El salto evolutivo

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín
Si soy docente, ¿para qué presentar ponencias en congresos y jornadas?

No parece sensato sumar pendientes a la tarea anual de planificaciones, clases, seguimiento de alumnos, entrevistas con padres o autoridades, actos, salidas escolares, capacitaciones, lecturas, más todas las otras ocupaciones de las que está plagada la vida adulta.

Si soy bibliotecario, ¿para qué presentar ponencias en congresos y jornadas?

Ya bastante tiene uno con el esfuerzo cotidiano de justificar la tarea −porque aun hoy dentro de los espacios institucionales es necesario sostener la definición de nuestra especificidad−. Sumado a la planificación de actividades en la biblioteca y desde ella, ocuparse del acervo y toda la burocracia necesaria para que pueda crecer −entendamos presupuestos, gestiones con editoriales, análisis de catálogos, etc.−, más la vida virtual de la biblioteca, porque sin presencia en redes casi no hay existencia.

Pero por otra parte, ¿qué de mi práctica puede ser transformable en una ponencia? ¿Qué cosa que no se haya dicho antes en todos los libros, blogs y artículos que han aparecido en todos estos años sobre la lectura y la práctica de hacerla real?

En la producción social del conocimiento

Los congresos y jornadas son un espacio de socialización del conocimiento. Allí la escritura se vuelve menos utilitaria, se separa de la eficacia del formulario para llevarnos a un lugar de comunicación y construcción con otros. Una ponencia no busca dar cuenta de lo ocurrido (un festival de poesía, cantidad de asistentes o los pasos para prepararlo), sino del análisis de esa tarea: ante qué diagnóstico se hizo necesaria la actividad, qué preguntas hubo que contestar para planificarla, cuál era el impacto esperado y en qué medida lo ocurrido se desvió de lo previamente pensado, qué transformaciones se dieron en la población afectada o en las instituciones involucradas, por ejemplo.

Una ponencia expone un problema y su análisis sobre la base de una hipótesis de trabajo, por lo que implica encontrar un punto de vista, nuestra voz, y ordenar el discurso entorno a un eje. Significa la práctica de abandonar los adjetivos para pensar basándose en verbos y sustantivos.

Escribir ponencias sirve para ejercitar la elaboración teórica. Precisa poner distancia crítica y releer lo ocurrido des-involucradamente. Distinguir hechos de resultados. Partimos de datos sueltos que, en la medida que son atravesados por la escritura y el análisis, devienen en conocimiento. Y todo esto antes de llegar a la mesa de exposición, antes aun de pasar por la evaluación del comité organizador de ese evento.

Insistir en promover

Hace ocho años, cuando nacía Cultura LIJ, los espacios de publicación y exposición de investigaciones estaban acotados al ámbito académico. La revista se proponía entonces dar cuenta de la impresionante producción de experiencias y buenas prácticas que florecía en todo nuestro continente. Queríamos visibilizar tanta efervescencia: desde el aula misma −inicial, primaria, secundaria, universitaria−, volviendo a la biblioteca como protagonista de la actividad cultural, agitando el espacio público con intervenciones colectivas.

Creemos haber aportado a tal fin. Y sin embargo aún es necesario insistir en pos de superar la fragmentación de espacios, de tiempos y de saberes. Reclamar la palabra, porque es nuestra. Seguimos convocándolos a producir y poner en circulación. A confrontar experiencias, para evolucionar de promotores de lectura a hacedores de conocimiento.

 

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