Poesía en la vereda

Los artículos de la sección 1 a 1 ponen en valor el trabajo artesanal del mediador de lectura. En este caso, una experiencia que se puede replicar en cualquier vereda.

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Por Ivana Sosnik

Los artículos de la sección 1 a 1 ponen en valor el trabajo artesanal del mediador de lectura. En este caso, una experiencia que se puede replicar en cualquier vereda.

 “El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia”
Roberto Juarróz Poesía vertical (fragmento), 1975.

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El taller inaugural de esta actividad comenzó con la lectura de El libro del Haiku, primero en nuestras voces y después, a pedido de los chicos, en las suyas. Casi sin darnos cuenta iniciamos un ritual de lectura que nos iba a acompañar durante todo el año. Como en una especie de vaivén poético, el libro iba circulando y cada uno a su turno iba leyendo, con su ritmo, con su tono, ya empezábamos a percibir la musicalidad de las palabras que nos regala la lectura de poesía. Nos fuimos metiendo en clima de escritura, analizamos juntos la estructura de los haikus y les propusimos escribir los propios.

Yo me fui a la montaña,
el monstruo de la noche
apareció y me comió.

Voy hasta el fin del mundo
hay una torre
llena de agua.

Kevin Genes, 10 años

Nos aventuramos con una propuesta de versos desencontrados a través del recorte de versos de distintas poesías. La idea era que con papel y cola armaran sus propios collages de versos. De allí surgieron algunas producciones que nos permitieron seguir pensando acerca del modo de acercamiento al género poético. Notamos que algunos chicos se sentían un poco perdidos con la propuesta, o que no se animaban, algunos pegaban los versos conformando un texto en forma de prosa. Nos planteamos entonces la posibilidad de ir acercándonos a la poesía de distintos modos, yendo y viniendo de la lectura a la escritura y a su vez con una diversidad de propuestas al modo de la didáctica constructivista, con sucesivos acercamientos al objeto de conocimiento.

Al pasar de los talleres fuimos recorriendo distintas mesas de libros de poesías, a veces la selección tenía que ver con una temática específica, a veces con un autor o grupo de autores, otras veces con una forma poética determinada. Siempre con la libertad de tomar libros de los estantes de la biblioteca, de poesía o no, conocidos por ellos o no. Los chicos del taller ya saben que las mesas de libros son momentos de exploración donde vale leer como tengan ganas: acostados, sentados, debajo de una mesa, en una silla, con otros chicos, con las docentes, solos, observar leer a otros o sencillamente tomarse un tiempo para descansar.

Antesala de la creación

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El armado de estas mesas es un aspecto muy enriquecedor de nuestra tarea como mediadoras. Se trata de un ejercicio continuo de búsqueda en la biblioteca de La vereda, en bibliotecas personales, en bibliotecas de otros espacios laborales, en librerías. Y en particular en este proyecto, la posibilidad de abordar algunas poesías no pensadas para lectores infantiles, en sus versiones originales o en las ediciones de colecciones infantiles que las adoptan. En esa práctica vamos creciendo también nosotras como lectoras.

En algunas ocasiones al inicio, en otras en medio del taller, nos dábamos un tiempo para el ping-pong de poesía. Una selección que pensábamos nos permitía ir entrando en clima de escritura, de creación. Después de la lectura, a veces, se sucedía un momento de silencio, un estado de perplejidad, algunas miradas de incomprensión. Experimentando con la escritura de haikus, cuartetos, sonetos, coplas y su requerimiento de seguir ciertas reglas preestablecidas. Como así también con consignas de escritura más abiertas, tendientes a la posibilidad de, como dice Graciela Montes, cortar amarras, abandonar el muelle y entrar en el territorio siempre inquietante del propio imaginario.

Habilitar un espacio donde el deseo de alcanzar la creación de la propia obra fuese tomando cada vez más cuerpo en ese ida y vuelta constante entre lecturas y escrituras. Leer libros de poesía, conocer poesías, inspirarse y escribir poesías, leer la propia escritura y la de los compañeros, volver a escribir y seguir navegando en esa continuidad, en esa relación de reciprocidad que tienen las prácticas de lectura y escritura.

Algunas propuestas

  • Exploramos la poesía audiovisual a través de algunos capítulos del programa Poetas latinoamericanos del canal Encuentro, como invitación a la lectura, a la escritura y a la creación de obras plásticas.
  • Desde que comenzamos a pensar en este proyecto, nos interesaba la idea de incluir la música, pensando que la música es poesía, que escuchar música nos permitiría también entrar en poesía y hacernos de distintos ritmos. La primera aproximación fue hacer una selección de ritmos variados para escuchar con los chicos, confiábamos en que las mencionadas relaciones con lo poético podían vivenciarse desde el cuerpo.
  • Buscar palabras para los sentidos fue otra de las propuestas. Oler y escribir un poema. Escuchar y escribir un poema. Probar y escribir un poema. Tocar y escribir un poema. Convidar con una variedad de sensaciones para dar paso a la escritura: ajo, perfume, ilustraciones, un palo de lluvia, caramelos, algodón, esponjas, chocolate, campanas.

Arde la nariz y mis venas de la nariz
ya no están
se fumigaron mis venas de la nariz
como hormigas.
Martín Nicolás Araujo, 11 años

  • Exploramos distintas formas poéticas. A la hora de los sonetos leímos, escuchamos y miramos. Nos detuvimos en Un soneto me manda a hacer Violante, de Lope de Vega. Lo leímos y observamos un fragmento de la película donde el protagonista narra el soneto. Analizamos la estructura de estos versos con detenimiento, comenzamos a probar, buscando rimas, contando sílabas. Así surgieron los primeros cuartetos.

El soneto de la quema del muñeco

CLD2017-octubre-1a1-quema del muñecoEstamos con el camión de bomberos,
la llama del más allá viene acá
los muñecos vamos a quemar ya
muchos deseos y sueños quememos.

 Fuimos al barrio de Carlos Gardel
estuvimos cantando y jugando
con los tambores un rato bailando
mientras se iba quemando el papel. 

Nosotros sacamos fotos lindas
jugamos mucho, la verdad, muy bien
a otros les hacían entrevistas.

Tomamos chocolatada muy rica
en el piso había unas rayuelas
el humo hacía llorar y gritar.

Ariel, Valeria, Ángel, Priscila – Grupo 9 a 13 años

  • Nos encontramos con libros de poesía que toman como centro a los objetos. Uno de ellos, El lenguaje de las cosas, de María José Ferrada. Lo leímos mucho, fue parte de nuestros espacios de lectura colectiva. Después de leer, nos quedamos con las ilustraciones, una para cada uno, con la idea de volver a escribir sobre los objetos que la autora había elegido. Nos detuvimos a observar objetos y a buscar nuevas maneras de nombrarlos y así afloró la poesía, y eso que parecía algo tan cotidiano o tan distante se transformó en algo distinto, tal vez más propio. Las definiciones del diccionario fueron otro insumo para la escritura de poesías con objetos. Cerrar los ojos y tomar de la caja un objeto: un pequeño elefante, un broche, un gato, anteojos…, observarlo detenidamente, describirlo con la palabra.

El elefante
Elefante grande
Elefante chiquito
Elefante mediano
Elefante feto y microorganismo
Elefante gemelo
Elefante primo
Elefante abuelo
¡Hay tantas clases de elefantes!

Valentino, 10 años

 La palabra nunca es neutra, la palabra transforma. Y en este cierre que abre volvemos sobre la poesía de Juarróz, tomando prestadas sus palabras:

“Las palabras no son talismanes.
Pero cualquier cosa puede
transmutarse en poesía
si la toca la palabra indicada.
No es asunto de magia ni de alquimia.
Se trata de pensar de otro modo las cosas…”

Roberto Juarróz

 

Acerca del taller de La Vereda. La Vereda es un espacio cultural y educativo en donde se desarrollan actividades de juego corporal y de arte con niños, jóvenes y adultos. En ese sentido, disponemos de recursos preventivos, de orientación, terapéuticos y educativos que utilizan la literatura, el juego y el arte como herramienta de trabajo. Esta experiencia tuvo lugar en el marco del taller de escritores para niños de 9 a 13 años a cargo de las docentes Ailén Barbagallo, Daniela Goldin e Ivana Sosnik con la coordinación de Daniela Azulay.

Acerca de Ivana Sosnik. Licenciada en Ciencias de la Educación, especializada en literatura infantil. Se desempeñó como docente de taller de cuentos en nivel inicial. Es coautora del capítulo de juego del diseño curricular para la educación inicial de la Dirección General de Cultura y Educación, Provincia de Bs. As. Formó parte del equipo docente del SEAD del Ministerio de Educación Nacional. Fue coordinadora del taller de la biblioteca Chau Toto del barrio Villa 20/Lugano. Formó parte del equipo de mediación de lectura y capacitación para futuros docentes del programa Queremos Leer de la fundación TEMAS.

 

 

 

El descubrimiento del lector

Pequeños −o enormes− descubrimientos lectores, que nos convierten en lectores. Por Daniela Azulay.

 

Por Daniela Azulay.

Pequeños −o enormes− descubrimientos lectores, que nos convierten en lectores.

 

los-viernesMekas dice: “Intentamos esconderlo de cualquier modo pero siempre aparece, el lirismo”
Juan Forn

 

I.

Dijo Martín Blasco cuando le preguntamos en Tinkuy sobre sus lecturas de infancia: La colección Elige tu propia aventura. Que la compraba, leía todas las opciones posibles y luego la llevaba para cambiarla, diciendo que el supuesto amigo al que se lo iba a regalar, ya lo tenía. Pero sin embargo, para mí, lo más deslumbrante de la charla con Martín, es que fue la primera vez que tuvo conciencia de descubrir a un autor. Lo que contó es que empezó a notar que los títulos de Edward Packard eran los que más le gustaban. Entonces después, estaba atento cuando aparecían. No le daba lo mismo. Le pregunto si tiene registro de haber descubierto así a algún otro autor… “Gianni Rodari, era otro, pero cuenta distinto porque me lo leía mi viejo…”

Entonces quedo felizmente atrapada en un pensamiento de esos que me obsesionan sobre la lectura… ¿cuántas veces habilitamos los mediadores esos descubrimientos autónomos? ¿Podemos hacerlo?

 

II.

Sigo rumiando el tema. Mando algunos wasaps. Son impresionantes las lecturas que comparto en estos tiempos por wasap.

Ivana Sosnik, amiga, colega, mediadora de lectura, licenciada en Ciencias de la educación, entre otras tantas cosas, me responde: “Qué pregunta difícil. Pensaba que que el género sea novela es interesante… Que le sale género al tema de descubrir /seguir a un autor. La novela podría marcar una diferencia.”

En los libros álbum es más claro, para ella, como los chicos descubren, el modo en que manifiestan y luego son “seguidores”.

Entonces ambas recordamos el Proyecto ilustradores, llevado a cabo el Taller de escritores de Una biblioteca en La Vereda. Como eligieron claramente y varios de los participantes se hicieron fanáticos de Bernasconi, y querían ir a comprar TODOS sus libros a la librería, no los descubrieron solos pero… entre varios propuestos, lo eligieron.

Ivana sigue pensando y me manda otro audio: “Debi, de 10 años, en un momento se enganchó con Querida Susi, Querido Paul, de Christine Nöstlinger. Pidió libros de la autora en el taller y en la biblioteca de su escuela, y la siguió. No paro hasta leer todos los de la serie.

Es lo que pasa también con las sagas sigue Ivanacuando la descubren y después no pueden parar. Yo me acuerdo de ese chico que venía a la biblioteca Chau Toto, en Lugano, que en realidad ni entraba al taller, él solo quería leer los libros de Harry Potter y como esos libros en ese momento no estaban en préstamo −y ambas entonces nos preguntamos porqué él venía durante la hora de la actividad y se quedaba sentado afuera en un pasillo gris leyendo Harry Potter.” Lo mismo Braian Rodríguez, que aún hoy a los 21 años se acuerda de cómo leía en la biblioteca, haciendo de ese espacio su cuarto propio, de 11 a 16 todos los sábados de los años 2005 y 2006.

 

III.

A Lequi, Martín Moreno, lo conocí este año de la mano de Lili Quillay porque me convocó para trabajar acompañando al proyecto “Luces, hay más luz cuando alguien habla”, en Rosario. Es una tarea que disfruto mucho: compartir saberes y prácticas y proponer espacios de lectura y escritura con mediadores que trabajan en distintos centros de día de Rosario.

En medio de una conversación sobre la selección de libros para la biblioteca ambulante del proyecto le pregunto si recuerda algún descubrimiento literario. Me responde contándome una serie de encuentros, de un modo andante que comparto y celebro: “Seeee. Algunos recientes: Pedro Lemebel. Me compré un libro en el festival de poesía de Rosario sin saber quién era… Solo leí unas páginas ahí nomás y compré. Lo mismo me sucedió en una feria en el centro cultural La toma, leí dos páginas y me llevé Los árboles caídos también son el bosque de Alejandra Kamiya. Y en un viaje a Córdoba, en una feria de artesanos, intercambié mi fanzine por un librito con su propio autor, Ale Reymond, y entonces entré en sus líneas”. Otro encuentro que recuerda es una compra que hizo porque reconoció a una amiga en la tapa de un fanzine. “Era la foto de la cara de la Miri, una amiga de un amigo que yo ni sabía que escribía. Ahí nomás lo compre por ser ella nomás. Cuando ella escribe ya no es la Miri, es la topo. Y es una genia.”

IV.

Dos amigas, Ana e Ivana, ambas licenciadas en Letras, ambas escritoras, también recibieron mis mensajes sobre lectura.

Ivana me habla de las búsquedas en la casa de sus viejos. Cuando estaba en el secundario muchos fines de semana iba la quinta que su familia tenía en San Miguel. “Yo buscaba libros donde hubiera escenas de sexo. Así leí El libro de Manuel. No sabía nada de Cortázar. Ni sé de quién sería ese libro. De mis viejos no creo. Mi vieja solo leía libros del Círculo de lectores. Mi viejo el diario o ciencias.”

Me gusta este derrotero en el que la búsqueda de escenas de sexo arma un recorrido entre distintos libros: “No todo era lo mismo. Me enamoré de El libro de Manuel”.

Con Ana también nos reímos por wasap, si es eso posible. “No existe una instancia sin mediación”, me escribe. Acuerdo con ella y vuelvo a pensar en los matices de la autonomía de nuestras elecciones. En el medio de ires y venires para acordar una cena en tiempos de vorágine, hablamos de nuestras lecturas descubiertas en soledad en las bibliotecas de nuestros padres, madres y abuelas: Selecciones, de Reader Digest, que leíamos ambas, varios títulos de Henry Denker, que leía Ana, y otros tantos de Helen Van Slyke, que leía yo. Toda una generación −los que ahora tenemos cuarenta y tantos− descubriendo primero a escondidas y luego a pura luz, a los grandes novelistas de Emecé.

 

V.

En un curso intensivo de Promoción de la lectura y la escritura de Escuela de maestros (ex CePA), Leo relatos del libro Los viernes que reúne las contratapas del diario Página 12 que escribió Juan Forn entre 2008 y 2012.

Elijo Yo recordaré por ustedes.

forn wTermino de dar clase y acompaño a uno de mis hijos a hacerse el documento. Como llego temprano, entro en la librería Ateneo Grand Splendid. La recorro. De pronto, me detengo a sacar una foto. Es una escena lectora cuya sincronía me conmueve. Saco la foto. Luego sigo mirando libros. La lectora me mira, y me comenta con una tonada que después supe colombiana: “Lo miré, leí un poco y me gustó mucho… Me gusta descubrir sola que llevarme de cada país que visito. ¿Te parece que es bueno? Quiero llevar uno de un argentino.” Le digo que sí y le propongo que lea la página 136.

Camino por avenida Santa Fe hasta Callao. Me doy vuelta cuando alguien me toca la espalda. “¡Me lo llevé!

 

(“Nos permiten ir a la ciudad”, escribe en la primavera de 1945, “curioseamos en las librerías improvisadas en las calles, todo está en venta para poder conseguir comida, por supuesto no tenemos dinero para comprar nada, pero no deja de sorprenderme todo lo que se puede absorber de un libro con sólo tenerlo entre las manos”)

 

Intercambios. Un autor entre otros de la misma colección. Encuentros fortuitos. Búsquedas. Siempre hay algo que media, es imposible la autonomía absoluta… pero algunas veces más que otras sentimos que son descubrimientos propios. Me interesa ese espacio de acción que podemos dejar libre cuando proponemos lecturas. Un espacio para que cada uno, cada una busque/arme/encuentre/descubra/robe sus propios tesoros.

 

Para seguir investigando

¡Cultura LIJ digital #33 YA ESTA AQUÍ!

Con este número, Cultura LIJ concluye su octavo año ininterrumpido de publicación. Leelo, bajalo y compartilo. Retomamos en marzo 2017.

Y llegó diciembre, y llegó fin de año, y llegó la última lectura de Cultura LIJ en 2016.

SUMARIO

Editorial: Decir y existir
Por Laura Demidovich y Valeria Sorín (ver artículo en la web)
Terminamos con esta edición digital el octavo año de Cultura LIJ. Y se impone, como anunciamos, un cambio. Ahora nos tomamos un breve descanso, creativo y bullicioso. Nos reencontraremos en marzo, como todos los años, donde estrenaremos juntos una nueva forma de ser y estar en el mundo, por fin en el siglo XXI.

La voz de la imagen: Empujando el precipicio
Laura Demidovich y Valeria Sorín (ver artículo en la web)
Antes de arribar a la Feria del Libro de Guadalajara, donde será invitado destacado, André da Loba habla de su trabajo en exclusivo para la revista.

1a1: Biblioteca Viva
Daniela Azulay (ver artículo en la web)
Greta Gamondes cuenta que las redes sociales en general y Twitter en particular son una herramienta que ayuda a la hora de explorar e informarse.

Biblioteca Protagonista: La Ilustración, 127 años después
Valeria Sorín – (ver artículo en la web)
Robert Darnton, historiador del libro, cree que la biblioteca digital mundial es la cumbre del proyecto de la Ilustración. Sobre este y otros temas dialogamos en exclusiva.

Al rescate Juegos, juguetes y regalos
Por Mónica Rodríguez – (en breve publicado también en la web)
Este itinerario se puebla de juegos, de juguetes, de regalos. Algunos esperados, otros descubiertos por azar… Y por qué no, alguna que otra decepción.

Jitanjáfora: Nos estamos presentando
Asociación Jitanjáfora – (en breve publicado también en la web)

Contexto: Intervención urbana en resistencia
– (en breve publicado también en la web)
El grupo Los Lanzallamas han tomado la circulación de las palabras a su cargo en la capital de la provincia de Chaco.

Agenda Y los nominados por Latinoamérica son…
– (en breve publicado también en la web)
Un repaso por quién es quién de las organizaciones latinoamericanas nominadas para el premio Astrid Lindgren Memorial Award  2017.

De fondo: Editorial La Bohemia

En foco: La construcción del plural
Carmen del Faro – (en breve publicado en la web)
Por un 2017 repleto de experiencias compartidas.

 

Biblioteca viva

Una conversación con Greta Gamondes.

Por Daniela Azulay

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Greta Gamondes es docente y mediadora de lectura. Trabaja en una escuela bilingüe de gestión privada de la Ciudad de Buenos Aires. Desde hace cinco años que su rol es la de docente-bibliotecaria. Cuenta que las redes sociales en general y Twitter en particular son una herramienta que ayuda a la hora de explorar e informarse.

La biblioteca donde trabaja cuenta con un gran catálogo: aproximadamente 25000 ejemplares en papel y una colección de ebooks en formación. Es un espacio con seis salas de lectura. Además, cuenta con proyectores y dispositivos móviles para ebooks y libros interactivos. La biblioteca tiene un lugar central en la vida de sus alumnos, desde la ubicación, ya que se encuentra en el medio del patio de recreo, y es un espacio elegido por los chicos.


Una biblioteca de puertas abiertas

Buena parte de los chicos elige para pasar un rato leyendo, conversando, eligiendo libros para llevar en préstamo, pidiendo y haciendo recomendaciones, realizando búsquedas de información, dibujando, escribiendo historias, haciendo la tarea, escondiéndose, haciendo planes para después de la escuela, montando obras de teatro, organizando concursos de inventos… un espacio donde, entre libros, circula la cultura infantil. Durante los recreos – esas escasas dosis de tiempo libre en la larga jornada escolar, muchos eligen la biblioteca, y muchos de ellos eligen leer. Esa elección implica un enorme potencial para la formación de lectores, así como una no menor responsabilidad para los bibliotecarios / mediadores – de prestar una mirada y escucha atenta y llevarla a la reflexión sobre nuestras prácticas en la formación de lectores, para poner a girar y/o mantener girando el círculo de la lectura”, cuenta Greta.

A partir de esas conversaciones, surgen proyectos y actividades que van armando y creando un movimiento en espirales; son apuestas que proponen y generan pertenencia y participación: festivales de cortometrajes, talleres de origami y de inventos (autogestionados por alumnos), entre otras actividades.

La biblioteca es un espacio muy concurrido por los chicos y chicas de primaria. Tienen dos veces por semana la hora de biblioteca, tanto en castellano como inglés. El equipo está conformado por una bibliotecaria y tres mediadores. Resalto esto de que se trata de un equipo a cargo de la biblioteca, que deja de ser entonces ese lugar solitario: son personas con recorridos lectores y de formación diferentes, lo que enriquece y hace más interesante el trabajo.

Si bien la biblioteca es parte de las horas curriculares, no es evaluada formalmente y no responde a propósitos pedagógicos específicos, una finalidad en sí misma que habilita el diálogo, brinda la posibilidad del encuentro, la creación colectiva de conocimiento y la sociabilización de saberes. En relación con las docentes, desde la biblioteca se acompaña la búsqueda de recursos para acompañar y complejizar los recorridos que se llevan a cabo en el aula.

Cada grado asiste a las horas de biblioteca acompañado por sus maestros. “Según el perfil e intereses de cada una, este espacio compartido puede generar vínculos que llegan al aula – el pedido de una recomendación de lecturas, la posibilidad de encarar un proyecto de lectura y escritura en articulación con la biblioteca.”

En relación a la relación con los docentes de ambos idiomas, Greta reflexiona: “Éste es acaso el momento más complejo de la tarea, donde se presenta el desafío de escuchar, en el diálogo con otros lectores, nuevos accidentes en ese texto tantas veces relevado, y decidir alejarse de las rutas conocidas para trazar otras no exploradas, ampliando así nuestro conocimiento del territorio en cada acontecimiento de conversación literaria. Como en todo viaje, en la exploración dialogada del texto se comparte con otros.” Aparece como desafío el trabajo con la modalidad de pareja pedagógica con los docentes de grado. Apostar a ese tipo vínculo es una aventura pendiente.


El lugar del mediador

Greta cuenta sobre la biblioteca “pienso la biblioteca no como espacio de saber, sino como lugar de no-saber, de saber siempre parcial, inacabado, siempre en construcción, siempre dejándonos deseantes. A la biblioteca no vamos a encontrar lo que buscamos, vamos a quedarnos siempre con las ganas. Y acaso por eso mismo volvemos una y otra vez. Me gusta imaginar al mediador como cartógrafo de ese territorio: observando el paisaje con escucha atenta a las posibilidades de abrir caminos, tender puentes, proponer nuevas rutas de lectura, y también de recorrer los senderos que proponen los compañeros de viaje”. En este punto, Greta concibe al mediador como facilitador atento, disponible, y no como portador único del saber.

Emilia Ferreiro afirma que “alfabetizar implica mucho más que enseñar a leer y a escribir de manera convencional; implica acercar a la cultura de lo textual, brindar una herramienta necesaria para transitar el mundo“. El trabajo de Greta denota una profundidad previa al hacer con los chicos y chicas, con especial énfasis en una cuidadosa selección, con tiempos para la lectura, para las búsquedas, la planificación y el encuentro con los textos, para luego darle lugar a las propuestas, a las lecturas compartidas y a la escritura.

Acercar, poner en juego las palabras, las acciones, los sueños.

Y en relación a los sueños, Greta afirma que para soñar, mejor hacerlo en grande, imaginando un futuro donde puedan participar y construir una comunidad lectora no compartimentada, de la que todos los miembros de la escuela formen parte.

 

Para seguir de cerca:
Twitter de Greta: @ggamondes
Twitter de la biblioteca: @bdslibrary

 

 

Cultura LIJ Digital Agosto 2016

Ya salió.
Ya la podés leer.
Ya la podés bajar.
Ya la podés compartir.

En este número:

  • Mónica Rodríguez rescata obras donde sus personajes planean viajes, mudanzas o exilios en busca de encontrar lugares más habitables y más justos.
  • Valeria Sorín entrevistó a Paulo Valente, autor de una de las novedades más interesantes que se presentaron en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires: El león ya no quiere rugir, publicada por Corregidor.
  • Carmen del Faro pone el foco en la lectora atrapada en plena avenida.
  • Mell Brites, editora e investigadora brasilera, analiza la obra para niños de Clarice Lispector.
  • Natalia Porta López se propone repensar qué significa dar de leer, en serio.
  • Valeria Sorín reseña el libro Para comerte mejor, de Ximena García.
  • Daniela Azulay dirige su mirada a las intervenciones literarias en el aula y acerca la experiencia de Verónica Donati.
  • La tapa de este número es de Eva Bruges.

 

Y entonces se hicieron libros…

Pongamos el foco hoy en las publicaciones realizadas a partir de producciones de niños y jóvenes llevadas a cabo en talleres de lectura y escritura en contextos comunitarios.

Por Daniela Azulay

Pongamos el foco hoy en las publicaciones realizadas a partir de producciones de niños y jóvenes llevadas a cabo en talleres de lectura y escritura en contextos comunitarios.
Allí donde hay talleres que publican, hay, siempre, un adulto que recopila, elige, edita y en esa tarea hay una mirada que nombra.

Algunas publicaciones, muchas preguntas

A partir de algunas publicaciones realizadas en diferentes espacios comunitarios del país, podríamos decir que son claves las posturas que elijan los coordinadores de talleres y editores de este tipo de obras.

En relación a la observación, vienen algunas preguntas. ¿Cómo incide la mediación en las publicaciones que se construyen a partir de las producciones realizadas en talleres de literatura infantil y juvenil? ¿Cómo son consideradas estas publicaciones realizadas? ¿Son legitimadas como material literario, o son “otra cosa”? ¿Cuáles son los objetivos que se persiguen con estas publicaciones? ¿Cómo llegan estos libros a las bibliotecas comunitarias y escolares? ¿Se leen? ¿Circulan? ¿Son elegidos por los mediadores de como material de lectura? ¿Quiénes son los autores de estas publicaciones? ¿Qué sucede con la palabra de los mediadores/adultos en dichas publicaciones? ¿Qué lugar ocupa el discurso del adulto en estas publicaciones? ¿Qué tipo de influencia tiene la lectura de literatura en las publicaciones realizadas con producciones de niños, niñas y jóvenes? ¿Qué rol tiene el editor en este tipo de publicaciones? ¿Qué espacio real de circulación tienen estas publicaciones entre sus autores y el entorno de los mismos? ¿Se generan conversaciones a partir de la lectura de las publicaciones realizadas por niños y jóvenes?

Desde donde zarpamos

Dice Daniel Calmels: “Cuando lo espontáneo- voluntario se carga de marcas personales, de gestos propios, de la historia de vida, se transforma en algo auténtico, y por lo tanto puede cobrar el valor de autoría, siendo ella la que nos da autoridad.”

Los libros que se editan y publican a partir del trabajo en talleres de lectura y escritura son nombrados como literatura desde el discurso, pero a veces parecieran legitimarse como tal y otras no. ¿Cuáles son los objetivos que se persiguen con la realización de este tipo de publicaciones? Tal vez no sean siempre los mismos. Hay o parece haber una dicotomía entre lo que se dice y el cómo circulan y se leen este tipo de obras. Se propone escribir un libro, eso está claro. Pero luego ese libro, ¿en qué estante se acomoda? A veces da la sensación de no ser considerados como productos culturales y artísticos válidos para ser material de promoción de la lectura por los mismos mediadores que los promueven. No están en los estantes de la biblioteca, si no atesorados en un estante cerrado atrás de un escritorio. O guardado para ser mostrado, pero no leído.

Leer y escribir

María Teresa Andruetto y Lilia Lardone en su libro El taller de escritura creativa, en la escuela, la biblioteca, el club subrayan el valor del trabajo a conciencia con las palabras y el de la reescritura. El taller de escritura se delimita como un espacio que permite nuevos encuentros con textos literarios, nuevas lecturas, relecturas, puestas en común, donde pueda y deba circule material diverso que vaya renovando y enriqueciendo la vinculación con la palabra.

Sostienen, y yo comparto plenamente, que no puede haber un taller de escritura sin lectura. El taller como un camino exploratorio, como recorrido, como lugar y punto de encuentro entre libros, lectores, mediadores y autores. Y en esa dinámica, leer, escribir, volver a leer, conocer las palabras, apropiárselas, generar nuevas combinaciones.
La diferencia está en una tensión, entre motivar y dirigir, en cómo y qué proponer, en no tapar el discurso de niños, niñas y jóvenes que escriben.
Y en que esos libros, que llegan a otras bibliotecas, circulen, sean parte de la mesa de libros, estén en los estantes junto con otros libros, de otros autores.

Dice Liliana Quillay que “El taller de las palabras” de la Asociación CHICOS de Rosario realizan una publicación quincenal que se llama Tirando plumas que se publica desde el año 2003 y en 2014 crearon El libro de las palabras. “En el surgimiento del Tirando Plumas los integrantes del taller participaron de la elección del nombre, del formato, de la decisión de seleccionar es decir, de la necesidad de elegir, en el primer momento fue participativo, después la hechura, la selección, el copiado, lo hago todo yo. Es un producto dentro de otro producto, también permite mostrar lo que producen los chicos pero también muestra la institución que contiene ese hacer.”

Sostiene Liliana que la publicación es literaria. Ahora, ¿es literatura? “No sé si es literatura para ellos. Asistan o no asistan al taller, el Tirando plumas trasciende el espacio del taller, y tiene prestigio, reconocimiento, en los otros espacios de la institución. Los criterios de edición cambian según las épocas y los grupos, por los criterios, por las circunstancias, no las necesidades distintas, es una herramienta para distintos propósitos, para establecer vínculos entre ellos, entre la institución y otros, una carta de presentación hacia el afuera. Que necesita ese chico, ese grupo, y ese también es un criterio para la edición y la publicación, además o aparte del literario. Lo cierto es que los chicos, cuando vienen a la biblioteca con un amigo que no conoce el espacio, muestran las publicaciones con orgullo, como una carta de presentación”.

También se trata de la emoción que produce en los chicos encontrarse con su propia obra tiempo después, y me refiero a años después… tener documentada su palabra de niñito pequeño por ejemplo me parece algo muy valioso y que se puede leer en sus caras cuando releen sus producciones… genera mucha sorpresa, como si se preguntaran ¿yo escribí eso?

Estos trabajos son también una apuesta a qué se repliquen estas experiencias, a que algo de eso suceda en otros espacios de lectura, escritura, con otros niños, niñas, y jóvenes. Son inspiradores y disparadores de propuestas.

“Y si uno lee publicaciones de distintos años de una institución puede configurarse algo de la historia de la misma” dice Ivana Sosnik, coordinadora junto a Daniela Goldín y Ailén Barbagallo del Taller de escritores de La Vereda. “En los prólogos, en los modos estructurar los libros, en las propuestas de escritura o creación plástica incluidas, en el “Propuestario” donde se explica cómo surgieron las obras, en los agradecimientos, creo que se arma una idea de la historia institucional y de sus protagonistas.”
Algo hay en claro, para la elaboración de estas publicaciones se atraviesa una experiencia artística, creativa, íntima y grupal, que luego se convierte en libro y sale a navegar su propio derrotero.

Mi opinión: démosles lugar en las mesas de libros, en los estantes de las bibliotecas, en los ojos de quienes los lean.

La palabra como posibilidad

Reflexionar sobre la palabra: como placer, como construcción, como búsqueda, como posibilidad. Aun antes de la palabra dicha. La invitación es elucubrar acerca de las palabras.

Por Daniela Azulay

Reflexionar sobre la palabra: como placer, como construcción, como búsqueda, como posibilidad. Aun antes de la palabra dicha. La invitación es elucubrar acerca de las palabras.

”Y también tuve miedo.
Miedo de las palabras que no cantan…”
Roberto Juarroz

En La palabra amenazada, Ivonne Bordelois propone desde el inicio:

“Al que se arriesga a leer
En estas páginas he tratado de bosquejar una estrategia para el rescate de la palabra en el mundo contemporá­neo. En primer lugar, denuncio las razones por las cua­les el presente sistema intenta aniquilar la conciencia lingüística en un tiempo diseñado para la esclavitud la­boral, informática y consumista. La segunda línea, eje de celebración, propone el redescubrimiento de la ener­gía de la palabra, clave de conocimiento, placer y con­ciencia crítica. La etimología, el diálogo de las lenguas, la observación de lo viviente en el habla coloquial y en el lenguaje del humor y de la infancia son elementos cruciales en este redescubrimiento. Y sobre todo, nues­tro reencuentro con la poesía, tanto la de los poetas como la de los involuntarios y anónimos creadores del lenguaje; la fuente que sigue y siempre seguirá manan­do “aunque es de noche”.”

Me detengo en este fragmento con la idea de reflexionar sobre las palabras. Podemos discutir si la palabra necesita o no ser rescatada, a veces creo que no, que la palabra es como un Ave Fénix, muere y se rescata ad infinitum. Sin embargo, propongo detenernos primero a pensar en lo que significa rescatar.
De las acepciones que nos revela el diccionario: salvar, sacar de un peligro.
¿Dónde está ese peligro? Ese peligro a veces somos los adultos obstaculizando el encuentro de los niños y las niñas con las palabras. Y después, después detengámonos en el reencuentro con la poesía.

Subir la ladera y también bajarla

Dice Ivonne Bordelois: “Nada más injusto que el nombre del infante, que significa que el niño no puede o no sabe hablar -como el soldado de infantería, llamado así porque carece del derecho de réplica. Todos sabemos que en innúmeros casos es la frescura de una primera aproximación al lenguaje la que hace de los niños maestros del habla. El chico cuestiona la lengua, irrumpe con la lógica de cabo contra el anómalo quepo y adjetiva y redefine sorprendentemente los términos del común vivir.”

Bordelois recuerda “Una doli tuá – de la limentá – oso fete co¬lorete – una doli tuá”.

Yo me acuerdo, y seguro que ustedes también, de la gata ética pelética:

“Yo tenía una gata / ética pelética pelimplimplética, /pelada, peluda, pelimplimpluda, 
que tenía gatitos / éticos, peléticos, pelimplimpléticos,/ pelados, peludos, pelimplimpludos.
¡Si mi gata no hubiera sido/ ética pelética pelimplimplética,/ pelada, peluda, pelimplimpluda, 
sus gatitos no habrían sido / éticos, peléticos, pelimplimpléticos, / pelados, peludos, pelimplimpludos!”

Y con estos ritmos, con estas palabras como juego, pensar la niñez como ese espacio –tiempo y escucha– para que se dé la relación con el lenguaje.
Invitar a escuchar, a cantar y a contar.

Una jitanjáfora cargada de…

Todos llevamos, a sabiendas o no, una Jitanjáfora escondida como alondra en el pecho”, decía Alfonso Reyes.

En esta Jitanjáfora, todos vamos cargando palabras, ritmos, historias, todo va teniendo un nombre, una palabra que lo significa.

Nombrar, designar: las palabras definen y el secreto tal vez esté en habilitar la exploración. Un chico aprende una palabra, rara o común para su cotidianeidad, se la apropia, la repite hasta el cansancio. La usa para nombrar todo lo que ve. La dice y la vuelve a decir, la abandona, vuelve a ella. La usa solo para una cosa: la canta. Y va buscando y encontrando y perdiendo sentidos. Las palabras entonces, cantadas, dichas, leídas, escritas, escuchadas, todas las palabras van acompañando ese recorrido vital que transitamos las personas.

Y nos podemos encontrar con otros gatos:

“yo tengo un gato que se llama Garabato,
que le gusta dormir en un zapato,
y una gata que se llama Catalina,
que le gusta dormir en la cocina
(…)Con tantos gatos adentro de mi casa,
me tuve que ir a dormir a la terraza.
Ni siquiera me queda el balcón,
porque allí es donde duerme Dormilón…”

Esos ritmos, esas primeras canciones, poemas, coplas, acompañan y van llenando la petaquita y la Jitanjáfora. Y nuestro camino se va colmando así, de poesía y palabras que se necesitan ser dichas y volver a ser dichas, una y otra vez.

“Leer, en la primera infancia, es una experiencia de vida. Lo que el bebé lee no es el sentido literal de las palabras sino sus ritmos y sus poderes mágicos para esperarlo, acunarlo, escribir en su cuerpo, cantar, contar y jugar con él. Desde las primeras nanas hasta aquellos “libros sin páginas” que los padres rescatan de sus recuerdos, el bebé recibe una herencia de palabras que marca su ingreso al mundo del lenguaje.” Así comienza Yolanda Reyes El libro que canta. Y entonces, nos seguimos acordando. Tiramos del hilo para que salgan las palabras amontonadas: “Tortita de manteca para mamá que da la teta, tortita de cebada, para papá que no da nada…”, y este dedito compró un huevito. Con estos y otros poemas y cuentos en el cuerpo, vamos contando.

Los chicos preguntan, saben rápidamente que todo tiene nombre. ¿El inodoro como se llama? preguntó Mauro a la mamá de un compañero del jardín. Inodoro, le respondió ella. No, el nombre, el que tiene escrito, repitió él señalando la marca escrita en el artefacto, distinta a la que conocía: este empieza con “F”.

O la fascinación de Carmen Tello al pronunciar la palabra visillo por primera vez… repitiéndola mientras miraba la puerta esperando a su mamá. O Daniela Resnik que antes de decir casi ninguna palabra repetía gato llena de felicidad, entre caminatas y cantos. Y así, tantas historias… como la de la protagonista de El contador de cuentos, de Saki, con la repetición incansable del primer verso del poema de Kipling  “por el camino de Mandalay”.

Brazos que acunan

Las palabras arrullan, acunan, nombran, marcan ritmos, épocas, nos ponen a jugar, nos permiten nombrar el mundo, nos abren la puerta para ir a jugar, nos arman ellas mismas juegos como el Pisa Pisuela color de ciruela, nos llegan con el sonido antes que nadie nos toque, en la mismísima panza.

Esas palabras, que como dice Michelle Petit, son a que nos van a permitir luego nombrar el mundo, tener más posibilidades y más material, más palabras para decir lo que nos pasa. “El lenguaje no es reductible a un instrumento, tiene que ver con la construcción de nosotros como sujetos parlantes. Cuanto más capaz sea uno para nombrar lo que vive, más apto para vivirlo y para transformarlo.”

Entonces, como mediadores, como atravesadores entre libros, propongamos ese encuentro, rescatemos a los chicos, y a todas las personas de las barreras que a veces levantamos entre ellos y las palabras. Propongamos el encuentro con la poesía y la música. Desde los ritmos del inicio, en la panza hasta las últimas palabras, habitemos e invitemos a habitar la posibilidad del lenguaje.