Dos por uno en #EscenasLectoras

#EscenasLectoras por Daniela Azulay


Sorpréndase

Si lo que mira es apenas color que puede combinarse para ser una cara que pueda ser un gesto que puede transformarse en pájaro que puede ser el talismán que puede desencadenar una tormenta que puede arrasar con un bosque que puede reverdecer un día que puede llegar en cualquier momento. Que puede tomarlo de sorpresa imaginando algo que no esperaba ver… puede tomarlo de sorpresa imaginando algo que no esperaba ver.

Y me sorprendo, leyendo Obvio −que nada tiene de obvio−. Y he visto leerlo muchas veces. Por ejemplo, estas dos.

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En Intiyaco, Laura Escudero Tobler lee Obvio totalmente
entregada y por primera vez, jugando el juego por el que ya habíamos pasado varios: leerlo y darle una devolución a su autor, que en el caso de esta lectora concentrada, está de espaldas, mirando lontananza.

#EscenaLectora-2

O el lector atento que no puede creer que un libro “para chicos” lo atrape y se ríe y comenta la lectura y se devora el libro entero con el café de después de comer. Mi padre es este lector, que fue el intermediario, ya que recibe los ejemplares de Obvio que el autor me deja en su casa, porque son medio vecinos. Yo aprovecho para almorzar con él. Y mientras yo como, él observa. Se sorprende con la dedicatoria, la mira una y otra vez, y necesita volver a mirarla para desentrañar qué parte está impresa y cuál no.

Podría seguir contando las escenas lectoras que Obvio me regala. Pero los caracteres son tiranos y elijo invitarlos a ustedes a que se sorprendan, entre delirio y poesía, con Obvio.

Porque yo me emocioné, me sorprendí, me divertí, me quedé detenida en el humor, la filosidad y la poesía de las palabras que, combinadas, invitan a detenernos, entramados entre texto e imagen, a girar el libro, a volver atrás a ver todo lo que pide esta segunda persona de cortesía, que te dice lo que tenés que hacer y lo que no, que dialoga con vos, que te tiene en sus manos.

Y sí, Obvio te tiene en sus manos, desde la tapa hasta la contratapa, en la que nos advierte:

“Debo decirle que en esta oportunidad la sorpresa y el imprevisto esperan a cada vuelta de página, así que lo más efectivo es que se libere de cualquier medio de transporte conocido y vaya de a pie, al ritmo de su propia y original lectura. Ya lo dijo el profeta Amulatías: ‘Lento no solo rima con atento, sino también con contento’. Obvio”.

Es de Istvansch. Obvio.

 

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