“Los libros deben ser un artículo trivial”

Gonzalo Oyarzún conversó con @Cultura_LIJ sobre la necesidad de fomentar la lectura para asegurar el acceso de las personas a sus derechos.

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Por Valeria Sorín.

 

Pocas horas de presentarse en el Mercado de Industrias Culturales de la Argentina (MICA) para hablar sobre cómo atraer a nuevas audiencias juveniles a la lectura, nos reunimos con Gonzalo Oyarzún en la biblioteca infantil del espacio municipal Casa de la lectura. Este reportaje tiene la misma forma de cualquier charla con Oyarzún, la conversación parece correr con facilidad, pero nada está dicho porque sí.


El lector se hace

—En Cultura LIJ hicimos una encuesta lectores acerca de su biografía lectora. Nos sorprendió encontrar que prácticamente todos los consultados por lo general se encontraban pensando que no tienen suficientes lecturas, que tienen aún hoy huecos en su formación, en una idea de lectura programática y ordenada.

—Yo tengo muy clara mi biografía lectora. Y en tanto gestor de políticas públicas a mí me genera una cierta contradicción. Yo soy lector porque mis padres eran lectores. Ellos nunca hicieron nada para que yo fuera lector, nada. Ahí estaban las paredes llenas de libros. Mi padre traía a casa siempre unas revistas increíbles.
O sí, hicieron mucho. Pero tal vez de la forma incorrecta. A la noche les gustaba leernos cuentos de Edgar Allan Poe que nos dejaban muertos de miedo. Pero el recuerdo de mi padre leyéndole a mi madre un cuento de Chejov y ella riéndose me marcó un montón.
No había libros para niños en mi casa, o muy pocos. Entonces yo leía a Neruda, a Chejov, a Edgar Allan Poe, a Kafka. Entonces tenía el trauma del choque con la lectura escolar. En la escuela primaria no me gustaba leer, no la entendía, me aburría. Sin embargo cuando entré en la educación media tuve muy buenos profesores de literatura.

—También a esa altura el canon escolar se hace eco de la literatura universal.

—Efectivamente. Leí muchas cosas que no había leído en casa, Shakespeare o el Quijote. Y me gustó mucho Cien años de soledad, aunque ya lo había leído en casa.  La dictadura tenía prohibido a García Márquez, pero en mi escuela sí se leyó.
Y esto me genera enormes contradicciones con los programas que nosotros hacemos. Porque organizamos cantidad de actividades y planes de fomento lector para mujeres, para niños, y sería mucho más fácil si los padres leyeran y tuvieran una estantería en el hogar con libros de lo que sea, de mecánica, de cocina, de autoayuda o lo que les guste.

—O que vayan habitualmente a las bibliotecas a retirar libros para sí.

—Eso pasa en los países nórdicos o anglosajones donde está instalada la costumbre de ir a la biblioteca. Acá no tenemos esa costumbre de uso de bibliotecas, por lo que hacemos cantidad de actividades para acercar a la gente.
Para un artículo que se llamaba “Cómo hacer de Chile un país lector”, yo decía que era necesario tener buenas bibliotecas. Y buenas librerías. El 95% de las ciudades de Chile no tienen librerías. Y los grandes lectores e incluso los mejores usuarios de bibliotecas son grandes compradores de libros. Ambos ámbitos deben ir juntos. Pero el triunfo estará asegurado el día que entremos con la lectura en la casa. Los mejores mediadores son los superhéroes del niño: los padres. Si papá y mamá hacen esto, yo lo voy a hacer igual porque ellos saben. Entonces las campañas no debemos dirigirlas a quienes queremos que lea, sino a quienes son los superhéroes de quienes queremos que lean.



De la inquietud por formar lectores

—En las ferias del libro regionales se puede notar cómo se mueven quienes no han tenido un contacto fluido con los libros. Es común ver que pasean entre los puestos personas que habitualmente no ingresan ni a bibliotecas, ni a librerías. La característica que delata a esos no lectores es que no se animan a tocar los libros. Los miran de lejos, hasta que se les propone que agarren el que los atraiga. Como si necesitaran un permiso.

—Si el libro es un objeto de valor, si es un artículo medio sagrado, te cuesta tocarlo. Otra es la situación si se lo concibe como un artículo trivial, que da lo mismo si se echa a perder o se raja. El libro es para leer, ¿para guardar, qué? Hay quienes somos unos fetichistas que gustamos de coleccionarlos y tenerlos. Pero esa no es la mejor imagen para el libro. Podríamos ser coleccionistas de estampillas. Lo único importante es que la gente lea.
Muy gráfico es ver a la gente en los medios de transporte en Japón.  Como ellos se transportan por grandes trayectos diariamente para ir a trabajar, es común ver a las personas leyendo libros muy baratos, de papel de mala calidad, que los leen en el viaje y luego los botan al llegar a su destino. Nosotros con nuestra pasión por los libros transmitimos una idea equivocada. Es más importante que el contacto sea fluido.

—Entre las cosas que habitualmente escuchamos de los poco lectores, es que un libro que se empieza de se debe terminar. Les pesan en la conciencia las lecturas pendientes.

—Yo antes no dejaba de leer hasta el final un libro, pero ahora ya no. A veces me apasiona menos leer nuevos libros y más releer libros antiguos. Un amigo me expresaba la angustia que le da llegar al final de un libro y quedarse sin lectura. Eso yo lo solucioné hace mucho. Tengo siempre en lectura al menos tres libros simultáneamente. Porque hay libros que los lees enseguida, otros que los dejas y otros que son de lectura muy lenta, como es el caso de los libros técnicos. Entonces el de largo aliento es mi compañía, que leo en velocidad crucero, mientras otros entran y salen por semanas.


Atraer a los jóvenes a la lectura

—Esta vez has formado parte de la programación de conferencias del Mercado de Industrias Culturales de la Argentina (MICA) con una conferencia acerca de “Cómo atraer nuevas audiencias para las bibliotecas”.

—A mí me sorprendió la convocatoria porque toda la dinámica del MICA está enfocada en las industrias. Y las bibliotecas no son industrias. Se habla en el MICA de audiencias, y nosotros no tenemos audiencias. La audiencia es la persona que se sienta y escucha o ve un espectáculo. Y en la biblioteca hay gente que va a interactuar. Las personas que encontramos en las bibliotecas son participantes de ese espacio. Vienen a trabajar, a estudiar, a participar de un taller.
Acerca de cómo atraer a los chicos a la lectura, no tengo recetas. Tenemos una deuda pendiente de muchos años con los programas escolares de formación de profesores, maestros, bibliotecarios; para que puedan ser buenos fomentores de la lectura. No solamente en literatura, sino en todas las asignaturas. El profesor tiene que saber cómo seducir.
En un congreso yo dije que me parecía muy bueno el Rincón del vago porque se acabó la posibilidad de los profesores de seguir haciendo siempre la misma pregunta, ya que los estudiantes se organizaron para pasarse los apuntes y trabajos. La idea original no es mía sino que se la robé a un maestro argentino, Eduardo Dayán. Dayán hacía a los chicos elegir entre muchos libros y tenían que presentar un trabajo que vinculara ese libro que el chico eligió con una obra de teatro de la cartelera, o una exposición. Una experiencia y un libro. Él encontró la herramienta para hacerlos leer e ir a ver.
Nosotros tenemos que ser capaces de fomentar la lectura desde los libros de los videojuegos, desde los libros de sagas, desde los comics. Hay capas distintas para abordar a los chicos. Y no es que quiera que lean libros porque sí, sino porque creo que la lectura es la herramienta que nos permite entender.
Yo sostengo que la lectura debe ser funcional. Hay quien se ofende y cree que la lectura de un poema o una novela es más importante que cualquier otra lectura. Pero hay gente que no le gusta leer poesía y sí lee mucho de historia o de sociología. Y hay lecturas que tienen que ver con temas productivos: recetas de cocina, de arte. A mucha gente le gusta lo otro, lo que no es ficción.
El libro más prestado es siempre de literatura, y el primer lugar suele ser para Isabel Allende, o Paulo Coelho o Bárbara Woods. Siempre en los primeros diez puestos se encuentran libros literarios. Pero en las bibliotecas que tienen un acervo equilibrado entre colecciones de ficción y no ficción, la no ficción como conjunto gana por paliza.
Cuando surgen los planes de alfabetización a mediados del siglo XX en Chile la prioridad no era que lean a Neruda o Gabriela Mistral. Se llevaban a cabo para que los trabajadores pudieran pelear por sus derechos y no firmaran contratos terribles. Cuando tú lees eres más dueño de tu vida y puedes defender mejor tus derechos, que si no lees. Ese es el sentido de una política pública.
En África el fomento lector tiene como objetivo bajar la mortalidad infantil y mejorar el rendimiento escolar; sirve para que los agricultores tengan una mejora en la venta de sus artículos y el cuidado del suelo. En África se trabaja siempre con el concepto de “sirve para…”. No puedes leer si tienes necesidades básicas insatisfechas. Soy cada vez más político entorno a la lectura. Porque es una herramienta necesaria para poder vivir en un mundo que es bastante cruel a veces.

El niño, Gonzalo Oyarzún.
El niño, Gonzalo Oyarzún.


Acerca de Gonzalo Oyarzún

Oyarzún es actualmente responsable del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile y profesor en la Escuela de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Es presidente del Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas, Iberbibliotecas (), que tiene como objetivo crear una red de cooperación. Fue el director fundador de la Biblioteca de Santiago, en cuyo proyecto participó desde su gestación en su diseño, implementación y habilitación.

Para seguirlo en redes

Twitter: @gonzaloyarzun
Facebook: /gonzalo.oyarzun

 

 

 

Elisa, la rosa inesperada

Reseña de “Elisa, la rosa inesperada”. El último libro de Liliana Bodoc va derechito a instalarse en las lecturas imprescindibles.

Por Valeria Sorín.

Elisa tulmas 1Ficha del libro
Título: La rosa inesperada
Autora: Liliana Bodoc
Editorial: Norma
Colección: Zona libre
Pág.: 212  |  ISBN: 9789875457225
Web:
https://elviajedelilianabodoc.blogspot.com.ar/


Esta novela nace de un poema de Conrado Nalé Roxlo, Canción de guía.

Hay que andar por el mundo como si no importara
sin preguntar el nombre del pájaro y la planta,
ni al capitán del buque, adónde lleva el agua.

Mirar al otro lado del que todos señalan,
que es allí donde crece la rosa inesperada.

Tan inesperada la rosa como la lectura que hace la protagonista de esa poesía.

Elisa nació en una villa santafecina. Como referencia para quienes no sean originarios de la Argentina, “villa” no significa solar hermoso o reunión de casas, sino espacio tomado por personas que atraviesan todas las vulnerabilidades y donde construyen con algunas chapas y algunos ladrillos –en el mejor de los casos– dos piezas con piso de tierra donde llevar sus vidas. Fue el periodista Bernardo Verbitsky quien observó la aparición y crecimiento de estos asentamientos dentro de las ciudades a mitad del siglo pasado y los nombró como “villas miseria”.

Elisa entonces vive en una casita precaria con su abuela, la Rufina, porque sus papás –Irene y Chejuán– armaron un grupo de cumbia con el que se fueron a tocar por todo el país para hacerse una forma de vivir. Elisa no quiere ya ir al colegio, así que Rufina logra que vaya como planchadora a un internado. Elisa ahí se cruza con los libros de poemas que le alcanza Beatriz, muchacha piadosa de la alta sociedad que escapa de los mandatos paternales tratando de enderezar pupilas. Pero inevitablemente el tiempo de Elisa asistiendo al internado termina cuando cumple 15 y tiene su primera relación sexual. Entonces ve la posibilidad de viajar a San Salvador de Jujuy donde una tía le puede conseguir trabajo. La convivencia no es simple, el novio de la tía le echa el ojo y la mujer no quiere competencia. Echada de nuevo a la calle, Elisa elige no retroceder y sigue su viaje a Tilcara, ciudad cercana a la frontera con Bolivia. Allí se enfrentará al “diablo”, a una organización dedicada a abastecer de jóvenes bonitas los prostíbulos tras la frontera.

 

Para esta novela Liliana Bodoc debe elegir un final con mucho criterio. La historia merece ajustarse a la verdad, una verdad al menos propia de Elisa. No hay forma de salir sin marca. Así como Bodoc ha elegido contar la primera vez de Elisa sin tanto detalle, así como sugiere la violación múltiple sin necesidad de regodeo, de la misma forma Bodoc es consciente del público que estará del otro lado de la misma página que escribe. El final se debate entre ambas perspectivas y sale airoso, claro.


¿Qué es lo que Bodoc viene a contar con esta historia?

Beya es una novela gráfica magnífica sobre trata de personas que publicó la editorial Eterna Cadencia hace unos años. Beya quiere contar la degradación y cosificación a la que se somete a las mujeres en esos antros y cómo de esta forma pierden su humanidad. Será necesaria una mirada ajena para volver a ser un sujeto, un poco de locura a la que aferrarse y desde la cual salir de esas paredes sucias al menos por un rato, será necesario volverse muy creyente para construir una vaga esperanza de ganarse el cielo. Sus autores, Gabriela Cabezón Cámera e Iñaki Echeverría, saben que el camino para que el lector asista a tanto dolor, el camino que hace que no pueda uno dejar de enterarse, es estético.

Pero Liliana Bodoc no tiene esa intención. Ella quiere contar el camino por el cual una casi niña puede terminar en un prostíbulo aunque la salve en el final. Pero sobre todo quiere contar como hay quienes ven lo que pasa y eligen hacer la vista gorda, como hay quienes que no ven porque su clase social o cultural le ha interpuesto una venda de protección negadora, y quienes ven y avisan.

 

Liliana Bodoc habla de Elisa para hablar de cada uno de nosotros.

Como en una hermosa novela que escribió Benito Pérez Galdós en el siglo XIX –Fortunata y Jacinta– la sociedad se ve reflejada en su división estamentaria, donde cada uno vive y ve lo que su espacio de pertenencia le permite. Las historias ocurren y el equilibrio se rompe cuando algunos de estos personajes –Belén desde una clase social acomodada, Abel y Rufina desde las menos beneficiadas– rompen esas fronteras y llevan noticias de un estamento a otro de la sociedad. Son responsables de los movimientos de Elisa y de las acciones de Martín, el leñador salvador de esta caperucita moderna.

Bodoc no deja de develar el rasgo de clase de la Academia. Los padres de Martín son descriptos desde sus doctorados en ciencias sociales, lo que permite salir de excursión a su hijo por el pueblo como baño sacramental, a sabiendas de que al resguardo de la tarjeta de crédito podrá correr al hotel. Cuando Martín percibe el peligro en el que se encuentra Elisa, llama a su padre para que lo ayude a mirar de nuevo –según el diccionario de María Moliner mirar es ‘aplicar a algo el sentido de la vista, para verlo’–. La respuesta desde la venda que las grandes urbes aplican a sus habitantes será: “Habrá sido una forma de decir”.

Bodoc cuenta todo esto y más. Inicia muchos capítulos con versos que ha elegido con una precisión infinita. Como los versos de “Luzbelito” que tararea Martín. Ha sabido construir una estructura narrativa que a la vez es atrapante, es reveladora y estética.

Esta reseña es ya demasiado larga y no creo que ampliarla sume a la lectura de un libro que va derechito a instalarse en las lecturas imprescindibles. Elisa será la rosa inesperada. Liliana Bodoc, no. Ya nos lo ha dicho mil veces: de ella se puede esperar todo y bien.

 

Por denuncias de trata de personas en Argentina: línea 145.

Bitacora del viaje que dio origen al libro

https://www.yumpu.com/es/embed/view/ZmqYJaFpyvVB9xAD

a, b, c, d… y después

¿Es traducible el juego lingüístico? ¿La poesía vive al trasladarse de idioma? En este artículo conocemos cómo enfrentaron traductora y editora el desafío de la traducción de bellísimos disparates de Gianni Rodari.

Por Valeria Sorín.

¿Es traducible el juego lingüístico? ¿La poesía vive al trasladarse de idioma? En este artículo conocemos cómo enfrentaron traductora y editora el desafío de la traducción de bellísimos disparates de Gianni Rodari.

rodari-tapaFicha del libro
Título: De la A a la Z
Escritor: Gianni Rodari
Ilustrador: Chiara Armellini
Traductora: Eleonora González Capria
Editorial: loqueleo
ISBN: 9789504652717

La propuesta de hoy es extrañarnos de las palabras que usamos y volver a mirarlas. En esa distancia aparecen las confusiones divertidas que convierten el hormigón armado en hormigón amado y, por lo tanto, un puente en un puré de ladrillos.

La publicación de un nuevo título de Giani Rodari en español es un acontecimiento. El libro se lee de un tirón y a mandíbula batiente, hasta que uno se da cuenta de que su escritura original fue en italiano, por lo que el texto ha sido intervenido por varias manos antes de llegar a las nuestras.


La elección precisa

rodari-lapiz

Este abecedario se conforma a partir de una colección de poesías y cuentos breves del gran escritor italiano Gianni Rodari. Originalmente es una antología que publica la editorial italiana Einaudi Ragazzi.María Fernanda Maquieira lo descubrió en la feria de Bologna en 2016, fue amor a primera vista, y como ya tenemos en Loqueleo otros libros del autor, inmediatamente nos contactamos con su agente”, nos comenta la editora de la edición en castellano para Latinoamérica, Lucía Aguirre.

CL—¿Cómo fue conceptualizado este libro desde un comienzo? ¿Por qué estos textos?

LA—Es un producto editorial en el mejor de los sentidos: una selección de los mejores textos de Gianni Rodari que bailan alrededor de una letra del alfabeto. Hay un segmento del libro dedicado a la puntuación donde encontramos poesías sobre la coma, el punto, el paréntesis, el signo de interrogación.
La asociación al alfabeto se da de diferentes maneras: a veces están por ausencia (“El ladrón de ‘erres’”), otras veces por el error (“Un hombre de buen carácter” para la B, donde un tal Félix Corazoncontento se agarra “ravietas” y a nadie le importa), o solo por un nombre (“Los bigotes del señor Egisto” para la E, por ejemplo).

CL—Los textos incluidos ponen en juego cacofonías y ortografías, la traducción iba a ser difícil. ¿Cómo se enfrenta ese desafío desde la edición?

LA—Hay que decir que el primer desafío fue el pasaje del alfabeto italiano de 21 letras al de 27 del español. Se trabajó en conjunto con la traductora, uniendo textos con letras, leyendo, buscando otras posibilidades dentro del vasto universo de Rodari. Los movimientos tenían que ser prudentes y cuidadosos.
Encontramos también un reto en las ilustraciones y las guardas de cada página: la traducción hacía que algunas no sirvieran más.
En todo momento primó una idea madre: el libro tenía que funcionar en español como un todo, sin que se le vieran los hilos. Vale la pena aclarar que los editores italianos aceptaron los cambios propuestos y nos permitieron bucear dentro de la obra de Rodari y elegir los nuevos textos con libertad.

 


Traducir, trasladar, transmitir

De la A a la Z.indd

Luego de conversar con la editora, decidimos visitar a la traductora de la obra de Gianni Rodari al español, Eleonora González Capria.

CL—¿Cómo encaró la traducción de este libro?

EGC—No voy a negar que fue difícil, sobre todo porque las limitaciones que el libro (creado y organizado en italiano a partir del abecedario) le imponía a la traducción eran extraordinarias. Había que repensarlo de principio a fin. Las editoras, Lucía Aguirre y Clara Oeyen, acompañaron muy de cerca el proceso y en varias reuniones fuimos definiendo qué esperábamos del libro, cómo podíamos hacerlo funcionar en castellano y conservar lo más posible de esa concepción original en nuestra lengua. Eran pocos los textos que podían traducirse sin demasiada meditación: había que reordenar, recrear e incluso, en algún caso raro, reemplazar.
Pensé la mayor cantidad de propuestas para cada texto: cómo traducir los cuentos o poemas para que siguieran asignados a la letra original y no perdieran toda naturalidad (por ejemplo, Il povero ane es El pobre achorro), cómo podían adaptarse ciertos juegos de palabras y errores de ortografía. Incluso, en alguna ocasión, hice más de una traducción para un texto en particular, a modo de prueba, de ensayo, para decidir con las editoras cuál era la mejor solución. Si las pienso hoy, retrospectivamente, las decisiones de traducción me parecen sencillas. Pero, en el momento, y multiplicadas por los veintisiete textos que corresponden a las veintisiete letras de nuestro alfabeto, no lo fueron.

CLEn un libro de Alicia en el país de las maravillas, el traductor justificaba las decisiones que había tomado diciendo que había ser fiel al sentido aunque perdiera el sonido. ¿Tuvo que enfrentar alguna decisión semejante?

EGC—En cuanto al sonido y al sentido, estoy convencida de que el sonido en la poesía (en todas sus dimensiones, sea rima, regularidad rítmica o aliteración) también comunica sentidos, que fondo y forma, por así decirlo, se co-constituyen: a la hora de escribir el autor eligió las palabras que eligió también o justamente por su sonido. Por supuesto que en cualquier decisión de traducción hay una pérdida, pero traté de buscar un equilibrio entre sentido y sonido, para que el lector hispanoparlante pudiera jugar con la música de esos poemas igual que el lector del italiano.


Decisiones en torno al lector de la obra

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En las últimas preguntas cruzamos a las dos profesionales.

CL—¿Cómo piensa al lector de este libro?

LA(editora)—Son cuentos, poemas y retahílas. En Italia lo sugieren como lectura desde los 5 años, pero yo creo que es de esos libros que necesitan cierto bagaje de los lectores para reconocer errores y humoradas.

EGC (traductora)—Mi lector imaginario de Rodari en castellano resultó ser una chica o un chico de 9 a 11 años más o menos, que pudiera sentirse identificado con estos textos, al que invitar a aprender, reflexionar y divertirse con los errores. Imaginarme a ese lector fue necesario para pensar la traducción posible. Me guie por mis propias experiencias de estudio y docencia. La pregunta que me hacía a mí misma era, por lo general, la pregunta por la función y la frecuencia, cuál sería el error análogo en castellano o cuál sería el más común, siempre pensando también en las posibilidades de la lengua.

CL—Hay dos recursos paratextuales en este libro que no son habituales en productos orientados a los niños: por un lado, hay una nota de la traductora antes de empezar la lectura y, a lo largo del texto, siguen tres notas al pie. Eleonora, ¿por qué creyó necesario incluir la nota inicial acerca de la ausencia de ciertas letras en italiano (J, K, Ñ, W, X e Y)?

EGC —La inclusión de la nota fue una propuesta de las editoras y estuve absolutamente de acuerdo con ellas: era importante señalarlo como forma de evidenciar que, al traducir un libro que gira en torno del alfabeto y el uso de las letras, era necesario hacer una adaptación.
Además, como nuestro alfabeto tiene más letras que el del italiano, De la A a la Z en castellano tenía que sumar otros textos de Rodari o, de otro modo, no iba a recorrer la lengua, de verdad, desde la A hasta la Z. Esos textos que se incorporaron, entonces, tenían que pensarse desde el castellano, desde cómo podían ser traducidos, ya que no hay J en italiano, por ejemplo. Entonces la búsqueda fue inversa, partía del pensar a Rodari en nuestra lengua, y así “El árbitro Justino”, un cuento que trata sobre la justicia, era “L’abritro Giustino”.

CL—Más propio de trabajo de edición, Lucía, es decidir la incorporación de notas al pie. ¿Cómo fue esta decisión para ustedes?

LA—Las notas que incluimos fueron las mínimas, las que consideramos necesarias. La primera es una apreciación fonética, los florentinos pronuncian la “c” (del sonido /k/) como una “h” aspirada, por eso se dice que la “c” es una delicia. La última cumple con la función de desambiguar, nos pareció que dejar Las Marcas podía prestarse a confusión.

CL—La segunda nota es de otro calibre, vuelvo a preguntar ¿por qué sintieron necesario ampliar esta información al lector sobre el momento en el que se escribía el texto?

LA—La segunda, que hace al saber de la época, explica que el tranvía de Monza todavía circulaba al momento de la escritura. Es particular porque, a mi modo de ver, muestra que Rodari pensó que ocasionalmente todo terminaría en este Museo del Tiempo que Fue.


Para seguir leyendo

 Primeras páginas de De la A a la Z

Otras obras de Gianni Rodari publicadas en castellano

  • El hombrecito de la lluvia
  • Cuentos al revés
  • Cuentos para jugar
  • Cuentos escritos a máquina
  • De la A a la Z
  • Las aventuras de Tonino el invisible
  • El libro de las retahílas
  • Las aventuras de Cipollino
  • Jip en el televisor
  • Cuentos por teléfono
  • Gramática de la fantasía
  • Cuentos escritos a máquina
  • Cuentos para jugar
  • La góndola fantasma
  • Gelsomino en el país de los mentirosos
  • Los enanos de Mantua
  • Ejercicios de fantasía
  • Los traspiés de Alicia Paf


Sobre Gianni Rodari (1920 -1980, Italia)

Siendo cronista del periódico L’Unità, descubrió su vocación de escritor para niños. Desde entonces, publicó más de veinte libros en los que combinaba magistralmente el humor, la imaginación y la desbordante fantasía con una visión crítica del mundo, no exenta de ironía. En 1970 recibió el Premio Hans Christian Andersen.

 

 

 

 

 

 

Por qué ser docente hoy

Hay quienes sostienen que en el siglo XXI ya no hacen falta docentes que enseñen. Que con una computadora con conexión a internet los chicos tienen todo el conocimiento. ¿Entonces por qué ser docente hoy? Maestros, profesores, especialistas contestan esta pregunta con la misma pasión con la que ejercen.

Hay quienes sostienen que en el siglo XXI ya no hacen falta docentes que enseñen. Que con una computadora con conexión a internet los chicos tienen todo el conocimiento. ¿Entonces por qué ser docente hoy? Cierto descrédito social hacia la profesión parece haberse instalado. ¿Por qué ser docente hoy? ¿Por qué?

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Por qué somos docentes hoy


“Porque creo que la educación es el único proceso que equilibra la balanza y permite una sociedad más justa. Es el modo en que puedo aportar mi ladrillo para construir una sociedad mucho más justa. Una sociedad que reconozca las diferencias, las respete, las valore como posibilidad y no como obstáculo. El ejercicio de la docencia me permite desarrollar estas potencialidades en cualquier etapa del desarrollo de los sujetos, sean niños, jóvenes o adultos. Ser docente implica ayudar a pensar y a ejercer la libertad. Ser docente es formar para la libertad.” María Fernanda Carbone, maestra.


“Los maestr@s de plástica casi nunca comenzamos “Bellas Artes” pensando en ser maestros. Lo que vamos a buscar es otra cosa que no sabemos bien qué es. Si la encontramos o no, depende de muchos factores. Cuando las vueltas de la vida nos encuentran con la docencia, poco a poco, empieza a descubrirse un mundo alucinate. Es maravilloso ser testigo de la sincronía entre el crecimiento y el hacer, sean pinturas dibujos o esculturas. Sean líneas prolijas y limpias o manchas descocidas, desbocadas, sean duras construcciones o masas amorfas y sin explicación -no la necesitan-.” Florencia Ferreiro, maestra, Plástica.



“Yo reformularía la pregunta: por qué ser docente hoy y siempre.
El ser docente es una vocación que surge más allá de la formación. La formación docente brinda herramientas para empezar el camino. Ser docente hoy y siempre, lo enfatizo desde el lugar de acompañante, guía, incentivador y constante aprendiz de la experiencia del serlo. Ser docente implica un total compromiso. Más que ser docente, este estado es pleno cuando se siente. Ser docente es tener la necesidad de compartir lo que uno sabe, de dar oportunidad de un  aprendizaje más allá de la asignatura específica que uno se haya perfeccionado para enseñar. Es sentirse orgulloso de cada logro, cada paso, cada revelación de aquel que deja que sea docente.” Alfredo Daniel Nuñez, profesor y supervisor de Inglés (CABA), primaria, secundaria, adultos.


“Ser docente hoy es reforzar la cadena de transmisión de la cultura. Es acompañar y  darle al otro herramientas para su profesión y para la vida. Es ayudar a crecer, aun cuando el alumno sea adulto. Es abonar a la creación de grandes proyectos. Es comprender sin criticar. Es estar cuando nos necesitan.” Nora Lía Sormani, profesora, terciario. Especialista LIJ.


“La docencia es ante todo una función de transmisión, un modo de que algo continúe más allá de nosotros, con el límite que representa nuestra mortalidad. Y eso en mi caso va de la mano de aquello que me entusiasma más que nada en la vida, la práctica del psicoanálisis como un modo de hacer con el malestar, de hacer que la vida de cada quien pueda seguir caminos más interesantes. Que esa práctica y la teorización que la acompaña puedan continuar y reinventarse, es algo en lo que me he comprometido intensamente, desde hace muchos años. ¿Y por qué hoy? Tal vez porque, en esta época, la función de transmisión está puesta en cuestión más que nunca. Ante el vértigo de lo nuevo, ¿qué vamos a dejar de lo que recibimos y de lo que nos tocó hacer?” Gabriel Belluci, profesor, Psicología, universidad.


Mario Méndez, maestro, en su propia voz. Escritor.


“Para mí ser docente hoy en escuelas públicas es sentir que sos la última oportunidad para que tantos chicos se imaginen un futuro panorámico para/por ellos. En escuelas privadas sentís que les podés mostrar el lado B y que aprendan a conectarlo con el A. Y todo a través de tu arte, de tu materia. Ahora en serio, quizá ser docente hoy sea una manera de poder tener todos los días conversaciones con gente interesante sobre temas trascendentes, en una aula.” Andrés Sobico, profesor de Tecnología, primaria. Escritor.


“En la vida se nos abren diferentes caminos, cada encrucijada te exige una decisión, yo sé perfectamente cuál fue el momento en el que decidí ser profesora. Me vi en ese destino y todo era luminoso, entrañable y tangible. Era ser con el otro, construir con él o con ella, crecer en humanidad y comprensión.” Laura Guerrero Guaderrama, profesora de LIJ, universidad. Especialista. México.


“Por qué ser docente hoy? Buena pregunta. Soy docente porque lo llevo en el alma. Creo que aun antes de estar enseñando formalmente, lo era. Y moriré siéndolo. Porque me resulta placentero compartir  con el otro, más allá de lo programado. Enseño no solo el valor de la palabra. No solo como hacer una cuenta. Y el mejor premio es cruzarme en la calle con mis ex-alumnos y que me griten ¡chau seño!” Débora Pert, profesora de Inglés, primaria. Promotora de lectura.


“Ser docente no es solo una profesión sino también una oportunidad, un desafío y un compromiso para producir un cambio profundo en la sociedad de la que formamos parte. ¿Por qué ser docente hoy? Para tener la maravillosa oportunidad de abrir el aula al mundo, ayudar a derribar muros, incorporar voces, posturas diversas, acompañar disensos para promover consensos. Para  promover el pensamiento crítico a partir del encuentro con los otros, es decir, un docente hoy es un generador de  espacios de conocimiento donde circulen multiplicidad de voces, historias… vidas en busca de alcanzar un futuro más justo. Por todo esto, vuelvo a elegir la docencia cada mañana.” María Cristina Planas, profesora, terciario.


“Ser docente hoy es seguir creyendo que enseñar a pensar… siempre es tarea urgente.” Nancy Mauro, maestra.


“Porque, aunque sea una frase conocida y repetida miles de veces, estoy convencida de que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo. Porque debe servir para transformarlo en un lugar más justo, más equitativo, que respete las diferencias y que nos enseñe a convivir con el otro no como un enemigo, sino como alguien que piensa distinto y que puede completarnos. Como docente de adultos que se forman en una carrera técnica, aspiro a que puedan desempeñarse éticamente, valorando su trabajo, pero fundamentalmente valorando el trabajo de aquellos con quienes deberán interactuar.” Roxana Carbone, profesora Corrección de Estilo, terciario. Columnista Cultura LIJ.


Maryta Berenguer, docente de Teatro y Narración, en su propia voz. Escritora.


“Para que haya canción.
Para enseñar a escribir casa, perro, nube y también libertad.
Para mirarnos a los ojos.
Para jugar a la mancha con el miedo y ganarle. Ganarle siempre.
Para hacer una ronda donde quepamos todos.
Y sobre todo, para que de vez en cuando ocurra la maravilla de que nos hagan una de esas preguntas para la cuales aún no tenemos respuesta.”

Eva Brugues, profesora de Inglés, primaria. Ilustradora.


“Es una respuesta compleja. Para algunos puede sonar falso decir que por vocación y si decís otra cosa, te dirían “ponete un quiosco.” La vocación para mí, parte del gusto por lo que hago, o intento, que es enseñar a descubrir conocimientos. Pero también, es correrse del camino marcado, cuando éste requiere de abrazos, cariño, escucha, abrigo, alimento, preocuparse por lo que les pasa y finalmente volver al camino para que encuentren un sentido a lo que hacen, sobretodo para si mismos. Soy docente porque siempre encuentro un destello que indica que cada pequeño logro puede llegar a encender a muchos. Soy docente porque a pesar de lo que muchos piensan, me siento respetada y querida. Y me encanta sentir el cariño con que me responden cada día. Soy docente , también, porque puedo vivir de esto que tanto me gusta.” Viviana Crevacuore, maestra.


“Ser docente hoy es estar cerca de esa energía vital de los jóvenes. Es sumar otras miradas a la propia. En mi caso,¡puro placer!” Silvia Goldman, maestra.


“Creo que la única salida que tiene nuestro país es el trabajo y la educación, trabajar para que las nuevas generaciones tengan la posibilidad y la libertad de pensar, ser crítico y tener derecho a equivocarse.Desde el área de plástica, el disfrute de la producción como también la observación de lo realizado por otros. Y trabajar con chicos siempre me devuelve mas de lo que doy, los resultados se ven mas rápido.” Andrea Vergara, profesora de Educación Plástica.


“Por los chicos, por la alegría, por el disfrute. Por los valores, el respeto, la empatía y el altruismo.Creo que si los niños aprenden esto desde pequeños un mejor país/mundo aún es posible.” Sandra Sommariva, maestra jardinera.


Roxana Pruzan, docente, en su propia voz.


“Por qué ser docente… Porque es un acto de resistencia, creación y trascendencia. Por un lado, es un acto de resistencia a la mediocridad, a los prejuicios y a la banalidad. Por el otro, es un acto de absoluta creación que nos permite trascender del aquí y ahora y transformanos con el otro.” Carolina Tosi, profesora de Corrección de Estilo, universidad. Escritora.


“Por lo mismo que ayer y por lo mismo que mañana: porque tu trabajo trasciende en cada letra, en cada número y en cada cuento que pusiste en las manos de los chicos.
Ellos trascienden
Yo trasciendo
Nosotros trascendemos”
Mónica Rodríguez, maestra, bibliotecaria. Escritora. Columnista Cultura LIJ.


“La razón principal para ser docente es la misma que para todo otro trabajo:
aportar un servicio a la sociedad y recibir a cambio nuestro sustento. No estoy de
acuerdo con la visión vocacional de estas cosas. Todo trabajador trabaja y produce
para mejorar su sociedad y todos aportamos cosas indispensables y los docentes no
nos distinguimos de este esquema.
Yo elijo esta tarea porque me permite lidiar con mi área de interés (la matemática),
porque es un trabajo donde se puede ser creativo y no se realiza tareas
repetitivas y donde uno puede ver en forma directa el servicio que le está brindando
a otro cada vez que este avanza, aprende algo nuevo o supera alguna limitación.” Octavio Duarte, profesor de Matemática, universidad.


“Porque es más que una profesión, es el alma, el corazón al servicio del otro. Porque la sociedad de hoy nos necesita mas que nunca para formar niños no solo en el ámbito educativo, sino acompañarlos ante realidades que les son indiferentes. Porque no solo educamos, sino que guíamos, acompañamos en las alegrías y tristezas de nuestros niños y jóvenes jóvenes.” Marisa Diez, maestra, bibliotecaria.


“Soy docente hoy porque la educación puede:

  • Dar herramientas para salvar y salvarnos de la ignorancia y la dominación.
  • Enseñarnos a pensar sobre nuestras acciones y las de los demás.
  • Indagar sobre lo que no está dicho y quieren hacernos creer que es así.
  • Leer el pasado, reformular y cuestionar el presente.
  • Darnos esa cuota de afecto que tanto necesitamos.”

Diego Javier Rojas, maestro, bibliotecario. Escritor. Columnista Cultura LIJ.

 


“En el caos de información en el que estamos sumergidos, ser docente es dar herramientas para distinguir, reflexionar y decidir.  Soy docente porque así me encuentro con otros que me dan herramientas para distinguir, reflexionar y decidir.” Valeria Sorín, profesora de Edición, universitario. Editora de Cultura LIJ.


“Con el prestigio y la idoneidad puestos en duda, mal remunerados, siendo objeto de críticas a boca de jarro, muchos de los que cuestionan nunca podrían estar frente a un aula y en cambio, ciertos docentes no podrÍamos no estar en ellas. Porque ser docente hoy exige ser plástico y dinámico, leer los signos de cada mirada y adecuar tus preguntas y tus respuestas a esa expectativa, a la propia y a la de tu comunidad.” Laura Demidovich, profesora de Plástica, primaria. Editora de Cultura LIJ.


CLD2017-Septeimbre-Editorial_SerDocente

 

Los pantalones largos de Sancia

Va siendo tiempo de prestarle atención a la obra de Martín Sancia Kawamichi.

Por Valeria Sorín.

Va siendo tiempo de prestarle atención a la obra de Martín Sancia Kawamichi.

 

¿Qué hace falta para que un autor saque credencial definitiva de escritor de libros para chicos? ¿A partir de qué gesto los periodistas podemos dejar de decir que alguien incursiona en la LIJ para incluirlo definitivamente en cualquier listado especializado? ¿A partir de qué momento podemos abandonar los epítetos “joven” o “nuevo” para entender que su literatura puede ser tratada sin cuidados especiales ya que no los necesita?

 

Pantalones largos

Foto de Alejandro Meter
Foto de Alejandro Meter

Martín Sancia Kawamichi tiene 44 años; publicó 2 novelas negras para adultos (Hotaru y la más reciente Shunga) por las que recibió premios y aplausos de especialistas;  y varios libros de narrativa para el público infantil: Breves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos, venenosos, enlatados, tristes, cobardes, crueles, espinosos… (y otras historias) en Sudamericana y  25 tarántulas en Galerna; su novela Los poseídos de Luna Picante fue finalista del premio Sigmar, que este año finalmente ganó con Todas las sombras son mías, donde despliega todo el buen oficio del policial negro.

Insisto: ya no tiene sentido tratarlo como a un recién arribado.

 

La razón de un premio

Todo este caudal de palabras nace del efecto de leer Todas las sombras son mías, un libro muy merecedor de distinguirse. Y reviso este concepto para darme cuenta que hacen falta más premios en literatura infantil que den posibilidad de que se presenten y sean leídos por las editoriales nuevos autores.

Horacio Convertini ha sido otro ganador en años recientes del premio Sigmar, un escritor afilado, que maneja la lengua y tiene el oficio de la escritura diaria periodística. En cierto momento, comenzó a enviar a concursos las novelas que tenía reservadas para su círculo íntimo con enorme éxito −gana los concursos Guijón, Bang y Azabache en novela negra y el Sigmar en infantil−, para placer de los lectores que de esta forma se multiplican. Este año, un magnífico cuento para jóvenes de Convertini fue publicado en la antología En la largada por Salim editores.
Recomendación de lectura

Todas las sombras Sancia 2.jpg

Pero volvamos a Sancia y a su novela.

Todas las sombras son mías comienza cuando un niño de perfil abusador llega al colegio y en breves días logra dominar toda la escena. Lo cierto es que algo produce en los demás que logra aterrarlos y dominarlos. Incluso nuestro joven protagonista tendrá sueños premonitorios, caminará dormido, robará bebés, todo bajo su influencia. De nada, sin embargo, se lo puede acusar al instigador, y sin embargo parece tan claro que es él quien le susurra a cada cual… La cumbre de la tensión llega cuando logra que todos sus compañeros asistan a su casa para lo que será un pijama party de terror.

La trama crece en tensión dramática y, aunque deja el final abierto, no desilusiona. El miedo se construye en la complicidad de los pensamientos oscuros que invaden al protagonista, pero que nunca se vuelven completamente explícitos. Deja así espacio para que salgan a jugar nuestros propios monstruos.

Día del Lector

¡Festejemos todo el mes! Cada 24 de agosto, Argentina celebra en Día del Lector en memoria del nacimiento de Jorge Luis Borges.

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Cada 24 de agosto, Argentina celebra en Día del Lector en memoria del nacimiento de Jorge Luis Borges. Una efeméride que debería ser -más allá de la fecha- internacional.

 

Misteriosa actitud

CLD2017_Agosto-editorial-1Niño lee en las escalinatas de un edificio público, ajeno al ir y venir de la gente a su alrededor. ¿Qué lo ha atrapado así?

Tanto en época de vacaciones o cuando se acercan celebraciones especiales como el Día del Niño, cada vez que un periodista no especializado nos consulta surge la misma pregunta: “¿Cómo hacer para que los niños lean?”.

Mientras ensayamos alguna respuesta recordamos las recetas (in)falibles por todos conocidas: el ritual de leer antes de dormir, la hora de biblioteca en la escuela, regalarles libros para una fiesta especial.

“A los libros llegamos de la mano de un mediador, en cierta comunión, en cierta relación de complicidad”.

 

Necesidad imperiosa

Un niño siente urgencia de leer ese libro, no otro. ¿Por qué esperar? El libro está, el deseo también, me siento y ya estoy leyendo.

Mientras ganamos tiempo frente a ansioso entrevistador, pasamos lista a las investigaciones de los más interesantes y variados autores: el andar entre libros, el contacto fluido con el objeto libro dentro del hogar o de la escuela; las lecturas desde la cuna, pero por sobre todo el disfrute de la palabra que puede ser canción, versos a flor de labios, narraciones familiares; la circulación de textos diversos dentro de nuestra cotidianeidad: informativos –lista de teléfonos útiles–, educativos –recetas de cocina–, administrativos –cuentas, lista del mercado–, amorosos –cartas–, y hasta literarios –versos regalados, coplas, adivinanzas, frases rescatadas–.

“La lectura es un hábito, que se hace gusto, al que se vuelve por necesidad”.

 

De ida y vuelta

Un niño lee de adelante para atrás o viceversa. Un niño lee de izquierda a derecha, o al revés. Un niño lee y entiende lo que no está dicho también.

A esta pregunta suele seguirle otra: ¿Por dónde empezar? ¿Qué lecturas son recomendables para quien se inicia en la lectura, para agarrarle el gustito?

Hace ya unos años inauguramos la sección Biografía lectora con artículos en primera o tercera persona que dieran cuenta de la variedad de caminos que llevan a la lectura. El objetivo era/es derrumbar mitos: no hay una escalera para ascender peldaño a peldaño en la cultura. ¿Por qué empezar por lo poético si nuestros intereses principales son científicos, por ejemplo? ¿Por qué proponer largas novelas si a esta otra mente poética le llama la atención la síntesis del libro álbum?

Porque como dice el mexicano Gabriel Zaid:

Lo verdaderamente culto es dejarse llevar por la curiosidad, la extrañeza, el asombro, la diversión. El apetito por seguir una conversación que no se entiende es un síntoma de salud, no de falta de preparación: la disciplina es buena al servicio del apetito, no en lugar del apetito. Sin apetito, no hay cultura viva”.

El Día del Lector

Es habitual señalar a niños y a jóvenes para marcar la decadencia social que los lleva a alejarse de los libros en pos de las pantallas; a dejar los vínculos reales para conformarse con señalar que algo les gusta. ¿Pero qué hay de nosotros? ¿Qué lectores somos?

Hace unos años, el Congreso de la Nación Argentina instituyó la fecha 24 de agosto como Día del Lector en conmemoración y homenaje al natalicio del escritor Jorge Luis Borges. La ley promulgada tiene el fin de promover la lectura y la democracia a través de la realización en dicha fecha de actos de divulgación de las letras y de reconocimiento a la obra de este escritor.

Borges, además de ser la figura literaria por excelencia de la Argentina, manifestó su identidad lectora de la siguiente manera:

Que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído”. 

Feliz día, queridos lectores.