El mundo reflejado en los libros

Jochen Weber, de la Internationale Jugendbibliothek, habla de los desafíos de la LIJ en la sociedad actual.

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Cultura LIJ conversó con Jochen Weber, encargado de la sección en castellano de la biblioteca más importante de libros para niños y jóvenes: la Internationale Jugendbibliothek de Munich.

El día anterior a esta conversación Jochen Weber había moderado una mesa redonda en la que se conversaba acerca de cómo abordaban los libros infantiles la situación de migrantes y refugiados. Flotaba cierta necesidad de repensar al mismísimo Pinocho, desde esta perspectiva, como un migrante.

Ahora que hay libros sobre todos los temas, ¿cuál sería el próximo desafío de la literatura para niños?

WP_20170405_15_26_28_ProLibros temáticos se venden muy bien. Buscan un tema y buscan una forma para presentarlo de un modo más accesible o menos complicado. Entonces hay libros sobre todos los temas, pero lo que falta es la calidad. Y muchos libros de calidad se pierden porque no llegan al público.
En algunos países eso está más complicado porque los libros llegan al público a través de compras institucionales. No es el mercado libre de librerías, sino a través de una preselección institucional. Entonces son las elecciones de los adultos que piensan qué es educativo para un niño.
Esas elecciones no serán libres hasta que no pueda ir cualquiera a una librería y comprar un libro de calidad a un precio accesible. Ese sería un sueño, tener esas condiciones favorables para que el arte de la escritura, el arte de la ilustración y el de la edición no tengan restricciones de precio, calidad de papel, cantidad de colores, etc.
La situación en Latinoamérica ha cambiado muchísimo. Hay mucha más calidad que hace 20 años sobre todo en ilustración. Todo esto se nota incluso en el arribo de contingentes de editores de Argentina o de Chile a la Feria de Bologna. No solo vienen a comprar títulos del extranjero, sino a vender los propios.

¿Dónde nota espacios de innovación?

Cuando estuve en el congreso de CIDELIJ en México, di una charla sobre los libros más políticos. El tema de los refugiados, conflictos globales, migrantes, racismo, xenofobia, populismo creciente en todos los países, la sociedad multicultural. Las sociedades han cambiado mucho en los últimos treinta, cuarenta años. La Alemania de hoy no tiene nada que ver con la de mi niñez.
Y se nota que últimamente ha habido una producción excelente de libros exigentes y muy claros en su mensaje, aun sin ser educativos. En cómo describen la situación, la problemática y los conflictos que surgen. Libros que tratan de armonizar con un final feliz. Puede ser que se resuelvan a un nivel familiar los conflictos, pero en un nivel social no se resuelven rápidamente. Esta es una tendencia que se ve en Latinoamérica también.
En Chile se han publicado últimamente libros sobre la dictadura, que antes no –a diferencia de Argentina, donde siempre hubo–. Y en Colombia, libros que tratan sobre la guerra civil realmente muy buenos. Espero que las editoriales sigan en ese camino, siendo más libres.
En el libro álbum ya se siente esa libertad. Hay muchas respuestas plásticas, conceptos muy contrastantes. En la narrativa hasta hace poco no había tanta dinámica. No son aburridos, pero se limitan a cuentos bonitos. Lo que falta a veces es exigir al lector. Hay niños que no los van a leer, que no querrán seguir leyéndolos, que cambiarán de libro, pero habrá otros que sí puedan.

¿La dificultad no está más desde la receptividad de los adultos?

Los adultos pueden ser un obstáculo, una barrera. Ellos son como los guardianes que prohíben el acceso. “No, ese libro no es para ti. Ese libro no es para la biblioteca o para el aula”. Entonces sería necesario que haya muchos más espacios –bibliotecas públicas– donde los niños puedan entrar solos sin ser guiados por los adultos. Que ellos mismos puedan descubrir la literatura sin límites.
Hoy en día con la crisis económica, hay países europeos que lo primero que han hecho es cerrar las bibliotecas. Y por eso hay preocupación. Porque será muy difícil reconstruir. Una vez que se han perdido, que se cerraron, será necesario mucha energía para que vuelvan a existir.

Mientras en el mundo también hay un giro hacia la xenofobia, en la producción de libros para niños ha habido un trabajo en sentido contrario, hacia la diversidad. ¿Qué relación ve entre la literatura y lo que pasa en las sociedades cuando se ponen más complicadas las convivencias?

Jochen WeberEn Alemania, por un lado, está la conciencia de que la sociedad se está transformando en algo diferente, en un país distinto, con facetas que antes no había. Esos temas se tratan en la cultura, en los medios, en la LIJ. Pero por otro lado, hay tendencias xenófobas en las sociedades europeas. Es un movimiento, antimovimiento. Quieren volver a un estado que nunca ha existido realmente, sintiendo que ahora estamos ingresando en un futuro inseguro. Esa ansiedad de tener una identidad distinta a los otros. Esos movimientos identitarios que no son racistas, pero que lo son.
No sé si esto se refleja ya en la producción literaria y su consumo. Tal vez la gente está buscando sin darse cuenta libros que no sean demasiado difíciles o complicados, que tengan una imagen más armónica de la sociedad y la familia, sin tener conciencia de que se están perdiendo lo demás.
Es el problema de la industria editorial con el proceso de concentración en grandes grupos internacionales que son compañías para ganar dinero. Antes las editoriales tenían su producción mezclada: una parte de los libros financiaba los demás. Siempre habrá editoriales pequeñas independientes que se ubiquen en una parte pequeña del mercado. El plan editorial en mi país ya no son los editores quienes lo deciden, sino el marketing y sus cifras.

La ilustración en la proa

Un panorama de la literatura y juvenil francesa desde a mirada del autor Joel Franz Rosell.

Un panorama de la literatura y juvenil francesa desde a mirada del autor Joel Franz Rosell. Y la propuesta de un nuevo término: "orilatura".

Por Maryta Berenguer
Escritora, narradora y formadora de narradores. Fundó la biblioteca Pajarita de Papel en Bahía Blanca.

 El frío del otoño en París se hace sentir. Estamos en la Feria del Libro Infantil Juvenil que aquí se llama Salon du Livre et de la Presse Jeunesse que está en un municipio colindante con París: Montreuil. Un espacio ferial moderno, digno de esta feria, que ocupa tres amplios pisos con un laberinto de stands que parecen iluminados por los libros. Joel me espera en el café del segundo piso. Antes de comenzar la nota, quiero decir que Joel Franz Rosell es un escritor cubano-francés que lleva más de treinta libros editados en francés y castellano americano (según Mempo Giardinelli, ese es el nombre correcto de nuestro idioma), algunos de los cuales relaciono al final de esta nota.

Sentado muy elegante como siempre, traje claro color tabaco, corbata al tono, nos saludamos estrechándonos la mano porque su resfrío es de temer. Después de algunos recuerdos de otras ocasiones similares a esta, la entrevista comenzó al preguntarle cómo veía el equilibrio entre la ilustración y el texto en los nuevos libros, y la comercialización de novelas y cuentos.

—En Francia la historia no es lo principal en un libro. Por supuesto cuenta el estilo, pero hay un boom de la ilustración. Álbumes fascinantes a la vista, pero las historias a veces no están a la altura. Hay juegos de estilo, de palabras, recreación de la vida cotidiana… Hay álbumes para todos: de pequeños a adultos, pero los niños son los principales lectores pues en cierto momento, los adolescentes se inclinan por la lectura en las tablets, computadoras, móviles. También su lectura se especializa: hay chicos que solo leen fantasy o manga… Las editoriales mantienen igual una buena circulación y venta debido a que las escuelas y bibliotecas compran con partidas asignadas. Las novelas para niños son adquiridas generalmente por los mismos pequeños, debido a que aquí, en Francia, hay muchísimas librerías. En mi barrio, un barrio de clase media trabajadora, hay tres librerías en las que se venden tantos álbumes ilustrados como novelas de tapa blanda o libros documentales muy interesantes y visualmente creativos. Muchas librerías especializadas en libros para chicos incluyen juguetes y papelería, pero lo impresionante es que casi no hay librería generalista sin una importante sección infantil. Todo chico francés tiene su paga semanal y es común ver a los chicos comprando el libro que les gusta. A la venta de novelas ayuda el llamado “cheque-libro” que las municipalidades conceden una vez al año y que cubre aproximadamente el precio medio de un libro de tapa blanda.

En Argentina suelen firmar los escritores, a veces los ilustradores. Pero en esta feria he visto que los dibujantes son las verdaderas estrellas.
—Una de las causas fundamentales de esto es que los ilustradores (y los autores-ilustradores de historieta) son conocidos y seguidos por su estilo, y hay un público coleccionista. Cada dedicatoria es un dibujo original que prestigia el ejemplar. Hay quien ni siquiera lee los álbumes de su colección, pero no se pierde una novedad del ilustrador que admira. De ahí las largas filas que se forman en los stands. Tú me viste hoy firmando a mucha gente porque mis dedicatorias son dibujos (que nunca repito). En realidad yo no soy el ilustrador de la serie Gatito, pero como soy ilustrador de otros libros, me tomo la libertad de hacer mi propia versión del protagonista de la serie, maravillosamente ilustrada por Constanze Kitzing. Si solo escribiera unas palabras como dedicatoria, ten por seguro que muchos no se acercarían a mirar mis libros…

Joel se sonríe con picardía y continúa hablando de su producción literaria.

—Llevo en total 30 libros publicados. Una decena en España, 10 en Francia, 7 en Cuba, 6 en Argentina, 4 en México, etc. En Cuba, por razones económicas, no es fácil publicar un libro. El papel es importado y los libros para niños se venden en moneda no convertible. Sin la subvención estatal sería imposible. En 1983 de mi primer libro se hicieron 50.000 ejemplares que se agotaron enseguida. El año pasado la mayor editorial cubana tiró solo 5.000 ejemplares que se van a agotar enseguida… Pero no se va a reeditar, pues todos los autores prefieren publicar un nuevo libro y no hay papel para nuevas ediciones y reediciones. Y se da la preferencia, de manera comprensible, a los autores que viven en la isla. Por eso de mis 30 libros solo 7 han sido publicados en Cuba. Yo tengo la suerte de publicar en editoriales que cubren todo el mundo hispánico y que reeditan gran parte de su producción: Fondo de Cultura Económica, Ediciones SM, Edelvives, Kalandraka.

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El mercado del libro en Francia

—¿Un escritor no estrella puede vivir de su producción literaria en Francia?
—No, de ninguna manera. El mercado francés es muy duro. Solo en el Salon du Livre de Montreil se presentan este año 400 autores, casi todos con novedades. En Francia aparecen ¡7.000 títulos nuevos cada año! El francés es la lengua de los 67 millones franceses, pero también lengua oficial de Bélgica, Suiza, Quebec y de numerosos países africanos y diversos territorios de los océanos Índico y Pacífico. Muchos de esos países exportan a Francia más libros de los que importan. Es una magnífica diversidad, pero la competencia es ruda.

Por otra parte, Francia es un país de inmigración con millones de personas que vienen o tienen padres o abuelos en todos los continentes. Los niños se mezclan desde la escuela y se publican libros con autores o con formas y temáticas africanas, del mundo árabe, de Irán, la India, China, Paquistán, Oceanía… No solo la población, sino la literatura francesa es mundial por sus raíces y savias.

—Eso se observa a simple vista en calles, supermercados, metros, buses, escuelas y aquí mismo, en la Feria, un mundo absolutamente internacional tanto en nacionalidad como en religiones.
—París es una capital-mundo como pueden ser Londres o Nueva York. Yo nunca camino las cuatro cuadras que mide mi calle sin escuchar cuatro o cinco lenguas: árabe, hebreo, ruso o serbio (no alcanzo a diferenciarlo), chino, italiano o ¡argentino! Y no te hablo de un barrio turístico, lleno de hoteles y monumentos, sino de un barrio residencial común y corriente.
Tengo la impresión, por lo que usted dice, que el mercado del libro en Francia es muy duro.
—Para autores e ilustradores, el mercado francés es durísimo. Las editoriales depositan los libros en las librerías por un plazo corto. Al cabo de ese tiempo, la librería debe pagarlo, lo haya vendido o no. Como cada día llegan decenas de títulos nuevos, ¡a veces los libros son devueltos sin haber estado en la estantería! Es una rotación infernal en la cual el que más gana es el distribuidor. El plazo varía, pero hoy el destino de un libro queda saldado en menos de un mes. No los sacan de catálogo, pero no están visibles en las librerías, y si la promoción, la crítica, o el amigo rumor no los salva, al terminar el año ya están condenados. Los porcentajes del autor en literatura para adultos giran en torno al 10 % mientras que en literatura infantil apenas llegan al 6 %, cuando el precio de venta del libro infantil es generalmente la mitad del precio de una novela. Solamente el 2 % de los autores franceses viven de sus libros. El resto lo compensamos con talleres, seminarios, charlas, lecturas, y con los cientos de salones y ferias de libros que, si te invitan expresamente, te pagan honorarios muy superiores a lo que ganas en derechos de autor.

—Pese a que no es una novedad, he visto más libros que en otras oportunidades con grabaciones hechas por narradores profesionales, ilustradores y escritores que no necesariamente son los mismos. También me han impresionado libros sobre museos. ¿Qué opinión puede dar sobre este tema?
—Efectivamente, hay muchos libros con CD o DVD. Francia junto con Gran Bretaña son países que han desarrollado de manera espectacular el libro informativo y son muy aceptados, tanto los que hablan de ciencia y tecnología como los que enriquecen la percepción del arte, la arquitectura, el medioambiente o la historia. Yo diría que hay un nuevo didactismo que se expresa en novelas situadas en marcos históricos muy cuidadosamente presentados (desde el Egipto faraónico o la Grecia de Pericles a la Toma de la Bastilla, la guerra de Vietnam o la caída del Muro de Berlín), o narraciones que discuten temáticas sociales o filosóficas. Hay autores que se han especializado en este tipo de narraciones y viven holgadamente de sus derechos, pues sus libros son muy apreciados como material para-escolar. Por otra parte, la “oralitura” cuenta con muchos adeptos en Francia. Como sabemos, está la narración folclórica por un lado y los narradores que cuentan cuentos de autor por el otro, y en ambos casos, los textos vienen acompañados por la voz del narrador oral y también con grabaciones musicales. Hay mucha “oralitura” de diversa fuente europea (celta, nórdica, eslava), oriental (árabe, persa, hindú), africana o latinoamericana (afroamericana, aborigen, etc.).

—¿Qué autores destacaría de la actual literatura francesa para chicos?
—La primera que me viene a la mente es Suzie Morgenstern, una estadounidense que se hizo escritora en Francia y que tiene un formidable sentido del humor. Igualmente conocida y reconocida es Marie-Aude Murail, con igual capacidad para el realismo que para la fantasía. También puedo citar algunos candidatos recientes al premio Andersen, como el internacionalmente conocido novelista Thimothée de Fombelle o los singulares autores-ilustradores François Place y Claude Ponti.

—Joel, ha sido un placer haber conversado usted y sabe que su cuento “Sueños” me sigue acompañando y lo sigo narrando como el mismo día que lo estrené hace muchos años en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

CLD2017-1-Abril-PanoInt-Joel6Para seguir leyendo a Joel

  • La literatura infantil: un oficio de centauros y sirenas. Buenos Aires. Lugar Editorial, 2001. Ensayo.
  • Mi tesoro te espera en Cuba. Zaragoza. Edelvives, 2008
  • La leyenda de Taita Osongo. México. Fondo de Cultura Económica, 2006. Premio La Rosa Blanca •
  • Exploradores en el lago. Madrid. Alfaguara, 2009
  • La bruja Pelandruja está malucha. Madrid. Ediciones SM, 2010
  • Sopa de sol. Buenos Aires. Tinta Fresca, 2011
  • Gatito y el balón, Gatito y la nieve y Gatito y las vacaciones. Pontevedra. Kalandraka, 2012. Ilustraciones de Constanze Kitzing
  • El secreto del colmillo dorado. Bogotá. Libros & Libros, 2013
  • Concierto n°7 para violín y brujas. México. Fondo de Cultura Económica, 2013
  • Había una vez un espantapájaros. Bogotá. Libros & Libros, 2014. Ilustraciones del autor
  • María es pintora. México. Editorial 3 Abejas, 2015. Ilustraciones: David Nieto.
  • Tito y su misteriosa abuela. La Habana. Gente Nueva, 2015.

Para seguir escuchando a Maryta

http://www.marytaberenguer.com.ar/