Los pantalones largos de Sancia

Por Valeria Sorín.

Va siendo tiempo de prestarle atención a la obra de Martín Sancia Kawamichi.

 

¿Qué hace falta para que un autor saque credencial definitiva de escritor de libros para chicos? ¿A partir de qué gesto los periodistas podemos dejar de decir que alguien incursiona en la LIJ para incluirlo definitivamente en cualquier listado especializado? ¿A partir de qué momento podemos abandonar los epítetos “joven” o “nuevo” para entender que su literatura puede ser tratada sin cuidados especiales ya que no los necesita?

 

Pantalones largos

Foto de Alejandro Meter

Foto de Alejandro Meter

Martín Sancia Kawamichi tiene 44 años; publicó 2 novelas negras para adultos (Hotaru y la más reciente Shunga) por las que recibió premios y aplausos de especialistas;  y varios libros de narrativa para el público infantil: Breves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos, venenosos, enlatados, tristes, cobardes, crueles, espinosos… (y otras historias) en Sudamericana y  25 tarántulas en Galerna; su novela Los poseídos de Luna Picante fue finalista del premio Sigmar, que este año finalmente ganó con Todas las sombras son mías, donde despliega todo el buen oficio del policial negro.

Insisto: ya no tiene sentido tratarlo como a un recién arribado.

 

La razón de un premio

Todo este caudal de palabras nace del efecto de leer Todas las sombras son mías, un libro muy merecedor de distinguirse. Y reviso este concepto para darme cuenta que hacen falta más premios en literatura infantil que den posibilidad de que se presenten y sean leídos por las editoriales nuevos autores.

Horacio Convertini ha sido otro ganador en años recientes del premio Sigmar, un escritor afilado, que maneja la lengua y tiene el oficio de la escritura diaria periodística. En cierto momento, comenzó a enviar a concursos las novelas que tenía reservadas para su círculo íntimo con enorme éxito −gana los concursos Guijón, Bang y Azabache en novela negra y el Sigmar en infantil−, para placer de los lectores que de esta forma se multiplican. Este año, un magnífico cuento para jóvenes de Convertini fue publicado en la antología En la largada por Salim editores.
Recomendación de lectura

Todas las sombras Sancia 2.jpg

Pero volvamos a Sancia y a su novela.

Todas las sombras son mías comienza cuando un niño de perfil abusador llega al colegio y en breves días logra dominar toda la escena. Lo cierto es que algo produce en los demás que logra aterrarlos y dominarlos. Incluso nuestro joven protagonista tendrá sueños premonitorios, caminará dormido, robará bebés, todo bajo su influencia. De nada, sin embargo, se lo puede acusar al instigador, y sin embargo parece tan claro que es él quien le susurra a cada cual… La cumbre de la tensión llega cuando logra que todos sus compañeros asistan a su casa para lo que será un pijama party de terror.

La trama crece en tensión dramática y, aunque deja el final abierto, no desilusiona. El miedo se construye en la complicidad de los pensamientos oscuros que invaden al protagonista, pero que nunca se vuelven completamente explícitos. Deja así espacio para que salgan a jugar nuestros propios monstruos.

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