Pobres lobos

¿Quién le teme a los lobos?
Por suerte encontrarmos buen refugio.

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La familia ampliada –padres, madres, tíos, hijos, nietos y abuelos– paseaba por San Antonio de Areco. Todo brillaba para todos, acostumbrados a la gris geografía urbana. El río, los patos, los pies en el agua, los negocios rurales y las casas coloniales.

Una casa típica, de las de ladrillo a la vista, techo de tejas y escalones de piedra, los deslumbró.

̶̶ Mirá Cami, dijo la abuela. Mirá que casa hermosa ¡Cuántos ladrillos! ¡Cuántas tejas!

̶̶ Guau, ¡qué linda!, dijo Camilo asombrado.

Y luego, con todos los aires de sabihondo que cabían en sus cuatro años, agregó.

 ̶̶ Y con estas, abuela, no pueden los lobos.

¡Qué vivan Los tres chanchitos, qué vivan los cuentos!

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La casa de Asterión

Borges en sexto grado y el milagro de leer desde el aula.

Por Cecilia Chiapetta. Maestra de 6° y 7° grado en la Escuela n° 21 del Distrito Escolar n° 11, Parque Avellaneda, Ciudad de Buenos Aires. Argentina

 

Según se dice, en la escuela pública cae de todo, cuando no es un promotor de gaseosas es un pedazo de cielorraso que se desprendió. Y una aprende a aprovechar oportunidades. Como la vez que llegaron los exámenes niveladores para sexto grado, exámenes de dudosas intenciones. Y adjuntos a los exámenes, una revista con el mito del Minotauro.

Después de leer instructivos para evaluar y corregir, bufar, argumentar y hacer lo que cree más digno y menos traidor, una toma –a su manera– la prueba bendita. Pero se queda pensando cómo seguir. Y ahí aparece la literatura.

Laberinto cretense anónimo (1550 a.c.)
Laberinto cretense anónimo (1550 a.c.)

Les anticipo a los alumnos que el cuento que vamos a leer puede parecer difícil, que no fue escrito para chicos. Tony dispara que entonces para qué. Respondo que cuando lo leamos lo descubrirá. Les pido que no interrumpan la lectura a cada rato con preguntas de vocabulario, que no necesitamos conocer todas las palabras que aparecerán en el texto. Que confíen.

Inicio la lectura. El clima es simplemente perfecto. Silencio y ojos moviéndose al compás de las palabras. “¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura?“. A cada párrafo, disfruto de leer en voz alta como no lo hacía hace rato. “Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta“. La vista clavada en el papel para la mayoría, una mano abierta palma arriba es lo que necesitan otros para verificar. Ellos sí que saben jugar con las palabras. Lo que no saben es que son mi público preferido.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal”. Las pistas más certeras hacen su entrada y Giuliana festeja, entrecerrando un puño y bajándolo, haber atrapado algo del significado del texto. Gabriel se sonríe, la evidencia confirma sus sospechas. “¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?“. Fausto levanta la mirada hacia mí, curioso; mientras Iván asiente, bajándola.

Se acerca el final que conozco bien y la respiración se me entrecorta. Planeo un ligero cambio en mi tono de voz cuando se produce el salto de narrador. “—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió“.

Cristian aplaude y otros lo siguen tímidamente. Les digo que sientan, que opinen, que digan lo que les viene a la mente ahora que han terminado de leer.

Giuli no aguanta quieta en su silla. Dice que ella vio un parecido con la historia del Minotauro. Lo notó sobre el final, aclara. A Kevin algo le recuerda la historia de La espada en la piedra, pero la espada nada más, dice. Gabriel aclara que el que cuenta la historia ES el Minotauro. Giovi, Nahuel, Diego, Mica empiezan a mirarse entre sí y buscan aprobación. Santi se sorprende cuando les digo que Asterión es uno de los nombres que se le da al monstruo mítico. Volvemos sobre el título: La casa de Asterión. ¡Habla sobre el laberinto!

Iván opina que, entonces, el número catorce que tanto menciona Asterión como el infinito podría ser la suma de los siete hombres y las siete doncellas que se nombraban en la versión del mito que leímos.

De pronto, nos detenemos en la tristeza del Minotauro. Marcamos en el texto frases como “Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa“. Nos sentimos tristes por él, acongojados: Asterión no tiene amigos. Asterión puede salir, pero tiene miedo. Asterión está solo aunque el laberinto no está cerrado. Asterión teme que todos lo rechacen. Porque es un monstruo, dice Tony. Como el cuento que íbamos a leer. Pero estos pibes me hacen animarme a leer a Jorge Luis Borges en sexto grado. Y, al final, con ellos, hasta el viejo parece amigable.

Maestro dei Cassoni-Minotauro
Theseus y el minotauro, Maestro dei Cassoni Campana, (1515), maestro anónimo.

 

Ser docente hoy

¿Por qué ser docente hoy? Como diría Alan Badiou hablando de lo que es una vida verdadera: “porque es un regalo
peligroso que la vida nos hace”.

¿Por qué ser docente hoy? Como diría Alan Badiou hablando de lo que es una vida verdadera: “porque es un regalo peligroso que la vida nos hace.” El auténtico docente es hoy y siempre, ante todo, un intelectual que piensa y crea pensamiento con lo que cada época le provee, y en ese juego abierto entre la intelectualidad del docente y la intelectualidad del alumno se trabaja justo en el indicio de que algo no cierra por completo, allí donde se mantiene una cierta fisura y donde ese “algo” que ya está en el sujeto -sujeto alumno y sujeto docente- y también está más allá de él, eso que no se consigue simbolizar por completo, se convierte en conocimiento.

Creo, sinceramente, que el trabajo con el pensamiento nos salva en alguna medida de la sensación o sentimiento de fatalidad.

Teresa Rodríguez. Tres Arroyos, Buenos Aires, Argentina. Profesora de Lengua y
Literatura. Con desempeño en Educación Secundaria, Educación Terciaria y como
Inspectora de Área de Secundaria.

Arroz frío

La mirada poética de un niño encuentra la belleza en un plato de arroz.

Por Cecilia

CV: Maestra de cuarto y séptimo grado. Escuela pública. CABA. Argentina.
Por Eva Brugues, del libro Brújula Norte.
Por Eva Brugues, del libro Brújula Norte.

Lo conozco desde 2013. Había llegado un año atrás de un lugar llamado Turco, en Bolivia, pero todavía casi no emitía palabra. En uno de nuestros primeros encuentros, yo en mi estreno en cuarto grado y él en su segunda vuelta, le pedí que me contara algo por escrito. En un texto lleno de comunes errores de ortografía y gramática enrevesada me habló de cabras, de abuelitas, de montañas.

Ahora lo vuelvo a encontrar como su profe de Lengua y Sociales en séptimo grado. Aún tiene los ojos más hondos del universo. Para mí, siempre tuvo algo de poeta.

Hoy me traje a casa su Cuaderno de Escritores. Y entre muchos otros escritos, encontré esto. La consigna era escribir cualquier tipo de texto titulado “Arroz frío”. Luego leeríamos un poema homónimo de una autora coreana, que me había pasado una colega. En el cuaderno de Brayham (así se deletrea su nombre) apareció esto.

“Blanco y blandito si te cocinas, con una forma
muy pequeñita y majestuosa. No te enfríes
si te dejo por veinte minutos, me dolería ver
que ya estás frío y sin tu divino sabor.

Si te pongo con tu amigo el pollo, quedarán espectaculares
harán una bonita pareja. Todas las noches
te juntas con tus amigos
como el brócoli, la cebolla, la zanahoria y con los fideos.”

Esa noche mientras cocinaba arroz blanco y pollo, decidí seguir leyéndoles a los alumnos las odas de Neruda. A todos los grupos de alumnos que pueda.

 

Escucha

Breve crónica de una maestra que descubre la escucha de un niño.

Por Pata Martínez

CV: Maestra de sexto y séptimo grado. Escuela Pública N°15 D.E. 14, Ciudad de Buenos Aires.

Yo creo que Satoshi no me escucha nunca, que lo que digo no le importa, que le interesa NADA cada una de mis propuestas.
Hoy leímos una entrevista a Guido, el nieto restituido de Estela.
Me detuve en muchas frases del relato, en muchas.
En eso veo a Satoshi que hace algo en el margen de la hoja.
–¿Qué es ese dibujo?
–Un piso de cristales rotos a sus pies.
Yo no me había detenido en esa frase. Con esas palabras definió la periodista a Guido al momento de la entrevista. Sí, Satoshi escucha. Y más de lo que escolarmente nos muestra. Escucha mientras intenta descifrar el mundo en dibujitos.