Dedicado al asombro

Dijo Lacombe: "Lo que para mí es importante es que el artista debe dedicarse plenamente a su obra. Es de ese proceso creativo y sus revanchas. Este libro lo que muestra es el artista, pero también cómo hacer con la vida de uno un universo."

Asombro. Esa es la palabra con la que se puede definir el trabajo de Benjamín Lacombe. Se trata de un hombre dedicado a generar asombro con libros impactantes. Como lo hemos hablado en su anterior visita a la Argentina, a través de sus libros acerca obras clásicas complejas a un público amplio. Lleva consigo un proyecto cultural donde el asombro deviene estrategia para el acceso de lectores de todas las latitudes al corpus cultural que lo impactó a él en su propia juventud.

Este proyecto es diferente, nació en el patio de una casa azul en México DF, bajo el impacto y el asombro del encuentro con la obra de Frida Kalho. Por eso este libro que ha presentando en las ferias del libro de Latinoamérica es tan importante: ¿cómo asombrar con Frida, después de Frida?

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El reencuentro

“¡Cuántas páginas que me dedicaron! ¡Ocho!”, dice mientras sostiene un ejemplar de Cultura LIJ #27 donde salió el primer reportaje. A su lado, Sebastien Perez hojea el número 39 de Cultura LIJ. Benjamín Lacombe lo hace parar en el reportaje a Nicolás Arispe al ver la tapa del libro La partida. “Ese libro es muy bueno. Lo vi en la Feria de Bogotá y lo compré, es excelente.” Coincidimos plenamente.

Hace tres años lo entrevisté por primera vez. En ese entonces presentaba dos ediciones especiales: Seda, la novela de Alessandro Baricco, y La Biblia. Reviso las fotografías de ese día y allí está: la cartuchera con la imagen de Frida. Seguramente ya estaba sumergido en el mundo de Frida, ya estaba trabajando en la búsqueda de su Frida interior.

Hasta ahora su obra tiene que ver mayormente con reinterpretar obras ficcionales. Pero Frida Kalho es un personaje real que se ha convertido en un símbolo de la identidad latinoamericana. Ustedes, ambos, debieron deconstruir ese símbolo para reconstruirlo en sus propios términos. ¿Cómo fue ese proceso?

(Sebastien Perez) —En mi caso no partí del símbolo. La primera vez que la descubro es cuando fuimos a la Casa Azul. Y fue en el patio de la Casa Azul donde Benjamín me propuso que hiciéramos este libro juntos. Pero no tenía una representación previa. Ella en Francia no es conocida, de su obra hay un conocimiento muy superficial. Por lo tanto, no partí del personaje, sino de la persona a la que conocí primero al recorrer su casa: el lugar donde nació, creció y murió. Tuve la suerte de conocerla desde su hogar, desde un lugar de lo íntimo. Y luego, cuando volví a Francia, la seguí conociendo a través de sus escritos, de su correspondencia, de sus diarios. O sea que no trabajé sobre su imagen o la persona que ella representaba.

(Benjamín Lacombe) —En mi caso conocía el ícono de Frida, su símbolo. Ya había hecho otros personajes históricos, como María Antonieta y Leonardo Da Vinci. No era la primera vez que trabajaba sobre un personaje real. Pero a diferencia de esos casos, esta vez tenía fotos y videos, y otros elementos objetivos donde poder observarla. Era más fácil para poder acercarme visualmente al personaje, para poder trabajar su rostro.
Lo más difícil para mí fue mostrar su pintura con mi propia voz. Para mí era muy importante poder hablar de su obra, pero sin perder mi propia voz. No quería hablar de ella desde los rótulos que conocemos. Quería hacer un trabajo que regresara al artista, que es lo fundamental. Quería enfocarme en el vínculo entre su sufrimiento corporal y su obra.

—En el libro han trabajado con referencias a las pinturas de Frida Kalho, pero también incorporando citas textuales de ella. ¿Cómo ha sido ese trabajo de recopilación e incorporación de la voz de Frida en el texto?

(SP) —Al principio no queríamos hacer una biografía clásica; Benjamín quería que diéramos cuenta del proceso creativo. En realidad me costó mucho empezar el texto, porque era una estructura totalmente diferente sobre la que tenía que apoyarme. Fue un proceso totalmente diferente a otros trabajos anteriores.
Normalmente partíamos de un texto. Pero esta vez, como queríamos dar cuenta del proceso creativo, que era un proceso visual, no sabía por dónde empezar. Fue necesario que Benjamín hiciera un esquema, un story board, de cómo iba a ser el libro para poder pensarlo a partir de las temáticas que definimos. Recién así pude trabajar, a partir de tener una idea de cómo sería este sistema de troquelados, de diferentes capas. A partir de ahí fue todo más sencillo.
Yo había leído todo lo de ella. Estaba totalmente inmerso de sus escritos. Y seleccionamos las frases que más tenían que ver con los temas de cada sección. Una vez que había extraído las citas, pude empezar a abordar e hilar en torno de esas citas. La sentía a ella proyectada dentro de mí.
Las comillas surgen como un recurso para que el público pueda entender qué texto es de ella y qué texto es mío.

(BL) —En mi caso, en el tratamiento de las citas pictóricas radicó la mayor dificultad.
El caso de El ciervo herido fue muy complejo, porque si sacaba un solo elemento, toda la estructura de la pintura se derrumbaba. Cada elemento cuenta. Por lo tanto, tuve que quedarme muy cerca del original. Es una estructura muy bien pensada, donde todo está relacionado con el número nueve: son nueve árboles, nueve con las flechas, nueve ramas del árbol caído. Y todo elemento cuenta: un árbol roto, tenemos la tempestad en el cielo de fondo, pero el mar calmo. Y el número nueve permanentemente que, para las culturas mayas y aztecas, representa el renacer de todo. Frida pinta este cuadro justo antes de una operación muy importante, después de la cual podía morir o curarse definitivamente. Por eso la tempestad y el mar calmo. Lo que hice fue cambiar la posición de Frida o la cantidad de orejas −de las cuatro del original solo dejé dos−. Retirar o modificar el número de árboles o de flechas sería traicionar el simbolismo que habita en ese cuadro. En otros casos pude hacer una composición que fuese más mía. La otra dificultad fue la paleta de colores muy alejada de mi tendencia natural.

Ver artículo Entre Frida y Lacombe, de esta misma edición. 

El arte y el artista

—En Frida el dolor y la muerte están presentes todo el tiempo, pero al mismo tiempo su obra está plenamente viva. Hoy vivimos en una época en que nuestras vidas están muy expuestas y la intimidad pierde valor. ¿Es necesario que el artista encarne su obra?

(BL) —Depende mucho, para mí un artista tiene un solo deber y es con su obra. No tiene poder de representación. El caso de Frida es muy particular porque ella todo lo que tocaba lo convertía en ella misma. Todos los objetos de su casa son ella misma. En su casa, en la casa azul, casi no hay cuadros de ella, sino objetos de su vida cotidiana intervenidos: sus zapatos, sus muñecas, sus corsés. Es Frida. Todo es Frida. Eso es válido para el caso de ella.

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Ver nota del Museo Casa Azul, en esta misma edición.

(BL) —Pero hay otros artistas cuya obra habla por sí sola y habla mucho de ellos. En el caso de Ron Muek, él no da ninguna interpretación, no va a ninguna de sus inauguraciones, no le interesa dar claves para la interpretación. Recuerdo que la Fundación Cartier realizó un video donde otros artistas venían a interpretar su obra. Y se escuchaban explicaciones brillantes y contrapuestas acerca de la misma obra. En eso radica la potencia del arte, en que no hay un manual de cómo hay que hacer las cosas, sino formas particulares de hacer.

(BL) —Otros artistas pueden ser muy difíciles de entender desde el punto de vista plástico, como Sophie Calle. Pero luego la obra toma sentido. Lo interesante es el proceso de preparación, pero luego la foto final que ella toma no es lo que más interesa, no el objeto, sino cómo piensa ella el proyecto.

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(BL) —Lo que para mí es importante es que el artista debe dedicarse plenamente a su obra. Es de ese proceso creativo y sus revanchas. Este libro lo que muestra es el artista, pero también cómo hacer con la vida de uno un universo. Y, en el caso de Frida, con su columna rota ella arma su universo. Y es de ese proceso creativo que este libro habla. Cómo el arte puede ser una forma de resiliencia.

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