Cuando el estado publica

La Biblioteca Nacional ha entendido que su intervención en garantizar la disponibilidad de obras y autores no podía quedar solo en la función de reservorio.
¿Por qué una biblioteca publica? ¿Por qué su dirección ha sentido la necesidad de impulsar publicaciones tanto periódicas como libros y facsímiles? Dicen que a un editor se lo conoce por su catálogo, y si interrogamos el catálogo de publicaciones de la Biblioteca Nacional la respuesta a estas preguntas se materializa. La Biblioteca publica porque de algunas cosas solo puede ocuparse quien le incumbe la memoria cultural de los pueblos.

Primeros pasos

La Biblioteca Nacional sostiene desde hace bastante más de una década dos publicaciones periódicas: La Biblioteca, un semestral impreso con debates culturales profundos alineados alrededor de un eje por cada número. Y http://www.abanico.edu, una revista literario digital con seguidores en todo el mundo.

Ya en estos últimos años, la Biblioteca Nacional sorprendió recuperando la producción de las revistas culturales y literaria que fueron insignes en su época, como Contorno –dirigida por los hermanos Viñas– o Literal –mítica revista de los años setenta, dirigida por Germán García, Osvaldo Lamborghini y Luis Gusmán–.

También ha sido significativo el trabajo en recupero de la historia de la historieta en nuestro país, ya desde el cuidado en el acervo, como en la publicación de cuatro libros nacidos de la investigación de Judith Gociol Historietas Argentinas.

Y los chicos también

¿Entonces, qué debería publicar la Biblioteca Nacional para el público infantil? ¿Acaso la institución recibe a los pequeños, tiene un espacio específico? ¿Cómo se insertan los habitantes pequeños en esta línea de trabajo cultural?

Nuevamente será el catálogo el que hable. Quelonios es la colección de publicaciones pensadas para chicos de la Biblioteca Nacional. Los libros publicados hasta ahora tiene dos formatos: uno más grande, que incluye cuentos de autores argentinos, otro más pequeño donde se incorporan al mapa de la cultura de la infancia al menos un autor por cada país de Latinoamérica. Esta última propuesta tiene un lado muy interesante, ya que han elegido para hablar de Brasil a Clarice Lispector y para hablar de México a Elena Poniatovska, dos autoras que no son conocidas por sus libros infantiles claramente, pero que introducen de lleno al centro de la cultura de esos países. Por supuesto, como corresponde a la política lingüística liderada por el Museo de la Lengua, dependiente de la Biblioteca Nacional, los cuentos de autores argentinos hablan en argentino, los cuentos de los autores de cada país latinoamericano hablan en su versión local. No se allana ni –en términos mafaldiano- se pavimenta la lengua, sino que permanece con su grumosidad distintiva. Al fin y al cabo, en esos grumos se asienta la identidad de un pueblo.

Los libros circulan tímidamente por librerías, y se los puede solicitar en la distribuidora www.la-periferica.com.ar

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