Elogio a Anthony Browne

Por Bárbara Kessler
#Elogio #HacerEcodeloBueno #ElogioAnthonyBrowne

Leímos diez cuentos de Antony Browne en un espacio de apoyo a la escolaridad en la villa 31 (ciudad de Buenos Aires, Argentina). Un espacio que, en algunas ocasiones, recibe pibes con insuficientes en el boletín, tareas sin hacer, y los peores rótulos.

Armamos la agenda de lectura y les anticipamos que las ilustraciones cuentan también la historia y que es importante prestarles atención porque nos dan pistas para entender mejor.

Pero de a ratos, resulta imposible avanzar. Se interrumpe la lectura, se abalanzan “¡No puedo ver!“, “¡Qué Dylan baje la cabeza!“. Toman el libro entre sus manos y con sus voces, ofrecen sentidos porque las historias lo habilitan. El autor nos invita a tejer relaciones: los colores de las ilustraciones, los elementos que se repiten, los que se descubren, los que faltan, Willy en cada cuento, pero siempre Willy, las intertextualidades. Pibes haciendo relaciones entre libros, reconociendo personajes de otros cuentos, advirtiendo escenarios conocidos. Pibes que piden volver a leer cuando Willy rescata a Millie .Y nos reímos cada vez que alguno quiere repetir ese diálogo. Todos.

Leelo otra vez, seño”. Eso es un elogio.

Y volvemos a empezar a ver si en esta nueva lectura descubrimos algo nuevo.

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