Y entonces se hicieron libros…

Por Daniela Azulay

Pongamos el foco hoy en las publicaciones realizadas a partir de producciones de niños y jóvenes llevadas a cabo en talleres de lectura y escritura en contextos comunitarios.
Allí donde hay talleres que publican, hay, siempre, un adulto que recopila, elige, edita y en esa tarea hay una mirada que nombra.

Algunas publicaciones, muchas preguntas

A partir de algunas publicaciones realizadas en diferentes espacios comunitarios del país, podríamos decir que son claves las posturas que elijan los coordinadores de talleres y editores de este tipo de obras.

En relación a la observación, vienen algunas preguntas. ¿Cómo incide la mediación en las publicaciones que se construyen a partir de las producciones realizadas en talleres de literatura infantil y juvenil? ¿Cómo son consideradas estas publicaciones realizadas? ¿Son legitimadas como material literario, o son “otra cosa”? ¿Cuáles son los objetivos que se persiguen con estas publicaciones? ¿Cómo llegan estos libros a las bibliotecas comunitarias y escolares? ¿Se leen? ¿Circulan? ¿Son elegidos por los mediadores de como material de lectura? ¿Quiénes son los autores de estas publicaciones? ¿Qué sucede con la palabra de los mediadores/adultos en dichas publicaciones? ¿Qué lugar ocupa el discurso del adulto en estas publicaciones? ¿Qué tipo de influencia tiene la lectura de literatura en las publicaciones realizadas con producciones de niños, niñas y jóvenes? ¿Qué rol tiene el editor en este tipo de publicaciones? ¿Qué espacio real de circulación tienen estas publicaciones entre sus autores y el entorno de los mismos? ¿Se generan conversaciones a partir de la lectura de las publicaciones realizadas por niños y jóvenes?

Desde donde zarpamos

Dice Daniel Calmels: “Cuando lo espontáneo- voluntario se carga de marcas personales, de gestos propios, de la historia de vida, se transforma en algo auténtico, y por lo tanto puede cobrar el valor de autoría, siendo ella la que nos da autoridad.”

Los libros que se editan y publican a partir del trabajo en talleres de lectura y escritura son nombrados como literatura desde el discurso, pero a veces parecieran legitimarse como tal y otras no. ¿Cuáles son los objetivos que se persiguen con la realización de este tipo de publicaciones? Tal vez no sean siempre los mismos. Hay o parece haber una dicotomía entre lo que se dice y el cómo circulan y se leen este tipo de obras. Se propone escribir un libro, eso está claro. Pero luego ese libro, ¿en qué estante se acomoda? A veces da la sensación de no ser considerados como productos culturales y artísticos válidos para ser material de promoción de la lectura por los mismos mediadores que los promueven. No están en los estantes de la biblioteca, si no atesorados en un estante cerrado atrás de un escritorio. O guardado para ser mostrado, pero no leído.

Leer y escribir

María Teresa Andruetto y Lilia Lardone en su libro El taller de escritura creativa, en la escuela, la biblioteca, el club subrayan el valor del trabajo a conciencia con las palabras y el de la reescritura. El taller de escritura se delimita como un espacio que permite nuevos encuentros con textos literarios, nuevas lecturas, relecturas, puestas en común, donde pueda y deba circule material diverso que vaya renovando y enriqueciendo la vinculación con la palabra.

Sostienen, y yo comparto plenamente, que no puede haber un taller de escritura sin lectura. El taller como un camino exploratorio, como recorrido, como lugar y punto de encuentro entre libros, lectores, mediadores y autores. Y en esa dinámica, leer, escribir, volver a leer, conocer las palabras, apropiárselas, generar nuevas combinaciones.
La diferencia está en una tensión, entre motivar y dirigir, en cómo y qué proponer, en no tapar el discurso de niños, niñas y jóvenes que escriben.
Y en que esos libros, que llegan a otras bibliotecas, circulen, sean parte de la mesa de libros, estén en los estantes junto con otros libros, de otros autores.

Dice Liliana Quillay que “El taller de las palabras” de la Asociación CHICOS de Rosario realizan una publicación quincenal que se llama Tirando plumas que se publica desde el año 2003 y en 2014 crearon El libro de las palabras. “En el surgimiento del Tirando Plumas los integrantes del taller participaron de la elección del nombre, del formato, de la decisión de seleccionar es decir, de la necesidad de elegir, en el primer momento fue participativo, después la hechura, la selección, el copiado, lo hago todo yo. Es un producto dentro de otro producto, también permite mostrar lo que producen los chicos pero también muestra la institución que contiene ese hacer.”

Sostiene Liliana que la publicación es literaria. Ahora, ¿es literatura? “No sé si es literatura para ellos. Asistan o no asistan al taller, el Tirando plumas trasciende el espacio del taller, y tiene prestigio, reconocimiento, en los otros espacios de la institución. Los criterios de edición cambian según las épocas y los grupos, por los criterios, por las circunstancias, no las necesidades distintas, es una herramienta para distintos propósitos, para establecer vínculos entre ellos, entre la institución y otros, una carta de presentación hacia el afuera. Que necesita ese chico, ese grupo, y ese también es un criterio para la edición y la publicación, además o aparte del literario. Lo cierto es que los chicos, cuando vienen a la biblioteca con un amigo que no conoce el espacio, muestran las publicaciones con orgullo, como una carta de presentación”.

También se trata de la emoción que produce en los chicos encontrarse con su propia obra tiempo después, y me refiero a años después… tener documentada su palabra de niñito pequeño por ejemplo me parece algo muy valioso y que se puede leer en sus caras cuando releen sus producciones… genera mucha sorpresa, como si se preguntaran ¿yo escribí eso?

Estos trabajos son también una apuesta a qué se repliquen estas experiencias, a que algo de eso suceda en otros espacios de lectura, escritura, con otros niños, niñas, y jóvenes. Son inspiradores y disparadores de propuestas.

“Y si uno lee publicaciones de distintos años de una institución puede configurarse algo de la historia de la misma” dice Ivana Sosnik, coordinadora junto a Daniela Goldín y Ailén Barbagallo del Taller de escritores de La Vereda. “En los prólogos, en los modos estructurar los libros, en las propuestas de escritura o creación plástica incluidas, en el “Propuestario” donde se explica cómo surgieron las obras, en los agradecimientos, creo que se arma una idea de la historia institucional y de sus protagonistas.”
Algo hay en claro, para la elaboración de estas publicaciones se atraviesa una experiencia artística, creativa, íntima y grupal, que luego se convierte en libro y sale a navegar su propio derrotero.

Mi opinión: démosles lugar en las mesas de libros, en los estantes de las bibliotecas, en los ojos de quienes los lean.

  One thought on “Y entonces se hicieron libros…

  1. Gabriela Nuozzi
    febrero 1, 2016 en 5:42 pm

    Hola , buenos días. Mi nombre es Gabriela Nuozzi y trabajo en una escuela en el partido de Gral San Martín.

    Necesitaría si es posible, datos de feriantes. Trabajamos con diferentes organizadores de Ferias del Libro escolares y estamos buscando nuevas propuestas.

    En general, en las redes, aparecen los feriantes con quienes ya hemos trabajado.

    Bueno, desde ya, muchas gracias. Saludos cordiales. Gabriela Nuozzi Jefa del Departamento de Castellano Escuela Holters

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