Un elogio que no es cuento

Ángela Fernández elogia a Laura Devetach. Votá en las páginas de Facebook y Twitter de @Cultura_LIJ por el Mejor #Elogio. Retwit/Compartir vale x2

Por Ángela Fernández
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La conocí ese día cuando la seño me pidió que lea a los monigotes de arena. Hasta ahí, mi destino era ser mamá y dirigir una casa. Pero como buena ratita presumida descubrí mi mayor vanidad y leí como pez de oro.

Lombriz que va, lombriz que viene, seguí leyendo y la vida me llevó nuevamente a mi abuela. ¿Lo sabrá? La veo en mi sombra como picaflor rojo, con sus cositos a cuesta, me indica frases en lo que escribo, me sopla deseos que saca de una caja llena de.

Una vez me enseñó a cantar.

Eran tiempos de garbanzos peligrosos, entre vidas y milagros. Una noche con luna llena, apareció una hormiga por correo que decía que cantaba. No la escuché pero si no hubiera sido por ese hombrecito verde: “Nací yo para ser amado y ese poema, para ser cantado”. Entonces afiné mis pasos (digo, mis orejas), atravesé el paseo de los viejitos y conocí cuentos que se esconden debajo de una pestaña.

Mi abuela tiene voz de hormiga que canta. Y, a pesar de su edad, con gran destreza teje inmensas torres de cubo y fabrica plantas de Bartolo, entre zongos y borondongos.

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