Andrea Ferrari

Por Diego Javier Rojas

Diálogo atrapante con Andrea Ferrari, una de las escritoras sobresalientes de la LIJ.

Nos encontramos en el bar de una librería donde el aroma del café y las bibliotecas repletas nos introducen en una charla acerca de sus lecturas y sus inicios en la escritura.

¿Qué lecturas la acompañaron durante su infancia?

Tuve muchas etapas lectoras diferentes en mi infancia. Me acuerdo de algunos libros en particular, porque los leí muchas veces. Los de la colección Robin Hood, por ejemplo, Azabache, Mujercitas. O Papaíto piernas largas. Y todos los de María Elena Walsh. Luego tuve una época en que devoraba colecciones de aventuras, de autores como Enid Blyton. Y en la adolescencia me apasionó el policial, especialmente Agatha Christie.

Como gran lectora, seguro tiene esa lectura inconfesable por así llamarla, esa que uno dice no pude haber leído esto.
Supongo que hubo más de una así. La que recuerdo ahora es El diario de Bridget Jones, que me prestó una amiga. No es una lectura de gran calidad, pero debo decir que lo terminé.

¿Qué recuerda sobre su primer cuento o poesía?

Creo que el primer cuento lo escribí a los nueve años en el colegio. No recuerdo el título, pero sé que los protagonistas eran ratones. Y que, para mis parámetros en ese momento, era larguísimo: unas dos carillas. Me valió una felicitación de la maestra y puntos para mi equipo. En verdad no me acuerdo de qué se trataba eso del equipo, pero sé que por un día me hizo muy popular.

¿Cuándo dijo quiero ser escritora?

Creo que nunca dije quiero ser escritora. Simplemente sucedió. Yo era periodista y pensaba seguir siéndolo. La ficción era un hobby, hasta que un día dejó de serlo. No lo planifiqué

¿Y del periodismo a escribir para chicos?

Empecé escribiendo para mi hija cuando era muy chica. En principio era un juego: ella era el personaje central de las historias y eso le encantaba. Después descubrí que a mí también me encantaba escribir esos cuentos y me decidí a avanzar.

Un avance que habrá llegado con la primera publicación ¿Recuerda cual fue ese primer libro?

Sí, mi primer libro fue Las ideas de Lía. Salió en Colihue, en el año 2001.

Por el sendero de los libros

A esta altura el café fue desapareciendo de nuestras tazas, pero los libros seguían presentes. Momento de pedir otra ronda de café y continuar dialogando.

Actualmente tiene publicados más de quince libros ¿Cuál es su favorito?
En general me siento más cerca de mis últimos libros, supongo que porque tienen más que ver con mi búsqueda actual. Ahora podría mencionar Los chimpancés miran a los ojos, Zoom o La velocidad de la música. Y El camino de Sherlock tiene un significado especial para mí porque me acercó a muchos lectores que se comunican espontáneamente y ese contacto me resulta muy rico.

¿Qué prioriza de ese contacto con los chicos lectores?

Los momentos distintos. Después de visitar muchas escuelas, todos los encuentros y las preguntas se parecen. Hasta que, muy de vez en cuando, alguien sale con algo totalmente diferente: eso me gusta. También me gustan las inquietudes de los chicos que escriben.

Si usted no hubiera sido escritora, periodista ¿Qué otra profesión tendría?

Pienso que habría sido algo vinculado a la palabra escrita, siempre anduve por ahí. Estudié para ser traductora, pero ejercí poco esa profesión porque pasé enseguida al periodismo gráfico.

¿Cómo imagina escribir sagas como las de Sherlock o Sol de noche?

Fueron dos casos muy diferentes. A la saga de Sherlock no la planifiqué. Escribí primero El camino de Sherlock y unos tres años después pensé que me gustaría hacer una secuela cambiando el punto de vista, ahí surgió No es fácil ser Watson. Y finalmente me propuse el tercer libro, No me digas Bond, para cerrar la historia. En cambio Sol de noche fue pensada de entrada como una serie, con elementos de continuidad entre cada libro y enigmas que recién se resolverán al final.

La magia hizo que el tiempo se detuviera para hablar sobre libros, lecturas y temas afines. Revisando los estantes del local me vuelvo a preguntarle:

¿Podrías mencionarme algunos libros que no debieran faltar en la biblioteca de un chico?

Me cuesta hablar de infaltables porque creo que las búsquedas son muy personales y no hay que condicionarlas. Prefiero no decirle a un chico hay que leer tal y tal libro, eso tiende a espantar al que por algún motivo no se siente atraído por esos títulos. Creo que si tuviera que elegir hoy libros para regalar a un niño lector que conozco poco, pensaría en algo de Walsh, algo de Montes, seguramente algún Dahl, quizás algo de Nöstlinger. Pero sobre todo trataría de ver para dónde va ese lector.

En este caso la escritora se retira, el lector va a recorrer los estantes del sector infantil buscando Las ideas de Lía porque al mejor lector siempre le quedan lecturas en espera.

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