Escritor transfronterizo

Por Diego Javier Rojas

El chileno Mauricio Paredes ha conseguido con sus libros traspasar las fronteras. Hoy su obra circula por gran parte de Latinoamérica. 

 

Viajar a Chile es como abrir y cerrar los ojos. Llego a Santiago y de ahí al sur del país, a sus bosques lluviosos. En una cabaña me espera Mauricio Paredes para esta entrevista. Mauricio además de ser muy conocido en su país lo es también en Colombia, Perú, México por obras como Ay cuanto me quiero, Cómo domesticar a tus papás Los sueños mágicos de Bartolo. Este año se publicará su primera novela crossover (juvenil-adulto): Almas de la Tierra.

Con una amplia sonrisa, distendido y dispuesto a dialogar comenzamos la conversación.

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¿Cómo era Mauricio de niño?
Era un niño muy inquieto y de risa muy fácil. Una de las cosas que más me gusta en la vida, desde siempre, es aprender. Aprendí a leer muy pequeño, luego a tocar el piano, la guitarra, las ciencias y más tarde me encanté con la filosofía. No obstante, mi asignatura favorita en el colegio era recreo. Jugaba fútbol con mis amigos, hacíamos clubes y conversábamos sobre cualquier tema. Conversar siempre ha sido mi actividad favorita.

Aprendiendo a leer de tan pequeño ¿Cómo llegaron los libros a sus manos? ¿Dónde leía?
El amor por la lectura se lo debo a mis papás. En mi casa siempre hubo muchos libros, incluso en una época en donde no era tan fácil conseguirlos. Verlos a ellos leer fue el principal estímulo. La capacidad para leer en cualquier parte la desarrollé más grande, de niño me gustaba sentarme en invierno pegado a la estufa de kerosene o en lugares tranquilos y silenciosos. Recuerdo como libros importantes de mi infancia: La llamada de la selva, Mi planta de naranja lima, El niño que enloqueció de amor, Pacha Pulai y en particular cuando conocí, gracias a mis profesores de inglés, los libros de Roald Dahl. En ese momento fue que pensé ‘Yo quiero inventar historias como estas’.

También tiene el título de Ingeniero Electrónico.
Decidí ser ingeniero y escritor cuando tenía nueve años. Sé que es poco común, pero era un niño muy decidido. Y quería ser las dos cosas, no aceptaba la idea de dedicar mi vida a una sola rama del conocimiento. La tecnología me atrae por su lado creativo, lo mismo que la literatura. Cuando vea un juego de computación, más que querer jugarlo, quería saber cómo lo habían hecho. Por eso aprendí a programar computadores. La decisión de dedicarme de manera profesional y a tiempo completo a la escritura la tomé a los 28 años, en abril del año 2001.

La obra

La conversación continúa distendidamente mientras afuera la lluvia parece que acompañara la música del ambiente.  Mauricio me ofrece un café. Asegura que si estuviera en Argentina tomaría mate como lo hacía de pequeño, costumbre que compartía con su abuela que nació Argentina, pero que hoy no lo hace porque le trae mucha nostalgia.

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Hablemos de su primer libro publicado. ¿Que sintió al tenerlo en sus manos?
Mi primer libro lo publicó Santillana –hoy Loqueleo– en el año 2002, La cama mágica de Bartolo. Hasta el día de hoy me emociona y me parece increíble que los niños disfruten con algo que yo escribí con papel y lápiz, sentado en el comedor de mi casa. Me gusta que los escritores podamos pasar desapercibidos. A veces me pasa que me dicen ‘Te llamas Mauricio Paredes, igual que el escritor…’. En ocasiones les digo quién soy. Es muy gracioso, como Bruce Wayne revelando que es Batman.

¿Cuál de sus libros es su preferido y por qué?
Siento que si me muero mañana, al menos escribí Verónica la niña. Habla acerca de la amistad a toda prueba y la delgada línea entre la fantasía más intensa y la mentira. Ahora le tengo mucha fe a mi novela juvenil/adulto Almas de la Tierra. Pero debo esperar a que pase un tiempo para ser capaz de discernir si en verdad es buena. Mientras estoy escribiendo me importa un pepino lo que piensen los lectores. Cuando el libro está listo para publicarse sufro pensando en que lo que opinen los lectores será la verdad absoluta y el veredicto final. Recién cuando pasan un par de años puedo llegar a un juicio más objetivo sobre mi trabajo.

Usted es un ávido lector, pero en el transcurso del camino lector nos cruzamos con libros que merecen ser leídos y esos que luego nos decimos ‘como pudimos leer esto’. ¿Cuál es su lectura inconfesable?
Leo un poco basura para poder responder preguntas, porque la gente se acerca para recibir recomendaciones. Sé que es muy políticamente incorrecto dar una opinión frontal en los tiempos que corren, pero sufrí con El alquimista, Las 50 sombras de Grey y Crepúsculo. En todo caso, creo que cada cual es libre de leer lo que se le antoje. Lo de los placeres culpables no me pasa en el ámbito de la literatura, pero sí en el cine: gozo con Scary Movie o Resident Evil.

He observado en este tiempo que participa mucho de las redes sociales. ¿Cuál es la respuesta de los lectores por medio del Facebook?
Es una realimentación muy entretenida. Me imagino que a todos los autores les pasa más o menos lo mismo, pero me piden que escriba libros sobre temas específicos. Desde mamás que me sugieren que haga algo relacionado con la intolerancia al gluten o a la lactosa, hasta niños que me piden que escriba libros sobre ellos mismos. Como uno que me dijo que inventara un cuento en donde un niño con su nombre aprendía a explotar y amenazaba a sus padres con reventar la casa si no obedecían todo lo que él les dijera.

¡Vaya pedido te ha realizado un lector! ¿Y que sucede cuando esos encuentros son cara a cara con niños y docentes de los países que visitas?
Siento que es una responsabilidad importante como artista, una forma de contribuir de manera directa al bien social. Si mis libros son buenos van a trascender y generarán un beneficio mucho mayor en el largo plazo, pero las presentaciones de autor producen un impacto inmediato. He realizado más de mil encuentros en gran parte de Hispanoamérica y creo que el éxito de esas actividades tiene mucho que ver con que me muestro tal como soy y que el centro de cada charla o conferencia para docentes son propiamente los libros.

Hay muchos lectores que leerán esta entrevista, ¿Podría mencionar 5 libros que no pueden faltar en la biblioteca de un niño? Supongo que Roal Dahl en primer lugar.
Claro, Roal Dahl su obra completa, como así también la de C. S. Lewis, incluyendo las del espacio y también los ensayos. Oscar Wilde con títulos como El gigante egoísta, El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, Quino entero y Asterix  de la dupla Goscinny – Uderzo.

Al despedirme quedamos en la promesa que en su próxima visita a Argentina tomaremos mate e intercambiaremos libros para leer, porque la lectura tiene que atravesar fronteras.

 

 

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