Sir Pablo De Santis

Por María Jaeschke.

Hay un nuevo catedrático de la lengua en la Argentina, y es de la LIJ.

 

El escritor Pablo De Santis fue elegido por decisión unánime de los miembros de la Academia Argentina de Letras para ocupar uno de los exclusivos sillones de la misma. En palabras del mismo presidente de la Academia Argentina de Letras, José Luis Moure, la poco habitual unanimidad ha sido llamativa; aunque cuando se lo vuelve a pensar es totalmente justa.

Casi diez meses después de que De Santis diera su aceptación, fue recibido formalmente como miembro de número de la honorable Academia Argentina de Letras el jueves 22 de junio pasado, en un acto realizado en el Palacio Errázuriz. Ahora ocupa el sillón Martín Coronado, que estaba vacante desde el fallecimiento de José Edmundo Clemente en 2013.

Discurso de la recepción pública de Pablo De Santis

 

El acto

Luego del discurso inaugural brindado por el presidente de la institución José Luis Moure, el académico Antonio Requeni pronunció unas cálidas palabras de bienvenida. A continuación, De Santis brindó su disertación: Libros prometidos: una biblioteca interrumpida, un discurso original y colmado de datos muy interesantes sobre los libros que no llegaron a realizarse. Sus autores los prometían a sus editores e incluso a sus lectores.

Son textos que llevan un título que no se cumple, en el mejor de los casos. O un libro por el que se cobró, pero nunca se escribió −por ejemplo la novela que Walsh prometió eternamente a su editor, Jorge Álvarez−. Finalmente, el libro que el autor se promete a sí mismo, el ideal, el deseado, con el que sueña como obra cumbre, pero que queda en blanco.

Más allá de su erudición, la elección del tema no es casual: esta nos lleva a pensar en los niños, en los jóvenes, en los sueños, en las metas, en lo que uno imagina o planea ser o crear. Al preguntarle sobre sus libros prometidos, reveló: “Una enciclopedia de la literatura fantástica, que escribo desde hace tiempo. También me gustaría cerrar el ciclo de novelas policiales que empecé con El enigma de París y seguí con Crímenes y jardines. Tengo escrita una tercera novela, que transcurre en Roma, y me gustaría cerrar la historia del detective Salvatrio con una cuarta”.

 

El escritor y su arte

Estamos frente a un escritor de una gran versatilidad de géneros y de públicos; sin embargo, sus desafíos van más allá de las etiquetas.

—Acerca de estas ideas que quedan perdidas, ¿puede el escritor evitarlo? ¿Cómo lo maneja usted?
—Hay un primer momento en que la escritura es irresponsable y desorganizada; otro momento en que uno ya tiene que darle forma al texto y pensar en un posible lector, y un tercer momento que es la publicación. Cada momento tiene sus entusiasmos y decepciones; ese vaivén neurótico es común a todos los escritores, y la vanidad que nos caracteriza es la máscara de la inseguridad que sentimos al dar a leer lo que escribimos. Trato de no mezclar estos momentos y de separarlos en el tiempo. Me acuerdo de que Carlos Nine, extraordinario ilustrador e historietista, me dijo una vez que el secreto de la acuarela –su técnica favorita– era dejar fluir el agua, pero saber dónde hacerla parar. Ese agua que arrastra los pigmentos y que uno no sabe muy bien hacia dónde va me parece una buena metáfora del primer instante de escritura.

—¿Y cómo se ordena ese caos inicial?
—Me siento bien cuando empiezo a descubrir en algo que escribo algunas simetrías; que el caos empieza a organizarse, que hay una estructura debajo de la peripecia, una identidad debajo de las máscaras de los personajes. A la vez me gusta cuando siento que algo puramente imaginativo, y completamente alejado de mi experiencia de vida, me refleja, o refleja cosas que me pasaron en algún momento. Uno juega a las escondidas con la ficción.

 

Sobre la Academia

La Academia Argentina de Letras distingue a sus miembros en numerarios –académicos de número–, honorarios y correspondientes. Un académico de número es un representante destacado de la intelectualidad argentina, consagrado en conformidad con los objetivos expuestos en el estatuto que rige la institución, con el fin del cultivo y la  promoción de las letras, sea en una orientanción artística –literatura– o en una científica –filología, gramática, lexicología, etc.–.

Los miembros se reúnen jueves por medio; allí, uno de los académicos expone un trabajo. A esta rutina se suman otras actividades: los certámenes literarios, la organización de los premios, la relación con otras academias.

Existen veinticuatro sillones académicos que tienen como patronos a escritores argentinos como José Mármol, Nicolás Avellaneda y Miguel Cané, por citar a algunos. “No hay relación necesaria entre el nombre que apadrina el sillón y el eventual académico elegido para ocuparlo. No está establecido ni en el estatuto ni en el reglamento cómo se deben ocupar los sillones. Por tradición se van ocupando por orden de su vacancia –por fallecimiento o pase a situación de honorario de alguno de los miembros–. En algún caso, se han ocupado por otros temas: en su momento, a Alicia Jurado se le otorgó el sillón Juan Bautista Alberdi porque lo había ocupado Victoria Ocampo, que había sido la primera mujer académica, pero es un caso excepcional”, nos cuenta el actual presidente de la Academia José Luis Moure.

En la elección de un nuevo académico, hay tres instancias previas a la votación. La primera es la presentación del candidato por medio de una carta que debe estar firmada por cuatro miembros de número. La segunda es el envío a los académicos de los antecedentes del candidato postulado. Por último, la tercera es la defensa u elogio de la persona propuesta, a cargo de uno de los académicos firmantes, quien responde a las preguntas que los miembros deseen formularle.  La votación se lleva a cabo en otra sesión –que es secreta– y cada académico presente debe escribir en una tarjeta ensobrada su aceptación, rechazo o voto en blanco.

Las propuestas solo pueden ser hechas por académicos y deben fundarse en los méritos del candidato.  Las sugerencias externas están específicamente prohibidas por el reglamento de la Academia.

Tanto en la postulación como en la elección de los miembros, se procura que los candidatos vayan cubriendo las distintas orientaciones incluidas en los intereses temáticos de la Academia: la literatura en sus distintos géneros y expresiones, y la lengua en sus diferentes aspectos filológicos y gramaticales.

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Foto de Pablo Grancharoff

Por qué Pablo de Santis

Licenciado en Letras, ha trabajado como periodista y guionista. Es autor de varias novelas, ensayos, historietas y libros para públicos de todas las edades. En 2008, la Academia le otorgó el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras por su libro El enigma de París. Además, ha recibido importantes distinciones como el premio Konex de Platino en Literatura Juvenil en 2004; sus libros han sido en diferentes ocasiones destacados por alija –Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina–, e incluso fue postulado por la Argentina para el premio Andersen en 2017.

Así como en Brasil Ana María Machado ha sido la primera mujer y la primera escritora de lij en ser miembro de la Academia Brasileña de Letras, en Argentina de Santis es un caso similar. José Luis Moure comenta que si bien “ningún académico o académica que yo conozca se ha especializado en literatura infantil o juvenil, en la producción de algunos, como Santiago Kovadloff o Antonio Requeni –este último colaboró en Billiken– existen composiciones de ese carácter. También en el pasado, Conrado Nále Roxlo escribió obras como La escuela de las hadas, concebido para ese público lector. La incorporación de Pablo De Santis, y parte importante de su obra, vienen a cubrir ese espacio de manera más diáfana”. En todo caso, uno de los aspectos que se valoraron en el discurso de recepción ha sido la obra que produjo para el público juvenil e infantil.

 

Pablo De Santis en la Academia

—¿Cómo le ha impactado ser ahora miembro de la Academia?
—Yo voy a las reuniones para aprender una gran cantidad de cosas, porque hay especialistas de todas las áreas. Me interesa mucho el modo en que la Academia es un reflejo de la identidad cultural argentina. Además de la actividad de los académicos, hay una biblioteca abierta al público que tiene muchísimas consultas online y un muy activo Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Etimológicas.

—¿Qué es lo que más le ha impactado de la Academia?
—Los retratos que cuelgan en las paredes, que son un melancólico resumen de la historia de la Academia; la extraordinaria biblioteca; las conversaciones eruditas donde el pasado se hace presente. Es un ambiente solemne, pero no de una solemnidad pomposa, sino sobria, austera y extremadamente cordial.

—Me siento tentada de preguntarle acerca de cómo cree que se debe trabajar para promover la lectura en los jóvenes.
—La literatura infantil y juvenil se fomenta sola; creo que habría que hacer al revés y fomentar la literatura para adultos. Los chicos siempre están leyendo algo, sea por amor a la lectura, por moda o por obligación escolar. Con los grandes no pasa lo mismo. Cada vez que veo en el subte a un adulto con un libro en las manos me dan ganas de aplaudir.

 

María Jaeschke CV: Diseñadora gráfica. Redactora y correctora profesional –Instituto Superior de Letras Eduardo Mallea–. Trabaja en Olmo Ediciones y en el Archivo General de la Nación.

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