La sombra de las palabras

Miramos de cerca la trama de abusos y trata de menores que se investiga en torno de los clubes de fútbol. Si algo podemos hacer por las infancias es usar las palabras, empoderarlos y empoderarnos en nuestra lengua. Sin miedo y para sacarles el miedo.

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El lenguaje no tiene nada de natural. Toda herramienta es artificial. Lo artificial de la piedra devenida maza o mortero está en el uso. Un mono artificializa la piedra al usarla para romper o aplastar un fruto. La artificializa porque primero lo extraña.

El reverso de esta trama lleva a los humanos a olvidar que el martillo, la computadora o el lenguaje son equivalentemente artificiales. No importa si algunos de sus componentes (madera, piedra, sonidos o electricidad) son de origen natural; el sentido de su uso los enajena.

El ejercicio obligado para quienes trabajamos con las palabras es advertir su artificialidad y cómo moldean el mundo. Advertirlo para tomar cartas en el asunto.


Caperucita con botines

En estos momentos, en Argentina la sociedad descubre que existe una red de trata que por años ha ofrecido a sus clientes intimidad sexual con los futbolistas más jóvenes. Las víctimas son niños y adolescentes que están bajo la tutela de clubes, alejados de sus familias de origen, buscando la oportunidad de jugar en primera y salir de la marginalidad y la pobreza para siempre.

Separados de su red natural de contención y referencia, estos niños son oprimidos y forzados a sostener prácticas sexuales con adultos. Están atrapados en esta red de trata y no hay en ello ejercicio de la voluntad alguno.


Palabras para comerte mejor

Al echar luz sobre lo acontecido, no solo aparece lo que estaba oculto, también se hacen visibles las sombras. Y en los medios de comunicación las palabras salpican con todos los prejuicios acumulados.

Recordemos que hace pocos años que el periodismo ha dejado de hablar en términos de crimen pasional para dar cuenta de crímenes de género, advertidos por intelectuales y juristas feministas. Posteriormente, la legislación argentina incorporó la figura del femicidio, concebida como agravante del crimen –muy lejos de la justificación que encontraban los asesinos que aparentemente actuaban en “estado de emoción violenta” por sus pasiones encendidas y la ceguera de los celos–.


El disfraz de abuelita

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Sin embargo, aún hoy se habla de prostitución infantil para no reconocer el simple y claro caso de acoso, opresión psicológica, abuso sexual y violación de un adulto sobre un menor. Porque en tanto su condición de minoridad, el individuo no tiene tutela suficiente de sí para ofrecer prácticas sexuales a otro.

Quienes trabajamos con las palabras sabemos que la elección de una u otras no es inocente. Las palabras trabajan sobre las formas del mundo. Hablar entonces de “prostitución infantil” es ocultar el crimen, disminuirlo, quitarle dimensión, achatarlo hasta que la sombra de las palabras esconda sus bordes.

Hablar de prostitución infantil es quitar responsabilidad del cliente, en un mundo donde el consumidor siempre tiene razón.

Hablar de prostitución infantil es poner en el niño el deseo sexual y, por lo tanto, una marca aberrante. Es condenarlos para siempre al silencio porque son culpables de un delito y no víctimas.

Si algo podemos hacer por las infancias es usar las palabras, empoderarlos y empoderarnos en nuestra lengua. Sin miedo y para sacarles el miedo.

Al pan, pan. Y a la violación, violación.

 

Final de conversación

Este nuevo siglo ha sido marcado por el efecto que las tecnologías de las comunicaciones han tenido en la sociedad. Ahora permanecemos en estado de conversación permanente con todos nuestros contactos, al menos hasta el punto de lo inefable. Homenaje a Liliana Bodoc.

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Mantener abierto el diálogo es el mandato de hoy.

Este nuevo siglo ha sido marcado por el efecto que las tecnologías de las comunicaciones han tenido en la sociedad. Primero, por el estallido de los blogs, donde alguien se especializaba en algún tipo de repertorio o saber y editorializaba desde su sitio personal. Desde la extensión de esta práctica, se pudo observar una transformación en la construcción de los referentes y creadores de tendencias. Cierta lateralización que se agudizaría con la siguiente irrupción.

Está muy dicho ya que las redes sociales –Facebook, Twitter, Instagram, YouTube– nos han dejado sin intimidad, ya que las esferas que la era moderna había definido –ámbito público, ámbito privado–, que incluso se habían delimitado arquitectónicamente –zaguán, recibidor, sala diferenciados de las habitaciones–, fueron dinamitadas. Y somos nosotros quienes nos paramos a diario en esa construcción para, pico en mano, terminar de derribarla posteando encuentros, amores, platos del día.

La tercera de estas tecnologías, el wasap –o en su denominación en inglés WhatsApp–, ha impregnado nuestra vida cotidiana con la propuesta de no concluir ninguna conversación. Todos estamos por wasap en permanente contacto. Cada participación es un eslabón en un hilo interminable de comentarios. “Cambio y fuera” no parece una expresión consistente para este tipo de comunicación, por lo que es más habitual que las despedidas tengan algo como: “La seguimos después”.

Si la metáfora a utilizar la ancláramos en un tiempo verbal, hemos pasado del presente “Nosotros somos”, al continuo “Estamos siendo”. Enflaquecimos el horizonte de nuestra existencia para creer que no tiene borde, que es por lo tanto infinita.

¿Qué buscamos nosotros, habitantes del siglo XXI, con tanta conversación interminable? Escaparle a la muerte. O al menos sostener la ilusión de que no existe.


La cachetada final

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A principios de febrero de este año, nos enteramos de la noticia del fallecimiento abrupto de la escritora Liliana Bodoc. La noticia corrió rápidamente por las redes y todos aquellos que la conocíamos y la admirábamos –se debe notar que no había posibilidad de conocerla sin admirarla– expresamos el estado de perplejidad en el que estábamos. Lo que dio lugar a la expresión del dolor, y posteriormente al homenaje.

Pero si ayer/la-semana-pasada/el-otro-día me-la-crucé/me-dijo/me-escribió/charlamos”.

Lo inefable.

¿Cómo puede haber silencio ahora en esta conversación si estaba abierta? ¿Cómo que no tendré posibilidad como lector de vivir como saga el Tiempo de dragones? ¿Cómo…?

Cuando un escritor muere, la obra queda finalmente concluida. La obra está ahora completa. Tiene lugar lo verdaderamente inefable. El cachetazo suena en el silencio, en el vacío de palabras en que nos deja el final.


Oda al punto final

Los lectores suelen quejarse de la sensación de vacío y de expulsión del mundo literario en el que se habían sumergido que les queda al arribar al punto final de una novela. Hay quienes recomiendan leer varios libros a la vez solo para no sentirse tan vacíos de mundo.

Sin embargo, en la era de las series y las sagas, habría que escribir una oda al punto final. Porque, si la literatura brinda algo, es la posibilidad de experimentar y jugar con las metáforas para tener posibilidad de dar contexto y palabra a la vida. El punto final nos dice que las conversaciones no se extinguen, como la vida puede y va a terminar en algún punto.

Y hay un vacío. Porque el modo preciso en que Liliana Bodoc brindaba mundo es irrepetible. Ese vacío no pide ser llenado, sino admitido.

A diferencia de la vida, los libros pueden ser releídos. Y los escritores pueden ser redescubiertos y disfrutados en sus obras. Una forma diferente de continuidad: la trascendencia.

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Arquitectura del pensamiento

De Alejandría a Tianjin Binhai (China), las bibliotecas son testigos de la revolución humana.

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Cuenta la leyenda que Alejandro Magno dormía con la Ilíada bajo su cabeza, y no parece tan extraño de imaginar acerca de quien fue alumno de Aristóteles y a la vez un gran estratega militar.

Alejandro accedió al trono a los veinte años y siguió la política expansionista que había iniciado su padre. Logró conquistar tierras asiáticas que estaban bajo dominio persa y extender su poder desde el Mediterráneo hasta la India. El contacto con estos pueblos lo hizo estimar sus conocimientos y dejar de pensar a sus habitantes como “bárbaros”. En los trece años de su reinado, fundó más de setenta ciudades y, en una de ellas, una biblioteca que buscó albergar todo el conocimiento del mundo.

Los egipcios recibieron triunfal a Alejandro cuando echó a los persas en el 332 a. C., por lo que se autoproclamó faraón de Egipto. En la desembocadura del Nilo sobre el Mediterráneo, levantó una ciudad con un puerto prodigioso, un faro que guiaba a todos los barcos hasta su costa y una famosa biblioteca que, se dice, llegó a contener más de 100.000 rollos.


Una arquitectura para el pensamiento

No sabemos con seguridad la cantidad de salas que tenía la biblioteca. Tampoco la cantidad de personas que la visitaban a diario. ¿Y su política de préstamos domiciliarios? Lo que sí se conoce es que sufrió incendios, saqueos y censuras. Que en la lucha por el control de la ciudad, cuando Julio César apoyó militarmente a Cleopatra, se habría incendiado accidentalmente y habría perdido una porción de sus volúmenes. Se dice también que el furor religioso de cristianos y musulmanes la habrían desmantelado de todas las obras que no acordaran con la fe dominante en cada tiempo.

Alejandro debe haber soñado sobre un mullido conjunto de hojas de papiro. Trescientos años antes de la era cristiana, la biblioteca guardaba rollos de papiro, pero trescientos años después de Cristo debían encontrarse en ella centenares de los primeros códex.


Construir bibliotecas

La finalidad de Alejandro Magno era que todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países, estuvieran incluidas en una suerte de colección inmortal para la posteridad. Dos milenios más tarde, seguimos ideando formas de llevar adelante esa premisa: todo el conocimiento, todas las lenguas, en un solo lugar.

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Recientemente ha sido inaugurada la gran biblioteca de Tianjin Binhai, en China. En solo tres años se construyeron 33.700 m2 donde ordenar 1.200.000 ejemplares. El ingenio arquitectónico logró imaginar que los mismos anaqueles sean escalones de una escalera que va del piso al techo, y que cada escalón asile debajo de él una hilera de libros. En estos escalones es también posible sentarse a leer lo que uno ha hallado. Literalmente, el público se sienta sobre una hilera de libros. A la distancia parece tan simple el acceso a todas esas páginas, tan cercano.

¿Qué destino le espera? ¿Quiénes serán sus lectores? ¿Qué expansión será dable de pensar en su interior? ¿Qué amenazas atravesarán su existencia? ¿Sobrevivirá dentro de 600 años la gran biblioteca de Tianjin?

Del papiro al códex y del códex al libro digital, la biblioteca –toda biblioteca– resignifica su razón de ser. Lo invariable no está en la forma del soporte contenedor, sino en el hambre de saber.

 


Tianjin Binhai en el mapa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por qué ser docente hoy

Hay quienes sostienen que en el siglo XXI ya no hacen falta docentes que enseñen. Que con una computadora con conexión a internet los chicos tienen todo el conocimiento. ¿Entonces por qué ser docente hoy? Maestros, profesores, especialistas contestan esta pregunta con la misma pasión con la que ejercen.

Hay quienes sostienen que en el siglo XXI ya no hacen falta docentes que enseñen. Que con una computadora con conexión a internet los chicos tienen todo el conocimiento. ¿Entonces por qué ser docente hoy? Cierto descrédito social hacia la profesión parece haberse instalado. ¿Por qué ser docente hoy? ¿Por qué?

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Por qué somos docentes hoy


“Porque creo que la educación es el único proceso que equilibra la balanza y permite una sociedad más justa. Es el modo en que puedo aportar mi ladrillo para construir una sociedad mucho más justa. Una sociedad que reconozca las diferencias, las respete, las valore como posibilidad y no como obstáculo. El ejercicio de la docencia me permite desarrollar estas potencialidades en cualquier etapa del desarrollo de los sujetos, sean niños, jóvenes o adultos. Ser docente implica ayudar a pensar y a ejercer la libertad. Ser docente es formar para la libertad.” María Fernanda Carbone, maestra.


“Los maestr@s de plástica casi nunca comenzamos “Bellas Artes” pensando en ser maestros. Lo que vamos a buscar es otra cosa que no sabemos bien qué es. Si la encontramos o no, depende de muchos factores. Cuando las vueltas de la vida nos encuentran con la docencia, poco a poco, empieza a descubrirse un mundo alucinate. Es maravilloso ser testigo de la sincronía entre el crecimiento y el hacer, sean pinturas dibujos o esculturas. Sean líneas prolijas y limpias o manchas descocidas, desbocadas, sean duras construcciones o masas amorfas y sin explicación -no la necesitan-.” Florencia Ferreiro, maestra, Plástica.



“Yo reformularía la pregunta: por qué ser docente hoy y siempre.
El ser docente es una vocación que surge más allá de la formación. La formación docente brinda herramientas para empezar el camino. Ser docente hoy y siempre, lo enfatizo desde el lugar de acompañante, guía, incentivador y constante aprendiz de la experiencia del serlo. Ser docente implica un total compromiso. Más que ser docente, este estado es pleno cuando se siente. Ser docente es tener la necesidad de compartir lo que uno sabe, de dar oportunidad de un  aprendizaje más allá de la asignatura específica que uno se haya perfeccionado para enseñar. Es sentirse orgulloso de cada logro, cada paso, cada revelación de aquel que deja que sea docente.” Alfredo Daniel Nuñez, profesor y supervisor de Inglés (CABA), primaria, secundaria, adultos.


“Ser docente hoy es reforzar la cadena de transmisión de la cultura. Es acompañar y  darle al otro herramientas para su profesión y para la vida. Es ayudar a crecer, aun cuando el alumno sea adulto. Es abonar a la creación de grandes proyectos. Es comprender sin criticar. Es estar cuando nos necesitan.” Nora Lía Sormani, profesora, terciario. Especialista LIJ.


“La docencia es ante todo una función de transmisión, un modo de que algo continúe más allá de nosotros, con el límite que representa nuestra mortalidad. Y eso en mi caso va de la mano de aquello que me entusiasma más que nada en la vida, la práctica del psicoanálisis como un modo de hacer con el malestar, de hacer que la vida de cada quien pueda seguir caminos más interesantes. Que esa práctica y la teorización que la acompaña puedan continuar y reinventarse, es algo en lo que me he comprometido intensamente, desde hace muchos años. ¿Y por qué hoy? Tal vez porque, en esta época, la función de transmisión está puesta en cuestión más que nunca. Ante el vértigo de lo nuevo, ¿qué vamos a dejar de lo que recibimos y de lo que nos tocó hacer?” Gabriel Belluci, profesor, Psicología, universidad.


Mario Méndez, maestro, en su propia voz. Escritor.


“Para mí ser docente hoy en escuelas públicas es sentir que sos la última oportunidad para que tantos chicos se imaginen un futuro panorámico para/por ellos. En escuelas privadas sentís que les podés mostrar el lado B y que aprendan a conectarlo con el A. Y todo a través de tu arte, de tu materia. Ahora en serio, quizá ser docente hoy sea una manera de poder tener todos los días conversaciones con gente interesante sobre temas trascendentes, en una aula.” Andrés Sobico, profesor de Tecnología, primaria. Escritor.


“En la vida se nos abren diferentes caminos, cada encrucijada te exige una decisión, yo sé perfectamente cuál fue el momento en el que decidí ser profesora. Me vi en ese destino y todo era luminoso, entrañable y tangible. Era ser con el otro, construir con él o con ella, crecer en humanidad y comprensión.” Laura Guerrero Guaderrama, profesora de LIJ, universidad. Especialista. México.


“Por qué ser docente hoy? Buena pregunta. Soy docente porque lo llevo en el alma. Creo que aun antes de estar enseñando formalmente, lo era. Y moriré siéndolo. Porque me resulta placentero compartir  con el otro, más allá de lo programado. Enseño no solo el valor de la palabra. No solo como hacer una cuenta. Y el mejor premio es cruzarme en la calle con mis ex-alumnos y que me griten ¡chau seño!” Débora Pert, profesora de Inglés, primaria. Promotora de lectura.


“Ser docente no es solo una profesión sino también una oportunidad, un desafío y un compromiso para producir un cambio profundo en la sociedad de la que formamos parte. ¿Por qué ser docente hoy? Para tener la maravillosa oportunidad de abrir el aula al mundo, ayudar a derribar muros, incorporar voces, posturas diversas, acompañar disensos para promover consensos. Para  promover el pensamiento crítico a partir del encuentro con los otros, es decir, un docente hoy es un generador de  espacios de conocimiento donde circulen multiplicidad de voces, historias… vidas en busca de alcanzar un futuro más justo. Por todo esto, vuelvo a elegir la docencia cada mañana.” María Cristina Planas, profesora, terciario.


“Ser docente hoy es seguir creyendo que enseñar a pensar… siempre es tarea urgente.” Nancy Mauro, maestra.


“Porque, aunque sea una frase conocida y repetida miles de veces, estoy convencida de que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo. Porque debe servir para transformarlo en un lugar más justo, más equitativo, que respete las diferencias y que nos enseñe a convivir con el otro no como un enemigo, sino como alguien que piensa distinto y que puede completarnos. Como docente de adultos que se forman en una carrera técnica, aspiro a que puedan desempeñarse éticamente, valorando su trabajo, pero fundamentalmente valorando el trabajo de aquellos con quienes deberán interactuar.” Roxana Carbone, profesora Corrección de Estilo, terciario. Columnista Cultura LIJ.


Maryta Berenguer, docente de Teatro y Narración, en su propia voz. Escritora.


“Para que haya canción.
Para enseñar a escribir casa, perro, nube y también libertad.
Para mirarnos a los ojos.
Para jugar a la mancha con el miedo y ganarle. Ganarle siempre.
Para hacer una ronda donde quepamos todos.
Y sobre todo, para que de vez en cuando ocurra la maravilla de que nos hagan una de esas preguntas para la cuales aún no tenemos respuesta.”

Eva Brugues, profesora de Inglés, primaria. Ilustradora.


“Es una respuesta compleja. Para algunos puede sonar falso decir que por vocación y si decís otra cosa, te dirían “ponete un quiosco.” La vocación para mí, parte del gusto por lo que hago, o intento, que es enseñar a descubrir conocimientos. Pero también, es correrse del camino marcado, cuando éste requiere de abrazos, cariño, escucha, abrigo, alimento, preocuparse por lo que les pasa y finalmente volver al camino para que encuentren un sentido a lo que hacen, sobretodo para si mismos. Soy docente porque siempre encuentro un destello que indica que cada pequeño logro puede llegar a encender a muchos. Soy docente porque a pesar de lo que muchos piensan, me siento respetada y querida. Y me encanta sentir el cariño con que me responden cada día. Soy docente , también, porque puedo vivir de esto que tanto me gusta.” Viviana Crevacuore, maestra.


“Ser docente hoy es estar cerca de esa energía vital de los jóvenes. Es sumar otras miradas a la propia. En mi caso,¡puro placer!” Silvia Goldman, maestra.


“Creo que la única salida que tiene nuestro país es el trabajo y la educación, trabajar para que las nuevas generaciones tengan la posibilidad y la libertad de pensar, ser crítico y tener derecho a equivocarse.Desde el área de plástica, el disfrute de la producción como también la observación de lo realizado por otros. Y trabajar con chicos siempre me devuelve mas de lo que doy, los resultados se ven mas rápido.” Andrea Vergara, profesora de Educación Plástica.


“Por los chicos, por la alegría, por el disfrute. Por los valores, el respeto, la empatía y el altruismo.Creo que si los niños aprenden esto desde pequeños un mejor país/mundo aún es posible.” Sandra Sommariva, maestra jardinera.


Roxana Pruzan, docente, en su propia voz.


“Por qué ser docente… Porque es un acto de resistencia, creación y trascendencia. Por un lado, es un acto de resistencia a la mediocridad, a los prejuicios y a la banalidad. Por el otro, es un acto de absoluta creación que nos permite trascender del aquí y ahora y transformanos con el otro.” Carolina Tosi, profesora de Corrección de Estilo, universidad. Escritora.


“Por lo mismo que ayer y por lo mismo que mañana: porque tu trabajo trasciende en cada letra, en cada número y en cada cuento que pusiste en las manos de los chicos.
Ellos trascienden
Yo trasciendo
Nosotros trascendemos”
Mónica Rodríguez, maestra, bibliotecaria. Escritora. Columnista Cultura LIJ.


“La razón principal para ser docente es la misma que para todo otro trabajo:
aportar un servicio a la sociedad y recibir a cambio nuestro sustento. No estoy de
acuerdo con la visión vocacional de estas cosas. Todo trabajador trabaja y produce
para mejorar su sociedad y todos aportamos cosas indispensables y los docentes no
nos distinguimos de este esquema.
Yo elijo esta tarea porque me permite lidiar con mi área de interés (la matemática),
porque es un trabajo donde se puede ser creativo y no se realiza tareas
repetitivas y donde uno puede ver en forma directa el servicio que le está brindando
a otro cada vez que este avanza, aprende algo nuevo o supera alguna limitación.” Octavio Duarte, profesor de Matemática, universidad.


“Porque es más que una profesión, es el alma, el corazón al servicio del otro. Porque la sociedad de hoy nos necesita mas que nunca para formar niños no solo en el ámbito educativo, sino acompañarlos ante realidades que les son indiferentes. Porque no solo educamos, sino que guíamos, acompañamos en las alegrías y tristezas de nuestros niños y jóvenes jóvenes.” Marisa Diez, maestra, bibliotecaria.


“Soy docente hoy porque la educación puede:

  • Dar herramientas para salvar y salvarnos de la ignorancia y la dominación.
  • Enseñarnos a pensar sobre nuestras acciones y las de los demás.
  • Indagar sobre lo que no está dicho y quieren hacernos creer que es así.
  • Leer el pasado, reformular y cuestionar el presente.
  • Darnos esa cuota de afecto que tanto necesitamos.”

Diego Javier Rojas, maestro, bibliotecario. Escritor. Columnista Cultura LIJ.

 


“En el caos de información en el que estamos sumergidos, ser docente es dar herramientas para distinguir, reflexionar y decidir.  Soy docente porque así me encuentro con otros que me dan herramientas para distinguir, reflexionar y decidir.” Valeria Sorín, profesora de Edición, universitario. Editora de Cultura LIJ.


“Con el prestigio y la idoneidad puestos en duda, mal remunerados, siendo objeto de críticas a boca de jarro, muchos de los que cuestionan nunca podrían estar frente a un aula y en cambio, ciertos docentes no podrÍamos no estar en ellas. Porque ser docente hoy exige ser plástico y dinámico, leer los signos de cada mirada y adecuar tus preguntas y tus respuestas a esa expectativa, a la propia y a la de tu comunidad.” Laura Demidovich, profesora de Plástica, primaria. Editora de Cultura LIJ.


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Día del Lector

¡Festejemos todo el mes! Cada 24 de agosto, Argentina celebra en Día del Lector en memoria del nacimiento de Jorge Luis Borges.

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Cada 24 de agosto, Argentina celebra en Día del Lector en memoria del nacimiento de Jorge Luis Borges. Una efeméride que debería ser -más allá de la fecha- internacional.

 

Misteriosa actitud

CLD2017_Agosto-editorial-1Niño lee en las escalinatas de un edificio público, ajeno al ir y venir de la gente a su alrededor. ¿Qué lo ha atrapado así?

Tanto en época de vacaciones o cuando se acercan celebraciones especiales como el Día del Niño, cada vez que un periodista no especializado nos consulta surge la misma pregunta: “¿Cómo hacer para que los niños lean?”.

Mientras ensayamos alguna respuesta recordamos las recetas (in)falibles por todos conocidas: el ritual de leer antes de dormir, la hora de biblioteca en la escuela, regalarles libros para una fiesta especial.

“A los libros llegamos de la mano de un mediador, en cierta comunión, en cierta relación de complicidad”.

 

Necesidad imperiosa

Un niño siente urgencia de leer ese libro, no otro. ¿Por qué esperar? El libro está, el deseo también, me siento y ya estoy leyendo.

Mientras ganamos tiempo frente a ansioso entrevistador, pasamos lista a las investigaciones de los más interesantes y variados autores: el andar entre libros, el contacto fluido con el objeto libro dentro del hogar o de la escuela; las lecturas desde la cuna, pero por sobre todo el disfrute de la palabra que puede ser canción, versos a flor de labios, narraciones familiares; la circulación de textos diversos dentro de nuestra cotidianeidad: informativos –lista de teléfonos útiles–, educativos –recetas de cocina–, administrativos –cuentas, lista del mercado–, amorosos –cartas–, y hasta literarios –versos regalados, coplas, adivinanzas, frases rescatadas–.

“La lectura es un hábito, que se hace gusto, al que se vuelve por necesidad”.

 

De ida y vuelta

Un niño lee de adelante para atrás o viceversa. Un niño lee de izquierda a derecha, o al revés. Un niño lee y entiende lo que no está dicho también.

A esta pregunta suele seguirle otra: ¿Por dónde empezar? ¿Qué lecturas son recomendables para quien se inicia en la lectura, para agarrarle el gustito?

Hace ya unos años inauguramos la sección Biografía lectora con artículos en primera o tercera persona que dieran cuenta de la variedad de caminos que llevan a la lectura. El objetivo era/es derrumbar mitos: no hay una escalera para ascender peldaño a peldaño en la cultura. ¿Por qué empezar por lo poético si nuestros intereses principales son científicos, por ejemplo? ¿Por qué proponer largas novelas si a esta otra mente poética le llama la atención la síntesis del libro álbum?

Porque como dice el mexicano Gabriel Zaid:

Lo verdaderamente culto es dejarse llevar por la curiosidad, la extrañeza, el asombro, la diversión. El apetito por seguir una conversación que no se entiende es un síntoma de salud, no de falta de preparación: la disciplina es buena al servicio del apetito, no en lugar del apetito. Sin apetito, no hay cultura viva”.

El Día del Lector

Es habitual señalar a niños y a jóvenes para marcar la decadencia social que los lleva a alejarse de los libros en pos de las pantallas; a dejar los vínculos reales para conformarse con señalar que algo les gusta. ¿Pero qué hay de nosotros? ¿Qué lectores somos?

Hace unos años, el Congreso de la Nación Argentina instituyó la fecha 24 de agosto como Día del Lector en conmemoración y homenaje al natalicio del escritor Jorge Luis Borges. La ley promulgada tiene el fin de promover la lectura y la democracia a través de la realización en dicha fecha de actos de divulgación de las letras y de reconocimiento a la obra de este escritor.

Borges, además de ser la figura literaria por excelencia de la Argentina, manifestó su identidad lectora de la siguiente manera:

Que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído”. 

Feliz día, queridos lectores.

 

 

 

Solsticio cultural

Si el solsticio marca el nacimiento del nuevo ciclo, ¿por qué no pensar un solsticio para nuestras culturas? Tiempo de siembra. 

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

Si el solsticio marca el nacimiento del nuevo ciclo, ¿por qué no pensar un solsticio para nuestras culturas? Tiempo de siembra.

Es sabido que nuestro año se organiza a partir de los solsticios. El verano comienza el día más largo; el invierno con el más corto.

El evento que da lugar al comienzo del invierno desde una perspectiva astronómica ha sido celebrado por los pueblos paganos la semana del 21 de diciembre en Europa −lo que dio lugar a la incorporación posterior de la celebración de la navidad en esa misma ocasión− y por los pueblos originarios de América del Sur y Oceanía la semana del 21 de junio. ¿Por qué? Ya la noche más larga habrá pasado y todo podrá volver a comenzar.

El despertar

Leer y escribir en un mundo cambiante es el título de la conferencia que Emilia Ferreiro ofreció en mayo del año 2000 en Buenos Aires, en el marco del Congreso Internacional de Editores.

Ya lo hemos olvidado, pero sobre los fines de siglo siempre se acumulan esperanzas. En las décadas finales del siglo XX las metas de disminución de la pobreza, mejoras en salud o educación, progreso científico y desarrollo urbano; todas ellas estaban puestas en este evento aglutinador.

Por eso en aquella conferencia de Ferreiro, que luego publicaría Fondo de Cultura Económica, la investigadora pasaba lista a la situación de la alfabetización mundial. Ferreiro explicaba como diferentes variables se combinaban para generar condiciones de posibilidad para el analfabetismo: pobreza endógena y hereditaria, baja esperanza de vida y las altas tasas de mortalidad infantil, malnutrición y multilingüismo. La humanidad ingresaba al siglo XXI oficialmente con unos 1000 millones de analfabetos.

Las condiciones que han garantizado el analfabetismo en el mundo no deberían llamarnos la atención, excepto tal vez por un punto que en aquel momento era más difícil notar y que hoy se hace evidente: el multilingüismo. Y no es que entonces no convivieran una gran cantidad de lenguas en nuestros países; es que difícilmente nos hubiéramos autopercibido bajo el indicador “multi”. Había inmigrantes, sí. Había pueblos indígenas, también. Pero debían asimilarse. El analfabetismo se medía también en relación a la lengua hegemónica.

Y apareció Internet

El siglo XXI traía también la promesa de un mundo digital donde todos los bienes culturales estarían al alcance de todos los ciudadanos a la distancia de un clic. Esta democratización automática ya era mostrada en dicha conferencia como falaz. A lo sumo cambiaba el mapa de los excluidos sumando a los analfabetos digitales.

Han pasado casi dos décadas desde entonces y los esfuerzos por la vida equitativa en sociedades evidentemente multiculturales han abierto nuevas preguntas. El conflicto cuando no es explícito aparece como incomodidad o violencia contenida.

Hasta hace no tanto, a pesar de que los habitantes de Bolivia de origen aymará alcanzaban el 66% del total de la población, su lengua era negada e incluso autocensurada −padres que preferían criar a sus niños en forma monolingüe, en castellano−.  Hasta hace no tanto las cholitas eran discriminadas en espacios públicos.

El reconocimiento de la diversidad nos enfrenta a nuevos desafíos y aun no tenemos recetas de cómo llevar a cabo una sociedad que viva entre lenguas, entre culturas.

Solsticio

En medio del invierno algunos pueblos rinden honores a la tierra o Pachamama y le piden permiso para abrirla y echar la semilla. Sí, estamos atravesando en el hemisferio sur el solsticio de invierno. Es hora de sembrar.

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Cholitas de espaldas, por journeyj2911.