Viaje al futuro

El equipo del Plan de Lectura trabajó dos años en el proyecto que trajo al futuro la colección de libros infantiles con la que el Centro Editor de América Latina hizo punta en los años 60 en la Argentina.


No había archivos digitales; porque ocurrió en una época en la que el trabajo de diseño –a cargo del compaginador– tenía mucho de recortar, pegar, armar en el espacio de la página a mano. Recién cuando se debía ir a imprenta el original se procesaba para realizar las películas (una por color), similares a las de los rollos fotográficos antiguos.

De los originales Cuentos del Polidoro han permanecido los ejemplares impresos, sobre todo en manos de los que los amaron y atesoraron y compartieron con varias generaciones de niños. Porque los originales son de la década del 60’, el Centro Editor de América Latina (CEAL) los publicó entre los años 1967 y 1968.

Y si hoy vuelven a todas las escuelas del país es gracias a sus lectores amorosos y fanatizados.

El regreso

Ya hacía tiempo que Gerardo Cirianni insistía con republicar esta colección iniciática dentro del Ministerio de Educación. A finales de 2012 “Isol se acercó al Plan de Lectura para proponer esta reedición”, nos cuenta Adriana Redondo, directora del Plan de Lectura. Es que Isol siempre remarca lo fundante que fue para ella y su hermano la lectura de estos cuentos. Publicados en revistas originalmente, la artística de esos libros era en sí una revolución. Y no es para menos, Marina Díaz, hija del director de arte Oscar Díaz, sostiene “Los Polidoro fueron una ruptura por el eje. La gran innovación de los Polidoro es que convocaron a artistas plásticos para ilustrarlos”. Ilustradores y escritores estaban liberados de toda misión.

5, 35, 2015

Retipeados, escaneados, consiguiendo los libros en las bibliotecas insignes como La Nube, pero también entre los estantes particulares de Adriana y su equipo, se consiguió reunir en cinco tomos 35 relatos seleccionados, donde se pueden encontrar a todos los autores que participaron en los Polidoro.

Boris Spivacov fundó el CEAL cuando la dictadura de Onganía interviene Eudeba y él queda fuera de la editorial universitaria. Precursor y responsable de las ediciones económicas que se vendían en los kioscos de diarios como Capítulo, Cuentos del Chiribitil (recientemente rescatados por Eudeba), Los hombres de la historia (biografías en fascículos), y los Polidoro.

Desde su inicio en 1966, el CEAL fue una de las experiencias editoriales más importantes de Argentina y una de las editoriales que más censura sufrió durante la última dictadura militar. La imagen que circula por redes de la pirámide de libros incendiada pertenece a la profanación que la dictadura realizó en los depósitos de la editorial.

Aunque parezca utópico, Boris Spivacov trabajaba para que sus libros no fueran más caros que un kilo de pan. Libros para todos, decía. Y todos, era todos.

Recuerdos encerrados

La memoria familiar sale a flote y da cuenta de una vivencia común. “Mi mamá no había terminado la primaria y para ella todo lo que era el estudio era lo primero. Por eso en casa se compraban todas las colecciones de Centro Editor”, recuerda Redondo. “En particular, en el ámbito de la literatura infantil y juvenil fueron fundantes por dejar de lado la intención moralizante o didáctica –agrega-. Por eso decidimos lanzar esta colección homenaje, de la cual todas las escuelas públicas y privadas recibirán un juego antes de fin de año”.

La nueva edición incluye además el listado de todos los cuentos que se publicaron originalmente, más pequeñas biografías de escritores e ilustradores que participaron.

Autores que no se rescatan, desaparecen.

Esta edición homenaje mantiene las ilustraciones originales, lo que transporta algo de la de la década en que nacieron. Los artistas cedieron los derechos para que esta reedición se pudiera concretar, lo que llevó dos arduos años de gestión, ya que había que conseguir la voluntad de autores o herederos, según el caso.

El rol del Estado en la memoria literaria

En estos años otras instituciones también han decidido reeditar y rescatar un aporte cultural que se encuentra ausente de la circulación. Es el caso de la Biblioteca Nacional por ejemplo ha republicado gran parte de las colecciones de revistas culturales ya desaparecidas, como pueden ser Contorno o Lulú. En el caso de la Biblioteca Nacional, los libros circulan en librerías y pueden ser adquiridos por investigadores y especialistas, pero también por curiosos e instituciones culturales privadas.

Las colecciones ahora producidas por el Ministerio de Educación tienen su lugar reservado en las bibliotecas de las escuelas primarias. Y en la página web del ministerio ya han llegado pedidos de personas, docentes y padres deseosos de poder tener una copia personal.

Pero esta colección tiene un carácter colectivo, que no se sostiene en la propiedad individual. “La idea es que las familias puedan acceder a los Polidoro a través de las bibliotecas de las escuelas. Nosotros intentamos ofrecer lo mejor para los chicos y los adolescentes. Adicionalmente hay una tirada que se repartirán a las bibliotecas populares y otras instituciones. De forma que la comunidad toda tenga posibilidad de acceder”.

Polidoros en el aula

Existen, hay que reconocer, dos formas en las que hacemos valer nuestras bibliotecas escolares. Hay quienes se enorgullecen por el acervo que tienen, lo guardan y cuidan como un tesoro. Otros encuentran la alegría en saberlo circulando, cuántos menos ejemplares en los estantes y más yendo y viniendo de las casas, mejor.

Es cierto que en ese trajín los libros pueden ajarse, mojarse, estropearse. Pero vale la pena correr alguno de estos riesgos si activamos a los chicos y a sus familias como lectores. “Hace falta aclarar –acota Adriana Redondo- que estos ejemplares no son inventariables, justamente para que no haya dificultad para el personal de las escuelas ante una eventualidad”.

Está claro que no se trata solo de la producción de materiales sino la formación de mediadores. Por eso la responsable del Plan de Lectura comenta que están trabajando en secuencias que permitan a los mediadores apropiarse del material y les encuentren a cada libro su sentido y puedan maravillar a los demás, ya sean nuevos o viejos. “Si los bibliotecarios y los docentes no son lectores, podemos ponerles los mejores materiales que no cambia nada. Con el caso particular de los Polidoro estamos trabajando con Gerardo dando talleres, porque los Polidoro dan mucho para el diálogo.”

Y remarca Redondo que primero se cambiaron las condiciones materiales, ahora todas las escuelas tienen bellísimos libros. El desafío para cada uno de los bibliotecarios pasa ahora por incorporar libros nuevos y viejos al trabajo cotidiano. Lo nuevo no descarta lo viejo. “Insistimos es lo importante de aprovechar las jornadas de lectura en las escuelas, que se invite a los padres para que junto con los chicos compartan la experiencia de mirar y descubrir qué le gusta a cada uno de de la poesía, de la prosa, de las ilustraciones. Y que eso haga valiosa la escuela.”

En esta época signada por la novedad, ¡qué bueno que los maestros más jóvenes y los chicos tengan contacto con al historia!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: