El viaje extraordinario. 800 leguas por el Amazonas

Por Daniela Azulay, columnista de Cultura LIJ.

La lectura nos hace más reales, decía el ensayista Gabriel Zaid. En este caso, cómo se materializa delante de los ojos de la autora un personaje salido de una novela de Almudena Grandes.

La Jangada, por León Benett

La Jangada. Ilustrador: Léon Benett. Editorial Pierre-Jules Hetzel. Francia ,1881.

En estos días de calor dentro del invierno, una escena lectora del verano de 2017.  Un verano tremendo en Buenos Aires. El subterráneo de la Línea A camino a San Pedrito y el lector de Julio Verne. 800 leguas en la capital federal cruzadas  con el Amazonas. En esto de la ciudad y la jungla, no caigamos en el lugar común de preguntarnos cuál es la jungla, ¿o sí?

Es pleno febrero y aparece ante mi Julio Verne. Es un libro grande, cualquiera diría que no transportable. No es cualquier edición. Casi enciclopédica parece. Me cuesta leer el título pero lo logró. La Jangada, de Julio Verne.

No la leí. Recuerdo a mi  abuelo comentando esta novela, contándome sobre los cazadores de esclavos. Pero quiero saber más. La googleo y aparece: “Una familia viaja en un fabuloso vehículo, “La jangada”, por todo el río Amazonas. En el trayecto, el patriarca es amenazado por un hombre con descubrir su secreto si no le da a su hija en matrimonio. Lo único que podrá salvar a su hija y posteriormente su vida será un acertijo indescifrable.”

Entonces vuelvo a mirar al chico que viaja también en un fabuloso vehículo: el subte. Viaja y lee. No para de leer desde que salimos de la estación Plaza de Mayo.  Se acomoda, no quita la vista del libro. ¿Por dónde andará? En pleno siglo XXI este chico está allí, a bordo de la jangada…

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La Jangada. Ilustrador: Léon Benett. Editorial Pierre-Jules Hetzel. Francia ,1881.

Durante dos días, el piloto Araujo tuvo mucho quehacer. El lecho del río se ensanchaba poco a poco; pero las islas eran más numerosas y la corriente, sujeta por aquellos obstáculos, crecía también. Tuvo que tomar grandes precauciones para pasar entre las islas Caballococha, Tarapote y Cacao; hacer frecuentes paradas y muchas veces se vio obligado a aligerar la jangada, que amenazaba encallarse. Todo el mundo ponía entonces mano a la maniobra y en estas circunstancias, harto difíciles, fue cuando el 20 de junio, por la tarde, se tuvo conocimiento de Nuestra Señora de Loreto. Loreto es la última población peruana que se halla situada en la orilla izquierda del río, antes de llegar a la frontera de Brasil. Es algo más que una simple aldehuela formada de una veintena de casas agrupadas sobre un ribazo ligeramente quebrado, cuyas sinuosidades están formadas de tierra de ocre y arcilla.”

Pienso entonces en Almudena Grandes y su libro El lector de Julio Verne −la segunda novela de la serie Episodios de la guerra interminable−, con el protagonista, ese chico de once años, hijo de un guardia civil en plena guerra que intenta sobrevivir como puede, refugiado en las páginas de Verne.

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