La casa de Asterión

Por Cecilia Chiapetta. Maestra de 6° y 7° grado en la Escuela n° 21 del Distrito Escolar n° 11, Parque Avellaneda, Ciudad de Buenos Aires. Argentina

 

Según se dice, en la escuela pública cae de todo, cuando no es un promotor de gaseosas es un pedazo de cielorraso que se desprendió. Y una aprende a aprovechar oportunidades. Como la vez que llegaron los exámenes niveladores para sexto grado, exámenes de dudosas intenciones. Y adjuntos a los exámenes, una revista con el mito del Minotauro.

Después de leer instructivos para evaluar y corregir, bufar, argumentar y hacer lo que cree más digno y menos traidor, una toma –a su manera– la prueba bendita. Pero se queda pensando cómo seguir. Y ahí aparece la literatura.

Laberinto cretense anónimo (1550 a.c.)

Laberinto cretense anónimo (1550 a.c.)

Les anticipo a los alumnos que el cuento que vamos a leer puede parecer difícil, que no fue escrito para chicos. Tony dispara que entonces para qué. Respondo que cuando lo leamos lo descubrirá. Les pido que no interrumpan la lectura a cada rato con preguntas de vocabulario, que no necesitamos conocer todas las palabras que aparecerán en el texto. Que confíen.

Inicio la lectura. El clima es simplemente perfecto. Silencio y ojos moviéndose al compás de las palabras. “¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura?“. A cada párrafo, disfruto de leer en voz alta como no lo hacía hace rato. “Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta“. La vista clavada en el papel para la mayoría, una mano abierta palma arriba es lo que necesitan otros para verificar. Ellos sí que saben jugar con las palabras. Lo que no saben es que son mi público preferido.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal”. Las pistas más certeras hacen su entrada y Giuliana festeja, entrecerrando un puño y bajándolo, haber atrapado algo del significado del texto. Gabriel se sonríe, la evidencia confirma sus sospechas. “¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?“. Fausto levanta la mirada hacia mí, curioso; mientras Iván asiente, bajándola.

Se acerca el final que conozco bien y la respiración se me entrecorta. Planeo un ligero cambio en mi tono de voz cuando se produce el salto de narrador. “—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió“.

Cristian aplaude y otros lo siguen tímidamente. Les digo que sientan, que opinen, que digan lo que les viene a la mente ahora que han terminado de leer.

Giuli no aguanta quieta en su silla. Dice que ella vio un parecido con la historia del Minotauro. Lo notó sobre el final, aclara. A Kevin algo le recuerda la historia de La espada en la piedra, pero la espada nada más, dice. Gabriel aclara que el que cuenta la historia ES el Minotauro. Giovi, Nahuel, Diego, Mica empiezan a mirarse entre sí y buscan aprobación. Santi se sorprende cuando les digo que Asterión es uno de los nombres que se le da al monstruo mítico. Volvemos sobre el título: La casa de Asterión. ¡Habla sobre el laberinto!

Iván opina que, entonces, el número catorce que tanto menciona Asterión como el infinito podría ser la suma de los siete hombres y las siete doncellas que se nombraban en la versión del mito que leímos.

De pronto, nos detenemos en la tristeza del Minotauro. Marcamos en el texto frases como “Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa“. Nos sentimos tristes por él, acongojados: Asterión no tiene amigos. Asterión puede salir, pero tiene miedo. Asterión está solo aunque el laberinto no está cerrado. Asterión teme que todos lo rechacen. Porque es un monstruo, dice Tony. Como el cuento que íbamos a leer. Pero estos pibes me hacen animarme a leer a Jorge Luis Borges en sexto grado. Y, al final, con ellos, hasta el viejo parece amigable.

Maestro dei Cassoni-Minotauro

Theseus y el minotauro, Maestro dei Cassoni Campana, (1515), maestro anónimo.

 

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