Abrir el juego

Por Valeria Sorín.

Con motivo de la publicación de El héroe repelente por Planeta, Graciela Repún y Enrique Melantoni hablan de la creación.

Si algo llama la atención acerca de Graciela Repún y Enrique Melantoni es una actitud permanente de generosidad con sus alumnos y con sus colegas. Habitualmente Graciela proyecta, transita y concreta obras con otros escritores; algunos de tan larga trayectoria como ellos, otros que recién se inician.

Es conocido que los escritores dan a leer sus manuscritos a una o dos personas de su confianza, de quienes esperan una mirada sincera y amorosa. Graciela y Enrique dedican cada uno de sus libros a las cuatro o cinco personas a quienes se los han dado previamente a leer. Incluso, su novela Un héroe repelente tuvo lectores adicionales con quienes probaron la lectura en voz alta, las cuestiones del relato heroico de tono medieval, y toda clase de particularidades.

Cuando lo comentamos en la entrevista, ninguno lo identifica como algo especial.

 

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Colección de objetos de la biblioteca Repún-Melantoni.

 

Héroes eran los de antes

HEROELa novela Un héroe repelente aún no ha logrado colarse entre el público, y sin embargo es un texto que no debería pasarse por alto. Se cuenta allí la historia de Shikopum, un príncipe que nació en medio de un asalto al palacio que derrocará a los reyes para instaurar otro en su lugar.

Su madre lo pare herida de muerte y lo deja en el suelo del establo cubierto de bosta para que mantenga el calor hasta que alguien lo rescate. Ese alguien será un herrero hosco y solitario que lo adoptará como suyo.

Al crecer, Shikopum deberá seguir el camino de retorno al reino, camino –como el de todo héroe– lleno de pruebas. Adoptará dos misiones peligrosas y difíciles: liberar un segundo reino del influjo maligno de un dragón y recuperar las partes del cuerpo del fantasma Gil D´Egomme, para que, al darles sepultura, pueda encontrar por fin descanso.

La historia es un camino de autoconocimiento y al mismo tiempo una gesta a la que se van sumando otros oprimidos. Se multiplican los personajes, pero cada uno encuentra la forma de desarrollarse.

 

El comienzo de la historia

Graciela Repún (GR) —Yo quería hacer este héroe repelente desde hace muchos años, desde antes de Schrek. A veces tengo ideas de cosas y no encuentro cómo darles forma. Por eso cuando me preguntaron en Planeta qué material tenía y lo conté, en seguida me dijeron que sí. Entonces lo incluí a Enrique que tiene muy en claro el fantasy.
Nosotros hicimos muchos libros juntos, pero este casi nos lleva al divorcio. Porque yo tenía muy pensados los personajes −el héroe, las tres princesas, el chanchito volador, el fantasma−. Yo quería que Enrique estuviera para darle el tono al héroe. Pero él al principio no entendía mi propuesta y me escribía cosas con haditas, muy infantiles y vaporosas. Y no era la onda.

—¿Cómo organizan una escritura a cuatro manos?

GR —Nos habíamos dividido qué capítulos tenía que hacer cada uno y cómo iba todo. Y en un momento comenzó a funcionar tan bien que yo venía y le decía: “Hay un niño barbudo” y él respondía: “Bien”. O le pedía que me dijera cómo el herrero podía decir algo. Él gruñía como el herrero y yo lo escribía. Habíamos entrado en el código y todo nos salía. Pero después siempre caés en la cuenta de que hacen falta capítulos adicionales, porque faltaban elementos o porque iban apareciendo cosas que no imaginábamos que podían resultar.

—Mucha planificación, pero dejaron el final abierto. Nos dicen que el príncipe se enamora y, aunque hay tres candidatas, no sabemos de quién.

GR —La idea es continuarlo y seguir las historias. Tenemos pensados dos libros más para transformar a esta novela en una saga.

 

Dar voz y cuerpo al personaje

—Si bien el gesto de nominación es habitual en Graciela Repún, en esta novela todos los nombres sorprenden. ¿Cómo los designan?

GR —Con eso nos divertimos mucho. En casa tanto nosotros como nuestros hijos les ponemos nombre a todo. En el caso de las tres princesas, Ut antiguamente era la nota do. Por lo que en realidad Utlinda, Relinda y Milinda se llaman do-re-mi. Y tiene que ver con que la mamá es pianista.

Enrique Melantoni (EM) —Salían de la inspiración.

GR —Una vez había hecho una investigación para otro libro sobre brujas. Y había un inquisidor que se llamaba Agobardo, sin hache. Y ese nombre me causaba mucha gracia.

EM —Y los herreros son Hagobardo, Hagoverde y Egobordo.

GR —¿El último lo inventaste vos?

EM —Ya no recuerdo. Igual hay nombres muy épicos, como Pigmarillion, que parece venir del Silmarillion de Tolkien.. O Julepa, que tiene origen en la Edad Media.

—En algún punto un personaje es un nombre.

GR —Igual primero aparecieron los personajes. El primero fue el fantasma del que iban a ir apareciendo partes. Él y el herrero estaban desde el principio. Luego fue necesario incluir otros personajes que venían a cumplir un rol específico.

—Una gesta es algo difícil de plantear, que debe ir creciendo, que va a tener muchas tramas entrecruzadas y una cantidad significativa de personajes.

GR —Incluso incorporamos elementos míticos, legendarios e históricos. Se las llamó Las lavanderas locas a grupos de mujeres rebeldes que atacaban a los hombres. En una investigación para otro libro yo había dado con ellas. De hecho, aparecen en un libro ilustrado por Quentin Blake.

—Encontrar un movimiento feminista en una gesta no es habitual.

GR —Son muchos años de incluir personajes femeninos potentes. Nosotros nos cuidamos mucho con eso, con que no haya papeles estereotipados, que haya apertura. Por eso también era importante el juego de las princesas con el héroe. Un héroe que solo no puede nada, necesita todo el equipo atrás.

—Ni es un prototipo del que puede todo, ni es confrontativo.

GR —Tiene buenas intenciones, pero es insoportable. Hay que saber llevarlo.

—Al compartir con los chicos la novela como lectura en voz alta, descubrí giros que en mi primera lectura silenciosa se me habían escapado.

EM —Las últimas correcciones de la novela las leímos en voz alta a testigos que sabían escuchar para saber si pasaban el filtro de la audiencia.

GR —Nos pasó con Gil D´Egomme, que todos en el grupo de lectores lo pronunciaban afrancesado, hasta que uno se equivoca y dice: “Pero este Gil de Goma…”, y se largaron a reír.

 

Marcar el paso

 

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Colección de objetos de la biblioteca Repún-Melantoni.

 

Un héroe repelente tiene un trabajo impactante de variaciones en el ritmo y el tono. Narrar el primer capítulo en primera persona y en presente es un hallazgo. ¡Y para contar un ataque y luego un parto!

GR —Yo quería intentar algo muy fuerte de entrada para que quedaras impactado y luego seguir con otra cosa. Siempre hago esas pruebas de cambiar la persona y ver cómo suena mejor. Y cerraba más en primera. Para mí era importante que ese capítulo pesase.

EM —Si lo que querés es un capítulo corto que te entre de cabeza en la historia, ese capítulo lo consigue. Tiene todo el dramatismo y te pone en el lugar.

—A pesar de no develar de quién se enamora Shikopum, incluyeron un texto final que da pistas acerca de cómo seguirán algunas historias secundarias. ¿Por qué?

GR—Porque la idea era hacer una saga. Y la intención de la editorial también era esa. Ojalá se pueda seguir.

—¿Esperaban que funcionara muy rápidamente?

GR —Como hace muchos años que trabajamos en este medio, sabemos que hay libros que desde el principio funcionan muy bien y otros que van creciendo de a poco y después se siguen sosteniendo en el tiempo. Está marcado para una edad de nueve o diez años y la tapa que le encargaron a Pablo Pino busca ese rango. El libro tiene varias capas, tal vez sin esa marcación adolescente y el adulto también puedan leerlo.

—Es complicadísimo el proceso de edición, el texto se recibe desnudo y los paratextos anclan la recepción. ¿Cómo se sienten en el trabajo con los editores?

GR —Las dos editoras fueron unas divinas que nos tuvieron paciencia. Al principio Adriana Fernández nos pidió una sinopsis. Nosotros aprovechamos para planificar la novela y entregamos un proyecto de cuatro páginas. Junto con María José Ferrari vieron todo y nos dejaron trabajar hasta que estuvo terminado. Cuando leyeron el original les encantó. Se divirtieron mucho y no hizo falta ni un ida y vuelta. Yo agradecí la confianza que nos brindaron en este libro.

—¿Qué lector imaginan al escribir?

EM —En general es un poco más grande, para adolescentes. Y ella tiene un talento particular para los más chiquitos.

GR —Pero en este caso no. Yo quería alguien que se divirtiera como nos divertíamos nosotros. Que se sorprendiera. Que largara la carcajada. Que fuera un libro regocijante, y que alguna cosa te quedaras pensando.

 

Para seguir leyendo

Las lavanderas locas, de John Yeoman y Quentin Blake. Col. Travesía, Editorial Océano, 2009. Ver la ficha en: http://www.oceanotravesia.mx/ficha-libro.aspx?id=8540.

 

Más sobre Graciela Repún
Curso sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Buenos Aires. Desde joven comenzó a trabajar como creativa y escritora free lance de diferentes empresas publicitarias. Una vez que comenzó a dedicarse a la literatura infantil, fue para siempre.
Publicó también en Uruguay, Chile, Puerto Rico, México, Inglaterra, España e Italia.
Pertenece al Comité Asesor del Capítulo Argentino de la SCBWI, Sociedad de escritores de libros infantiles e ilustradores con sede central en Los Ángeles, Estados Unidos.
A partir de su libro Tolkien para principiantes es consultada como estudiosa del prestigioso escritor.

Más sobre Enrique Melantoni
Es ilustrador y escritor, actividades que realiza por separado, y sus trabajos han sido publicados principalmente en Argentina, Chile, Brasil, México y Estados Unidos. Produce obras de teatro, poesía, libros de adivinanzas y humor, adaptaciones de leyendas, biografías, cuentos, caligramas, historias policiales. Pero su fuerte es el fantasy.

 

 

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