–En el proceso de la ilustración, ¿en qué momento incorpora el color?
–Bastante tarde. En realidad, pienso la ilustración en blanco y negro. La cierro en blanco y negro y después agrego el color digitalmente. Armo una paleta de colores muy acotada que tiene que ver con una fotografía o alguna cosa que me llama y voy pintando zonas.
Y tal vez después incorporo otro color o modifico algo. Pero es muy sistemático.
Me doy cuenta de que ilustro como una diseñadora. Cómo planteo los objetivos, cómo hago el desarrollo, cómo coloreo, cómo construyo, tiene algo del proceso del diseño.
A veces tengo una ilustración que después quiero aplicar en otra cosa, en otro formato y lo que hago es como hacerle un cambio cromático. En la misma ilustración en blanco y negro vuelvo a hacer ese trabajo del color. Es muy divertido cómo una misma composición va tomando otro carácter.

–¿Qué característica tienen esas paletas? Si es que hubiera un lazo común.
Una vez la hija de una amiga estaba cursando las materias introductorias de la carrera de diseño y para hablar de colores complementarios mostraron una ilustración mía como ejemplo. Recién cuando me lo comentó me di cuenta de que siempre trabajo con colores complementarios en las paletas.

–El sistema siempre presente.
–Participar de La Noche de los Dibujantes me costó bastante porque tenía que partir siempre de una hoja en blanco, que no es mi forma de hacer. Soy muy sistemática y de construcción. De repente venía alguien y te pedía “Quiero un gato”. Y yo necesito verlo, planificarlo. No soy dibujante. Soy diseñadora. No tengo esa facilidad que tiene aquel que se maneja con el dibujo como expresión, como primer lenguaje.

¿Qué quedó en su identidad gráfica de la abuela rusa?
Hay cosas que aparecen y desaparecen, y que son como influencias muy obvias.
Hace unos años desarmamos el departamento de mis abuelos. Y, en vez de llevarme cosas, lo que hice fue fotografiar: las muñecas, los echarpes. Porque además es material de trabajo. Con ese objetivo. Como fuentes de recursos y de inspiración.
Pero pasa como con toda la historia de uno, hay cosas de las que te das cuenta más fácilmente y otras de las que te das cuenta cuando las volvés a ver. Pero de mi abuela lo que más me quedó, más que gráficamente, es lo de ser una mujer que trabajó hasta los setenta y pico de años, que iba todos los días a trabajar. Que era abuela y era mamá, pero era sobre todo una trabajadora. Y de mi vieja, lo mismo.
Más que con algo gráfico tiene que ver con dedicarme a lo que me gusta y hacerlo sin excusas. Ahora, a pesar de tener hijos y todo, mi trabajo sigue estando en el mismo lugar. Solo aparecieron cosas nuevas.

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Lo mejor de ambos mundos

¿Es posible tener lo mejor de ambos mundos -digital y analógico? Ahora sí… Moleskine.

 

Por María Jaeschke

CV: Diseñadora gráfica. Redactora profesional (Instituto Superior de Letras Eduardo Mallea). Trabaja en Olmo Ediciones y en el Archivo General de la Nación.

 

–¿Quién prepara la minuta?

La pregunta flotaba en el aire mientras el resto miraba para otro lado. Todos habíamos tomado notas en la reunión de la revista, pero nadie quería hacer el fatigoso trabajo de pasarlas a digital y compartirlas por email. Debería existir la telepatía.

Dicen que si, en una clase de niños de 5 años, preguntamos: “¿Quiénes de ustedes dibujan?”, casi todos levantarían la mano; en un aula de 12 años, tres o cuatro, y, en una de 18, tendríamos suerte si uno lo hace. Esto relata el ilustrador español conocido como Puño en la conferencia MAD del 2011, uno de los eventos internacionales de diseño y creatividad más importante que se celebra en España.

También cuenta que cuando le preguntan cuándo empezó a dibujar, él responde: “¿Cuándo dejaste de dibujar?”, porque afirma que todos hemos dibujado de pequeños, pero que, de un momento a otro, lo dejamos de hacer. Lo cierto es que, a medida que crecemos, lo lúdico pasa a otro plano y el “músculo” de la creatividad comienza a atrofiarse.

Esto también sucede en la escritura. No es lo mismo estar sentados frente a una pantalla que escribir, tachar, borrar, volver a escribir, contar con la mística del papel al crear algo propio.

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La practicidad ante todo

A diferencia de lo que se pueda pensar, en el mercado de cuadernos de notas existen muchas variedades de marcas, tamaños, diseños y tipos de papeles. Una empresa italiana produce las libretas más famosas del mundo. Se dice que las primeras fueron utilizadas por artistas e intelectuales como Vincent Van Gogh, Pablo Picasso, Ernest Hemingway y Bruce Chatwin.

Se trata de un sencillo rectángulo con sus puntas redondeadas con un bolsillo en su interior. Todas traen un elástico que las mantiene cerradas. Su público es muy amplio, va desde estudiantes hasta hombres de negocios. Si bien existen miles de imitaciones, esta marca se ha convertido en un sustantivo común, en un sinónimo de libreta y, a la vez, en un fenómeno. Tiene millones de seguidores en todo el mundo que comparten en internet sus obras plasmadas en las páginas de estos objetos de culto.

Cuando compartir es la tarea diaria

Pero volvamos a la reunión de redacción y a la insistente pregunta de la directora: “¿Quién prepara la minuta?”. Tuvimos la reunión, repasamos mil cosas, y ahora para enfocarnos todos en el mismo sentido alguien tiene que pasar la minuta. Y ni un voluntario.

De una situación como esta debe haber nacido la idea, porque si tuviera una paper tablet yo ganaría puntos con la directora de la revista pasando la minuta. Pienso que con este artefacto podría releer el informe al salir de la reunión, retocarlo con las ideas frescas y enviarlo. Del mismo modo, con los dibujos que hago para ilustrar algunos libros. De esta forma me olvidaría de la tediosa e incómoda tarea de escanear y luego, de redibujar. Además al delinear se pierde el trazo original.

Se trata de una tableta hecha de papel que nos permite escribir a mano alzada y que, mediante una rápida coordinación con una tableta o un teléfono inteligente, copia el texto o dibujo digitalmente.

Tiene un tamaño similar a una tableta (21 por 13,5 cm), viene en negro o en rojo y cuenta con 176 páginas punteadas de 100 gramos de espesor. El kit cuesta alrededor de doscientos dólares y se compone de la tableta de papel y de un bolígrafo digital, especialmente diseñado para este fin. Su funcionamiento es simple y está regido por una aplicación: Moleskine Notes App (disponible para iOS y Android) que se descarga de forma gratuita de la red.

Fantasía cumplida

De este modo, así se cumple mi fantasía de la digitalización inmediata de imagen y texto. Incluso las notas escritas a mano se transcriben a letras mecanografiadas. Asimismo, tenemos la posibilidad de editar nuestros bocetos y compartirlos en las redes sociales. Aunque ya nos hemos acostumbrado al alcance que tiene internet, debemos aprovechar lo grandioso de vivir en la era 3.0, que se basa en la interacción.

Otra de las ventajas es que podemos enviar de forma sencilla nuestras notas por mail, solamente debemos pulsar el ícono del sobre que se encuentra en el borde superior de cada página y listo, se envía en formato PDF a quienes queramos. Lo increíble es que podemos escribir offline y luego, al conectarnos, se sincroniza y se actualiza el contenido de nuestra tableta.

–Deja, yo la preparo y la comparto esta noche, ¿está bien?

Ya la tendré.

 

Puesta en página

El buen diseño editorial es distinguido como elemento esencial para la comprender la lectura.

Por Carmen del Faro

El buen diseño editorial es distinguido en este artículo como elemento imprescindible para la comprensión de lo que leemos.

La legibilidad es la capacidad de un texto de ser leído. O sea que pone en relación cualidades del texto y del lector al que se dirige. Cuestiones del contexto de recepción de la lectura pueden incorporar ruidos en su comprensión.

El colectivo, por ejemplo, no es un lugar ideal para leer; el ruido, el movimiento, las personas que rodean al lector pueden interferir y hacer imposible seguir el hilo de la historia. Y sin embargo es habitual cruzarse lectores aprovechando sus viajes entre el trabajo y la casa para avanzar en la novela.

La salud del lector no es cuestión menor. Sobre todo, la ocular. El astigmatismo, o la presbicia cuando pasamos los cuarenta, nos vuelven lentes-dependientes, elementos imprescindibles para devolverle el foco a tanta imagen borrosa.

El buen diseño del documento −la mancha de texto, los márgenes, la tipografía seleccionada− ofrece un bienestar inconsciente al lector que puede ser muy propicio.

Todo editor sabe esto.

Entonces, ¿por qué han dejado a este lector urbano con un cuerpo 9 si había tanto espacio en la página?