Palabra en el viento

Por Laura Demidovich y Valeria Sorín

En el principio fue el verbo”.  No el sustantivo, ni el adjetivo, ni el pronombre. Porque antes de señalar a unos y otros, antes que nada mejor ponerse a hacer.

Sin embargo, según la construcción judeocristiana, lo primero que hace el dios es hacer cosas: cielo, tierra, luz, planetas, paisajes, animales, y entre ellos al hombre. Lo cierto es que no los calificaba, los hacía y según la misma tradición los dejaba ser. El libre alberdrío, que le dicen.

Para describir, para calificar, para comparar hizo falta que al menos hubiera dos seres viviendo en el lenguaje. Y si, ahí llegamos a la parte por todos conocida: una manzana que parece tan apetitosa, el árbol del conocimiento, la pérdida para siempre de la inocencia.

Correspondencia

Cuando en el siglo XIX el hombre inventa la cámara fotográfica, poblaciones enteras adoptaron la costumbre del retrato, que antes era potestad de unos cuantos frente al pintor. En los arcones de todas las familias se encuentran esas fotos sepias individuales o de grupo familiar, o incluso el bebé acostado con la colita al aire.

Cándido López fue fotógrafo daguerrotipista, solo que dado la enorme preparación que era necesaria para cada toma, prefirió dedicarse a la pintura. Lo que más le gustaba era poder retratar el instante, captar lo que pasa cuando pasa, al menos en bocetos que luego pudiera terminar con ayuda de su memoria.

Digan que no había cronistas de guerra y cámaras instantáneas, porque nos hubiéramos perdido a una producción impactante.

Fue enrolado en la guerra de la Triple Alianza y ahí perdió movilidad de su brazo derecho. De regreso, manco, le costó años volver a pintar. Pide ayuda al gobierno y le dan una pensión a cambio del encargo de una serie de cuadros, su obra perdurable, donde narró una historia gráfica acerca de dicha guerra.

Volver al origen

Los artistas plásticos contemporáneos a la fotografía se encontraron libres de la función referencial en sus obras. Al menos ya no hacía falta mostrar lo que se veía en su carácter preciso. Ahora se podía mostrar la pincelada (impresionismo), el impacto en el alma del artista (expresionimo), e incluso trabajar sin elegir perspectiva sumando todos los puntos de vista al mismo tiempo (cubismo), enseñar su ideología (constructivismo), dejarse llevar por la fe en el progreso (futurismo), o descomponer incluso su lenguaje (textual y visual) hasta quedarse con lo más básico (dadaísmo).

Ser y estar en el lenguaje luego de la pérdida de la inocencia, luego de saber, no es cosa simple. Si un cuadro de Miró o de Picasso pueden parecer hechos por un niño, ese es su mayor logro.

Palabras sopladas

¿Dónde habita la grandeza de los textos de Laura Devetach? Al igual que Miró, ella construye con palabras y formas concretas y muy usadas. Como Picasso es capaz de adjetivar con sonidos básicos: un grano muy pupipú, un cuento puaj. Como los niños, como en las casas de todos nosotros. Arte con palabras de todos. Profundidad en la simpleza.

Ser y estar en el lenguaje francamente, aun después de conocerlo todo.

Y así queda definido el Arte.

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