Laura Varsky y el camino de la vocación

El mundo Varsky tiene su propia paleta de colores y de sonidos. Acá una puerta de acceso.

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Por Valeria Sorín

El mundo Varsky tiene su propia paleta de colores y de sonidos. Acá una puerta de acceso.

 

Si a este artículo pudiera ponerle banda de sonido, sería “Je veux” de la cantante francesa Zas. Es el deseo, pero sobre todo es el desear ser/hacer permanente lo que caracteriza a una artista siempre cambiante, siempre inquieta, siempre en ebullición creativa.

Probemos otro comienzo para esta nota. Caminamos por el sitio web de Laura Varsky y leemos:

Varsky_quilombo encuadreEl movimiento del agua, unas rejas antiguas, mi gata durmiendo, cualquier gato jugando, la Bodoni, un hilo descosiéndose, las baldosas de una galería, un azaroso close up sobre un Van Gogh, la primera página de un libro viejo, un bosque en otoño, una mancha de tinta desafortunada…
Esas cosas que me motivan
“.

Y la banda de sonidos debería incluir el tema My favorite things, ya sea entonado por la novicia Julie Andrews o en la versión instrumental de John Coltrane.

 

Varsky_grammyApuntes para una biografía de Varsky

  • En su adolescencia decidió ser diseñadora gráfica para poder crear tapas de discos. Y lo hizo. Los premios Grammy y Gardel ganados por su arte dicen que lo hace muy bien.
  • Al desarrollo creativo de las carátulas escolares le puso estudio y creó dos tipografías (Lady Dodó y Lady René).
  • Unos años después de recibirse se topó con el mundo de la ilustración.
    Y se zambulló de lleno en él.
  • Sus libros suelen agotarse en el stand de la Feria del Libro de Buenos Aires que los exhiba.
  • Se casó con otro ilustrador, Christian Montenegro, y juntos tienen dos hijos.
  • Vive en el mismo barrio, en la misma casa donde creció. Y como tantos artistas, ha sabido trazar líneas imaginarias por las que salir de Ramos Mejía al mundo, sin necesidad de anclar en Buenos Aires.

 

Textuales sobre la vocación

De chica iba a contraturno a la Escuela de Estética, acá en Ramos. Y para mí era como un juego. Me acuerdo mucho de los ejercicios que nos hacían hacer. Tanto de dibujo como de escritura. Me encantaba escribir, más que dibujar”.

“Lo glorioso es poder hacer de eso algo de tu hacer cotidiano. Por ahí la entrada viene por otro lado. En mi casa no había mandato más que laburar, hacerte cargo de vos mismo, ser responsable”.

La identidad hecha trazos

–El diseñador siempre trabaja con otros. A usted se la ve todo el tiempo trabajando en equipo con otros profesionales.
–A mí lo que me gusta de diseñar es justamente lo interdisciplinario. Trabajar con ilustradores, con fotógrafos. Cuando comencé a trabajar como ilustradora, me faltaba eso. Por eso busco proyectos donde pueda darse lo asociativo. Me parece más enriquecedor.
Incluso los talleres que hago tienen que ver con esto de generar comunidad. Por eso también lo de La Noche de los Dibujantes me gustó: tener la oportunidad de conocer gente nueva. Este trabajo es tan individualista que es necesario vincularse. Te das cuenta de que las problemáticas que vos tenés son las mismas que tienen los otros. Si no, te volvés muy endogámico, corrés el riesgo de que quede encerrado en tu universo solo.

–La he oído decir que en el diseño hay una búsqueda de invisibilidad, mientras que la ilustración lo que se busca es el desarrollo de una impronta propia. Desde ese vaivén… creó dos tipografías a las que llamó Lady René y Lady Dodó, ¿por qué eligió esos nombres?
–A la primera le puse el nombre de mi gata, Lady René. La segunda la terminé porque le debía a mi otra gata su tipografía, Lady Dodó.

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–Ahora bien, imagino que un astrónomo desea ponerle su nombre al cometa que descubre, como Halley. ¿Por qué no ponerle a alguna de las tipografías Varsky?
–Ni se me cruzó. Por un lado, me parece muy complicado. Toda mi vida deletreando mi apellido y diciendo cómo se escribía. Pero la verdad es que ni se me cruzó. La tipografía fue un proyecto más para mí. No sabía si a alguien le podía llegar a interesar, si alguien la iba a comprar o usar.
Yo di muchos años clase de tipografía, por lo que cuando comencé a dibujar, lo primero que me salía eran letras. Y a partir de ese trabajo más tipográfico-ilustrado fue que salió su necesidad. En ese momento yo ya estaba ilustrando, muchos de los trabajos de ilustración me los ofrecían por mi desarrollo de letras.

–Miro la Lady René y miro sus ilustraciones, se nota que nacen del mismo tronco. ¿Desde qué mirada se trabaja la creación de una tipografía o una ilustración?
–Lo que yo hago no es lettering ni caligrafía, porque ambas disciplinas tienen un trazo muy dominado que yo no puedo hacer. No tengo esa exactitud, esa cosa perfecta. Y tanto en la ilustración como en las tipografías me apoyé un poco en eso.
La identidad aparece en diferentes lugares. Y uno de esos lugares es lo que no nos sale. Yo sé que no me sale dibujar realista, ni sostener una caligrafía perfecta.
Y termina en una búsqueda. En lugar de buscar perfeccionar el trazo desde lo técnico, busco apropiarme de esta imperfección como lenguaje. También surge de los referentes. Hay algo del art nouveau que tiene que ver con esa forma, con esas líneas, que tiene que ver con las ilustraciones y las tipos –volviendo a las tipografías, les puse el nombre de mis gatos porque esos trazos me recuerdan a sus colas–.
Y en un punto, ese rasgo es el que me diferencia de otros.

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Los colores de la vida

–En el proceso de la ilustración, ¿en qué momento incorpora el color?
–Bastante tarde. En realidad, pienso la ilustración en blanco y negro. La cierro en blanco y negro y después agrego el color digitalmente. Armo una paleta de colores muy acotada que tiene que ver con una fotografía o alguna cosa que me llama y voy pintando zonas.
Y tal vez después incorporo otro color o modifico algo. Pero es muy sistemático.
Me doy cuenta de que ilustro como una diseñadora. Cómo planteo los objetivos, cómo hago el desarrollo, cómo coloreo, cómo construyo, tiene algo del proceso del diseño.
A veces tengo una ilustración que después quiero aplicar en otra cosa, en otro formato y lo que hago es como hacerle un cambio cromático. En la misma ilustración en blanco y negro vuelvo a hacer ese trabajo del color. Es muy divertido cómo una misma composición va tomando otro carácter.

–¿Qué característica tienen esas paletas? Si es que hubiera un lazo común.
Una vez la hija de una amiga estaba cursando las materias introductorias de la carrera de diseño y para hablar de colores complementarios mostraron una ilustración mía como ejemplo. Recién cuando me lo comentó me di cuenta de que siempre trabajo con colores complementarios en las paletas.

–El sistema siempre presente.
–Participar de La Noche de los Dibujantes me costó bastante porque tenía que partir siempre de una hoja en blanco, que no es mi forma de hacer. Soy muy sistemática y de construcción. De repente venía alguien y te pedía “Quiero un gato”. Y yo necesito verlo, planificarlo. No soy dibujante. Soy diseñadora. No tengo esa facilidad que tiene aquel que se maneja con el dibujo como expresión, como primer lenguaje.

¿Qué quedó en su identidad gráfica de la abuela rusa?
Hay cosas que aparecen y desaparecen, y que son como influencias muy obvias.
Hace unos años desarmamos el departamento de mis abuelos. Y, en vez de llevarme cosas, lo que hice fue fotografiar: las muñecas, los echarpes. Porque además es material de trabajo. Con ese objetivo. Como fuentes de recursos y de inspiración.
Pero pasa como con toda la historia de uno, hay cosas de las que te das cuenta más fácilmente y otras de las que te das cuenta cuando las volvés a ver. Pero de mi abuela lo que más me quedó, más que gráficamente, es lo de ser una mujer que trabajó hasta los setenta y pico de años, que iba todos los días a trabajar. Que era abuela y era mamá, pero era sobre todo una trabajadora. Y de mi vieja, lo mismo.
Más que con algo gráfico tiene que ver con dedicarme a lo que me gusta y hacerlo sin excusas. Ahora, a pesar de tener hijos y todo, mi trabajo sigue estando en el mismo lugar. Solo aparecieron cosas nuevas.

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El mundo reflejado en los libros

Jochen Weber, de la Internationale Jugendbibliothek, habla de los desafíos de la LIJ en la sociedad actual.

Cultura LIJ conversó con Jochen Weber, encargado de la sección en castellano de la biblioteca más importante de libros para niños y jóvenes: la Internationale Jugendbibliothek de Munich.

El día anterior a esta conversación Jochen Weber había moderado una mesa redonda en la que se conversaba acerca de cómo abordaban los libros infantiles la situación de migrantes y refugiados. Flotaba cierta necesidad de repensar al mismísimo Pinocho, desde esta perspectiva, como un migrante.

Ahora que hay libros sobre todos los temas, ¿cuál sería el próximo desafío de la literatura para niños?

WP_20170405_15_26_28_ProLibros temáticos se venden muy bien. Buscan un tema y buscan una forma para presentarlo de un modo más accesible o menos complicado. Entonces hay libros sobre todos los temas, pero lo que falta es la calidad. Y muchos libros de calidad se pierden porque no llegan al público.
En algunos países eso está más complicado porque los libros llegan al público a través de compras institucionales. No es el mercado libre de librerías, sino a través de una preselección institucional. Entonces son las elecciones de los adultos que piensan qué es educativo para un niño.
Esas elecciones no serán libres hasta que no pueda ir cualquiera a una librería y comprar un libro de calidad a un precio accesible. Ese sería un sueño, tener esas condiciones favorables para que el arte de la escritura, el arte de la ilustración y el de la edición no tengan restricciones de precio, calidad de papel, cantidad de colores, etc.
La situación en Latinoamérica ha cambiado muchísimo. Hay mucha más calidad que hace 20 años sobre todo en ilustración. Todo esto se nota incluso en el arribo de contingentes de editores de Argentina o de Chile a la Feria de Bologna. No solo vienen a comprar títulos del extranjero, sino a vender los propios.

¿Dónde nota espacios de innovación?

Cuando estuve en el congreso de CIDELIJ en México, di una charla sobre los libros más políticos. El tema de los refugiados, conflictos globales, migrantes, racismo, xenofobia, populismo creciente en todos los países, la sociedad multicultural. Las sociedades han cambiado mucho en los últimos treinta, cuarenta años. La Alemania de hoy no tiene nada que ver con la de mi niñez.
Y se nota que últimamente ha habido una producción excelente de libros exigentes y muy claros en su mensaje, aun sin ser educativos. En cómo describen la situación, la problemática y los conflictos que surgen. Libros que tratan de armonizar con un final feliz. Puede ser que se resuelvan a un nivel familiar los conflictos, pero en un nivel social no se resuelven rápidamente. Esta es una tendencia que se ve en Latinoamérica también.
En Chile se han publicado últimamente libros sobre la dictadura, que antes no –a diferencia de Argentina, donde siempre hubo–. Y en Colombia, libros que tratan sobre la guerra civil realmente muy buenos. Espero que las editoriales sigan en ese camino, siendo más libres.
En el libro álbum ya se siente esa libertad. Hay muchas respuestas plásticas, conceptos muy contrastantes. En la narrativa hasta hace poco no había tanta dinámica. No son aburridos, pero se limitan a cuentos bonitos. Lo que falta a veces es exigir al lector. Hay niños que no los van a leer, que no querrán seguir leyéndolos, que cambiarán de libro, pero habrá otros que sí puedan.

¿La dificultad no está más desde la receptividad de los adultos?

Los adultos pueden ser un obstáculo, una barrera. Ellos son como los guardianes que prohíben el acceso. “No, ese libro no es para ti. Ese libro no es para la biblioteca o para el aula”. Entonces sería necesario que haya muchos más espacios –bibliotecas públicas– donde los niños puedan entrar solos sin ser guiados por los adultos. Que ellos mismos puedan descubrir la literatura sin límites.
Hoy en día con la crisis económica, hay países europeos que lo primero que han hecho es cerrar las bibliotecas. Y por eso hay preocupación. Porque será muy difícil reconstruir. Una vez que se han perdido, que se cerraron, será necesario mucha energía para que vuelvan a existir.

Mientras en el mundo también hay un giro hacia la xenofobia, en la producción de libros para niños ha habido un trabajo en sentido contrario, hacia la diversidad. ¿Qué relación ve entre la literatura y lo que pasa en las sociedades cuando se ponen más complicadas las convivencias?

Jochen WeberEn Alemania, por un lado, está la conciencia de que la sociedad se está transformando en algo diferente, en un país distinto, con facetas que antes no había. Esos temas se tratan en la cultura, en los medios, en la LIJ. Pero por otro lado, hay tendencias xenófobas en las sociedades europeas. Es un movimiento, antimovimiento. Quieren volver a un estado que nunca ha existido realmente, sintiendo que ahora estamos ingresando en un futuro inseguro. Esa ansiedad de tener una identidad distinta a los otros. Esos movimientos identitarios que no son racistas, pero que lo son.
No sé si esto se refleja ya en la producción literaria y su consumo. Tal vez la gente está buscando sin darse cuenta libros que no sean demasiado difíciles o complicados, que tengan una imagen más armónica de la sociedad y la familia, sin tener conciencia de que se están perdiendo lo demás.
Es el problema de la industria editorial con el proceso de concentración en grandes grupos internacionales que son compañías para ganar dinero. Antes las editoriales tenían su producción mezclada: una parte de los libros financiaba los demás. Siempre habrá editoriales pequeñas independientes que se ubiquen en una parte pequeña del mercado. El plan editorial en mi país ya no son los editores quienes lo deciden, sino el marketing y sus cifras.

Patsy Aldana abre camino en China

La presidenta de IBBY cuenta acerca de la colección de libros internacionales para niños que dirige en China.

La presidenta de IBBY está seleccionando libros ilustrados de todo el mundo para una colección de libros internacionales en China.

Por Valeria Sorín

Patsy Aldana y yo estamos sentadas en un café de la Piazza Maggiore de Bologna para hablar acerca de la colección de libros del mundo que está coordinando para el mercado chino. Ninguna de las dos vive en Italia, ninguna de las dos es italiana. De alguna forma retomamos una conversación que hemos desarrollado primero en Buenos Aires, luego por skipe para que luego se diera este encuentro.

¿El motivo? Aldana, presidenta International Board of Book for Young people (más conocido por su sigla, IBBY), se unió a Li Xueqian, presidente de la editorial china CCPPG, para planificar y lanzar la Biblioteca Mundial en China. La colección busca reunir en esta etapa los mejores 40 libros ilustrados de todo el mundo que reflejan ciertos valores universales: el respeto por el niño, la importancia del amor, el reconocimiento del valor que implica la superación de la dificultad y la tragedia, la alegría de la risa y la tolerancia a la diferencia.

Los libros como ventanas

Cuando en 2009 Patsy pasó por Buenos Aires dio una charla en la que explicó la necesidad que los niños se encuentren con libros espejo −aquellos donde vean reflejada su realidad− y libros ventana −que les dieran la posibilidad de acercarse a otras posibilidades−. Desde ese juego doble piensa los productos para niños.

—¿De qué se trata el proyecto de la Biblioteca Mundial?
Los niños chinos reciben muchos libros (buenos y mediocres) pero del mundo anglosajón. La idea de la colección es acercarles a esos niños lo que hay por fuera, en el resto del mundo. Porque no llega a esos niños lo que no pertenece al mainstream de la edición. Son 8 libros al año, durante cinco años, los últimos se estarán publicando entre 2017 y 2018.
No se venden tan bien como los best sellers en Norteamérica ni como los suyos propios, que pueden llegar a tener tiradas de 10.000.000 de copias.

—¿Cómo promueven una colección tan singular?
—Ese es un problema. Deben promoverlo en China como un grupo de libros, como una colección y no libro por libro como hasta ahora. Porque se pierde su sentido así. Las bibliotecas, las escuelas y los padres deben tener toda la colección.
Los han hecho con mucho esmero por lo que han quedado bastante caros, no son libros baratos. Todo lo que tiene el original lo han intentado duplicar, eso me ha dado mucho placer. Y cada título lleva dentro un folleto explicando para qué sirve ese libro y porque es importante leer libros de todo el mundo.
Hay una red de 20.000 bibliotecas rurales que funcionan con voluntarios. Una de las metas de la escolaridad es generar lectores a los que les guste leer por el placer. Entonces hay mucho interés en la lectura. Pero también hay resistencia a libros que son distintos.

Mostrar lo diferente

PatsyAldana—Desde IBBY has impulsado el animarse a tratar temas complejos en la literatura infantil, al mismo tiempo que has impulsado campañas en todo el mundo para trabajar con niños que se encuentran en situaciones críticas ya sea por guerras, catástrofes naturales y/o humanitarias. ¿Esto se refleja en los libros de esta nueva colección?
—Una de las cosas que quiero mostrar es que si bien algunos títulos que he seleccionado son muy simples, otros son de niños que están en crisis.  Por ejemplo, el de un niño que ve a sus papás solo una vez al año.  Eso pertenece a la experiencia de un niño chino, ten en cuenta que ochenta millones de niños chinos viven sin sus padres debido a que estos deben migrar desde sus pueblos a las ciudades para trabajar. El tema ahí es que los niños no pueden acceder al colegio en las ciudades donde trabajan sus padres. Entonces los tienen que dejar atrás. Y por supuesto las escuelas del campo son mucho peores que las escuelas de las ciudades. Así es como quedan al cuidado de parientes.
Al presidente de la editorial estos niños le preocupan mucho y quiere que vean que hay otros niños en el mundo que también tienen a sus padres lejos, por ejemplo. Yo trato de explicar cómo usar estos libros para hablar de estas cosas.
Ha cambiado china radicalmente en un período relativamente corto. Ahora son consumidores muy importantes, han tenido un cambio en su modo de vida gigantesco. Y eso lo han hecho con el derecho a una vida política crítica, lo que los ha llevado a preguntarse mucho cómo van a hacer los niños para tener oportunidad para mejorar. Claro que de cierta manera aún viven en un mundo cerrado bastante paternalista.

—El hecho de que la buscaran a usted específicamente, que ya había desarrollado un catálogo de alta calidad para Groundwood Books, muestra que deseaban un criterio de selección multicutural.
—Sí, ellos vieron que yo hacía eso en Groundwood. Ese tipo de selección ya no existe ni siquiera en inglés. Desde que yo me fui de Groundwood ya casi no están publicando libros así. Tampoco hay un editor francés o alemán que tengan una colección semejante.

—Además de mostrar lo diferente, hay que mostrarlo en relación con la cultura china. ¿Qué tipo de libros prefieren?
—Ellos tienen su propio gusto. Hay cosas que les chocan. Entonces suele haber una discusión acerca de cada libro. Libros sobre temas para ellos muy difíciles, como ser uno donde el personaje es una niña autista que está en la lista de IBBY de libros para niños con discapacidades. En general en China no se hace nada con esos temas.
Uno de los requisitos es que los libros no tengan nada de religión, ese es un tema completamente prohibido. Por eso no pude sumar ningún libro de medio oriente que potencialmente pudiera tener un marco religioso.

—¿Qué resistencias encuentra el proyecto?
—Por la política de un hijo único, las madres están muy involucradas en la crianza y educación. Las escuelas grandes de las grandes ciudades son buenísimas. Y tienen bibliotecas hermosas. Y las madres son muy activas. Pero no perciben fácilmente lo bueno que pueden ser estos libros porque no son de autores conocidos por ellos.

Trabajar en China

Patricia Patsy Aldana nació en Guatemala pero siendo joven emigró junto a su familia a Canadá. Entre 1978 y 2012 fue la directora editorial de Groundwood Books, empresa de riesgo donde publicó libros que expandían las fronteras de la lectura. Ha sido definida como una incansable promotora y defensora de la literatura, alguien que enfrenta con naturalidad la publicación de libros sobre temas incómodos.

—Imagino que cada contrato es como una victoria. Por un lado, es el resultado de una gran selección; por otra parte, un trabajo de convencimiento al comité editorial. ¿Se da una negociación palabra a palabra en cada libro?
—Eso no. Ellos no suelen cambiar nada. Pero cada libro tiene que ser adoptado por un editor dentro de la empresa. Los editores ganan su dinero respecto de lo que venden los libros que impulsan. Y estos libros no se venden tan bien. Así que hay que ir convenciéndolos de que valen la pena.

—Es complejo como editor dirigirse a un público tan diferente a uno. Asimismo, también son diferentes las prácticas, los procedimientos, las idiosincrasias relacionadas al trabajo.
—Ahorita en China hay 19 o 20 editoriales que son del Estado, ya sea nacional o de las provincias. Para quien yo trabajo es la editorial estatal más grande de China. Hay muchas editoriales independientes. Los libros de niños son los que mejor se venden, entonces todo el mundo quiere publicar libros para niños y son bastante rentables. Por lo que actualmente hay una superproducción: el año pasado se publicaron 50.000 nuevos títulos para niños. Entonces ocurre lo mismo de siempre, los buenos libros se vuelven más difíciles de encontrar porque hay una oferta enorme.
Cada editorial tiene sus prácticas propias, porque están los individuos, porque cada editorial presenta una situación diferente. Si tú quieres publicar un libro le tienes que comprar el ISBN a una de esas 19 editoriales. Entonces hay quien vive de la venta del ISBN y no de su propia producción. La editorial donde yo trabajo es muy observada por el Estado, hay otras que están en las provincias y que por ese motivo tienen más libertad. En esta editorial trabajan 500 editores que publican libros, pero también revistas. Es una enorme compañía en un enorme edificio en Beijing.
Una vez le pregunté al ministro de cultura de China: “¿Es usted el papá de los otros ministros de cultura de las provincias?” Y me contesto: “No, soy el hermano mayor. Me toca decirles qué hacer, pero no necesariamente logro que lo hagan.

Algunos títulos seleccionados por Patsy Aldana

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  • Buenas noches, Comandante.
    Escritor: Ahmad Akbarpour. Ilustrador: Morteza Zahedi
    El libro tiene como escenario la guerra entre Irán e Irak pero desde la mirada de un niño que se autoproclama comandante. Durante la guerra ha perdido una de sus piernas y a su madre. Con sus juguetes recrea sus recuerdos y repara sus pérdidas.
  • Napí va a la montaña.
    Escritor: Antonio Ramírez. Ilustrador: Domi
    Napí es una pequeña niña mazateca que vive con su familia en un pequeño pueblo a orillas de un río en el estado de Oaxaca en México. Cada tarde la familia se sienta en la sombra de una ceiba inmensa para escuchar las historias del abuelo. Mientras Napí escucha con un aire soñador, las tardes toman otros colores en su imaginación: naranja, morado, violeta y verde. La noche llega sobre el río tan bella como los árboles llenos de garzas blancas posando sobre sus ramas. La ceiba manda sueños a Napí cada noche, y en su sueño favorito ella se convierte en una garza que se desliza suavemente sobre el río.
  • Bajo el hechizo de la luna. Arte para chicos por los mejores ilustradores.
    Autora: Katherine Paterson
    Breves textos ilustrados por artistas de Brasil, Japón, la república Checa, Finlandia, Suecia, China, Malasia, India, Nicaragua, España, Sudáfrica, Palestina.
  • Niña Bonita
    Escrito por Ana María Machado
    Un conejo blanco, blanco, ha quedado prendado de una niña negra, negra, y quiere ponerse bonito y oscuro como ella. Cada vez que la ve, le pregunta: “Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?”. Después de muchos experimentos y desilusiones, el conejo descubre el secreto.
  • Tarde de invierno
    Escrito por JorgeLuján. Ilustrado por Mandana Sadat
    Un niño tras una ventana mira la calle. El niño dibuja sobre el vidrio empañado con su dedo mientras espera que regrese su mamá de trabajar.

 

La vida entre lenguas

Pinocho, Oz, el Principito, y hasta la misma Alicia implican un viaje, una adaptación, una diferencia. Conoce a la escritora argentina-noruega que hace de estos temas su propia trama: Verónica Salinas.

Por Valeria Sorín

Verónica Salinas es una artista argentina reconvertida en escritora de literatura infantil noruega por arte de las migraciones. Aquí relata cómo convirtió esa vivir entre dos mundos en el centro de su producción para la infancia.

Gran parte de la literatura mundial ha nacido de un viaje: Pinocho, Oz, el Principito, y hasta la misma Alicia de una u otra forma lo implican. Un viaje que es siempre un encuentro con el otro y un descubrimiento de quién se es.

Estoy sentada frente a una escritora noruega, cuya sonrisa se extiende mucho más allá de los límites propios de los gestos europeos. Me acompaña una actriz que se formó como tal en la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) de la ciudad de Buenos Aires pero que hoy gira con obras infantiles y para adultos por toda la península escandinava. Escritora y actriz son la misma persona. Y no hay forma de quedar fuera del eclipse de su carisma.

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¿Qué la decidió a emigrar específicamente a Noruega?
Llegué a Noruega en julio del 2002. Salí corriendo de la crisis, había estado como ocho meses sin trabajo de traductora de portugués y estaba muy difícil vivir del teatro. Estaba desesperada no encontraba trabajo de nada. Una familia en Noruega necesitaba una niñera y me fui. Fue un exilio económico y social se podría decir. Quería tranquilidad, estaba cansada de la crisis y de la violencia que las crisis generan.

¿Qué buscaba?
Perder todo. Venía de la toma del edificio de la EMAD donde había estudiado teatro, había empezado a estudiar y practicar Yoga y había leído algunos libros que hablaban de perder para encontrar. Con todo esto en la cabeza y el cuerpo decidí irme.
Llegué a Frederikstad un pueblo en Noruega a una hora y media de Oslo. Silencioso, solo 5000 habitantes; te podrás imaginar, yo recién salida de la ruidosa Buenos Aires.
Puedo decir desde ya que la literatura nunca me abandonó. No entendía nada de noruego, pero me metía en la biblioteca todos los días −el único lugar calentito que tenía la calle para ofrecer, gratuito, lleno de libros y con bibliotecarias sonrientes dispuestas a brindarte ayuda−.
En la biblioteca hacia la tarea de las clases de noruego y después de cansarme de repetir “yo me llamo Verónica”, “me gusta la música”, “hablo español y portugués”, “tengo un padre, una madre, una hermana y un hermano”; después de cansarme de repetir oraciones elementales y necesarias para el aprendizaje de un idioma me buscaba algún libro de poesía o libros ilustrados y leía con el diccionario de noruego-castellano abierto. Quería leer palabras lindas, palabras con sustancia, palabras brillantes, palabras con juego, palabras oscuras, palabras con alma.
Pensaba que me iba a quedar solo un año allá. solo una pausa de un año y volvería a Argentina. Luego me quedé un año más y al final de ese segundo año conocí a mi marido. Y así me quedé. Mis papeles de estudios de Buenos Aires no tenían validez en Noruega. Para el estado noruego era una inmigrante sin estudios. Después de leer esa carta, tenía dos caminos: sentarme a llorar y no parar de llorar como Girondo, o arremangarme y empezar de nuevo.
Hasta llegué a escuchar “¿Por qué no haces enfermería? A vos que te gusta trabajar con las personas y tenés tanta empatía”.  Pero yo ya había explicado que tenía una formación teatral y literaria. Dicen que cuanto mayor sea el desafío mayor es el placer al final, algo de eso es motor de mi vida en muchos sentidos. La puerta cerrada y el corazón lleno de amor a estas dos disciplinas hicieron que me anotara en la universidad de Oslo para estudiar literatura castellana y portuguesa y armé mi primer espectáculo para chicos con música con el que realicé giras por muchos jardines de infantes y escenarios noruegos.

 

La actriz y la escritora

CLD2017-Abril-Reportaje_SalinasCon solo nueve años un día regresó del colegio diciendo que iba a ser escritora. Hubo quienes le dijeron que mejor estudiara una profesión que le diera un futuro: abogada, contadora. Pero la niña Salinas contaba con suficiente desobediencia como para no dejar sus sueños.

Además del castellano como lengua materna, estudió portugués. Luego emigró y adoptó el noruego como lengua propia. Ahora bien, sus dos profesiones (actriz y escritora) dependen del dominio de la palabra.
El noruego no se parece en nada ni al castellano ni al portugués, entonces no tengo de donde “colgar” las palabras. Si me quería acordar como se dice plato en noruego −tallerken− ¿dónde pongo esta palabra en la memoria? ¿dónde la podría apoyar para que salga la próxima vez que veo un plato? Entonces me tocaba memorizar y repetir un sustantivo y un verbo por día hasta el cansancio. Y después que tenía todas las palabras aprendidas, iban apareciendo de a poco al contacto con la realidad.
Es difícil ser un actor que no domina la palabra. Pero acá estoy. El año pasado estuve de gira con los dos comediantes más grandes que tiene noruega en este momento. Hicimos 150 funciones de la obra Extraña pareja. Como dramaturga, mi obra Vidas Extremas este año ganó dos premios: el Hedda Prisen y el Kriterprisen.

¿En qué idioma comienza su proceso creativo?
Para mí hablar y escribir en noruego es como disfrazarme. como vestirme con un vestido nuevo y con zapatos recién estrenados. Salir al escenario tratando de que el público crea que siempre usé ese vestido y esos zapatos mientras en realidad lo hago hace unos pocos segundos.
Mi proceso creativo comienza tanto con el castellano como noruego. Se me mezclan todas las palabras, y las emociones. Después me tengo que sentar y ordenar, corregir, sacar. Porque muchas veces hay palabras que no existen ni en castellano ni en noruego.

¿Qué le ha aportado el noruego a lo expresivo?
El noruego es un idioma muy práctico. Cortito, conciso, claro y resumido. Y a mí me gusta saltarle un poco a su naturaleza. Adornarlo un poco. Muchos me han dicho que les gusta el noruego que escribo, porque es noruego pero tiene otra cosa también. Y al no ser mi lengua materna siempre pienso mucho cada palabra que elijo. Como que las miro mucho y detenidamente antes de colocarlas en una oración. Mis textos en noruego son siempre muy económicos. Y en general son palabras cargaditas. Como que la palabra que elegí, queda ahí en representación de las muchas otras que dejé.

 

La poética del migrante

Todos sus libros tienen como trasfondo la idea de la migración y la necesidad de adaptarse a una sociedad muy diferente.

Y: novela basada en su propia experiencia, narra el proceso de incorporación de una joven argentina que migra a Noruega y va a descubrir su propia identidad en una sucesión de sumas: argentina y noruega, traductora y actriz y escritora y… Ha sido distinguida dentro del listado White Raven en 2016.

El viaje:  definido por la crítica como un libro universal. El protagonista llega a un lugar nuevo donde todo es nuevo, encontrar a un semejante es la tarea primera.

El hambre: ahora que este personaje ya encaja, son otros los recién llegados. Ahora hay que compartir.

No solo porque yo soy una extranjera en noruega, sino porque desde chiquita era como una extranjera en mi propia vida”, sostiene Salinas. Una experiencia no solo personal sino familiar: hija de una correntina y un formoseño llegados a la capital argentina en busca de progreso. Y también niña de hogar de clase social baja que fue enviada a colegios privados, donde sus compañeros tenían una situación económica holgada. Adaptación y diferencia.

Aunque viaja una vez por año a Argentina a visitar a su mamá, Salinas aun no ha sido publicada en castellano. Sus tres libros para niños han sido inicialmente publicados en noruego, aunque los dos libros álbum ya se han traducido y publicado en diferentes lenguas (sueco, danés, inglés, francés, chino y persa), logrando buenas reseñas y repercusión entre el público especializado incluso en los Estados Unidos.

Su primera novela, Og −en castellano Y−, se espera que siga un camino tan maravilloso, o aun más, que sus primeros álbumes.

¡Cultura LIJ digital #33 YA ESTA AQUÍ!

Con este número, Cultura LIJ concluye su octavo año ininterrumpido de publicación. Leelo, bajalo y compartilo. Retomamos en marzo 2017.

Y llegó diciembre, y llegó fin de año, y llegó la última lectura de Cultura LIJ en 2016.

SUMARIO

Editorial: Decir y existir
Por Laura Demidovich y Valeria Sorín (ver artículo en la web)
Terminamos con esta edición digital el octavo año de Cultura LIJ. Y se impone, como anunciamos, un cambio. Ahora nos tomamos un breve descanso, creativo y bullicioso. Nos reencontraremos en marzo, como todos los años, donde estrenaremos juntos una nueva forma de ser y estar en el mundo, por fin en el siglo XXI.

La voz de la imagen: Empujando el precipicio
Laura Demidovich y Valeria Sorín (ver artículo en la web)
Antes de arribar a la Feria del Libro de Guadalajara, donde será invitado destacado, André da Loba habla de su trabajo en exclusivo para la revista.

1a1: Biblioteca Viva
Daniela Azulay (ver artículo en la web)
Greta Gamondes cuenta que las redes sociales en general y Twitter en particular son una herramienta que ayuda a la hora de explorar e informarse.

Biblioteca Protagonista: La Ilustración, 127 años después
Valeria Sorín – (ver artículo en la web)
Robert Darnton, historiador del libro, cree que la biblioteca digital mundial es la cumbre del proyecto de la Ilustración. Sobre este y otros temas dialogamos en exclusiva.

Al rescate Juegos, juguetes y regalos
Por Mónica Rodríguez – (en breve publicado también en la web)
Este itinerario se puebla de juegos, de juguetes, de regalos. Algunos esperados, otros descubiertos por azar… Y por qué no, alguna que otra decepción.

Jitanjáfora: Nos estamos presentando
Asociación Jitanjáfora – (en breve publicado también en la web)

Contexto: Intervención urbana en resistencia
– (en breve publicado también en la web)
El grupo Los Lanzallamas han tomado la circulación de las palabras a su cargo en la capital de la provincia de Chaco.

Agenda Y los nominados por Latinoamérica son…
– (en breve publicado también en la web)
Un repaso por quién es quién de las organizaciones latinoamericanas nominadas para el premio Astrid Lindgren Memorial Award  2017.

De fondo: Editorial La Bohemia

En foco: La construcción del plural
Carmen del Faro – (en breve publicado en la web)
Por un 2017 repleto de experiencias compartidas.

 

La Ilustración, 127 años después

De visita en Argentina, el historiador del libro Robert Darnton se hizo un tiempo para conversar con Cultura LIJ.

Por Valeria Sorín
Robert Darnton dio una conferencia en la Biblioteca Nacional de la Argentina acerca de cómo hoy internet cumple el proyecto de la Ilustración del siglo XVIII. El historiador estadounidense había sido convocado por la Red de Editoriales Universitarias Nacionales (REUN) y la Carrera de Edición de la Universidad de Buenos Aires, con el apoyo de CONABIP, Biblioteca Nacional y Fund. OSDE.

darnton3Comienza su exposición mostrando fotos de la época en la que era estudiante en Oxford. Rejas poderosas terminadas en peligrosas puntas custodiaban el perímetro, cual muro del castillo medieval. Los alumnos que luego de la hora establecida no estuvieran dentro debían esperar hasta la mañana para acceder a sus dormitorios, o bien atreverse a trepar y saltar dentro. Un joven Darnton ríe desde la pantalla trepado a las espaldas de un compañero: trasnocharon e intentan ingresar por muros altos y afilados. En el centro del campus: la biblioteca. El conocimiento custodiado por una elite bien elegida.

Tal vez por eso, la Ilustración europea en el siglo XVIII fue una utopía tan inspiradora y la enciclopedia publicada por Denis Diderot en Francia −17 volúmenes en folio, más otros 10 volúmenes de ilustraciones, o sea casi siete kilos de papel, 100 autores, miles de entradas−, la promesa cumplida de compendiar racionalmente todo el saber acumulado acerca de las artes y las ciencias. Imposible publicarla bajo la censura reinante en Francia. Imprescindible su distribución para dar solidez a la revolución en ciernes. Y así, en ese marco intelectual, nacen las repúblicas bajo la consigna de “libertad, igualdad y fraternidad”.


El proyecto iluminista dos siglos después

Robert Darnton siente cumplido el recorrido de su carrera. Luego de investigar y documentar por años las transformaciones de la sociedad francesa en el siglo XVIII a través de la historia del libro y la actividad editorial de la época; luego de estudiar los mecanismos de censura en lugares y épocas tan diferentes como la Alemania nazi y la India colonial, ahora dirige la biblioteca de la Universidad de Harvard. “Una universidad que nació alrededor de la donación de un particular de una primera biblioteca de 400 ejemplares en 1638”. Ese tesoro tenía tal envergadura que fue suficiente razón para armar en torno de él una Academia. La biblioteca de Harvard tiene hoy más de 12 millones de libros.

La salud de la república depende la información del ciudadano”, explica Darnton.

Los más difíciles de saltar son los muros invisibles. Porque si hay bibliotecas públicas en todas las ciudades y pueblos norteamericanos, las barreras culturales siguen allí presentes separando la nobleza de la plebe. A no ser…


-¿Cuál fue el motivador de tantos años de investigación?
Quise comprender cómo el libro ingresa a la sociedad y cambia la forma de pensar de la gente. Cuando me gradué, no existía la historia del libro como disciplina. En breve tiempo las contribuciones de Roger Chartier en Francia y Donald MacKenzie en Gran Bretaña permitieron empezar a dar cuenta de un área específica del conocimiento. La historia del libro tiene que ver con la historia de la tecnología, del transporte, de los usos y prácticas de los lectores.

-Gonzalo Oyarzún, el director del Sistema de Bibliotecas Públicas de Chile, sostiene que las bibliotecas están llamadas a ser en el siglo XXI lo que fue la plaza pública en la antigüedad griega.
Estoy totalmente de acuerdo. He visto esta transformación con mis propios ojos. Yo integro el consejo directivo del sistema de bibliotecas públicas de Nueva York, lo que me ha dado la oportunidad de seguir la evolución de las actividades de sus 88 bibliotecas. Estas son en cada barrio el corazón de la comunidad. Aún acude a ellas la gente para sacar préstamos de libros, pero sobre todo asisten en busca de servicios: para hallar información en internet o para conseguir ayuda para resolver cuestiones de la vida cotidiana donde interviene lo burocrático: encontrar trabajo y llenar formularios on line, realizar trámites para sacar la licencia de conducir, realizar las tareas escolares, incluso para trabajar si el barrio es peligroso.
La biblioteca pública debe ser amigable con el usuario y ofrecerle un espacio neutro. Sí, es como el foro romano, pero más democrático, ya que la noción de ciudadano hoy es más amplia.

-Siguiendo esta línea, ¿podemos pensar que internet cumple y cierra el proyecto iluminista?
Totalmente. Hablábamos antes de la enciclopedia que lleva a cabo Diderot, en ella trabajaron 200 personas. Wikipedia tenía más de 77.000 contribuyentes, 365 millones de lectores y más de 300.000 artículos hasta la última vez que me fijé. Y es free, que en inglés significa tanto libre como gratuita. Es el sueño de una República de las Letras.
Pero la manifestación de la utopía estadounidense acerca de la participación ciudadana en la custodia y circulación del conocimiento la lleva la actual biblioteca pública digital de Estados Unidos (Digital Public Library of America, o DPLA según sus siglas en inglés). Funciona bajo el dominio https://dp.la/ y reúne textos con derechos de autor vencidos, fotografías, documentos históricos de todas las bibliotecas del país.

Y este es el proyecto que más lo entusiasma. Las bibliotecas están convocando a las personas de sus comunidades a colaborar escaneando y compartiendo sus propias fotos en la construcción de un histórico de las imágenes de cada pueblo, de cada ciudad. Gracias a la participación de estos voluntarios, espera Darnton que cada comunidad amplíe el conocimiento de su propia historia.

Volvemos a los números: actualmente se pueden encontrar allí 13 millones de obras. Participan más de 2000 instituciones y tiene acceso desde todos los países del mundo. Además de la búsqueda por palabras clave, se pueden realizar recorridos previamente curados: son las exhibiciones.

Quienes estamos en este lado del globo sabemos que no se trata solamente de hacer disponible un documento para que efectivamente se socialice en tanto conocimiento. Pero no deja de ser un proyecto al que ponerle atención.

 

 

La belleza de la desmesura

Cuando se anunció en la feria de Frankfurt la lista de los mejores libros para niños y jóvenes (White Ravens), la obra de Nicolás Arispe llamó la atención de todos.

Reportaje a Nicolás Arispe por Valeria Sorín

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Escena del relato de Alberto Laiseca.

Para sorpresa de sus autores, el libro doble La madre y la muerte y La partida ha tenido un debut muy aplaudido. Desde la crítica y desde las ventas, este ambicioso proyecto viene dando que hablar. Decidimos entrevistar entonces a su ilustrador, Nicolás Arispe.

 

-Este es un proyecto que nace por su impulso.
-En un punto sí. Hace cinco años le escuché contar La madre y la muerte a Alberto Laiseca y la atracción fue inmediata. Me dije “yo con esto tengo que hacer un libro”. Cuando lo ilustré y le llevé la propuesta a él, le gustó. Se lo ofrecimos a Fondo de Cultura Económica y ellos propusieron sumarle la otra historia para que fuera un libro de doble entrada. El mismo tema, pero contado desde otra mirada. Al principio lo dudé, pero cuando leí el otro cuento, dije que sí.

-Los libros dobles son una apuesta con cierto riesgo, pero en este caso ambos cuentos están muy ajustados.
-El tema era fuerte y no sabía si iba a poder encararlo dos veces. Fue una inversión personal muy potente la primera vez, tuve que meterme muy adentro del libro. La verdad es que cuando lo leí vi que el segundo cuento convivía perfecto. En el cuento de Laiseca la madre hace todo por volver a la vida a su hijo y en el de Alberto Achimal la madre hace todo por matarlo.

Improntas emparentadas

-¿Y cómo decidió trabajar en ambos casos?
-Para evitar repetir recursos me parecía que estaba bien confrontar estas cosas. En el de Laiseca, el uso de la madre con cabeza de zorra, nos lleva un poco a las fábulas y tiene una impronta europea. El de Achimal comienza con un terremoto y claramente te sitúa en México, por eso las calaveras del grabador José Guadalupe Posadas estaban venían muy bien. Por otra parte, tiene un tono sarcástico: los personajes se debaten todo el tiempo sobre la muerte y son calaveras, están todos muertos.

-¿Hasta dónde se puede hablar de la muerte?
-En nuestro país, Argentina, la muerte es un tema tabú; no así en México. Cuando comencé a trabajar en esta obra, tenía muy presente un ensayo que leí, Morir en Occidente de Philippe Ariès, donde el autor va haciendo un relato histórico del tratamiento que se le da a la muerte, desde una concepción natural hasta negarla por completo y poner en relevancia otras cosas, como la pornografía, que estaban tapadas y afloran. Hay una hipocresía acerca de estos temas: por un lado, parece que no hay que hablarlos con los chicos; pero por el otro, son bombardeados por matrices de consumo ultra erotizantes. ¡Pero cómo vas a hablar de la muerte!

Cuestión de género

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Escena del relato de Alberto Achimal.

Hace tiempo, para ilustrar su perfil en la revista imaginaria.com, Arispe decidió usar un retrato en el que está leyendo Los Sorias, la magnánima obra de Alberto Laiseca. “Yo soy fanático de él, me parece un escritor extraordinario. Las imágenes que él me dispara son todas desmesuradas. Una cosa barroca pero apocalíptica, de un realismo delirante. La estética de Laiseca se basa en el pastiche: en un mismo libro puede escribir como Heródoto y a la página siguiente con el registro de un panfleto de pescadería”. La llegada de Arispe a este libro no es casual, algo de sueño cumplido encierra.

-¿Cómo se relaciona desde la imagen con estos textos?
-La prosa de La madre y la muerte trabaja sobre lo despojado. Pero yo quería relacionarlo con lo propio de Laiseca, con el exceso de simbología. Que lo puedas leer una vez y otra vez, y lo puedas recorrer desde diferentes lugares. Armé cuatro o cinco caminos distintos en función de los símbolos, de los personajes, de los mensajes.
En el caso del cuento de Achimal, la clave es la inversa: un solo elemento que guía todo. Empieza con un terremoto. Además de la obra del grabador mexicano, me basé en un corto de Eisenstein. Él realiza a principio de siglo XX, poco después de la Revolución mexicana, acerca de la cultura mexicana: ¡Qué viva México!, donde un fragmento trata sobre el Día de los Muertos. Estas dos fuentes son como el núcleo duro de la estética del cuento de Achimal.
En este libro no me prohibí mucho. Noté que podía haber un exceso de tipologías, entonces ahí sentí libertad total. Por supuesto, después tenés que darle cierto orden para que no pase al cocoliche. Yo armé un archivo de cosas que me interesaban en relación al tema: desde elementos de la alquimia hasta obras de la historia del arte que me interesaban: la pose final de la muerte mirando por la ventana está tomada de Sin pan y sin trabajo, de Ernesto de la Cárcova; el friso que aparece en las piedras cuando la muerte se mete en la montaña está tomado la obra Las grutas de Buontalenti.

-En el caso de algunos ilustradores, uno tiene la sensación de que nos proponen lugares de la cultura donde abrevar.
-Por ahí tiene que ver con compartir cosas que me deslumbraron a mí. Uno arma una estructura de pensamiento en función de otras estructuras de pensamiento, nadie arma nada de cero. Puedo llegar a cierta imagen, a cierta reflexión, porque me estoy apoyando en otro montón de cosas que me llevaron ahí. Cada vez más busco poner lo que estoy diciendo con cierta tradición con la que creo que dialoga.

La observación del lector

-Da la sensación de que, cuando encara un trabajo para un público infantil, no se autolimita, no piensa en un lector incompleto, ni en uno que haya que proteger específicamente.
-De lo único que podés proteger a un lector es de darle una cosa mediocre. No creo en proteger al lector. Ponerse a pensar para quién lo vas a hacer es como medio absurdo. Yo no tengo manera de pensar en para quién. En los primeros libros que hice, sí buscaba un lenguaje que fuera más rítmico, más musical, propio del juego. Ahí había una cierta orientación. Pero cada vez me fui alejando más de eso. Y, desde la perspectiva de mi trabajo, me dio mejores resultados porque me dio más libertad y más solidez para trabajar. En el caso de La madre y la muerte, yo sí quería que el libro pudiera ser leído por chicos, que los incluyera. Ahora, en la medida en que le iba incorporando cosas, la noción de para quién se me fue borrando. Achimal dijo una en un reportaje: “Es un libro para lectores”.

-Es un libro de una gran belleza.
-Hay algo de la belleza que tiene que ver con el oficio, con el trabajo, con cierta armonía. En lo figurativo, la belleza es hospitalaria con el lector, tiene algo que te aloja, que te invita a entrar. Por supuesto, puede ser engañosa.
Lo mismo pasa con lo barroco, al que en su momento se lo acusó de sobrecargado, frente a lo conciso de lo minimalista. Yo estoy a favor de lo barroco porque me parece más democrático que la idea monolítica, porque ofrece más entradas al público.