Explorando God of Money

Por Marcos Guardiola “Maguma”

El artista conocido como Maguma explica aquí el proceso de creación de su libro God of Money, para la editorial Tara Books.


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God of Money ha sido posible gracias a un cúmulo de felices circunstancias.

En 2014 durante la celebración del Festival Internacional de Ilustración Ilustratour, conocí a Gita Wolf, la directora de Tara Books. Mi trabajo le había parecido muy ingenioso y la conversación con ella resultó especialmente interesante.

Tara Books es una editorial independiente con sede en India; está conformada como un colectivo de escritores, diseñadores y artesanos de libros que favorecen un funcionamiento no jerárquico y ponen el foco en la experimentación del contenido, el diseño y la producción, creando libros comprometidos y de una calidad excelente.

Varias semanas después de ese fugaz encuentro, recibí un correo de Gita con una propuesta muy interesante y que implicaba un gran desafío: “¿Y si hacíamos un libro ilustrado que tuviera una temática política y que pudiera conectar con la realidad social contemporánea?” ¡Guau! ¡Menudo reto!

Gita había visto mis trabajos para prensa, en los que fundamentalmente trato temas políticos, económicos y sociales. Pensaba que esa manera de concebir las imágenes podría trasladarse a las páginas de un álbum ilustrado.

Y ahí no terminaban las buenas noticias: además me ofrecía la posibilidad de trabajar con el resto del equipo de Tara Books, en India. ¡No lo podía creer! Era una gran oportunidad y también un proyecto excitante. Aunque todavía no teníamos claro de qué hablaría exactamente el libro, acepté la invitación entusiasmado.

Pasaron muchos meses, casi un año y seguíamos sin definir más el proyecto, pero los trámites para irme dos meses a India estaban prácticamente resueltos. Era algo inminente.

Por aquel entonces empecé a intercambiar correos con V. Geetha, escritora, activista feminista y directora editorial de Tara Books. En nuestros últimos correos antes de mi viaje, empezamos a valorar la posibilidad de trabajar con unos textos un tanto inusuales: los manuscritos económico-filosóficos de 1844 de Karl Marx, también llamados Cuadernos de París, que constituyen un primer esbozo de sus teorías y que fueron escritos cuando tan solo tenía 25 años. ¿Un álbum ilustrado con textos de Karl Marx y que hable sobre economía? ¿Por qué no? Además, cuando escribió esos cuadernos todavía no era Marx; al menos no el Marx que todo el mundo conoce. Su manera de pensar desbordaba pasión e inmediatez.

A principios de julio de 2015 aterricé en Chennai (India), dispuesto a desentrañar las palabras de Marx y me encontré un mundo lleno de contrastes y totalmente ajeno a lo que yo había vivido hasta entonces. Más adelante, ese mundo lo envolvería todo, incluso el propio libro.

Cuaderno

En mis primeros días conocí a V. Geetha, Arumugam, Lalitha y al resto del equipo de la editorial, y aproveché para conocer de cerca sus talleres de serigrafía, en los que producen maravillosos libros hechos a mano desde el papel a la encuadernación, pasando por el proceso de impresión.

Durante esas primeras jornadas hablamos bastante sobre los textos de Marx y pronto empezó a quedar claro que los manuscritos eran como un rompecabezas que había que ordenar y jerarquizar, y que lo que queríamos contar trataba de esa cosa que de nuevo lo envolvía todo y que llamamos dinero.

Laila, una amiga belga de origen bereber que vive en Chennai, me decía que India es como un miniplaneta Tierra. Casi idéntico al que conocemos, pero de menor tamaño al original. Y así, en India como en la Tierra, conviven (con sus más y sus menos) muchas religiones, existen muchas razas y lenguas diferentes, y hay una desigualdad equivalente a la del planeta azul, una desigualdad basada, en último término, en la riqueza. Una desigualdad basada en el dinero. Desde esta óptica, la idea del dinero pasa a ser algo universal y los textos del joven Marx, escritos en 1844, conectan directamente con este mundo globalizado en el que habitamos.

Desde el mismo instante en que un ser humano se apropió por primera vez de un utensilio para facilitarle la tarea, hizo acto de presencia la idea de la propiedad; el dinero, cuyo origen se remonta hasta nuestros ancestros más lejanos, es hoy alabado por todo el mundo ¿Podría haber sido este el famoso fruto prohibido del Jardín del Edén?

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Un año después de mi estancia en Chennai, con God of Money ya en proceso de producción, participé en una exposición colectiva cuya temática giraba en torno a la obra de El Bosco. Me fascinaba su trabajo. Podía pasarme horas mirando su obra El Jardín de las Delicias. Pero en esta ocasión, cuando volví a verlo, descubrí algo insólito: God of Money era en realidad un Jardín de las Delicias contemporáneo; la obra de Hieronymus Bosch representa el Jardín del Edén, el Pecado Original y el Castigo Divino. Las escenas están planteadas de tal manera que sitúan al observador mirando desde arriba, como si estuviera encima de una nube. Y, además, la obra está montada sobre un retablo de madera con unas bisagras, de modo que se puede cerrar y abrir como un libro. God of Money resultó no ser muy diferente: también muestra el Jardín del Edén, el Pecado Original y el Castigo Divino. Y aunque lo hace de una manera continua y difuminada, está construido sobre unas bisagras de papel, formando un leporello. Pero lo más sorprendente es que sitúa al lector encima de una nube, igual que la pintura de El Bosco.

Durante mi estancia en Chennai alternaba mi trabajo en la editorial con largos paseos en los que iba empapándome de costumbres, olores, ruidos, sabores y un sinfín interminable de sensaciones que fui plasmando en un cuaderno que poco a poco se fue llenando de dibujos. Casi sin darme cuenta, los dibujos del cuaderno y los del libro empezaron a mezclarse y la estimulante realidad que me rodeaba empezó a diluirse en las páginas del libro. Y al mismo tiempo, los bocetos del libro saltaron al cuaderno y el entorno se transformó en una fuente inagotable de inspiración.

Desde el principio tuve claro que tenía que alejarme del imaginario de la hoz y el martillo que nos sugiere la idea de Marx; cuando escribió los manuscritos, todavía no hablaba exactamente de marxismo y necesariamente las imágenes no debían hacerlo. Además, los cuadernos no tenían un orden lógico y más bien nos mostraban toda una serie de reflexiones, muchas veces inconexas, que solo adquirían sentido si se concebían desplegadas como un mapa.

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Con estas ideas rondándome la cabeza, llegué a la conclusión de que las imágenes debían tener un hilo conductor que nos contara la historia del Dios Dinero, un animal repugnante y colosal que había surgido de la codicia de la que hablaban los textos de Marx.

Además de contar una historia con planteamiento, nudo y desenlace, las imágenes del libro debían dialogar con los caóticos textos de Marx. Para ello, después de obtener todos los pasajes que hablaban sobre temas económicos, construí un mapa visual que reflejara, a su vez, el mapa mental que habitaba dentro de mi cabeza.

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Comencé a hacer dibujos con una serie de reglas predeterminadas: por un lado, mis bocetos debían referirse a las ideas que se mostraban en los manuscritos, y por otro, era importante no olvidar que mi historia comenzaría cuando aquel primer cazador-recolector llamado Adán decidiera usar un utensilio que le facilitara la tala de los árboles del Jardín del Edén para así poder apropiarse de los frutos prohibidos.

Mientras hacía bocetos y pensaba cómo quería representar el imaginario que los textos sugerían, fui dotando a la historia de una estructura narrativa, de tal manera que cada página mostrara, además, las ideas apasionadas del joven filósofo. A medida que iba ordenando los pasajes de los cuadernos para que se relacionaran de manera coherente con la historia del Dios Dinero, el libro fue tomando forma y el mapa que había imaginado cuando leía las notas incompletas de Marx se había transformado en un leporello que también tenía la virtud de desplegarse y mostrar todo su contenido a la vez.

Mis intensos días en India se terminaban y el proyecto que me había propuesto Gita un año antes estaba casi terminado. Chennai había sido mi hogar durante dos meses; un regalo que me había aportado estimulantes experiencias y un puñado de buenos amigos. El último día solo me quedaba una cosa por hacer: recoger los largos collares de flores frescas y aromáticas que la señora del templo Arulmigu Marundeeswarar había cosido a mano, para que mi familia pudiera disfrutar, por unos instantes, del inolvidable olor a India.

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Para conocer más sobre la obra de Maguma, accede al artículo acerca de sus libros.
Se pueden seguir sus novedades en el sitio: http://maguma.org/ o bien en Twitter como @maguma.
Para conocer más sobre Tara Books ingresá a su sitio: http://tarabooks.com/
Tara Books se define bajo el lema:

 

“Empujando las fronteras del libro,  en una época que está cansada de escribir su obituario.”

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