Categoría: El pez por la boca muere

Aside

Ante la duda, una mayúscula. Veamos cómo nació uno de los errores más comunes a la hora de referenciar autoridades o trayectorias.

Por Norma Castellanos

 

Probablemente, la mayúscula esté asociada a cierto valor dignificador porque, en sus inicios, los romanos la utilizaban en las inscripciones monumentales y estaba reservada para obras especialmente lujosas. Ahora bien, en la actualidad nuestro sistema ortográfico le asigna a la mayúscula funciones lingüísticas bien delimitadas.

Entonces, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “mayúscula de relevancia”? A todos aquellos casos en que su uso responde simplemente a una faceta social, en la cual este tipo de letra pone de manifiesto el respeto que socialmente se le otorga al referente de ciertos términos, como los títulos o cargos.

Según la Ortografía de la lengua española (2010):

Los sustantivos que designan títulos nobiliarios, dignidades y cargos o empleos de cualquier rango (ya sean civiles, militares, religiosos, públicos o privados) deben escribirse con minúscula inicial por su condición de nombres comunes”.

Así, lo correcto hoy es escribir presidente, profesor, ministro, etc.

En consecuencia, utilizar mayúscula en los casos antes mencionados constituye un error porque no tiene ninguna justificación lingüística, ya que recae sobre sustantivos comunes, independientemente de la valoración social o personal que se le dé al referente.

Además, este uso conlleva un problema más serio aun: es extremadamente subjetivo y, por lo tanto, podría generar falta de consenso. Bien establece la RAE que este uso, en ningún caso, debe convertirse en norma.

Aside

Todo lo que siempre quisiste saber acerca del caso del adverbio “solo” y su tilde.

Por Norma Castellanos

La Ortografía de la lengua española, libro que publicó la Real Academia Española en 2010, introdujo una serie de cambios en la ortografía. Uno de esos cambios —el más resistido de todos— es establecer que solo ya no se tilda.

¿Cuándo tildábamos solo? En general —y sin ningún otro análisis—, siempre que actuaba como adverbio, con el significado de ‘solamente’ o ‘únicamente’. Pues bien, esto que hemos aprendido a fuerza de correcciones en la escuela no era correcto.

Lo que era válido antes de la última reforma era tildar solo en casos excepcionales. Como lo explicaba el Diccionario panhispánico de dudas: “Cuando esta palabra pueda interpretarse en un mismo enunciado como adverbio o como adjetivo, se utilizará obligatoriamente la tilde en el uso adverbial para evitar ambigüedades”.

¿Qué es la ambigüedad? Estaríamos frente a un caso de ambigüedad, por ejemplo, en un enunciado como:

Trabaja solo los domingos.

¿Cómo debo interpretar la palabra solo: como adverbio o como adjetivo? ¿Trabaja únicamente los domingos? ¿O trabaja sin compañía los domingos? Frente a esta posible ambigüedad, la normativa establecía que llevaba tilde el uso adverbial.

Pero no nos contaron algo —y tildábamos sin ton ni son—: la ambigüedad, en general, se resuelve por el contexto. Es fácil “jugar” con un enunciado solo, sin otro texto que lo rodee, pero es más difícil si ese enunciado va acompañado de otros que aclaran, especifican, describen. Así, en el ejemplo anterior, bastaría con agregar una oración anterior para resolver la ambigüedad sin utilizar la tilde.

No le gusta trabajar. Trabaja solo los domingos.

O bien:

Sus compañeros no lo soportan. Trabaja solo los domingos.

Asimismo, hay otros casos que presentan ambigüedad y no pueden resolverse con la tilde: “Me tomé un café solo”. ¿Estaba sin compañía? ¿Me tomé un café sin leche?

Cabe recordar que la ortografía es una convención, es decir, un conjunto de normas que fijan las pautas de la correcta escritura de una lengua. Sin embargo, estas normas no son inamovibles y están sujetas a cambio y evolución, producto de la evolución de la misma lengua.