Dobles misterios y una esquina

Dos Huidobros puros en esta #EscenaLectora de Daniela Azulay.

Por Daniela Azulay

escenaslectoras mellizas huidobro

Las conozco desde la panza. Ellas son Emilia y Morena. Me inspiran cada vez que las veo, que las escucho. Son mellizas. Converso con ellas sobre libros, cuentos, canciones e historias desde siempre. Además, soy su fotógrafa oficial, aunque esta vez no.

Emi se fascinaba con mis abanicos. En realidad, ambas, pero Emi siempre se lo quería quedar y efectuaba los más inverosímiles argumentos para lograrlo, primero en media lengua y luego en lengua entera, si es que eso existe.

Ni hablar que soy experta en mellizos leyendo. Llevó casi 17 años mirando a los míos.

Con Emi, More y su mamá pasamos las vacaciones juntas varios años. Este no. Pero por wasap recibo la escena que hoy nos ocupa.


More lee El misterio del mayordomo. Al instante de ver la foto pienso en los primeros párrafos de este libro y el disfrute que he visto causar en los lectores y lectoras que me tocó acompañar:

El deporte favorito de mi familia es saquemos a Tomás del medio. Tomás soy yo. Mi familia son papá, mamá, dos hermanas mayores, mi abuela y mi tía. A mis hermanas nadie las saca del medio porque, además de mayores, son tranquilas, estudiosas, trabajadoras, educadas, súper inteligentes, ordenadas y respetuosas. Vivimos en Lanús, en una casa grande, dividida en dos partes por un patio y un jardín. En la parte de adelante, que es la más chica, viven mi abuela y mi tía. Mi abuela es la madre de mi mamá y de mi tía. Y en la de atrás vivimos mi mamá, mi papá, mis hermanas y yo, que vendría a ser la pelota en este deporte tan particular. Siempre soy el que molesta; esa es mi función. Es más, si no molesto, me siento mal; me da un miedo terrible parecerme a mis hermanas, tan juiciosas, las pobres”.

Emi lee El misterio de la casa verde. Ya le quiero contar que la casa verde está en Parque Chas, donde vivo. Silvina me dice que ya se lo contó.

“Toto es carpintero y vive a la vuelta de mi casa. Yo voy todos los días a la carpintería porque me gusta ayudarlo. Él me dice que no me preocupe, que me quede tranquilo que solo se arregla bien, pero yo sé que me necesita porque tiene mucho trabajo”.

Y yo recuerdo ese momento en el que Tomás acompaña a Toto a Parque Chas porque tiene que ir a entregar un pedido a la casa verde… esa repleta de enredaderas… entre otras cosas.

Pienso en Norma Huidobro y su maestría para generar misterios y ubicarlos en lugares que es posible recorrer con sus lectores. Y en su talento para tejer tramas como estas, que sostienen a estas bellezas en estado de lectura, queriendo socorrer a Tomás para que nadie lo saque del medio.

Lecturas (y lectores) imperecederos

Lecturas para siempre.
#EscenasLectoras que se las traen.

Por Daniela Azulay

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Una de las cosas maravillosas que tiene ser coleccionista es que la gente, cada vez que encuentra lo que coleccionás, lo separa para ti. A mí, por ejemplo, la gente me envía #EscenasLectoras. También tornillos o cosas de metal encontradas en la calle, pero esa es otra historia.

En enero de este año fui etiquetada por Lucía Molina y Vedia en un retuit que comparto ahora, al filo de este año que se termina. Quería que viera lo que se había encontrado.

Este señor leyendo Patoruzito es lo mejor que me va a suceder en el día”.

El tuit original lo firma Matías Gontán, alias @finiyela ‏ en Twitter.

El señor de la escena en cuestión lee un antiguo cómic argentino, Patoruzito, en un colectivo de esos que parecen haber sido construidos por personas que no usan el transporte público: incómodos, con escalones y asientos demasiado altos, sin mucha baranda ni manijas accesibles para agarrarse. Pero incluso en ese escenario, este señor encontró su lugar para leer. El sol entra por la ventana con una luz divina, y Patoruzito lo acompaña.

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El primer nombre de este personaje fue Curugua-Curiguagüigua y nació como personaje secundario un 24 de agosto de 1927. Patoruzú/cito fue definido por su autor, Dante Quinterno, como el último indio tehuelche que vino de la Patagonia con sus monedas de oro a la gran ciudad. Hay muchas lecturas y relecturas sobre este personaje y su creador, que a lo largo de los años fue analizado desde distintas miradas.

Siempre me gusta ver a adultos leyendo historietas, libros ilustrados, libros álbum. Parafraseando a Istvansch, en esta cultura letrada en la cual vivimos, le damos más importancia al discurso de la letra que al de las imágenes, y a mí me gusta cuando la realidad me devuelve gente grande rebelándose a dejar de leer algunos géneros después de determinada edad.

Yo lo celebro… En el mapa de lectores y lectoras, así también es como se arma la red: con escenas que invitan a nuevas –o viejas– lecturas.

 

Para seguir leyendo:

Acerca del nacimiento de Paturuzú: Todo historietas

 

 

Diálogo de titanes

Un encuentro intenso entre Brasil y Argentina, Marina Colasanti y Liliana Bodoc se cruzaron en Buenos Aires.

 Un encuentro intenso entre Brasil y Argentina, Marina Colasanti y Liliana Bodoc se cruzaron en Buenos Aires.

 

Loqueleo y Santillana realizaron en Buenos Aires un encuentro para 200 personas donde hubo un cruce entre las miradas de Liliana Bodoc y Marina Colasanti. Sus conferencias iniciales tienen títulos que parecen divergentes; Cuentos de hadas, reales y necesarios como los lobos fue la propuesta de la autora brasileña; El tiempo y el lenguaje, diálogo de titanes, la de la argentina. Sin embargo, el tiempo espiralado del retorno eterno pero siempre diferente del que habla Bodoc es propio de la cultura oral. Así el espectador se podía deslizar hasta el análisis sobre los cuentos de hadas, sobre todo Caperucita Roja, y seguir a Colasanti hablando de la figura del lobo como el lado salvaje de todo. “Para la vida en sociedad, aprendemos a recoger las uñas y bajar los labios sobre los dientes”, diría.

El evento estuvo coordinado por el especialista en literatura infantil (y sobre todo en cuentos de hadas) Carlos Silveyra. Sagaz lector, supo guiar a ambas autoras para exprimir su riqueza en un intercambio valioso.

Marina Colasanti 1.jpg

La mesa chica

Al día siguiente, medios especializados fuimos invitados a un desayuno más íntimo con las autoras. Extraordinariamente estuvieron presentes tres colaboradores de Cultura LIJ: Diego Javier Rojas, Daniela Azulay y Valeria Sorín.

Compartimos con Ariel Marcel de radio de Tinkuy, encuentro con libros el asombro ante los textuales de calidad que brotaban sin parar de la boca de ambas autoras. Para atesorar, les transcribimos aquí varias de esas delicias.

Bodoc, textuales

“Nostalgia es lenguaje más tiempo”.
“La mirada infantil es generadora de literatura”.

Colasanti, textuales

“La sociedad busca contener y disfrazar el lado salvaje”.
“Soy hija de la historia, la contemporaneidad es solo una parte de mi vida”.

Consultadas acerca del regreso de los tópicos de la cultura popular en la literatura de todos los tiempos, Bodoc se centró en hablar de la dimensión social del mito. “Los tópicos –dijo– son símbolos que se resignifican, núcleos de sentido que vuelven y vuelven”. Pero se sorprendió ante la pregunta de la periodista que señaló que la protagonista de su última novela –Elisa, la rosa inesperada– puede pensarse como una caperucita del siglo XXI.

Bodoc-Liliana

Marina Colasanti insistió con la idea de los ciclos que vivimos permanentemente: las cuatro estaciones, las edades del hombre –infancia, juventud, adultez, vejez– para decir que del tiempo hablamos repetidamente. El tiempo es, a su entender, una ronda.

Colasanti dejó caer algunas nociones sobre obra, propósito del autor y construcción del lector que fueron realmente interesantes. Por ejemplo, dice Colasanti que su objetivo autoral es que su obra sea leída como un todo, sin distinciones. Así sus títulos “para adultos” deberían ser leídos de los que tienen destinatario infantil; los de teatro con la poesía, con la narrativa, con…

Comentó también que ella que ha leído todos los días percibe su biografía lectora como un queso suizo, lleno de agujeros. Confiesa que no ha leído a Monteiro Lobato, por ejemplo. Y comentó que no siempre termina los libros, porque no son las tramas su foco de interés como lectora. Ella sigue un libro hasta entender qué le quiere decir ese autor con ese texto.

Sobre su biografía lectora, Liliana Bodoc agrega que su paso por la universidad fue un ordenador de su camino lector, al menos hasta cierto punto. Ya que una cursada de literatura inglesa no suele abarcar toda la literatura inglesa. Al leer, uno intenta perder la angustia de todo lo aún pendiente, por lo menos hasta la próxima visita a la librería. En todo caso, con los años uno va cambiando su manera de leer.

Testimonio de Diego J. Rojas acerca del encuentro

Testimonio de Daniela Azulay acerca del encuentro

 

El espacio entre nosotros

Como señaló María Fernanda Maqueira, alma mater de esta reunión, no es simple en los tiempos que corren hacerse el tiempo y el espacio para darse cita en este tipo de eventos. Tal vez por eso, si bien fuimos a escucharlas, hubo muchos aportes interesantes de los colegas presentes y una sabrosa discusión entre miradas complementarias acerca de la lectura y literatura.

Ahora nos queda la posibilidad de seguir leyéndolas.

Por qué ser docente hoy

Hay quienes sostienen que en el siglo XXI ya no hacen falta docentes que enseñen. Que con una computadora con conexión a internet los chicos tienen todo el conocimiento. ¿Entonces por qué ser docente hoy? Maestros, profesores, especialistas contestan esta pregunta con la misma pasión con la que ejercen.

Hay quienes sostienen que en el siglo XXI ya no hacen falta docentes que enseñen. Que con una computadora con conexión a internet los chicos tienen todo el conocimiento. ¿Entonces por qué ser docente hoy? Cierto descrédito social hacia la profesión parece haberse instalado. ¿Por qué ser docente hoy? ¿Por qué?

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Por qué somos docentes hoy


“Porque creo que la educación es el único proceso que equilibra la balanza y permite una sociedad más justa. Es el modo en que puedo aportar mi ladrillo para construir una sociedad mucho más justa. Una sociedad que reconozca las diferencias, las respete, las valore como posibilidad y no como obstáculo. El ejercicio de la docencia me permite desarrollar estas potencialidades en cualquier etapa del desarrollo de los sujetos, sean niños, jóvenes o adultos. Ser docente implica ayudar a pensar y a ejercer la libertad. Ser docente es formar para la libertad.” María Fernanda Carbone, maestra.


“Los maestr@s de plástica casi nunca comenzamos “Bellas Artes” pensando en ser maestros. Lo que vamos a buscar es otra cosa que no sabemos bien qué es. Si la encontramos o no, depende de muchos factores. Cuando las vueltas de la vida nos encuentran con la docencia, poco a poco, empieza a descubrirse un mundo alucinate. Es maravilloso ser testigo de la sincronía entre el crecimiento y el hacer, sean pinturas dibujos o esculturas. Sean líneas prolijas y limpias o manchas descocidas, desbocadas, sean duras construcciones o masas amorfas y sin explicación -no la necesitan-.” Florencia Ferreiro, maestra, Plástica.



“Yo reformularía la pregunta: por qué ser docente hoy y siempre.
El ser docente es una vocación que surge más allá de la formación. La formación docente brinda herramientas para empezar el camino. Ser docente hoy y siempre, lo enfatizo desde el lugar de acompañante, guía, incentivador y constante aprendiz de la experiencia del serlo. Ser docente implica un total compromiso. Más que ser docente, este estado es pleno cuando se siente. Ser docente es tener la necesidad de compartir lo que uno sabe, de dar oportunidad de un  aprendizaje más allá de la asignatura específica que uno se haya perfeccionado para enseñar. Es sentirse orgulloso de cada logro, cada paso, cada revelación de aquel que deja que sea docente.” Alfredo Daniel Nuñez, profesor y supervisor de Inglés (CABA), primaria, secundaria, adultos.


“Ser docente hoy es reforzar la cadena de transmisión de la cultura. Es acompañar y  darle al otro herramientas para su profesión y para la vida. Es ayudar a crecer, aun cuando el alumno sea adulto. Es abonar a la creación de grandes proyectos. Es comprender sin criticar. Es estar cuando nos necesitan.” Nora Lía Sormani, profesora, terciario. Especialista LIJ.


“La docencia es ante todo una función de transmisión, un modo de que algo continúe más allá de nosotros, con el límite que representa nuestra mortalidad. Y eso en mi caso va de la mano de aquello que me entusiasma más que nada en la vida, la práctica del psicoanálisis como un modo de hacer con el malestar, de hacer que la vida de cada quien pueda seguir caminos más interesantes. Que esa práctica y la teorización que la acompaña puedan continuar y reinventarse, es algo en lo que me he comprometido intensamente, desde hace muchos años. ¿Y por qué hoy? Tal vez porque, en esta época, la función de transmisión está puesta en cuestión más que nunca. Ante el vértigo de lo nuevo, ¿qué vamos a dejar de lo que recibimos y de lo que nos tocó hacer?” Gabriel Belluci, profesor, Psicología, universidad.


Mario Méndez, maestro, en su propia voz. Escritor.


“Para mí ser docente hoy en escuelas públicas es sentir que sos la última oportunidad para que tantos chicos se imaginen un futuro panorámico para/por ellos. En escuelas privadas sentís que les podés mostrar el lado B y que aprendan a conectarlo con el A. Y todo a través de tu arte, de tu materia. Ahora en serio, quizá ser docente hoy sea una manera de poder tener todos los días conversaciones con gente interesante sobre temas trascendentes, en una aula.” Andrés Sobico, profesor de Tecnología, primaria. Escritor.


“En la vida se nos abren diferentes caminos, cada encrucijada te exige una decisión, yo sé perfectamente cuál fue el momento en el que decidí ser profesora. Me vi en ese destino y todo era luminoso, entrañable y tangible. Era ser con el otro, construir con él o con ella, crecer en humanidad y comprensión.” Laura Guerrero Guaderrama, profesora de LIJ, universidad. Especialista. México.


“Por qué ser docente hoy? Buena pregunta. Soy docente porque lo llevo en el alma. Creo que aun antes de estar enseñando formalmente, lo era. Y moriré siéndolo. Porque me resulta placentero compartir  con el otro, más allá de lo programado. Enseño no solo el valor de la palabra. No solo como hacer una cuenta. Y el mejor premio es cruzarme en la calle con mis ex-alumnos y que me griten ¡chau seño!” Débora Pert, profesora de Inglés, primaria. Promotora de lectura.


“Ser docente no es solo una profesión sino también una oportunidad, un desafío y un compromiso para producir un cambio profundo en la sociedad de la que formamos parte. ¿Por qué ser docente hoy? Para tener la maravillosa oportunidad de abrir el aula al mundo, ayudar a derribar muros, incorporar voces, posturas diversas, acompañar disensos para promover consensos. Para  promover el pensamiento crítico a partir del encuentro con los otros, es decir, un docente hoy es un generador de  espacios de conocimiento donde circulen multiplicidad de voces, historias… vidas en busca de alcanzar un futuro más justo. Por todo esto, vuelvo a elegir la docencia cada mañana.” María Cristina Planas, profesora, terciario.


“Ser docente hoy es seguir creyendo que enseñar a pensar… siempre es tarea urgente.” Nancy Mauro, maestra.


“Porque, aunque sea una frase conocida y repetida miles de veces, estoy convencida de que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo. Porque debe servir para transformarlo en un lugar más justo, más equitativo, que respete las diferencias y que nos enseñe a convivir con el otro no como un enemigo, sino como alguien que piensa distinto y que puede completarnos. Como docente de adultos que se forman en una carrera técnica, aspiro a que puedan desempeñarse éticamente, valorando su trabajo, pero fundamentalmente valorando el trabajo de aquellos con quienes deberán interactuar.” Roxana Carbone, profesora Corrección de Estilo, terciario. Columnista Cultura LIJ.


Maryta Berenguer, docente de Teatro y Narración, en su propia voz. Escritora.


“Para que haya canción.
Para enseñar a escribir casa, perro, nube y también libertad.
Para mirarnos a los ojos.
Para jugar a la mancha con el miedo y ganarle. Ganarle siempre.
Para hacer una ronda donde quepamos todos.
Y sobre todo, para que de vez en cuando ocurra la maravilla de que nos hagan una de esas preguntas para la cuales aún no tenemos respuesta.”

Eva Brugues, profesora de Inglés, primaria. Ilustradora.


“Es una respuesta compleja. Para algunos puede sonar falso decir que por vocación y si decís otra cosa, te dirían “ponete un quiosco.” La vocación para mí, parte del gusto por lo que hago, o intento, que es enseñar a descubrir conocimientos. Pero también, es correrse del camino marcado, cuando éste requiere de abrazos, cariño, escucha, abrigo, alimento, preocuparse por lo que les pasa y finalmente volver al camino para que encuentren un sentido a lo que hacen, sobretodo para si mismos. Soy docente porque siempre encuentro un destello que indica que cada pequeño logro puede llegar a encender a muchos. Soy docente porque a pesar de lo que muchos piensan, me siento respetada y querida. Y me encanta sentir el cariño con que me responden cada día. Soy docente , también, porque puedo vivir de esto que tanto me gusta.” Viviana Crevacuore, maestra.


“Ser docente hoy es estar cerca de esa energía vital de los jóvenes. Es sumar otras miradas a la propia. En mi caso,¡puro placer!” Silvia Goldman, maestra.


“Creo que la única salida que tiene nuestro país es el trabajo y la educación, trabajar para que las nuevas generaciones tengan la posibilidad y la libertad de pensar, ser crítico y tener derecho a equivocarse.Desde el área de plástica, el disfrute de la producción como también la observación de lo realizado por otros. Y trabajar con chicos siempre me devuelve mas de lo que doy, los resultados se ven mas rápido.” Andrea Vergara, profesora de Educación Plástica.


“Por los chicos, por la alegría, por el disfrute. Por los valores, el respeto, la empatía y el altruismo.Creo que si los niños aprenden esto desde pequeños un mejor país/mundo aún es posible.” Sandra Sommariva, maestra jardinera.


Roxana Pruzan, docente, en su propia voz.


“Por qué ser docente… Porque es un acto de resistencia, creación y trascendencia. Por un lado, es un acto de resistencia a la mediocridad, a los prejuicios y a la banalidad. Por el otro, es un acto de absoluta creación que nos permite trascender del aquí y ahora y transformanos con el otro.” Carolina Tosi, profesora de Corrección de Estilo, universidad. Escritora.


“Por lo mismo que ayer y por lo mismo que mañana: porque tu trabajo trasciende en cada letra, en cada número y en cada cuento que pusiste en las manos de los chicos.
Ellos trascienden
Yo trasciendo
Nosotros trascendemos”
Mónica Rodríguez, maestra, bibliotecaria. Escritora. Columnista Cultura LIJ.


“La razón principal para ser docente es la misma que para todo otro trabajo:
aportar un servicio a la sociedad y recibir a cambio nuestro sustento. No estoy de
acuerdo con la visión vocacional de estas cosas. Todo trabajador trabaja y produce
para mejorar su sociedad y todos aportamos cosas indispensables y los docentes no
nos distinguimos de este esquema.
Yo elijo esta tarea porque me permite lidiar con mi área de interés (la matemática),
porque es un trabajo donde se puede ser creativo y no se realiza tareas
repetitivas y donde uno puede ver en forma directa el servicio que le está brindando
a otro cada vez que este avanza, aprende algo nuevo o supera alguna limitación.” Octavio Duarte, profesor de Matemática, universidad.


“Porque es más que una profesión, es el alma, el corazón al servicio del otro. Porque la sociedad de hoy nos necesita mas que nunca para formar niños no solo en el ámbito educativo, sino acompañarlos ante realidades que les son indiferentes. Porque no solo educamos, sino que guíamos, acompañamos en las alegrías y tristezas de nuestros niños y jóvenes jóvenes.” Marisa Diez, maestra, bibliotecaria.


“Soy docente hoy porque la educación puede:

  • Dar herramientas para salvar y salvarnos de la ignorancia y la dominación.
  • Enseñarnos a pensar sobre nuestras acciones y las de los demás.
  • Indagar sobre lo que no está dicho y quieren hacernos creer que es así.
  • Leer el pasado, reformular y cuestionar el presente.
  • Darnos esa cuota de afecto que tanto necesitamos.”

Diego Javier Rojas, maestro, bibliotecario. Escritor. Columnista Cultura LIJ.

 


“En el caos de información en el que estamos sumergidos, ser docente es dar herramientas para distinguir, reflexionar y decidir.  Soy docente porque así me encuentro con otros que me dan herramientas para distinguir, reflexionar y decidir.” Valeria Sorín, profesora de Edición, universitario. Editora de Cultura LIJ.


“Con el prestigio y la idoneidad puestos en duda, mal remunerados, siendo objeto de críticas a boca de jarro, muchos de los que cuestionan nunca podrían estar frente a un aula y en cambio, ciertos docentes no podrÍamos no estar en ellas. Porque ser docente hoy exige ser plástico y dinámico, leer los signos de cada mirada y adecuar tus preguntas y tus respuestas a esa expectativa, a la propia y a la de tu comunidad.” Laura Demidovich, profesora de Plástica, primaria. Editora de Cultura LIJ.


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El descubrimiento del lector

Pequeños −o enormes− descubrimientos lectores, que nos convierten en lectores. Por Daniela Azulay.

 

Por Daniela Azulay.

Pequeños −o enormes− descubrimientos lectores, que nos convierten en lectores.

 

los-viernesMekas dice: “Intentamos esconderlo de cualquier modo pero siempre aparece, el lirismo”
Juan Forn

 

I.

Dijo Martín Blasco cuando le preguntamos en Tinkuy sobre sus lecturas de infancia: La colección Elige tu propia aventura. Que la compraba, leía todas las opciones posibles y luego la llevaba para cambiarla, diciendo que el supuesto amigo al que se lo iba a regalar, ya lo tenía. Pero sin embargo, para mí, lo más deslumbrante de la charla con Martín, es que fue la primera vez que tuvo conciencia de descubrir a un autor. Lo que contó es que empezó a notar que los títulos de Edward Packard eran los que más le gustaban. Entonces después, estaba atento cuando aparecían. No le daba lo mismo. Le pregunto si tiene registro de haber descubierto así a algún otro autor… “Gianni Rodari, era otro, pero cuenta distinto porque me lo leía mi viejo…”

Entonces quedo felizmente atrapada en un pensamiento de esos que me obsesionan sobre la lectura… ¿cuántas veces habilitamos los mediadores esos descubrimientos autónomos? ¿Podemos hacerlo?

 

II.

Sigo rumiando el tema. Mando algunos wasaps. Son impresionantes las lecturas que comparto en estos tiempos por wasap.

Ivana Sosnik, amiga, colega, mediadora de lectura, licenciada en Ciencias de la educación, entre otras tantas cosas, me responde: “Qué pregunta difícil. Pensaba que que el género sea novela es interesante… Que le sale género al tema de descubrir /seguir a un autor. La novela podría marcar una diferencia.”

En los libros álbum es más claro, para ella, como los chicos descubren, el modo en que manifiestan y luego son “seguidores”.

Entonces ambas recordamos el Proyecto ilustradores, llevado a cabo el Taller de escritores de Una biblioteca en La Vereda. Como eligieron claramente y varios de los participantes se hicieron fanáticos de Bernasconi, y querían ir a comprar TODOS sus libros a la librería, no los descubrieron solos pero… entre varios propuestos, lo eligieron.

Ivana sigue pensando y me manda otro audio: “Debi, de 10 años, en un momento se enganchó con Querida Susi, Querido Paul, de Christine Nöstlinger. Pidió libros de la autora en el taller y en la biblioteca de su escuela, y la siguió. No paro hasta leer todos los de la serie.

Es lo que pasa también con las sagas sigue Ivanacuando la descubren y después no pueden parar. Yo me acuerdo de ese chico que venía a la biblioteca Chau Toto, en Lugano, que en realidad ni entraba al taller, él solo quería leer los libros de Harry Potter y como esos libros en ese momento no estaban en préstamo −y ambas entonces nos preguntamos porqué él venía durante la hora de la actividad y se quedaba sentado afuera en un pasillo gris leyendo Harry Potter.” Lo mismo Braian Rodríguez, que aún hoy a los 21 años se acuerda de cómo leía en la biblioteca, haciendo de ese espacio su cuarto propio, de 11 a 16 todos los sábados de los años 2005 y 2006.

 

III.

A Lequi, Martín Moreno, lo conocí este año de la mano de Lili Quillay porque me convocó para trabajar acompañando al proyecto “Luces, hay más luz cuando alguien habla”, en Rosario. Es una tarea que disfruto mucho: compartir saberes y prácticas y proponer espacios de lectura y escritura con mediadores que trabajan en distintos centros de día de Rosario.

En medio de una conversación sobre la selección de libros para la biblioteca ambulante del proyecto le pregunto si recuerda algún descubrimiento literario. Me responde contándome una serie de encuentros, de un modo andante que comparto y celebro: “Seeee. Algunos recientes: Pedro Lemebel. Me compré un libro en el festival de poesía de Rosario sin saber quién era… Solo leí unas páginas ahí nomás y compré. Lo mismo me sucedió en una feria en el centro cultural La toma, leí dos páginas y me llevé Los árboles caídos también son el bosque de Alejandra Kamiya. Y en un viaje a Córdoba, en una feria de artesanos, intercambié mi fanzine por un librito con su propio autor, Ale Reymond, y entonces entré en sus líneas”. Otro encuentro que recuerda es una compra que hizo porque reconoció a una amiga en la tapa de un fanzine. “Era la foto de la cara de la Miri, una amiga de un amigo que yo ni sabía que escribía. Ahí nomás lo compre por ser ella nomás. Cuando ella escribe ya no es la Miri, es la topo. Y es una genia.”

IV.

Dos amigas, Ana e Ivana, ambas licenciadas en Letras, ambas escritoras, también recibieron mis mensajes sobre lectura.

Ivana me habla de las búsquedas en la casa de sus viejos. Cuando estaba en el secundario muchos fines de semana iba la quinta que su familia tenía en San Miguel. “Yo buscaba libros donde hubiera escenas de sexo. Así leí El libro de Manuel. No sabía nada de Cortázar. Ni sé de quién sería ese libro. De mis viejos no creo. Mi vieja solo leía libros del Círculo de lectores. Mi viejo el diario o ciencias.”

Me gusta este derrotero en el que la búsqueda de escenas de sexo arma un recorrido entre distintos libros: “No todo era lo mismo. Me enamoré de El libro de Manuel”.

Con Ana también nos reímos por wasap, si es eso posible. “No existe una instancia sin mediación”, me escribe. Acuerdo con ella y vuelvo a pensar en los matices de la autonomía de nuestras elecciones. En el medio de ires y venires para acordar una cena en tiempos de vorágine, hablamos de nuestras lecturas descubiertas en soledad en las bibliotecas de nuestros padres, madres y abuelas: Selecciones, de Reader Digest, que leíamos ambas, varios títulos de Henry Denker, que leía Ana, y otros tantos de Helen Van Slyke, que leía yo. Toda una generación −los que ahora tenemos cuarenta y tantos− descubriendo primero a escondidas y luego a pura luz, a los grandes novelistas de Emecé.

 

V.

En un curso intensivo de Promoción de la lectura y la escritura de Escuela de maestros (ex CePA), Leo relatos del libro Los viernes que reúne las contratapas del diario Página 12 que escribió Juan Forn entre 2008 y 2012.

Elijo Yo recordaré por ustedes.

forn wTermino de dar clase y acompaño a uno de mis hijos a hacerse el documento. Como llego temprano, entro en la librería Ateneo Grand Splendid. La recorro. De pronto, me detengo a sacar una foto. Es una escena lectora cuya sincronía me conmueve. Saco la foto. Luego sigo mirando libros. La lectora me mira, y me comenta con una tonada que después supe colombiana: “Lo miré, leí un poco y me gustó mucho… Me gusta descubrir sola que llevarme de cada país que visito. ¿Te parece que es bueno? Quiero llevar uno de un argentino.” Le digo que sí y le propongo que lea la página 136.

Camino por avenida Santa Fe hasta Callao. Me doy vuelta cuando alguien me toca la espalda. “¡Me lo llevé!

 

(“Nos permiten ir a la ciudad”, escribe en la primavera de 1945, “curioseamos en las librerías improvisadas en las calles, todo está en venta para poder conseguir comida, por supuesto no tenemos dinero para comprar nada, pero no deja de sorprenderme todo lo que se puede absorber de un libro con sólo tenerlo entre las manos”)

 

Intercambios. Un autor entre otros de la misma colección. Encuentros fortuitos. Búsquedas. Siempre hay algo que media, es imposible la autonomía absoluta… pero algunas veces más que otras sentimos que son descubrimientos propios. Me interesa ese espacio de acción que podemos dejar libre cuando proponemos lecturas. Un espacio para que cada uno, cada una busque/arme/encuentre/descubra/robe sus propios tesoros.

 

Para seguir investigando

El viaje extraordinario. 800 leguas por el Amazonas

La lectura nos hace más reales, decía el ensayista Gabriel Zaid. En este caso, cómo se materializa delante de los ojos de la autora un personaje salido de una novela de Almudena Grandes.

Por Daniela Azulay, columnista de Cultura LIJ.

La lectura nos hace más reales, decía el ensayista Gabriel Zaid. En este caso, cómo se materializa delante de los ojos de la autora un personaje salido de una novela de Almudena Grandes.

La Jangada, por León Benett
La Jangada. Ilustrador: Léon Benett. Editorial Pierre-Jules Hetzel. Francia ,1881.

En estos días de calor dentro del invierno, una escena lectora del verano de 2017.  Un verano tremendo en Buenos Aires. El subterráneo de la Línea A camino a San Pedrito y el lector de Julio Verne. 800 leguas en la capital federal cruzadas  con el Amazonas. En esto de la ciudad y la jungla, no caigamos en el lugar común de preguntarnos cuál es la jungla, ¿o sí?

Es pleno febrero y aparece ante mi Julio Verne. Es un libro grande, cualquiera diría que no transportable. No es cualquier edición. Casi enciclopédica parece. Me cuesta leer el título pero lo logró. La Jangada, de Julio Verne.

No la leí. Recuerdo a mi  abuelo comentando esta novela, contándome sobre los cazadores de esclavos. Pero quiero saber más. La googleo y aparece: “Una familia viaja en un fabuloso vehículo, “La jangada”, por todo el río Amazonas. En el trayecto, el patriarca es amenazado por un hombre con descubrir su secreto si no le da a su hija en matrimonio. Lo único que podrá salvar a su hija y posteriormente su vida será un acertijo indescifrable.”

Entonces vuelvo a mirar al chico que viaja también en un fabuloso vehículo: el subte. Viaja y lee. No para de leer desde que salimos de la estación Plaza de Mayo.  Se acomoda, no quita la vista del libro. ¿Por dónde andará? En pleno siglo XXI este chico está allí, a bordo de la jangada…

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La Jangada. Ilustrador: Léon Benett. Editorial Pierre-Jules Hetzel. Francia ,1881.

Durante dos días, el piloto Araujo tuvo mucho quehacer. El lecho del río se ensanchaba poco a poco; pero las islas eran más numerosas y la corriente, sujeta por aquellos obstáculos, crecía también. Tuvo que tomar grandes precauciones para pasar entre las islas Caballococha, Tarapote y Cacao; hacer frecuentes paradas y muchas veces se vio obligado a aligerar la jangada, que amenazaba encallarse. Todo el mundo ponía entonces mano a la maniobra y en estas circunstancias, harto difíciles, fue cuando el 20 de junio, por la tarde, se tuvo conocimiento de Nuestra Señora de Loreto. Loreto es la última población peruana que se halla situada en la orilla izquierda del río, antes de llegar a la frontera de Brasil. Es algo más que una simple aldehuela formada de una veintena de casas agrupadas sobre un ribazo ligeramente quebrado, cuyas sinuosidades están formadas de tierra de ocre y arcilla.”

Pienso entonces en Almudena Grandes y su libro El lector de Julio Verne −la segunda novela de la serie Episodios de la guerra interminable−, con el protagonista, ese chico de once años, hijo de un guardia civil en plena guerra que intenta sobrevivir como puede, refugiado en las páginas de Verne.

La insoportable levedad del ser

Un encuentro lector en el subterráneo lleva a Daniela Azulay a su primera lectura de Kundera.

Por Daniela Azulay

El encuentro con una lectura en un vagón del subte lleva a la autora a su primera lectura de la obra de Milan Kundera.

 

“Aquel que quiere permanentemente ‘llegar más alto’ tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? Pero ¿Por qué también tenemos vértigo en el mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.”

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera (1984)

Subte, línea B

Si hay algo que no poseemos en los medios de transporte, es levedad.

Lunes. Lluvia. 8:21 am. Me subo al subte en estación Los Incas, con el calor de febrero en Buenos Aires, empapada. Me acomodo, apoyo a mis pies la bolsa con el almuerzo. Me saco la chalina, la camisa. Cambio la cartera de brazo, agarro el teléfono.

Entonces la veo. Ajena a los trajines de ese lunes, una lectora. Es joven, no creo que tenga más de 15 o 16 años. Lee compenetrada mientras su piloto estampado y su chalina cuelgan, livianos, de su brazo izquierdo. La insoportable levedad del ser, pienso. La insoportable levedad del ser, lee.

Es lunes, vuelvo a trabajar luego de las vacaciones, hay algo de abismo en ese viaje, pero mi joven lectora está fuera. O está adentro. Lo que siento, mientras vuelvo a acomodar la bolsa con mi vianda a riesgo de que pierda a medida que se llena el vagón, es que está a salvo.

Su lectura me lleva a mi lectura de ese Kundera. Tengo 15 años. La vi a mi mamá leyéndolo y me atrapó una frase relojeada al pasar: ¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?” No lo sé, respondí, pero siempre la busco.

Tren, línea Mitre

Cuando leí ese libro me enamoré de cada palabra. Lo llevaba conmigo a todas partes. Hasta que un día, camino a Villa Ballester, me encontré con un amigo de un amigo en el tren. Charlamos mucho, me contó que estaba muy triste y me invitó a tomar algo. Bajamos en la estación Miguelete. En esa época (no volví a pasar por allí desde esa vez, hace 32 años) la estación era un lugar sórdido y oscuro. El único lugar que encontramos para tomar algo fue una pizzería con banquetas altas y una barra bastante sucia, apenas al salir de la estación, en donde nos acomodamos. Él me contó sus penas mientras tomamos un café amargo. Yo tenía el libro en mi mochila. Como se hacía tarde y me esperaban en Ballester, lo saqué del bolso y se lo regalé. Nunca lo volví a ver.

“Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla. Tratamos de leer en ella como leen las gitanas las figuras formadas por el poso del café en el fondo de la taza. (…)
Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos a los que se llama coincidencias”.

Milan Kundera (1984)