La lectura aguas adentro

¿Cuál es la función de una biblioteca o de una escuela rural? ¿Cuál es la relación costo-beneficio que justifica sostenerlas? Estaríamos dados a creer que en este siglo marcado por la circulación de la información no sería necesario responder estas preguntas, pero la realidad lo exige.

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Por Valeria Sorín

¿Cuál es la función de una biblioteca o de una escuela rural? ¿Cuál es la relación costo-beneficio que justifica sostenerlas? Estaríamos dados a creer que en este siglo marcado por la circulación de la información no sería necesario responder estas preguntas, pero la realidad lo exige.

Venezuela - Bibliofalca y Bibliobongo
Venezuela – Bibliofalca y Bibliobongo

Se pueden definir como rurales todas aquellas áreas geográficas dedicadas a la producción primaria (agricultura, ganadería, pesca, minería, forestación) estructuradas y organizadas por pueblos y pequeñas ciudades con sus actividades de transformación y de servicios, donde existe un vínculo directo y próximo entre la población y la naturaleza, y donde se construyen relaciones interpersonales signadas por la proximidad y el conocimiento mutuo. Así lo define el investigador Marcelo Sili en su libro Atlas de la Argentina rural.

Es en ese contexto donde cada espacio de comunidad tiene un valor distintivo y produce dinámicas singulares de alta vitalidad que, con el tiempo, se vuelven imprescindibles. Una biblioteca, una escuela, una sala de primeros auxilios, un comedor, una tienda de ramos generales no son solo un lugar donde consultar, o donde educar, o donde curar, o donde alimentar, o donde surtirse; valen por las interacciones que promueven.

Claro queda que lo rural no puede identificarse solamente con el campo o la montaña. El rasgo de ruralidad es propio también de las islas y los archipiélagos con baja densidad de población, marcados diariamente por el rugir de la naturaleza, que quedan muchas veces aislados del ritmo del continente; cuando no olvidados por sus mismos gobernantes. Pocas, sí; dispersas, también; su poca relevancia económica suele postergar a estas poblaciones en la lista de prioridades.

 “Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.”
Antonio Machado

 

Gesta de bibliolanchas

En Venezuela, en 1986, surge la bibliolancha como un modelo de extensión de la Red de Bibliotecas Públicas. El objetivo era atender a las comunidades indígenas ribereñas de los ríos Sipapo y Orinoco, en la región amazónica. Posteriormente surgirán el Bibliobongo, elaborado a partir de la corteza del árbol palo de mure por los propios indígenas, y la bibliofalca, esta última desarrollada con el apoyo de UNICEF. Estas segundas versiones permitieron ampliar el radio de cobertura, ofrecer una sala de lectura en la misma embarcación, trasladar también actividades recreativas y culturales, y entregar cajas viajeras –recipientes de plástico como también bolsos impermeables que contienen libros y revistas– a las familias, además de contener una pequeña ludoteca, películas y hasta material deportivo.

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En Argentina, la biblioteca popular Genoveva fue fundada en 1958 por iniciativa de vecinos del arroyo Felicaria, en la zona de la segunda sección del Delta del Paraná, en la provincia de Buenos Aires, y gracias a la donación de una casa para tales fines. Los únicos espacios comunitarios en decenas de kilómetros cuadrados son la escuela y la biblioteca, son espacios de pertenencia que funcionan como referentes fuera del espacio de la casa de cada poblador. Desde hace diez años la biblioteca ha extendido su labor al equiparse con una bibliolancha que le permite recorrer el arroyo y zonas aledañas.

La biblioteca participa del festival de poesía que organiza la escuela del arroyo, por lo que convocan año a año a autores para que se acerquen y compartan con los chicos y con sus familias su actividad poética. Por allí pasó Adela Basch Ruth Kaufman.

CLD2018-marzo-bibProt-bibliolanchas-destacadaColombia, Argentina y Chile, como veremos a continuación, están gestando la primera red de bibliolanchas, lógicamente liderada por las propias bibliotecarias (Milena Guerrero Hidalgo, Marisa Negri y Teolinda Higueras). El objetivo para el 2018 es la publicación de un libro de leyendas fluviales y marítimas. Hay que poner en foco que, al internarse y recorrer poblaciones alejadas, los bibliotecarios se encuentran con una rica tradición oral que vale la pena recuperar. En el caso de Venezuela, la bibliolancha ha contando con un bibliotecario de la etnia piapoco, hablante de la lengua jivi.

Debemos comentar que existen, aunque pocos, algunos otros casos similares en el mundo. Por ejemplo, en Noruega  los municipios de Hordaland y Møre og Romsdal sostienen un barco destinado a biblioteca flotante para visitar las lagunas marinas y fiordos de la región llevando 400 ejemplares entre libros y audiolibros, y también espectáculos. Mientras está amarrado, sirve como biblioteca a la ciudad que visita: niños pequeños, adultos mayores y escuelas suben para disfrutar de sus servicios.

La bibliolancha de Quemchi

Las migraciones dejan estos poblados rurales habitados por niños y adultos con una sistemática ausencia de jóvenes debido a la debilidad de oportunidades de formación y progreso económico. Partir o quedarse es el debate que los atraviesa. Y para quienes han partido, el debate es por regresar o afincarse definitivamente en las superpobladas ciudades. La historia que sigue tiene como protagonista a una mujer que regresó enamorada de sus raíces.

Teolinda Higueras nació en Puerto Montt, pero vivió su infancia en el pueblo de Quemchi, de la isla de Chiloe, en el sur de Chile. A los doce años, partió a estudiar y vivir en un internado en Talca, a 926 kilómetros de su pueblo, la ciudad donde se había firmado un siglo antes la independencia de Chile. Cuando ya formada regresó a Quemchi, se enteró del inminente cierre de la biblioteca pública al haber finalizado el convenio entre la Municipalidad y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam). Luego de dar lucha para que se reabriera, quedó a su cargo, y lo que en primera instancia era una prueba de un año se extendió indefinidamente. Era 1978 y la libertad estaba presa de una dictadura feroz. Muchos jóvenes relegados se refugiaban diariamente en la biblioteca. Los problemas con las autoridades la llevaron a alejarse para regresar ya con otros vientos soplando.

 

Yo no conocía la ruralidad”, cuenta Teolinda, quien en 1995 propone iniciar recorridos semanales en lancha por el archipiélago para extender el alcance de la biblioteca. Al principio se embarcaba en la lancha sanitaria, que era capitaneada por uno de sus compañeros de escuela primaria, y junto a los agentes de salud recorrían durante una semana las poblaciones isleñas antes de regresar al pueblo. “Los maestros en aquel momento se reían de los libros que llevaba. Estaban muy deteriorados. Pero los mismos maestros me ayudaron a empastarlos y retaparlos”. Faltaban años para que al ganar un concurso internacional pudiera llegar una colección de libros impecables.

A la lancha fueron subiendo cuentacuentos y actores con los que montaban espectáculos culturales, los únicos a los que tenían acceso estos pobladores: “Éramos la gran visita del mes, la que todos esperaban.” Y cuando consiguió solventar un grupo electrógeno, llevó también una televisión donada por el escritor Francisco Coloane donde pasaban primero documentales y luego dibujos animados.

Al finalizar el primer año de gestión, Teolinda decidió premiar a los mejores lectores con una gira cultural por la ciudad capital de Santiago. En los años sucesivos se han podido llevar a cabo 12 de esas giras, lo que implica para muchos de los isleños el único viaje fuera de la isla que realizarán.

Años más tarde una periodista le preguntó “¿Qué desea a futuro?”, “Tener una lancha propia para la biblioteca”. La entrevista llegó a conocimiento de la directora de la Fundación Desafío Levantemos Chile y el sueño se hizo realidad.

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A Teolinda Higueras es posible imaginarla como un gigante, como una turba imparable, como la risa contagiosa. Difícil reconocer en esa breve figura y su voz cálida a la gestora de la primera bibliolancha de Chile. Gestar no es cuestión simple, aun quienes no se han formado para ello terminan enfrentando burocracias, celos políticos, dificultades arancelarias o normativas. El año pasado, Higueras fue corrida de su cargo en la biblioteca de Quemchi, y el convenio entre la Fundación y el gobierno local quedó sin efecto.

Ahora Teolinda Higueras organiza una asociación sin fines de lucro para recuperar la bibliolancha y seguir embarcada en llevar la lectura a lo más profundo de las poblaciones isleñas.

El habitante de las islas necesita del cariño y la compañía para sentir que es parte del país. Hay que agradecerles que sigan resistiendo el clima, el frío, que no quieran abandonar el territorio”.

 

A modo de temporaria conclusión

Todas las fuentes consultadas acuerdan que si bien en una instancia inicial el servicio de biblioteca no formaba parte de las necesidades expresadas por los pobladores, con el paso del tiempo, cada vez que los programas han tenido que enfrentar un traspié burocrático, son los pobladores, ahora convertidos en lectores, quienes defienden su presencia con fuerza y perseverancia haciendo valer sus voces. En todos los casos los proyectos no solo forman lectores, sino que logran un consecuente trabajo identitario, lo cual comprueba una vez más que el camino se hace al andar.

Para seguir leyendo:

  • Atlas de la Argentina rural, Marcelo Sili, Capital Intelectual.
  •  Acceso a los servicios bibliotecarios y de información en los pueblos indígenas de América Latina, por Milagro Medina de Silva. El artículo enfoca su atención en la problemática de los grupos minoritarios que no cuentan con acceso a los servicios básicos de una biblioteca, en este caso mediante algún tipo de embarcación.

#Fiestas – Pequeña historia de un desacuerdo

#Fiestas – Editorial Ekaré Sur propone un ejercicio cívico que busca llegar a acuerdos y soluciones propone Pequeña historia de un desacuerdo.

Pequeña historia de un desacuerdo. Ciudadanía para niños

Escritor: Claudio Fuentes S.
Ilustradora: Gabriela Lyon
Editorial: Ekaré Sur (Chile)
A partir de 8 años
ISBN: 9789568868642

Al volver de vacaciones, los alumnos de un liceo se enteran de que las autoridades han decidido cortar la araucaria del patio para construir un moderno edificio. La opinión de los estudiantes no se hace esperar: unos quieren conservar la araucaria, otros apoyan la idea porque quieren más innovación y desarrollo. Ambos grupos se organizan, se manifiestan y debaten sus argumentos. Una votación define el destino del proyecto… ¿qué grupo obtendrá la mayoría?

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“Los libros deben ser un artículo trivial”

Gonzalo Oyarzún conversó con @Cultura_LIJ sobre la necesidad de fomentar la lectura para asegurar el acceso de las personas a sus derechos.

Por Valeria Sorín.

 

Pocas horas de presentarse en el Mercado de Industrias Culturales de la Argentina (MICA) para hablar sobre cómo atraer a nuevas audiencias juveniles a la lectura, nos reunimos con Gonzalo Oyarzún en la biblioteca infantil del espacio municipal Casa de la lectura. Este reportaje tiene la misma forma de cualquier charla con Oyarzún, la conversación parece correr con facilidad, pero nada está dicho porque sí.


El lector se hace

—En Cultura LIJ hicimos una encuesta lectores acerca de su biografía lectora. Nos sorprendió encontrar que prácticamente todos los consultados por lo general se encontraban pensando que no tienen suficientes lecturas, que tienen aún hoy huecos en su formación, en una idea de lectura programática y ordenada.

—Yo tengo muy clara mi biografía lectora. Y en tanto gestor de políticas públicas a mí me genera una cierta contradicción. Yo soy lector porque mis padres eran lectores. Ellos nunca hicieron nada para que yo fuera lector, nada. Ahí estaban las paredes llenas de libros. Mi padre traía a casa siempre unas revistas increíbles.
O sí, hicieron mucho. Pero tal vez de la forma incorrecta. A la noche les gustaba leernos cuentos de Edgar Allan Poe que nos dejaban muertos de miedo. Pero el recuerdo de mi padre leyéndole a mi madre un cuento de Chejov y ella riéndose me marcó un montón.
No había libros para niños en mi casa, o muy pocos. Entonces yo leía a Neruda, a Chejov, a Edgar Allan Poe, a Kafka. Entonces tenía el trauma del choque con la lectura escolar. En la escuela primaria no me gustaba leer, no la entendía, me aburría. Sin embargo cuando entré en la educación media tuve muy buenos profesores de literatura.

—También a esa altura el canon escolar se hace eco de la literatura universal.

—Efectivamente. Leí muchas cosas que no había leído en casa, Shakespeare o el Quijote. Y me gustó mucho Cien años de soledad, aunque ya lo había leído en casa.  La dictadura tenía prohibido a García Márquez, pero en mi escuela sí se leyó.
Y esto me genera enormes contradicciones con los programas que nosotros hacemos. Porque organizamos cantidad de actividades y planes de fomento lector para mujeres, para niños, y sería mucho más fácil si los padres leyeran y tuvieran una estantería en el hogar con libros de lo que sea, de mecánica, de cocina, de autoayuda o lo que les guste.

—O que vayan habitualmente a las bibliotecas a retirar libros para sí.

—Eso pasa en los países nórdicos o anglosajones donde está instalada la costumbre de ir a la biblioteca. Acá no tenemos esa costumbre de uso de bibliotecas, por lo que hacemos cantidad de actividades para acercar a la gente.
Para un artículo que se llamaba “Cómo hacer de Chile un país lector”, yo decía que era necesario tener buenas bibliotecas. Y buenas librerías. El 95% de las ciudades de Chile no tienen librerías. Y los grandes lectores e incluso los mejores usuarios de bibliotecas son grandes compradores de libros. Ambos ámbitos deben ir juntos. Pero el triunfo estará asegurado el día que entremos con la lectura en la casa. Los mejores mediadores son los superhéroes del niño: los padres. Si papá y mamá hacen esto, yo lo voy a hacer igual porque ellos saben. Entonces las campañas no debemos dirigirlas a quienes queremos que lea, sino a quienes son los superhéroes de quienes queremos que lean.



De la inquietud por formar lectores

—En las ferias del libro regionales se puede notar cómo se mueven quienes no han tenido un contacto fluido con los libros. Es común ver que pasean entre los puestos personas que habitualmente no ingresan ni a bibliotecas, ni a librerías. La característica que delata a esos no lectores es que no se animan a tocar los libros. Los miran de lejos, hasta que se les propone que agarren el que los atraiga. Como si necesitaran un permiso.

—Si el libro es un objeto de valor, si es un artículo medio sagrado, te cuesta tocarlo. Otra es la situación si se lo concibe como un artículo trivial, que da lo mismo si se echa a perder o se raja. El libro es para leer, ¿para guardar, qué? Hay quienes somos unos fetichistas que gustamos de coleccionarlos y tenerlos. Pero esa no es la mejor imagen para el libro. Podríamos ser coleccionistas de estampillas. Lo único importante es que la gente lea.
Muy gráfico es ver a la gente en los medios de transporte en Japón.  Como ellos se transportan por grandes trayectos diariamente para ir a trabajar, es común ver a las personas leyendo libros muy baratos, de papel de mala calidad, que los leen en el viaje y luego los botan al llegar a su destino. Nosotros con nuestra pasión por los libros transmitimos una idea equivocada. Es más importante que el contacto sea fluido.

—Entre las cosas que habitualmente escuchamos de los poco lectores, es que un libro que se empieza de se debe terminar. Les pesan en la conciencia las lecturas pendientes.

—Yo antes no dejaba de leer hasta el final un libro, pero ahora ya no. A veces me apasiona menos leer nuevos libros y más releer libros antiguos. Un amigo me expresaba la angustia que le da llegar al final de un libro y quedarse sin lectura. Eso yo lo solucioné hace mucho. Tengo siempre en lectura al menos tres libros simultáneamente. Porque hay libros que los lees enseguida, otros que los dejas y otros que son de lectura muy lenta, como es el caso de los libros técnicos. Entonces el de largo aliento es mi compañía, que leo en velocidad crucero, mientras otros entran y salen por semanas.


Atraer a los jóvenes a la lectura

—Esta vez has formado parte de la programación de conferencias del Mercado de Industrias Culturales de la Argentina (MICA) con una conferencia acerca de “Cómo atraer nuevas audiencias para las bibliotecas”.

—A mí me sorprendió la convocatoria porque toda la dinámica del MICA está enfocada en las industrias. Y las bibliotecas no son industrias. Se habla en el MICA de audiencias, y nosotros no tenemos audiencias. La audiencia es la persona que se sienta y escucha o ve un espectáculo. Y en la biblioteca hay gente que va a interactuar. Las personas que encontramos en las bibliotecas son participantes de ese espacio. Vienen a trabajar, a estudiar, a participar de un taller.
Acerca de cómo atraer a los chicos a la lectura, no tengo recetas. Tenemos una deuda pendiente de muchos años con los programas escolares de formación de profesores, maestros, bibliotecarios; para que puedan ser buenos fomentores de la lectura. No solamente en literatura, sino en todas las asignaturas. El profesor tiene que saber cómo seducir.
En un congreso yo dije que me parecía muy bueno el Rincón del vago porque se acabó la posibilidad de los profesores de seguir haciendo siempre la misma pregunta, ya que los estudiantes se organizaron para pasarse los apuntes y trabajos. La idea original no es mía sino que se la robé a un maestro argentino, Eduardo Dayán. Dayán hacía a los chicos elegir entre muchos libros y tenían que presentar un trabajo que vinculara ese libro que el chico eligió con una obra de teatro de la cartelera, o una exposición. Una experiencia y un libro. Él encontró la herramienta para hacerlos leer e ir a ver.
Nosotros tenemos que ser capaces de fomentar la lectura desde los libros de los videojuegos, desde los libros de sagas, desde los comics. Hay capas distintas para abordar a los chicos. Y no es que quiera que lean libros porque sí, sino porque creo que la lectura es la herramienta que nos permite entender.
Yo sostengo que la lectura debe ser funcional. Hay quien se ofende y cree que la lectura de un poema o una novela es más importante que cualquier otra lectura. Pero hay gente que no le gusta leer poesía y sí lee mucho de historia o de sociología. Y hay lecturas que tienen que ver con temas productivos: recetas de cocina, de arte. A mucha gente le gusta lo otro, lo que no es ficción.
El libro más prestado es siempre de literatura, y el primer lugar suele ser para Isabel Allende, o Paulo Coelho o Bárbara Woods. Siempre en los primeros diez puestos se encuentran libros literarios. Pero en las bibliotecas que tienen un acervo equilibrado entre colecciones de ficción y no ficción, la no ficción como conjunto gana por paliza.
Cuando surgen los planes de alfabetización a mediados del siglo XX en Chile la prioridad no era que lean a Neruda o Gabriela Mistral. Se llevaban a cabo para que los trabajadores pudieran pelear por sus derechos y no firmaran contratos terribles. Cuando tú lees eres más dueño de tu vida y puedes defender mejor tus derechos, que si no lees. Ese es el sentido de una política pública.
En África el fomento lector tiene como objetivo bajar la mortalidad infantil y mejorar el rendimiento escolar; sirve para que los agricultores tengan una mejora en la venta de sus artículos y el cuidado del suelo. En África se trabaja siempre con el concepto de “sirve para…”. No puedes leer si tienes necesidades básicas insatisfechas. Soy cada vez más político entorno a la lectura. Porque es una herramienta necesaria para poder vivir en un mundo que es bastante cruel a veces.

El niño, Gonzalo Oyarzún.
El niño, Gonzalo Oyarzún.


Acerca de Gonzalo Oyarzún

Oyarzún es actualmente responsable del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile y profesor en la Escuela de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Es presidente del Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas, Iberbibliotecas (), que tiene como objetivo crear una red de cooperación. Fue el director fundador de la Biblioteca de Santiago, en cuyo proyecto participó desde su gestación en su diseño, implementación y habilitación.

Para seguirlo en redes

Twitter: @gonzaloyarzun
Facebook: /gonzalo.oyarzun

 

 

 

Escritor transfronterizo

Perfil exprés del escritor chileno Mauricio Paredes quien con sus libros traspasa fronteras.

Por Diego Javier Rojas

El chileno Mauricio Paredes ha conseguido con sus libros traspasar las fronteras. Hoy su obra circula por gran parte de Latinoamérica. 

 

Viajar a Chile es como abrir y cerrar los ojos. Llego a Santiago y de ahí al sur del país, a sus bosques lluviosos. En una cabaña me espera Mauricio Paredes para esta entrevista. Mauricio además de ser muy conocido en su país lo es también en Colombia, Perú, México por obras como Ay cuanto me quiero, Cómo domesticar a tus papás Los sueños mágicos de Bartolo. Este año se publicará su primera novela crossover (juvenil-adulto): Almas de la Tierra.

Con una amplia sonrisa, distendido y dispuesto a dialogar comenzamos la conversación.

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¿Cómo era Mauricio de niño?
Era un niño muy inquieto y de risa muy fácil. Una de las cosas que más me gusta en la vida, desde siempre, es aprender. Aprendí a leer muy pequeño, luego a tocar el piano, la guitarra, las ciencias y más tarde me encanté con la filosofía. No obstante, mi asignatura favorita en el colegio era recreo. Jugaba fútbol con mis amigos, hacíamos clubes y conversábamos sobre cualquier tema. Conversar siempre ha sido mi actividad favorita.

Aprendiendo a leer de tan pequeño ¿Cómo llegaron los libros a sus manos? ¿Dónde leía?
El amor por la lectura se lo debo a mis papás. En mi casa siempre hubo muchos libros, incluso en una época en donde no era tan fácil conseguirlos. Verlos a ellos leer fue el principal estímulo. La capacidad para leer en cualquier parte la desarrollé más grande, de niño me gustaba sentarme en invierno pegado a la estufa de kerosene o en lugares tranquilos y silenciosos. Recuerdo como libros importantes de mi infancia: La llamada de la selva, Mi planta de naranja lima, El niño que enloqueció de amor, Pacha Pulai y en particular cuando conocí, gracias a mis profesores de inglés, los libros de Roald Dahl. En ese momento fue que pensé ‘Yo quiero inventar historias como estas’.

También tiene el título de Ingeniero Electrónico.
Decidí ser ingeniero y escritor cuando tenía nueve años. Sé que es poco común, pero era un niño muy decidido. Y quería ser las dos cosas, no aceptaba la idea de dedicar mi vida a una sola rama del conocimiento. La tecnología me atrae por su lado creativo, lo mismo que la literatura. Cuando vea un juego de computación, más que querer jugarlo, quería saber cómo lo habían hecho. Por eso aprendí a programar computadores. La decisión de dedicarme de manera profesional y a tiempo completo a la escritura la tomé a los 28 años, en abril del año 2001.

La obra

La conversación continúa distendidamente mientras afuera la lluvia parece que acompañara la música del ambiente.  Mauricio me ofrece un café. Asegura que si estuviera en Argentina tomaría mate como lo hacía de pequeño, costumbre que compartía con su abuela que nació Argentina, pero que hoy no lo hace porque le trae mucha nostalgia.

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Hablemos de su primer libro publicado. ¿Que sintió al tenerlo en sus manos?
Mi primer libro lo publicó Santillana –hoy Loqueleo– en el año 2002, La cama mágica de Bartolo. Hasta el día de hoy me emociona y me parece increíble que los niños disfruten con algo que yo escribí con papel y lápiz, sentado en el comedor de mi casa. Me gusta que los escritores podamos pasar desapercibidos. A veces me pasa que me dicen ‘Te llamas Mauricio Paredes, igual que el escritor…’. En ocasiones les digo quién soy. Es muy gracioso, como Bruce Wayne revelando que es Batman.

¿Cuál de sus libros es su preferido y por qué?
Siento que si me muero mañana, al menos escribí Verónica la niña. Habla acerca de la amistad a toda prueba y la delgada línea entre la fantasía más intensa y la mentira. Ahora le tengo mucha fe a mi novela juvenil/adulto Almas de la Tierra. Pero debo esperar a que pase un tiempo para ser capaz de discernir si en verdad es buena. Mientras estoy escribiendo me importa un pepino lo que piensen los lectores. Cuando el libro está listo para publicarse sufro pensando en que lo que opinen los lectores será la verdad absoluta y el veredicto final. Recién cuando pasan un par de años puedo llegar a un juicio más objetivo sobre mi trabajo.

Usted es un ávido lector, pero en el transcurso del camino lector nos cruzamos con libros que merecen ser leídos y esos que luego nos decimos ‘como pudimos leer esto’. ¿Cuál es su lectura inconfesable?
Leo un poco basura para poder responder preguntas, porque la gente se acerca para recibir recomendaciones. Sé que es muy políticamente incorrecto dar una opinión frontal en los tiempos que corren, pero sufrí con El alquimista, Las 50 sombras de Grey y Crepúsculo. En todo caso, creo que cada cual es libre de leer lo que se le antoje. Lo de los placeres culpables no me pasa en el ámbito de la literatura, pero sí en el cine: gozo con Scary Movie o Resident Evil.

He observado en este tiempo que participa mucho de las redes sociales. ¿Cuál es la respuesta de los lectores por medio del Facebook?
Es una realimentación muy entretenida. Me imagino que a todos los autores les pasa más o menos lo mismo, pero me piden que escriba libros sobre temas específicos. Desde mamás que me sugieren que haga algo relacionado con la intolerancia al gluten o a la lactosa, hasta niños que me piden que escriba libros sobre ellos mismos. Como uno que me dijo que inventara un cuento en donde un niño con su nombre aprendía a explotar y amenazaba a sus padres con reventar la casa si no obedecían todo lo que él les dijera.

¡Vaya pedido te ha realizado un lector! ¿Y que sucede cuando esos encuentros son cara a cara con niños y docentes de los países que visitas?
Siento que es una responsabilidad importante como artista, una forma de contribuir de manera directa al bien social. Si mis libros son buenos van a trascender y generarán un beneficio mucho mayor en el largo plazo, pero las presentaciones de autor producen un impacto inmediato. He realizado más de mil encuentros en gran parte de Hispanoamérica y creo que el éxito de esas actividades tiene mucho que ver con que me muestro tal como soy y que el centro de cada charla o conferencia para docentes son propiamente los libros.

Hay muchos lectores que leerán esta entrevista, ¿Podría mencionar 5 libros que no pueden faltar en la biblioteca de un niño? Supongo que Roal Dahl en primer lugar.
Claro, Roal Dahl su obra completa, como así también la de C. S. Lewis, incluyendo las del espacio y también los ensayos. Oscar Wilde con títulos como El gigante egoísta, El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, Quino entero y Asterix  de la dupla Goscinny – Uderzo.

Al despedirme quedamos en la promesa que en su próxima visita a Argentina tomaremos mate e intercambiaremos libros para leer, porque la lectura tiene que atravesar fronteras.