La Ilustración, 127 años después

Por Valeria Sorín
Robert Darnton dio una conferencia en la Biblioteca Nacional de la Argentina acerca de cómo hoy internet cumple el proyecto de la Ilustración del siglo XVIII. El historiador estadounidense había sido convocado por la Red de Editoriales Universitarias Nacionales (REUN) y la Carrera de Edición de la Universidad de Buenos Aires, con el apoyo de CONABIP, Biblioteca Nacional y Fund. OSDE.

darnton3Comienza su exposición mostrando fotos de la época en la que era estudiante en Oxford. Rejas poderosas terminadas en peligrosas puntas custodiaban el perímetro, cual muro del castillo medieval. Los alumnos que luego de la hora establecida no estuvieran dentro debían esperar hasta la mañana para acceder a sus dormitorios, o bien atreverse a trepar y saltar dentro. Un joven Darnton ríe desde la pantalla trepado a las espaldas de un compañero: trasnocharon e intentan ingresar por muros altos y afilados. En el centro del campus: la biblioteca. El conocimiento custodiado por una elite bien elegida.

Tal vez por eso, la Ilustración europea en el siglo XVIII fue una utopía tan inspiradora y la enciclopedia publicada por Denis Diderot en Francia −17 volúmenes en folio, más otros 10 volúmenes de ilustraciones, o sea casi siete kilos de papel, 100 autores, miles de entradas−, la promesa cumplida de compendiar racionalmente todo el saber acumulado acerca de las artes y las ciencias. Imposible publicarla bajo la censura reinante en Francia. Imprescindible su distribución para dar solidez a la revolución en ciernes. Y así, en ese marco intelectual, nacen las repúblicas bajo la consigna de “libertad, igualdad y fraternidad”.


El proyecto iluminista dos siglos después

Robert Darnton siente cumplido el recorrido de su carrera. Luego de investigar y documentar por años las transformaciones de la sociedad francesa en el siglo XVIII a través de la historia del libro y la actividad editorial de la época; luego de estudiar los mecanismos de censura en lugares y épocas tan diferentes como la Alemania nazi y la India colonial, ahora dirige la biblioteca de la Universidad de Harvard. “Una universidad que nació alrededor de la donación de un particular de una primera biblioteca de 400 ejemplares en 1638”. Ese tesoro tenía tal envergadura que fue suficiente razón para armar en torno de él una Academia. La biblioteca de Harvard tiene hoy más de 12 millones de libros.

La salud de la república depende la información del ciudadano”, explica Darnton.

Los más difíciles de saltar son los muros invisibles. Porque si hay bibliotecas públicas en todas las ciudades y pueblos norteamericanos, las barreras culturales siguen allí presentes separando la nobleza de la plebe. A no ser…


-¿Cuál fue el motivador de tantos años de investigación?
Quise comprender cómo el libro ingresa a la sociedad y cambia la forma de pensar de la gente. Cuando me gradué, no existía la historia del libro como disciplina. En breve tiempo las contribuciones de Roger Chartier en Francia y Donald MacKenzie en Gran Bretaña permitieron empezar a dar cuenta de un área específica del conocimiento. La historia del libro tiene que ver con la historia de la tecnología, del transporte, de los usos y prácticas de los lectores.

-Gonzalo Oyarzún, el director del Sistema de Bibliotecas Públicas de Chile, sostiene que las bibliotecas están llamadas a ser en el siglo XXI lo que fue la plaza pública en la antigüedad griega.
Estoy totalmente de acuerdo. He visto esta transformación con mis propios ojos. Yo integro el consejo directivo del sistema de bibliotecas públicas de Nueva York, lo que me ha dado la oportunidad de seguir la evolución de las actividades de sus 88 bibliotecas. Estas son en cada barrio el corazón de la comunidad. Aún acude a ellas la gente para sacar préstamos de libros, pero sobre todo asisten en busca de servicios: para hallar información en internet o para conseguir ayuda para resolver cuestiones de la vida cotidiana donde interviene lo burocrático: encontrar trabajo y llenar formularios on line, realizar trámites para sacar la licencia de conducir, realizar las tareas escolares, incluso para trabajar si el barrio es peligroso.
La biblioteca pública debe ser amigable con el usuario y ofrecerle un espacio neutro. Sí, es como el foro romano, pero más democrático, ya que la noción de ciudadano hoy es más amplia.

-Siguiendo esta línea, ¿podemos pensar que internet cumple y cierra el proyecto iluminista?
Totalmente. Hablábamos antes de la enciclopedia que lleva a cabo Diderot, en ella trabajaron 200 personas. Wikipedia tenía más de 77.000 contribuyentes, 365 millones de lectores y más de 300.000 artículos hasta la última vez que me fijé. Y es free, que en inglés significa tanto libre como gratuita. Es el sueño de una República de las Letras.
Pero la manifestación de la utopía estadounidense acerca de la participación ciudadana en la custodia y circulación del conocimiento la lleva la actual biblioteca pública digital de Estados Unidos (Digital Public Library of America, o DPLA según sus siglas en inglés). Funciona bajo el dominio https://dp.la/ y reúne textos con derechos de autor vencidos, fotografías, documentos históricos de todas las bibliotecas del país.

Y este es el proyecto que más lo entusiasma. Las bibliotecas están convocando a las personas de sus comunidades a colaborar escaneando y compartiendo sus propias fotos en la construcción de un histórico de las imágenes de cada pueblo, de cada ciudad. Gracias a la participación de estos voluntarios, espera Darnton que cada comunidad amplíe el conocimiento de su propia historia.

Volvemos a los números: actualmente se pueden encontrar allí 13 millones de obras. Participan más de 2000 instituciones y tiene acceso desde todos los países del mundo. Además de la búsqueda por palabras clave, se pueden realizar recorridos previamente curados: son las exhibiciones.

Quienes estamos en este lado del globo sabemos que no se trata solamente de hacer disponible un documento para que efectivamente se socialice en tanto conocimiento. Pero no deja de ser un proyecto al que ponerle atención.

 

 

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