Intervención urbana en resistencia

contexto-bibliocabina3Cadáver exquisito, se podría llamar hoy a las cabinas telefónicas que aun quedan en la vía pública. Son resabios de una larga época en la que las comunicaciones no eran portátiles ni universales. Ese mobiliario urbano en desuso, pensaron Los Lanzallamas, puede ser otra cosa.


Bajo ese espíritu, se acondicionaron dos cabinas situadas en la plaza principal de la ciudad de Resistencia en la provincia argentina de Chaco y se las reconvirtió en bibliocabinas: o sea bibliotecas sin puertas, sin llaves, al cuidado de los vecinos.

 

Todo el que pasara por allí podría retirar un libro, el que quisiera. Lo que se pedía era que o bien lo devolviera al terminar de leerlo, o bien dejara otro a cambio. Sin tarjetas de préstamo, sin reclamos molestos. Es tuyo, es de todos.

Este gesto -un estante, una veintena de libros acomodados y cartelería en los costados- puede ser una revolución en tanto contrasentido. Tras el anuncio los periodistas inquirieron: ¿No tienen miedo que se lleven los libros? ¿Acaso no les preocupa el vandalismo? ¿Y si nadie los lee? ¿Y si se estropean con la lluvia? “La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos”, contestaría Alejandra Pizarnick.

 

Del taller al colectivo

Los Lanzallamas nacen como un club de lectura que tiene su espacio en el café Macedonio, situado en la calle Vicente López y Planes 571 de la ciudad chaqueña. Todos los meses convocan a un escritor sobre el que están trabajando para dialogar. Todos los meses avanzan en lecturas compartidas en la horizontalidad de la tertulia. No se trata de grandes literatos, ni gente de las letras. Son contadores, médicos, taxistas, psicólogos, empleados administrativos. Lo que tienen en común es el interés por la literatura y las ganas de convidar a los demás con esas lecturas.

Con cierta naturalidad dado el apetito acumulado, comenzaron a pensar en formas diversas de acercar a otros, a muchos otros, a todos los que pudieran, a los autores y las obras que a ellos tanto interesaban. La bibliocabina fue una iniciativa interesante, para la que tuvieron que conseguir apoyo de otros organismos: la plaza es un espacio público y por lo tanto regulado, las cabinas están bajo tutela de la empresa telefónica.

A veces no alcanza con poner los libros a mano, eso ya lo sabemos. Entonces, hay que contagiar, ayudar a romper el hielo a quienes aun no se les atreven. Entonces se subieron a los colectivos de la línea 5. En grupos de cuatro o cinco integrantes pedían permiso al conductor y comenzaban a leer cuentos o poesías a los pasajeros. Un párrafo cada cual. Se invitó también a éstos a leer algunos pasajes.  Y el libro avanzaba de asiento en asiento, de mano en mano, como en ronda de mate.

Dado que sobre el trayecto del colectivo 5 uno de los escritores emblemáticos de la ciudad, Miguel Ángel Molfino, había escrito una crónica, lo invitaron a subirse al “colectivo”. Y así compartió la experiencia con los Lanzallamas presentes y con el público improvisado.

El relato había sido escrito en 1985, un año y poco más desde el regreso a la democracia en la Argentina. Ante las nuevas elecciones legislativas la libre expresión ya se sentía vibrar. Luego de años de plomo y (auto) censura en los que las paredes que habían permanecido blancas e intactas so pena de cárcel, ahora se “ensuciaban” con consignas partidarias, declaraciones de amor y riñas deportivas. A esa irrupción sanadora, Molfino le dedicaba su crónica. Que treinta años después era leída y resignificada por el mismo autor a los pasajeros circunstanciales del colectivo.

Previsibles aplausos finales, quien pudiera recorrer la ciudad junto con los artistas que la homenajearon. Quien pudiera sorprenderse en el regreso a casa con la literatura viva, hecha voz, hecha cuerpo, hecha ronda.


Continuará

¿Es posible abrir y ampliar el círculo restringido de la cultura letrada? La respuesta afirmativa resulta obvia para todos nosotros; los métodos para convertir una intención en una realidad no tanto. Los Lanzallamas siguen buscando más y más respuestas a esta pregunta. Por eso este no es un final, solamente un continuará…
Para contactar a Los Lanzallamas:
Facebook: /clubdelecturaloslanzallamas2016
Email: bibliocabinachaco@gmail.com

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  One thought on “Intervención urbana en resistencia

  1. diciembre 23, 2016 en 3:40 am

    conmovedor

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