La lectura aguas adentro

¿Cuál es la función de una biblioteca o de una escuela rural? ¿Cuál es la relación costo-beneficio que justifica sostenerlas? Estaríamos dados a creer que en este siglo marcado por la circulación de la información no sería necesario responder estas preguntas, pero la realidad lo exige.

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Por Valeria Sorín

¿Cuál es la función de una biblioteca o de una escuela rural? ¿Cuál es la relación costo-beneficio que justifica sostenerlas? Estaríamos dados a creer que en este siglo marcado por la circulación de la información no sería necesario responder estas preguntas, pero la realidad lo exige.

Venezuela - Bibliofalca y Bibliobongo
Venezuela – Bibliofalca y Bibliobongo

Se pueden definir como rurales todas aquellas áreas geográficas dedicadas a la producción primaria (agricultura, ganadería, pesca, minería, forestación) estructuradas y organizadas por pueblos y pequeñas ciudades con sus actividades de transformación y de servicios, donde existe un vínculo directo y próximo entre la población y la naturaleza, y donde se construyen relaciones interpersonales signadas por la proximidad y el conocimiento mutuo. Así lo define el investigador Marcelo Sili en su libro Atlas de la Argentina rural.

Es en ese contexto donde cada espacio de comunidad tiene un valor distintivo y produce dinámicas singulares de alta vitalidad que, con el tiempo, se vuelven imprescindibles. Una biblioteca, una escuela, una sala de primeros auxilios, un comedor, una tienda de ramos generales no son solo un lugar donde consultar, o donde educar, o donde curar, o donde alimentar, o donde surtirse; valen por las interacciones que promueven.

Claro queda que lo rural no puede identificarse solamente con el campo o la montaña. El rasgo de ruralidad es propio también de las islas y los archipiélagos con baja densidad de población, marcados diariamente por el rugir de la naturaleza, que quedan muchas veces aislados del ritmo del continente; cuando no olvidados por sus mismos gobernantes. Pocas, sí; dispersas, también; su poca relevancia económica suele postergar a estas poblaciones en la lista de prioridades.

 “Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.”
Antonio Machado

 

Gesta de bibliolanchas

En Venezuela, en 1986, surge la bibliolancha como un modelo de extensión de la Red de Bibliotecas Públicas. El objetivo era atender a las comunidades indígenas ribereñas de los ríos Sipapo y Orinoco, en la región amazónica. Posteriormente surgirán el Bibliobongo, elaborado a partir de la corteza del árbol palo de mure por los propios indígenas, y la bibliofalca, esta última desarrollada con el apoyo de UNICEF. Estas segundas versiones permitieron ampliar el radio de cobertura, ofrecer una sala de lectura en la misma embarcación, trasladar también actividades recreativas y culturales, y entregar cajas viajeras –recipientes de plástico como también bolsos impermeables que contienen libros y revistas– a las familias, además de contener una pequeña ludoteca, películas y hasta material deportivo.

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En Argentina, la biblioteca popular Genoveva fue fundada en 1958 por iniciativa de vecinos del arroyo Felicaria, en la zona de la segunda sección del Delta del Paraná, en la provincia de Buenos Aires, y gracias a la donación de una casa para tales fines. Los únicos espacios comunitarios en decenas de kilómetros cuadrados son la escuela y la biblioteca, son espacios de pertenencia que funcionan como referentes fuera del espacio de la casa de cada poblador. Desde hace diez años la biblioteca ha extendido su labor al equiparse con una bibliolancha que le permite recorrer el arroyo y zonas aledañas.

La biblioteca participa del festival de poesía que organiza la escuela del arroyo, por lo que convocan año a año a autores para que se acerquen y compartan con los chicos y con sus familias su actividad poética. Por allí pasó Adela Basch Ruth Kaufman.

CLD2018-marzo-bibProt-bibliolanchas-destacadaColombia, Argentina y Chile, como veremos a continuación, están gestando la primera red de bibliolanchas, lógicamente liderada por las propias bibliotecarias (Milena Guerrero Hidalgo, Marisa Negri y Teolinda Higueras). El objetivo para el 2018 es la publicación de un libro de leyendas fluviales y marítimas. Hay que poner en foco que, al internarse y recorrer poblaciones alejadas, los bibliotecarios se encuentran con una rica tradición oral que vale la pena recuperar. En el caso de Venezuela, la bibliolancha ha contando con un bibliotecario de la etnia piapoco, hablante de la lengua jivi.

Debemos comentar que existen, aunque pocos, algunos otros casos similares en el mundo. Por ejemplo, en Noruega  los municipios de Hordaland y Møre og Romsdal sostienen un barco destinado a biblioteca flotante para visitar las lagunas marinas y fiordos de la región llevando 400 ejemplares entre libros y audiolibros, y también espectáculos. Mientras está amarrado, sirve como biblioteca a la ciudad que visita: niños pequeños, adultos mayores y escuelas suben para disfrutar de sus servicios.

La bibliolancha de Quemchi

Las migraciones dejan estos poblados rurales habitados por niños y adultos con una sistemática ausencia de jóvenes debido a la debilidad de oportunidades de formación y progreso económico. Partir o quedarse es el debate que los atraviesa. Y para quienes han partido, el debate es por regresar o afincarse definitivamente en las superpobladas ciudades. La historia que sigue tiene como protagonista a una mujer que regresó enamorada de sus raíces.

Teolinda Higueras nació en Puerto Montt, pero vivió su infancia en el pueblo de Quemchi, de la isla de Chiloe, en el sur de Chile. A los doce años, partió a estudiar y vivir en un internado en Talca, a 926 kilómetros de su pueblo, la ciudad donde se había firmado un siglo antes la independencia de Chile. Cuando ya formada regresó a Quemchi, se enteró del inminente cierre de la biblioteca pública al haber finalizado el convenio entre la Municipalidad y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam). Luego de dar lucha para que se reabriera, quedó a su cargo, y lo que en primera instancia era una prueba de un año se extendió indefinidamente. Era 1978 y la libertad estaba presa de una dictadura feroz. Muchos jóvenes relegados se refugiaban diariamente en la biblioteca. Los problemas con las autoridades la llevaron a alejarse para regresar ya con otros vientos soplando.

 

Yo no conocía la ruralidad”, cuenta Teolinda, quien en 1995 propone iniciar recorridos semanales en lancha por el archipiélago para extender el alcance de la biblioteca. Al principio se embarcaba en la lancha sanitaria, que era capitaneada por uno de sus compañeros de escuela primaria, y junto a los agentes de salud recorrían durante una semana las poblaciones isleñas antes de regresar al pueblo. “Los maestros en aquel momento se reían de los libros que llevaba. Estaban muy deteriorados. Pero los mismos maestros me ayudaron a empastarlos y retaparlos”. Faltaban años para que al ganar un concurso internacional pudiera llegar una colección de libros impecables.

A la lancha fueron subiendo cuentacuentos y actores con los que montaban espectáculos culturales, los únicos a los que tenían acceso estos pobladores: “Éramos la gran visita del mes, la que todos esperaban.” Y cuando consiguió solventar un grupo electrógeno, llevó también una televisión donada por el escritor Francisco Coloane donde pasaban primero documentales y luego dibujos animados.

Al finalizar el primer año de gestión, Teolinda decidió premiar a los mejores lectores con una gira cultural por la ciudad capital de Santiago. En los años sucesivos se han podido llevar a cabo 12 de esas giras, lo que implica para muchos de los isleños el único viaje fuera de la isla que realizarán.

Años más tarde una periodista le preguntó “¿Qué desea a futuro?”, “Tener una lancha propia para la biblioteca”. La entrevista llegó a conocimiento de la directora de la Fundación Desafío Levantemos Chile y el sueño se hizo realidad.

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A Teolinda Higueras es posible imaginarla como un gigante, como una turba imparable, como la risa contagiosa. Difícil reconocer en esa breve figura y su voz cálida a la gestora de la primera bibliolancha de Chile. Gestar no es cuestión simple, aun quienes no se han formado para ello terminan enfrentando burocracias, celos políticos, dificultades arancelarias o normativas. El año pasado, Higueras fue corrida de su cargo en la biblioteca de Quemchi, y el convenio entre la Fundación y el gobierno local quedó sin efecto.

Ahora Teolinda Higueras organiza una asociación sin fines de lucro para recuperar la bibliolancha y seguir embarcada en llevar la lectura a lo más profundo de las poblaciones isleñas.

El habitante de las islas necesita del cariño y la compañía para sentir que es parte del país. Hay que agradecerles que sigan resistiendo el clima, el frío, que no quieran abandonar el territorio”.

 

A modo de temporaria conclusión

Todas las fuentes consultadas acuerdan que si bien en una instancia inicial el servicio de biblioteca no formaba parte de las necesidades expresadas por los pobladores, con el paso del tiempo, cada vez que los programas han tenido que enfrentar un traspié burocrático, son los pobladores, ahora convertidos en lectores, quienes defienden su presencia con fuerza y perseverancia haciendo valer sus voces. En todos los casos los proyectos no solo forman lectores, sino que logran un consecuente trabajo identitario, lo cual comprueba una vez más que el camino se hace al andar.

Para seguir leyendo:

  • Atlas de la Argentina rural, Marcelo Sili, Capital Intelectual.
  •  Acceso a los servicios bibliotecarios y de información en los pueblos indígenas de América Latina, por Milagro Medina de Silva. El artículo enfoca su atención en la problemática de los grupos minoritarios que no cuentan con acceso a los servicios básicos de una biblioteca, en este caso mediante algún tipo de embarcación.

“Los libros deben ser un artículo trivial”

Gonzalo Oyarzún conversó con @Cultura_LIJ sobre la necesidad de fomentar la lectura para asegurar el acceso de las personas a sus derechos.

Por Valeria Sorín.

 

Pocas horas de presentarse en el Mercado de Industrias Culturales de la Argentina (MICA) para hablar sobre cómo atraer a nuevas audiencias juveniles a la lectura, nos reunimos con Gonzalo Oyarzún en la biblioteca infantil del espacio municipal Casa de la lectura. Este reportaje tiene la misma forma de cualquier charla con Oyarzún, la conversación parece correr con facilidad, pero nada está dicho porque sí.


El lector se hace

—En Cultura LIJ hicimos una encuesta lectores acerca de su biografía lectora. Nos sorprendió encontrar que prácticamente todos los consultados por lo general se encontraban pensando que no tienen suficientes lecturas, que tienen aún hoy huecos en su formación, en una idea de lectura programática y ordenada.

—Yo tengo muy clara mi biografía lectora. Y en tanto gestor de políticas públicas a mí me genera una cierta contradicción. Yo soy lector porque mis padres eran lectores. Ellos nunca hicieron nada para que yo fuera lector, nada. Ahí estaban las paredes llenas de libros. Mi padre traía a casa siempre unas revistas increíbles.
O sí, hicieron mucho. Pero tal vez de la forma incorrecta. A la noche les gustaba leernos cuentos de Edgar Allan Poe que nos dejaban muertos de miedo. Pero el recuerdo de mi padre leyéndole a mi madre un cuento de Chejov y ella riéndose me marcó un montón.
No había libros para niños en mi casa, o muy pocos. Entonces yo leía a Neruda, a Chejov, a Edgar Allan Poe, a Kafka. Entonces tenía el trauma del choque con la lectura escolar. En la escuela primaria no me gustaba leer, no la entendía, me aburría. Sin embargo cuando entré en la educación media tuve muy buenos profesores de literatura.

—También a esa altura el canon escolar se hace eco de la literatura universal.

—Efectivamente. Leí muchas cosas que no había leído en casa, Shakespeare o el Quijote. Y me gustó mucho Cien años de soledad, aunque ya lo había leído en casa.  La dictadura tenía prohibido a García Márquez, pero en mi escuela sí se leyó.
Y esto me genera enormes contradicciones con los programas que nosotros hacemos. Porque organizamos cantidad de actividades y planes de fomento lector para mujeres, para niños, y sería mucho más fácil si los padres leyeran y tuvieran una estantería en el hogar con libros de lo que sea, de mecánica, de cocina, de autoayuda o lo que les guste.

—O que vayan habitualmente a las bibliotecas a retirar libros para sí.

—Eso pasa en los países nórdicos o anglosajones donde está instalada la costumbre de ir a la biblioteca. Acá no tenemos esa costumbre de uso de bibliotecas, por lo que hacemos cantidad de actividades para acercar a la gente.
Para un artículo que se llamaba “Cómo hacer de Chile un país lector”, yo decía que era necesario tener buenas bibliotecas. Y buenas librerías. El 95% de las ciudades de Chile no tienen librerías. Y los grandes lectores e incluso los mejores usuarios de bibliotecas son grandes compradores de libros. Ambos ámbitos deben ir juntos. Pero el triunfo estará asegurado el día que entremos con la lectura en la casa. Los mejores mediadores son los superhéroes del niño: los padres. Si papá y mamá hacen esto, yo lo voy a hacer igual porque ellos saben. Entonces las campañas no debemos dirigirlas a quienes queremos que lea, sino a quienes son los superhéroes de quienes queremos que lean.



De la inquietud por formar lectores

—En las ferias del libro regionales se puede notar cómo se mueven quienes no han tenido un contacto fluido con los libros. Es común ver que pasean entre los puestos personas que habitualmente no ingresan ni a bibliotecas, ni a librerías. La característica que delata a esos no lectores es que no se animan a tocar los libros. Los miran de lejos, hasta que se les propone que agarren el que los atraiga. Como si necesitaran un permiso.

—Si el libro es un objeto de valor, si es un artículo medio sagrado, te cuesta tocarlo. Otra es la situación si se lo concibe como un artículo trivial, que da lo mismo si se echa a perder o se raja. El libro es para leer, ¿para guardar, qué? Hay quienes somos unos fetichistas que gustamos de coleccionarlos y tenerlos. Pero esa no es la mejor imagen para el libro. Podríamos ser coleccionistas de estampillas. Lo único importante es que la gente lea.
Muy gráfico es ver a la gente en los medios de transporte en Japón.  Como ellos se transportan por grandes trayectos diariamente para ir a trabajar, es común ver a las personas leyendo libros muy baratos, de papel de mala calidad, que los leen en el viaje y luego los botan al llegar a su destino. Nosotros con nuestra pasión por los libros transmitimos una idea equivocada. Es más importante que el contacto sea fluido.

—Entre las cosas que habitualmente escuchamos de los poco lectores, es que un libro que se empieza de se debe terminar. Les pesan en la conciencia las lecturas pendientes.

—Yo antes no dejaba de leer hasta el final un libro, pero ahora ya no. A veces me apasiona menos leer nuevos libros y más releer libros antiguos. Un amigo me expresaba la angustia que le da llegar al final de un libro y quedarse sin lectura. Eso yo lo solucioné hace mucho. Tengo siempre en lectura al menos tres libros simultáneamente. Porque hay libros que los lees enseguida, otros que los dejas y otros que son de lectura muy lenta, como es el caso de los libros técnicos. Entonces el de largo aliento es mi compañía, que leo en velocidad crucero, mientras otros entran y salen por semanas.


Atraer a los jóvenes a la lectura

—Esta vez has formado parte de la programación de conferencias del Mercado de Industrias Culturales de la Argentina (MICA) con una conferencia acerca de “Cómo atraer nuevas audiencias para las bibliotecas”.

—A mí me sorprendió la convocatoria porque toda la dinámica del MICA está enfocada en las industrias. Y las bibliotecas no son industrias. Se habla en el MICA de audiencias, y nosotros no tenemos audiencias. La audiencia es la persona que se sienta y escucha o ve un espectáculo. Y en la biblioteca hay gente que va a interactuar. Las personas que encontramos en las bibliotecas son participantes de ese espacio. Vienen a trabajar, a estudiar, a participar de un taller.
Acerca de cómo atraer a los chicos a la lectura, no tengo recetas. Tenemos una deuda pendiente de muchos años con los programas escolares de formación de profesores, maestros, bibliotecarios; para que puedan ser buenos fomentores de la lectura. No solamente en literatura, sino en todas las asignaturas. El profesor tiene que saber cómo seducir.
En un congreso yo dije que me parecía muy bueno el Rincón del vago porque se acabó la posibilidad de los profesores de seguir haciendo siempre la misma pregunta, ya que los estudiantes se organizaron para pasarse los apuntes y trabajos. La idea original no es mía sino que se la robé a un maestro argentino, Eduardo Dayán. Dayán hacía a los chicos elegir entre muchos libros y tenían que presentar un trabajo que vinculara ese libro que el chico eligió con una obra de teatro de la cartelera, o una exposición. Una experiencia y un libro. Él encontró la herramienta para hacerlos leer e ir a ver.
Nosotros tenemos que ser capaces de fomentar la lectura desde los libros de los videojuegos, desde los libros de sagas, desde los comics. Hay capas distintas para abordar a los chicos. Y no es que quiera que lean libros porque sí, sino porque creo que la lectura es la herramienta que nos permite entender.
Yo sostengo que la lectura debe ser funcional. Hay quien se ofende y cree que la lectura de un poema o una novela es más importante que cualquier otra lectura. Pero hay gente que no le gusta leer poesía y sí lee mucho de historia o de sociología. Y hay lecturas que tienen que ver con temas productivos: recetas de cocina, de arte. A mucha gente le gusta lo otro, lo que no es ficción.
El libro más prestado es siempre de literatura, y el primer lugar suele ser para Isabel Allende, o Paulo Coelho o Bárbara Woods. Siempre en los primeros diez puestos se encuentran libros literarios. Pero en las bibliotecas que tienen un acervo equilibrado entre colecciones de ficción y no ficción, la no ficción como conjunto gana por paliza.
Cuando surgen los planes de alfabetización a mediados del siglo XX en Chile la prioridad no era que lean a Neruda o Gabriela Mistral. Se llevaban a cabo para que los trabajadores pudieran pelear por sus derechos y no firmaran contratos terribles. Cuando tú lees eres más dueño de tu vida y puedes defender mejor tus derechos, que si no lees. Ese es el sentido de una política pública.
En África el fomento lector tiene como objetivo bajar la mortalidad infantil y mejorar el rendimiento escolar; sirve para que los agricultores tengan una mejora en la venta de sus artículos y el cuidado del suelo. En África se trabaja siempre con el concepto de “sirve para…”. No puedes leer si tienes necesidades básicas insatisfechas. Soy cada vez más político entorno a la lectura. Porque es una herramienta necesaria para poder vivir en un mundo que es bastante cruel a veces.

El niño, Gonzalo Oyarzún.
El niño, Gonzalo Oyarzún.


Acerca de Gonzalo Oyarzún

Oyarzún es actualmente responsable del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile y profesor en la Escuela de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Es presidente del Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas, Iberbibliotecas (), que tiene como objetivo crear una red de cooperación. Fue el director fundador de la Biblioteca de Santiago, en cuyo proyecto participó desde su gestación en su diseño, implementación y habilitación.

Para seguirlo en redes

Twitter: @gonzaloyarzun
Facebook: /gonzalo.oyarzun

 

 

 

Programa de lectura con corazón de poeta

Libro Club nace en 1998 de la iniciativa del poeta mexicano Alejandro Aura para promover la equidad en la distribución a los bienes culturales.

Por Verónica Cantelmo

Libro Club nace en 1998 de la iniciativa del poeta mexicano Alejandro Aura para promover la equidad en la distribución a los bienes culturales.
La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México tiene como uno de sus objetivos fundamentales, la promoción cultural a través de la lectura. Por este motivo, en 1998 el poeta Alejandro Aura, entonces titular de la entidad, ideó el Programa Libro Club, un sistema de eslabones abiertos a la comunidad que persigue la distribución equitativa de los bienes culturales, especialmente de los libros, entre todos los habitantes de la Ciudad.
“El Libro Club es un espacio para leer, compartir libros, experiencias, lecturas e ideas. Es un lugar en donde las personas participan en sesiones de lectura en voz alta, narraciones, cuentacuentos, juegos, dinámicas, talleres y sobre todo préstamo de libros a domicilio. Existe una gran oferta de pláticas, presentaciones y conferencias como lo son los ciclos de charlas Para leer a…, que consisten en invitar a un escritor de amplia trayectoria a compartir sus obras y experiencias con el público”, nos cuenta Estrella Sosa, Promotora Cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

Ella relata que además de estas actividades, en los libro clubes se realizan Tertulias literarias, que consisten en la reunión y el intercambio entre los socios y usuarios de los clubes con autores, editores y responsables de cada sede. Otro de los ciclos es el Sobremesas literarias, que combinan el arte culinario de México con la literatura. Sosa especifica que todas estas propuestas son gratuitas y que no requieren la realización de ningún tipo de trámite.

El programa tiene presencia en todos los puntos de la enorme ciudad de México. Y pone énfasis en las zonas menos favorecidas, aquellas donde el acceso a la lectura es dificultoso y la oferta de propuestas culturales es escasa, por motivos diversos. Mediante este sistema se ha logrado incrementar los lazos entre los habitantes de una misma comunidad y elevar los índices de lectura de manera significativa.

Abrir puertas para expandir horizontes

Actualmente, el programa cuenta con 396 clubes que se localizan en espacios variados que abarcan desde la vía pública hasta hospitales y domicilios particulares. Esta iniciativa se sostiene y multiplica, gracias a aquellos habitantes de la ciudad que de manera voluntaria desean promover la lectura entre los miembros de su comunidad, y con ese objetivo se ponen al servicio del programa; todo ciudadano que así lo desee puede convertirse en titular de uno de estos centros.

La instalación de un Libro Club supone el cumplimiento de una serie de pasos, que incluyen la presentación de un proyecto ante la Secretaría de Cultura en el cual se justifiquen los motivos de la solicitud, una inspección posterior por parte de esa entidad en la que se evaluará la amplitud de la sede y el fácil acceso a ella para la comunidad cercana.

Cumplidos estos pasos, el Responsable deberá asistir al Taller de Instalación de Libro Club, donde recibirá la información necesaria para el manejo del mismo y podrá nutrirse de la experiencia de otras personas que han instalado clubes previamente. “Ya terminado el Taller de Instalación, el último paso para que un libro club pueda ser inaugurado, es la entrega del acervo. La Secretaría de Cultura le entrega a cada libro club nuevo un acervo semilla, que contiene libros de todos los géneros”, relata Estrella.
Luego los acervos crecen gracias a las donaciones que reciben de su comunidad. Finalmente se realiza un evento simbólico en el que se convoca a todos los vecinos y gente que vive alrededor del Libro Club para que conozcan el programa y participen en las actividades que la sede les ofrece.

 Trabajar en equipo

El Programa Libro Club es una iniciativa estatal, puesto que nace y es impulsada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México; sin embargo, funciona de manera conjunta con los ciudadanos, que son quienes de manera voluntaria y desinteresada atienden cada una de las sedes activas. Estrella Sosa afirma que “el programa surge bajo una visión incluyente, en el marco de un gobierno progresista y de vanguardia como lo es el gobierno de la Ciudad de México, desde donde se considera asegurar a los ciudadanos el disfrute de la cultura y de sus componentes en condiciones de igualdad, dignidad humana y no discriminación, es decir se trata fundamentalmente de fomentar el ejercicio de un derecho humano que es el derecho a la cultura”.

Además de la presencia estatal y de los vecinos que toman la posta de esta propuesta, es fundamental la colaboración de aquellos autores y editores que contribuyen con entusiasmo para enriquecer las experiencias de los asistentes. Por otro lado, como en todo emprendimiento, la respuesta positiva de la población es decisiva para la expansión y continuidad de los Libro Clubes. “El éxito del Programa es proporcional a la aceptación y participación de la gente en el mismo; se procura darle prioridad a las solicitudes en donde los Libro Clubes estarán instalados en zonas de marginación o de poca oferta cultural y de esta manera se facilita el acceso y acercamiento a la lectura a la población vulnerable o de bajos recursos. La respuesta ha sido positiva, se han cumplido los objetivos del programa”, asevera Sosa.

Inversión y difusión cultural

En 2014 tuvo lugar en la Ciudad de México el Encuentro de Libro Clubes, destinado a detectar las necesidades y demandas de las sedes activas.

ntre los requerimientos más sobresalientes se destacaron la necesidad de capacitación y profesionalización del fomento de la lectura, la dotación de los acervos, la intercomunicación y apoyo entre ellos y la importancia de contar con estrategias adecuadas para dar a conocer la localización y actividades vigentes de las sedes.

En respuesta a estas inquietudes, se ha impartido dos veces el Diplomado de acompañamiento y mediación de los procesos lectores, como así también diversos talleres como narración oral, lectura en voz alta y creación literaria, con el fin de formar promotores de lectura, responsables independientes y autogestores. Por otro lado, se destina un porcentaje del presupuesto para la adquisición de nuevos títulos que incrementan el acervo de cada club en forma anual.

El Encuentro de Libro Clubes tuvo también como objetivo, sentar las bases para el desarrollo de la Red de Fomento de la Lectura CDMX, un proyecto ambicioso y de alto impacto en el que trabaja actualmente la Secretaría de Cultura.

“Este proyecto pretende crear una red en la que los miembros sean todos los promotores de lectura que estén trabajando para compartir y contagiar el gusto por la lectura con sus comunidades. Se reunirán preparatorias públicas y privadas, universidades, bibliotecas, colectivos, responsables de Libro Clubes, organizaciones de la sociedad civil, asociaciones civiles y ciudadanos en general, que estén interesados en participar. Se generarán estrategias con el objetivo de visibilizar todas estas acciones que se realizan cada día para promover la lectura en la Ciudad. Esto se logrará a través de un mapa de referencias, que estará disponible en el sitio web de la Secretaría de Cultura, donde se podrá ubicar la dirección exacta de los puntos en donde se estén efectuando actividades en pro del fomento a la lectura en la Ciudad”, relata Sosa.

Por su parte, el programa sigue creciendo. En lo que va de 2015, ya se han recibido más de veinte solicitudes para la apertura de nuevas sedes. Desde luego, la meta es seguir difundiendo este programa, cautivar a cada uno de los ciudadanos y contagiarles el gusto por la lectura.

Banquete de lecturas al aire libre

DSC01378Por Verónica Cantelmo

Picnic de palabras posibilita un encuentro entre chicos y grandes donde el libro es el vehículo de intercambio. Leer más “Banquete de lecturas al aire libre”